jueves, 6 de abril de 2017

(105) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de Enriqueta Jiménez HerreraResultado de imagen de Iñaki Zurbano BasabeResultado de imagen de Iñaki Zurbano Basabe

Casualmente su mirada fue a posarse en el televisor del restaurante, en el momento en el que aparecía en la pantalla un rostro muy conocido por ella.
— ¡Caramba!
Era una foto del enano Marcial y la noticia hacia referencia a su fuga durante un traslado de presos. Tres reclusos se enfrentaron a los vigilantes e intentaron huir, pero fueron reducidos por los miembros de las dos patrullas policiales que controlaban el traslado. Sin embargo, cuando ya pasó todo, se dieron cuenta de que había desaparecido el enano.
— ¿Le conoces? — preguntó Galdames.
— Sí, ahí donde le tienes, ese enano es más canalla que el individuo al que acabamos de detener.
— Enri... — carraspeó, puso ojitos tiernos — ¿Qué tal si nos vamos a mi casa a tomar café... y unas copitas? — guiñó un ojo y esbozó una sonrisilla donjuanesca.
Ella le miró con cara de poli mala.
— No sigas por ahí, Galdames, que yo tengo novio y le quiero mucho, ¡muchísimo!, ¡estoy enamoradísima!
Así que no hubo nada entre el poli murciano y la poli almeriense. Ella se sentía muy feliz por haber resuelto el caso de la domadora asesinada y por ser la novia enamorada de un novio enamorado. Y colorín colorado...


                                                                        FIN




EXPLICACIONES DEL AUTOR


Escribir un relato largo es un trabajo que requiere inspiración y constancia, muchas ganas de trabajar, de conquistar a los lectores, de agradarles, y todo esto se puede traducir en una cosa: un gran amor a la literatura, aunque en gran parte es un labor ingrata, pues no siempre se consigue la respuesta adecuada, la gente no valora la creatividad de los autores anónimos, desprecian sistemáticamente lo que no entienden, y no me estoy refiriendo a los textos, desprecian por instinto todo aquello para lo que no están dotados, es el tipo de desprecio que acompaña a la envidia insana. Echen un vistazo, véanse a sí mismos, miren "la cantidad" de comentarios que hay al pie de cada episodio de esta novela blogueril. Pues les aseguro que la página de estadística demuestra que me han leído cada día un buen número de personas, algunos días hasta un centenar.


"Cabruñana del Río", el pueblo en donde es asesinada la domadora "Karla Ambrossini" es un pueblo ficticio. "Cabruñana" a secas es un pueblecito de Asturias, y "Del Río" es la terminación del nombre de muchos pueblos españoles. Sí existen el resto de las localidades que cito.


El mundo de los circos modestos lo conozco porque trabajé en dos de ellos. Precisamente el personaje de "Tobías Carretero" está inspirado en un viejo gruñón, también patriarca de un modesto circo y que, al igual que mi personaje, salía a la pista con un "pony sabio" Pero los circos de mi novela son imaginarios. El enano "Marcial" está inspirado en un enano que conocí en eventos de actores en discotecas, era gay y muy pegajoso, pero buena persona, nada que ver con el enano Marcial. 


Referente a los procedimientos policiales, solo me guio por lo que he leído en las novelas, no vivo de la literatura y, por lo tanto, no puedo permitirme el lujo de pedir asesoramiento en las comisarías, e igualmente no profundizo en las labores de los forenses.


Todos los personajes de esta novela son imaginarios, pero he utilizado para la protagonista el nombre y apellidos de mi novia Enri, como ya lo hice en otra novela y con el mismo personaje, el de la inspectora Enriqueta Jiménez Herrera.
En fin, aunque sigan sin decirme nada, espero que les haya gustado algo de lo que han leído.


En Manchester, 1/4/2.017
Dedicado a Enriqueta Jiménez Herrera.

