miércoles, 13 de agosto de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 48 )









Un asesino suelto, una mujer desolada.


Cecilio Arroyo rodaba por La Castellana en su taxi escuchando música de la radio. En el asiento trasero viajaba el cliente de turno, un hombrecillo que acudía al hospital de la Paz a que le examinase el urólogo.
Volvió a su obsesión habitual, repasar todos los movimientos de aquella noche, buscando un cabo suelto, algo que pudiese delatarle. Pero su coartada era perfecta. Jamás le podrían acusar del asesinato del amante de su esposa.
Dejó al cliente en el hospital y regresó al centro de Madrid. Llovía intensamente en toda la comunidad.

Charito Coscojuela se vino abajo. Sollozó, tembló, se limpió las lágrimas con un pañuelito de papel y finalmente miró al inspector con cara de ovejita degollada.
- Mire usted, eso no lo puedo negar, mantuve una relación con José Luis, pero yo no estoy encubriendo a ningún asesino porque no sé quién le ha asesinado.
- Pues yo me apuesto algo a que usted sospecha de alguien. Su propósito, desde que se ha enterado de la muerte de José Luis, ha sido mantenerse alejada de la investigación, es decir: darme el esquinazo. Pero usted no decide, señora, decido yo. Le será más fácil colaborar desde este momento y no cerrarse de banda. Su reticencia solo va a servir para retrasar la investigación. Lo entiende o no?
No quería hablar, pero sus ojos indicaban todo lo contrario. La señora Coscojuela deseaba en su fuero interno librarse de todas las angustias que tenía dentro, y el inspector aprovechó para tirar del hilo.
- Permítame unas preguntas, está usted casada?
- Separada legalmente.
- Tiene hijos?
- Un niño de ocho años.
- Quién lo cuida mientras usted trabaja?
- Está durante el día en un centro especial para niños con síndrome de Down.
Madero hizo una pausa para cambiar de postura. Se recolocó en su silla y miró muy fijamente a Charito Coscojuela, dispuesto a analizar su siguiente reacción.
- Usted sospecha que su ex marido es el asesino de su amante, pero quiere negarse a reconocer que pueda ser verdad, ya que también es el padre de su hijo, o porque le teme y piensa en su venganza si usted habla. Usted rompió la relación con José Luis Campillo y ahora siente el impulso de... "proteger" - y remarcó con los dedos la señal de entrecomillado - al hombre con el que comparte la custodia de su hijo. Me equivoco?
Charito guardó silencio con la mirada fija en el servilletero rojo de CocaCola. Madero  continuó "atacando"
- Al mismo tiempo cree posible que su marido haya cometido esa salvajada. Y entonces surge Anselmo Cerrajero y le aconseja que se mantenga callada. Pero tanto él como usted piensan que el asesino no puede ser otro. Ahora la pregunta obligada es: Cuando su marido se enteró de lo suyo con José Luis, amenazó con matarle?
La pausa fue minima y la respuesta apenas un susurro.
- Sí.

( Continuará )

6 comentarios:

  1. Esta está acabada, Madero la ha espachurrado a conciencia.
    Pero tengo una duda, amigo mío, ¿las pesquisas se hacen así, charlando en cafeterías, domicilios y puestos de trabajo?
    Es que me suena muy novelero, creo que te citan en comisaría y sólo se desplazan a buscarte si te detienen.
    Vale, vale, licencias noveleras, si no, sería un muermo, je je je...

    (Vaya abajo)

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  2. Sí, es novelera la cosa porque en todas las novelas que leo yo charlan en cualquier sitio. Cuando sea un novelista famoso ( je, je, ya estoy desbarrando ) recabaré la opinión de la policía. No, pero hablando en serio, no pienso que esto sea una licencia novelera. Hércules Poirot interrogó a todos los testigos en el Oriente Express, y el Norman Bates de Psicosis fue interrogado en su motel siniestro.

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    1. Hombre, claro, pero eran otros tiempos, hoy día no, estoy bastante segura porque a mí me han citado a declarar en comisaría varias veces, no han venido a mi casa a tomar un café ni a Correos en horas de trabajo. Te llaman a comisaría, te preguntan, lo redactan y lo firmas.
      Por cierto, lo de redactarlo es de miedo, oiga, aporrean las teclas que el teclado da saltos espasmódicos, corrigen 40 veces y aún así, el resultado está plagado de faltas y errores, conque antes de firmar, "No señor, esto no es así. Lo de aquí tampoco. En este párrafo se ha equivocado en...". Total, te tiras tres horas para algo que se solventaría en media.
      Se lo aseguro, no lo dude.

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  3. Les faltan unas buenas clases de informática. Yo recuerdo a los escribientes de cuando se hacía con máquinas de escribir. Por cada uno que sabía utilizar la máquina, había un montón de innéptos.

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    1. También, también llegué a conocer a estos. (Es que mis experiencias policiales se remontan casi a la noche de los tiempos ;D)
      Cuando aún no había Mossos d'Esquadra visité comisarías de la Policía Nacional y aporreaban la máquina de escribir como si estuvieran torturando a un detenido, oiga.
      Es un decir, porque todos eran educados y amables, pero eso del papelamén no era lo suyo y se notaba a distancia.

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  4. Lo suyo eran mas las porras y los porrazos en aquel tiempo. No era facil que congeniasen un "desertor del arado" y una maquina de escribir, je, je!

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