martes, 7 de marzo de 2017

(84) El caso de la domadora asesinada.



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(Imagen del pueblo en el que la inspectora Jiménez Herrera piensa rastrear en busca del asesino. Imagen de la inspectora)


La inspectora Jiménez Herrera no albergó ninguna duda respecto a que su obligación moral era quedarse al menos dos días más en Murcia. Pero, claro, el comisario no estaba por la labor de aceptar ninguna obligación moral de su subordinada. Sus palabras el día anterior habían sido tan claras como contundentes.
"¡Véngase ahora mismo para Almería! ¡Véngase para acá!"
Desayunó en un bar próximo a su hostal, "Bar La Noria", una buena taza de chocolate con guarnición de magdalenas y un zumo de naranja natural. Repasó mentalmente su agenda de trabajo: Circo pequeño instalado en un pueblecito llamado "La Ñora"
"Ah, sí, desde el Malecón sale la carretera que lleva a La Ñora. El circo se llama "Gran Circo de Albania" Probablemente algún problema les impide desplazarse a otro pueblo" Presumiblemente, algunos de los circenses de este circo han tenido problemas con la Justicia, en especial un lanzador de cuchillos. Bueno, se me olvidó preguntarle su nombre a Verónica, pero me enteraré en cuanto llegue"
Acudió a un centro de salud y tuvo que hacer una larga espera porque no estaba citada. Le contó a la doctora, una cincuentona de expresión avinagrada, la serie de males que la aquejaban, desde la artrosis a dolores de espalda, y que últimamente se encontraba fatal y hasta le fallaban las fuerzas para levantarse de la cama. Después de un ligero reconocimiento y varias preguntas para detectar embustes, la doctora sentenció:
— Pues yo la veo sana como una manzana, señora mía. Mire, no quiero complicarme la vida, le voy a dar dos días de baja, pero la próxima vez se busca otro médico, no quiero ser cómplice de su holgazanería. Por cierto, ¿en qué trabaja usted?
— En el circo, soy domadora de elefantes... de elefantes asiáticos, los más grandotes.


El capitán Llorente no se lo tomó tan pragmáticamente como la doctora avinagrada.
— Estamos cargadísimos de trabajo, teniente, y ahora me viene con estas, ¡es el colmo!
— Mi capitán, desde esta noche tengo unos dolores... ¡uf, ahora mismo me ha dado un pinchazo!
— Déjese de teatro porque no me creo nada. Quiero ver la baja médica en cuanto llegue, y si se le ocurre prorrogarla le abriré un expediente. Se está jugando unas vacaciones sin sueldo, no lo olvide.


Dos días era muy poco tiempo para rastrear entre los posibles sospechosos del Gran Circo de Albania, encontrar una pista segura y desenmascarar a un asesino. Pero no había otra opción. ¡Dos días! Se la estaba jugando en su trabajo, lo sabía, pero también sabía que debía hacer todo lo posible para que un asesino no quedase impune. Se lo dictaba su conciencia.
Se acercó a la gasolinera más próxima y llenó el depósito de "Berenjeno" Inmediatamente estaba rodando en dirección a un pueblecito llamado La Ñora.


(Continuará)

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