miércoles, 5 de abril de 2017

(104) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de yonkisResultado de imagen de Televisor en restaurante
"... y hay un camino que llega enseguida, pero atravesando un poblado de... de gente poco recomendable"
La inspectora recordó las palabras del viejo ciclista y se le encendió de nuevo la lucecita de la esperanza.
"Claro, el mejor lugar para acabar con la vida de... Pero bueno, también puede ser que no haya ningún testigo. ¡Jodeeeeer!"
Y el desánimo volvió a invadir su espíritu. Pero, sorprendentemente, vio que José Vicente no se dirigía al poblado. Acababa de girar a la derecha, internándose en un terreno que era una mezcla de erial y solar en el que hubo viviendas alguna vez y del que aún se conservaban resto de las paredes. En un rincón protegido por un frágil techo compuesto por los restos de un tienda de campaña y unos sacos, y un suelo "alfombrado" de cartones, parecía haber vida humana.
Cuando el camello había cerrado la operación con sus patéticos clientes, se acercó ella.
— ¡Hola, tíos! — decidió expresar en argot marginal — ¿Todo de buen rollito, tronquis?
Sandra y Carlos se miraron, y miraron a José Vicente que ya se había alejado unos pasos, como diciendo: "¿De qué va esta loca?"
— Mirad, estoy buscando a mi marido que es muy mayor y necesita las medicinas. A lo mejor le habéis visto por aquí. Esta es una foto suya casi reciente, miradla — y les mostró la foto robada de Farid Massu. Ellos volvieron a mirarse, pero ahora percibió destellos de asombro en sus miradas a pesar de la oscuridad. ¡Sí, conocían al hombre!, lo conocían aunque se lo negasen.
— Oiga, no conocemos a ese menda. Déjenos en paz, ¿vale?, nosotros no nos metemos con nadie — dijo Carlos.
— ¿Seguro que no lo conocéis?
— ¡Vale, sí!... le vimos un día en el circo con unos leones casi muertos, pero no tenemos ningún trato con él.
La inspectora cambió de registro, ahora se puso en el plan de poli mala.
— ¡Me estás mintiendo, tío!, te lo veo en los ojos. Óyeme bien, este fulano... — y le puso la foto en la cara — es un asesino que ha matado a dos personas, quién sabe si vosotros no vais a ser los próximos.
— ¡¿A dos?! ¡¿También ha matado a otro?!... — gritó Sandra sin poder contener su miedo.
Hubo un silencio muy tenso durante unos segundos. Habló Carlos:
— Tía, este no es tu marido y tú eres de la pasma.
— ¡Chico listo! — respondió la inspectora mostrándole la placa — y ahora quiero que me conteis todo lo que sepáis de este sujeto. Tú, chica, te has sorprendido porque ha matado a "otro", son tus palabras, pues aclárame...
— ¡Sí, lo vimos! ¡lo vimos!... ¡Tenemos que decírselo, Carlos! — Carlos bajó la mirada — ¡Aquí lo mató! ¡Ahí mismo, un poco más allá de donde está José Vicente!


Lo demás resultó muy fácil para la inspectora, y por añadidura para los de la científica de homicidios de Murcia. En el terreno había huellas de las ruedas del coche, de pisadas, de tierra movida al arrastrar el cuerpo y de la sangre derramada. Días después, el informe de los peritos policiales fue concluyente, sangre y pelos de Abdel Alim, pisadas de Farid Massu y rodadas del coche. Aquella misma noche fue puesto a disposición judicial, tras un trámite de urgencia ante el juez de guardia.


— La comida ha estado deliciosa, Galdames — le dijo la inpectora Jiménez Herrera a su colega murciano.
— En Murcia se come bien, Enri.
Había dicho "Enri" de una manera especial, poniendo especial énfasis la pronunciación. Se percató de que la miraba fijamente sonriendo. Se sintió incómoda y miró hacia otro lado. Casualmente su mirada fue a posarse en el televisor del restaurante, en el momento en el que aparecía en la pantalla un rostro muy conocido por ella.
— ¡Caramba!


(Mañana jueves, último episodio)

martes, 4 de abril de 2017

(103) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de camino oscuroResultado de imagen de La Ñora

