sábado, 18 de mayo de 2013

Don Genovevo el longevo







Don Genovevo el longevo había cumplido ya los 127 años y se encontraba como una rosa. Después de enviudar siete veces, al cumplir los 114, se juró a sí mismo no volver a casarse para no sufrir más, estaba harto de condolencias y de cambiar de mujer como quien cambia de calcetines. Además, consideraba que los funerales eran auténticos fastidios, inaguantables coñazos sólo aptos para masocas. No soportaba tanto lloriqueo y tanto pésame de soplagaitas y melindrosos. Bastante tenía ya con quedarse viudo de forma tan reiterada. "A la mierda con tantos pésames lacrimógenos de familiares y "allegados" a los que no he visto en mi puñetera vida!"
Don Genovevo el longevo era además un longevo pragmático. Amaba la vida pero sin complicaciones. Por qué la gente se complicaba tanto?... No le extrañaba que se muriesen jóvenes, les pasaba eso por amargados.

Y llegó el gran día del "Centenario Matrimonial" de Don Genovevo el longevo. Todo el pueblo se había unido para rendirle un apoteósico homenaje por sus cien años de casado, es decir: se cumplía un siglo exactamente desde el día de su primer matrimonio.
"No sé qué mosca les ha picado a estos cabrones, mira tú que celebrar mis cien años de casado cuando estoy más viudo que viudo y mi última esposa murió hace trece años!... En fin, cosa de los políticos, del párroco y de todos los mindunguis que se aburren con tanto internet" Así razonaba Don Genovevo el longevo, cuya cabeza funcionaba de maravilla a pesar de la longevidad, que ya quisieran muchos para sí un cerebro tan duradero.

Y hubo vaquillas, pasacalles, chirigotas, moros y cristianos, gigantes y cabezudos, paella para quinientas personas...  ( No llegaban a los trescientos cincuenta habitantes en Villa Rodriguez pero eran todos de muy buen comer, destacando por su voraz apetito el padre Judas de Dios, cabeza visible del catolicismo valderodriguense ) 
Pero una horrible tragedia sorprendió a los infelices villarodriguenses en tan celebrada fecha: Murieron 217 personas porque el marisco de la paella estaba en pésima condiciones, y entre los fallecidos hubo 84 familiares de Don Genovevo el longevo entre hijos, hijas, nueras, yernos, nietos, biznietos y tataranietos.

"Joder, casi se vacía el pueblo, a este paso me voy a quedar más sólo que la una!" Se lamentaba o se cachondeaba, vaya usted a saber, el superviviente número uno de aquel hermoso pueblecito agrícola y ganadero. Don Genovevo el longevo no había probado el marisco porque su dieta no se lo permitía. ( El padre Judas de Dios se puso morado )

4 comentarios:

  1. No le extrañaba que se muriesen jóvenes, les pasaba eso por amargados.

    Exactamente. La amargura mata y la ilusión extiende la vida hasta límites insospechados.

    ¡Ja ja ja! "Su dieta no le permitía el marisco". ¿Seguro que Don Genovevo hacía caso a los matasanos? ¿O era por cuenta propia?
    Yo me cabreé mucho cuando mi abuelo estaba en sus últimos días y el pobre se quejaba de comer sin sal y sin nada de lo que le gustaba, completamente amargado por su hija (mi madrina), la cual también amargaba a su marido por lo mismo y se amargaba ella misma.
    ¿De qué sirve morir amargado? Mi abuelo falleció poco después, completamente triste. La estricta dieta no consiguió depararle ni siquiera un año más y se fue lamentando los sabores añorados.
    Ojo, mi tía, la estricta gobernanta, falleció pocos años después, de repente, a pesar de besar los pies de los médicos y decirles amen a todo.

    Estoy escribiendo esto con una copa de cava y un cigarrillo, algo que tengo terminantemente prohíbido por la matasanos. Se joda, que yo no. Cuando llegue mi hora llegará, pero de ningún modo voy a amargarme como mi abuelo -y mi madre-, escalavizados ambos por sus respectivas hijas.

    Estupendo relato, Iñaki, como de costumbre.

    Hasta la próxima.

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  2. Hola!
    Qué raro se me hace que llame Iñaki, je, je!, por dos razones: que en los blogs nunca he sido Iñaki y que aquí llevo dos años llamándome Ignacio para que no se lien los ingleses, como hay mucha burocracia por medio y mucho papeleo es jodido que se equivoquen en algún papel y me pongan Iñaki, aparte de que ellos no pronuncian la eñe. ( Franco sólo me permitió el Ignacio ) y mi hija me llama papá, obviamente. Menos mal que todavía me quedan los españoles en Manchester que me llaman Iñaki, y el bibliotecario del Instituto Cervantes.

    Yo sigos estrictamente la dieta y el ejercicio físico, pues hace pocos meses, ya lo sabe usted, estaba con mucha azúcar por descuidarme, pero ahora, de vez en cuando, me doy un día de homenaje, como algo de chocolate o me tome un par de cervezas.

    Feliz lunes!

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  3. Hola, Don JV!

    No sería una pesadez si viviésemos en plenitud de facultades, pero somos bichos y nos desgastamos.

    Viva el Prat!

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