- Pero bueno!... pero... pero qué susto me ha dado!... Qué hace usted en mi casa?!... Ah, claro, ha entrado a robar!
- Perdone la molestia, caballero, yo pensaba que usted iba a regresar más tarde y...
- Y cuánto me ha robado ya?!
- No, si prácticamente acabo de llegar, me iba a poner ahora a la faena.
- Pues no se ponga porque ya mismo llamo a la policía.
- Oiga, yo soy policía, si le puedo servir en algo...
- Policía?... Usted también es policía?
- Sí, señor, es que, verá usted, los policías nacionales cobramos un sueldo de mierda y algunos tenemos cargas familiares y... pues eso, que hay que recurrir al pluriempleo.
- Bueno, bueno, acabemos con esta farsa. La verdad es que me está usted cayendo bien, me da que es sincero. Mire, acépteme este queso manchego que acabo de comprar y una botella de litro de cerveza. Ah, y llévese también este collar de perlas Majórica de mi mujer, que cada vez que se lo pone me recuerda a Carmen Polo de Franco y yo soy republicano y del círculo de Podemos del Prat.
- Pues muchísimas gracias, señor!... Dios se lo pague, Dios se lo pague!
- Coño, no me bese las manos!... No será usted también mendigo, verdad?
- Bueno, sólo me dedico a la mendicidad en Navidades, que es cuando más se saca.


Ella cantaba en el coro y el tocaba el órgano. Se conocieron en el único sitio en donde podían coincidir, allí, en el coro, durante la misa.
Primero fueron miradas, luego algunas palabras en voz baja, siempre con muchísima discreción. Había surgido entre ellos algo muy especial. Era amor?
Un día él se atrevió a tomar su mano. Se la acarició. Se encendieron ambas miradas. Se acariciaron las manos. Ya no eran tan discretos, se les notaba mucho.
Ella colgó los hábitos. Era monja. El siguió siendo guardia civil. Se casaron. Por la Iglesia, por supuesto, entonces no había otra opción.
Sucedió a finales de los años sesenta en un pueblo de Cantabria próximo al País Vasco.
Este relato no está "basado" en una historia real. "Es" una historia real y la he contado tal y como sucedió.
Pilar se llevó un susto de muerte, tanto que estuvo a punto de embestir al vehículo que iba delante de ella al llegar al semáforo en rojo. Había visto al monstruo en aquella valla publicitaria!
Irene iba empujando el carrito en el que viajaba dormido su bebé Aitor. Sintió que se le caía el mundo encima cuando tuvo ante su vista la imagen de aquel indeseable.
Alejandra creyó volverse loca. Era él!, era aquel hijo de puta! Apareció ante sus ojos como en un contrapicado de cine: mientras subía por las escaleras de la boca del metro, iba creciendo la gran valla publicitaria, y de pronto... el!, el violador!, su violador!
No fueron las únicas: Marta, Toñí, Luisi y Bego también vieron a su violador en el anuncio de la valla publicitaria, y lo siguieron viendo en las marquesinas de las paradas de autobuses, en los andenes del metro y en los espacios publicitarios de las grandes superficies comerciales. "El violador de la tenaza" había vuelto mostrando su cara sonriente, su cínica expression, a toda la ciudad, a todo el país. Cómo era posible aquello?!, Cómo era posible que la policía no le hubiese echado el guante en los cinco años que habían transcurrido desde las violaciones y, sin embargo, ahora se le podía ver en un anuncio como si fuese el mismísimo David Beckam o el no menos afamadísimo Cristiano Ronaldo, por citar a los más conocidos "top models" de los últimos años.
Sin duda, debía tratarse de una campaña publicitaria millonarísima, pues el hijo de puta estaba bien visible en todas las calles y plazas de todas las ciudades y pueblos de España.
Ninguna de las siete víctimas de "El violador de la tenaza" pudieron dormir esa noche, y en los días siguientes, tres de ellas volvieron a recibir atención psicológica. La policía ya estaba haciendo sus pesquisas, informándose previamente en la agencia de modelos y en la de creativos publicitarios, donde les dieron datos concluyentes para seguirle el rastro al infame. Demasiado infame, pues a cada uno de las mujeres les arrancó un pezón con su tenaza.
Carlos Carreño quedó estupefacto cuando se vio en aquella valla publicitaria.
"Cagüen la puta hostia, en dónde me escondo yo ahora?!"
Carlos era el "granjero", y los otros tres modelos que compartían el mensaje publicitario con él fingían ser un electricista, un albañil y un pintor de brocha gorda. Todos posaban sonrientes junto al ultimo modelo de furgoneta de la casa Renault, la "Renault Currela", pensada para "facilitar la vida" a los currantes ahora que la crisis empezaba a ser historia. La "Renault Currela" competía en el mercado con la "Citroen Obrera" y la "Seat Operaria"
Carlos maldijo el día en el que se le ocurrió ir a aquel puto casting para un anuncio. Nunca había ido a un casting, fue su primera vez y su perdición Le eligieron y le pagaron muy bien, nada más que por estar todo el día poniendo caras de gilipollas ante unos focos que le asaban vivo. Le pagaron la pasta suficiente para coger un pub a medias con un amigo. Carlos era camarero además de violador.
Dos años más tarde, la campaña seguía suspendida. Eso a él no le importaba porque ya había cobrado la guita. Le dijeron que era algo normal en el mundo de la publicidad, posiblemente el cliente, Renault, había decidido dar marcha atrás, pensando en otra campaña. En esas fechas, Carlos había puesto fin a la relación con su novia, y volvieron a su mente retorcida la idea sádica de violar. "En cada mujer veía a su novia y disfrutaba castigándola", dirían después los psicólogos, pues todas las monstruosidades tienen alguna explicación.