Farid Massud le pidió al viejo equilibrista que le dijese al inspectora que el asesino era José Vicente. Era una manera de ganar tiempo para preparar la huída, así la inspectora no se fijaba de momento en él. Pero lo que no sabía el domador era que la sagaz investigadora era más sagaz de lo que él podría suponer.
Maruja se confió a la inspectora, a fin de cuentas no tenía nada que perder y sí mucho que ganar. José Vicente no había tenido otra opción que repasar lo que había oído aquella noche, en un pub, de la conversación entre los dos argelinos. La circense le habló de los pasos que daría al anochecer su querido tuerto para surtir de droga a la famélica clientela que le daba para vivir. Enriqueta hizo un pacto con José Vicente, le seguiría los pasos haciéndose pasar por una esposa desesperada. Era muy posible que alguno de los yonkis hubiese visto algo, pues la teoría de la inspectora era que el asesino se había cargado a Abdel Alim cerca del circo. Por lo que fuese, quizá porque Abdel Alim sospechase de que Farid había llevado a cabo su venganza contra la domadora, decidió ir a buscarle al circo. Pero el malvado le sorprendió y no vaciló en matarle.
"¡Joder, si está claro, en este pueblo le mató, posiblemente cerca del circo, y de aquí se lo llevó a la escombrera de Alcantarilla.
Pero, dos horas después, Enriqueta empezó a desmoralizarse. Ya se había entrevistado con una docena de toxicómanos sin conseguir nada en claro. José Vicente les vendía la droga y luego ella les abordaba diciéndoles que estaba buscando a su marido porque se había ido de casa sin llevarse las medicinas, y les mostraba una foto de Farid Massu, una foto que la misma Maruja había robada en la caravana del sospechosísimo, después de que este se fuera al bar, y cuidándose de que el viejo equilibrista no anduviera cerca. La inspectora observaba bien los rostros de los desesperados yonkis para comprobar si la estaban mintiendo.
— Bueno, tía, ya estamos terminando. Ven, es por aquí.
Se internaron por un camino oscurísimo que atravesaba un descampado y luego un pequeño poblado de gente marginal.
— Oye, ¿este camino lleva también al circo? — le preguntó al guía.
— Claro, y se ataja.
Entonces recordó lo que le había dicho el viejo ciclista al que estuvo a punto de atropellar.
"... y hay un camino que llega enseguida, pero atravesando un poblado de... de gente poco recomendable"


(Continuará)





sábado, 1 de abril de 2017

(102) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de tigres en el circoResultado de imagen de leones en el circo

La inspectora sospechó que el viejo equilibrista se empeñaba en engañarla. ¿Por qué ese deseo repentino de hacerle pasar al tuerto José Vicente por el autor de los asesinatos?... Pero la aparición del coche de megafonía del circo con su "caja negra" y sus "gatos", conducido por Farid Massu, hizo reafirmarse a la investigadora en su convicción de que el asesino era Farid Massu. Y un nuevo encuentro con Maruja, la prima-amante de José Vicente, apuntaló esta convicción. Solo le faltaban las pruebas, no bastaría con el testimonio de Gerardo Urdielles "Gerardín" Pero las palabras de Maruja la iban a dar una buena idea.
— José Vicente les oyó hablar una noche. Ellos no le vieron a él. Farid dijo que odiaba a Karla Ambrossini y que se merecía que la matasen. Dijo que no le importaría a él mismo matarla y que podría hacerse cargo de los tigres.
— Maruja, debes conseguir que José Vicente testifique ante un juez. Farid Massu debe pagar por sus dos asesinatos.
— ¿También él mató a Abdel Alim?
— Yo estoy convencida de ello, pero necesito probarlo. Oye, alguien me ha dicho que tu primo es camello. ¿Es verdad?
No quiso decirle que el "chivato" era el viejo equilibrista para no crear más fricciones entre los circenses. Y, de pronto, tuvo una intuición.
— Sí, pero él no tiene nada que ver, el solo es...
— Ya, ya, yo también sospecho que no tiene nada que ver con los asesinatos, pero me gustaría que me hicieses un gran favor, Maruja.


(Continuará)

viernes, 31 de marzo de 2017

(101) El caso de la domadora asesinada.





Resultado de imagen de conejo a la cazadoraResultado de imagen de leones viejos

Para la inspectora, el caso ya estaba solucionado. El equipo de la policía científica de Murcia confirmaría que la autoría de los dos asesinatos era del argelino Farid Massu.
La brillante inspectora Enriqueta Jiménez Herrera dejó los últimos flecos del trabajo bajo la responsabilidad del teniente Damián Galdames, de la sección de homicidios de la Policía Nacional de Murcia. A pesar de su importante éxito, Enriqueta partiría hacia Almería aquella misma tarde. El capitán Llorente ya estaba enterado de este éxito, pero aún así no quería hacerle esperar un día más, pues era cierto que andaban muy cargados de trabajo en Almería. Pero tuvo tiempo para reunirse a comer con Galdames y contarle todos los pasos que dio el día anterior, de cómo había logrado llegar a la conclusión de que el domador de leones del "Gran Circo de Albania", Farid Massu, era el autor de los dos asesinatos, y de cómo una información falsa y otra buena la llevaron a desenredar la madeja.
Comieron ensalada murciana y conejo a la cazadora en el restaurante "El Panocho" de la ribera del río Segura, cerca del Puente de los Peligros. La inspectora resumió el caso:
Farid Massu conocía a Abdel Alim desde sus tiempos de juventud en Argelia. Habían sido colegas en diversos trabajos marginales hasta que sus trayectorias se distanciaron, pero el mundo del circo volvió a unirles en tierras del sureste español. Abdel Alim trabajaba de empleado en el Gran Circo de la Atlántida, y Farid Massu se había convertido en domador de leones del Gran Circo de Albania.
En su reencuentro bebieron mucho y Farid le contó a su amigo que había tenido muchos éxitos como domador hasta este momento, pero las cosas se le empezaron a torcer porque los leones ya no le respondían como antes, habían envejecido y el público lo notaba. Cuando bebió un par de copas más, se le desataron todos los demonios que llevaba en el cuerpo:
— Odio a esa puta domadora del circo en el que trabajas, amigo, por su culpa no viene casi nadie a nuestro circo y se nos está estropeando todo el material por no poder comprar ni pintura siquiera. ¡Es una mujer, Abdel, una mujer pecadora, viste indecorosamente y nos quita el trabajo a los hombres! ¡No me importaría matarla! ¡Sí, si esa mujer muriese, yo podría trabajar con esos tigres! ¡Yo, un hombre, un gran domador!
— No dejes que el odio te traicione, Farid — le contestó Abdel Alim, al cual casi se le había espabilado la borrachera al oír aquellas barbaridades. Pero en ningún momento pensó que su viejo amigo hubiese hablado en serio, y menos que cumpliría aquella amenaza.
Farid Massu mató a la domadora Karla Ambrossini y, tiempo después, regresó una noche y soltó a los tigres, porque el dueño del circo, el viejo Tobías Carretero ("Profesor Huang y su caballito sabio") se había negado a contratarle. El malvado Massu esperaba que la policía matase a los tigres, cosa que no ocurrió, y Farid Massu asesinó también a Abdel Alim cuando este acudió a pedirle explicaciones. El asesino le vio llegar al pueblo y se le adelantó. Luego trasladó el cuerpo hasta la escombrera de Alcantarilla en donde le vio "Gerardín"
De cómo la inspectora llegó hasta el asesino de una forma absoluta, es decir: cuales fueron sus pasos definitivos para demostrar fehacientemente que Farid Massu era el asesino, lo sabremos muy pronto.


(Continuará)

jueves, 30 de marzo de 2017

(100) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de viejecitoResultado de imagen de tuertoResultado de imagen de Enriqueta Jiménez Herrera

La inspectora Jiménez Herrera salió de la casa abandonada después de hablar con el viejecito que la había llamado. Se dirigió al circo con la intención de localizar a José Vicente, el primo tuerto de Maruja. Y en aquel momento llegó el coche de la megafonía y se llevó la gran sorpresa de su vida: era un pequeño coche, un coche blanco, que llevaba encima un gran altavoz negro cuadrado, una "caja negra", y en ambos laterales sendas pegatinas en las que se veían fieros leones mostrando colmillos y garras. La "caja negra" y los "gatos" que vio "Gerardín" aquella noche.


— Sabes perfectamente lo que digo, José Vicente, no te hagas el tonto.
— Tienes muy buena memoria, ¿verdad? — dijo él tratando de ser sarcástico, pero no colaba.
— Sí, la tengo.
Maruja y José Vicente habían cambiado el escenario de su discusión, salieron del bar para no ser escuchados. Continuó hablando Maruja, pero a José Vicente no le hacía falta que su amante le refrescase la memoria. Mejor aún, prefería olvidar porque él también intuía lo lejos que podría haber llegado el odioso domador de leones. Pero no, no se calló, a fin de cuentas también le interesaba conservar o recuperar los buenos momentos de placer con su prima.


El viejo, un equilibrista retirado hace muchos años, ejercía como canguro de sus nietos y profesor de los alevines circenses. Le dijo a la inspectora que el asesino era José Vicente y que este asesino se ganaba los cuartos como camello de los desgraciados yonkis. Pero la inspectora adivinó que allí había gato encerrado. ¿Por qué aquel deseo repentino de un viejo del circo de acusar al tuerto José Vicente de los asesinatos? ¿No había dispuesto del tiempo suficiente para denunciarlos en comisaría?


(Continuará)