Pero fue tan monstruoso como poco prudente, o mejor dicho: nada prudente; se creyó que la campaña publicitaria había sido anulada definitivamente, y atacó a las mujeres a cara descubierta. Inmenso error. Los directivos de la famosa firma decidieron producir más modelos de la Renault Currela, aprovechando la bonanza económica y decididos a combatir fuerte contra la Citroen y la Seat. Y el odiado violador apareció de la noche a la mañana mirando desde su altura en las vallas y las maquesinas a todos los que le miraban a él... y a sus sorprendidas y aterrorizadas víctimas!
Ahora no vivía en la misma ciudad en donde se dedicó a hacer tanto daño, pero todos los policías del país tenían unas cuantas fotos de él, facilitadas por su socio en el negocio del pub, el primer sorprendido al descubrir la "personalidad secreta" de quien tenía por una persona normal. Y las televisiones no daban tregua entrevistando a vecinos, familiares lejanos, clientes del pub y todos los amantes de chupar cámara poniendo falsas expresiones de pena para mostrar lo horrorizados que estaban. Las que sí lo estaban eran las siete mujeres que habían sufrido la peor experiencia de sus vidas por culpa de aquel granjero ficticio que había comprado ficticiamente una furgoneta último modelo.
"Estoy demasiado a la vista, mierda de anuncio!"
No se sentía arrepentido, de hecho lo volvería a hacer porque era un canalla; estaba indignado porque la Justicia le iba a joder la vida. Pero, en dónde estaba?... Había encontrado un escondrijo seguro?
Cuatro días después de iniciada la campaña publicitaria, Carlos Carreño seguía sin aparecer, o mejor dicho: sin que le encontrasen. Cinco días después aparecía el cadáver de un hombre en una pocilga en desuso de un pueblo llamado Villar del Río Coscojuela. Había sido acuchillado. La policía indagó en el pueblo e hizo un emocionante descubrimiento: Este era el pueblo en el que nació el presunto violador y ahora presunto parricida.
Doña Virtudes Salzillo se llevó una descomunal sorpresa la noche en la que su hijo llamó a la puerta de casa pidiendo que le escondiese. Ella le dijo que en casa era imposible porque su padre estaba hecho un basilisco y le había dicho a todo el mundo que le mataría con sus propias manos si se lo encontrase algún día. La madre le dio mantas, comida y un termo de café y le dijo que en la pocilga estaría seguro.
Pero Saturio Carreño se enteró de la presencia de su hijo en el pueblo cuando un borracho nocturno le dijo que había visto a Carlos dirigirse a la pocilga. Saturio llegó al lugar e intentó asestarle una cuchillada a aquel descastado que no merecía llevar su sangre ni su apellido, pero la embriaguez del padre y la agilidad y la fuerza del hijo hicieron que el cuchillo se clavase en el estómago del viejo Saturio.
Carlos vagó por el monte mientras el cerco se iba estrechando. Es muy difícil perderse en el monte hoy en día cuando los que te buscan son helicópteros y perros bien adiestrados, helicópteros con sensores que detectan el calor humano y perros con un olfato prodigioso.
Su madre sufría del corazón, moriría pronto, no podría soportar tanto dolor. A las violaciones había que sumar ahora el asesinato de su padre. La libertad ya no existiría para él jamás. La nueva ley de "cadena perpetua revisable" del PP le cerraría cualquier posibilidad de ser un hombre libre. Para él no habría revisión de la cadena perpetua. Se lo había buscado.
Uno de los agentes del helicóptero alucinó al ver un cuerpo humano rebotando entre los peñascos de aquel despeñadero. No le cupo la menor duda, era un cuerpo humano, lo confirmó acercando la imagen con los prismáticos cuando el cuerpo ya yacia en tierra firme.
Renault suspendió la campaña del "Renault Currela". Pilar, Irene, Alejandra, Marta, Toñi, Luisi y Bego habían sido vengadas. Pero el mundo conocería a más violadores, muchos más y algunos extremadamente crueles, porque la maldad del ser humano vive perpetuada en el tiempo.
Ricardín jugaba al fútbol con los demás chicos del pueblo en la campa que daba a la carretera, cien metros antes de llegar al cruce y casi al lado de la ermita de Santa Ana. Como era el más pequeño, le habían puesto de portero. En la otra portería estaba "Godito", que en realidad se llamaba Godofredo. Ricardín era portero por pequeño y Godito por gordo. En los partidos de fútbol de las chavalerías de pueblo, los porteros son menos importantes que en el fútbol profesional. Y las porterías eran piedras gordas o estacas clavadas en la tierra. La falta de porterías de verdad provocaba muchas discusiones, que si ha sido gol, que no lo ha sido, que vuestro portero ni se ha enterado, que si ha sido poste, qué va a ser poste, anda ya!.. La verdad es que ni Ricardín ni Godito estaban para muchos trotes, es decir: estiradas en vertical o en horizontal. Ricardín tenía ocho años y Godito un montón de kilos, "un montón" porque nunca quiso decir cuánto pesaba, y algunos le llamaban "toneladita"
Y tras este mini prólogo, comienza la historieta con un gol que le marcan a Ricardín. El niño sale corriendo detrás de la pelota, unos cincuenta metros, y se lleva una gran decepción porque la pelota ha entrado en el zarzal, el famoso zarzal. Uy, cualquiera se mete en él, sus piernillas de alambre, que le salen del pantalón corto, terminarían muy lastimadas. Los demás chavales se han dado cuenta de dónde ha ido a parar la pelota, pero ya se sabe que los niños pueden llegar a ser muy crueles.
- Venga, pánfilo, no te quedes mirando!
- Que es para hoy, atontao!
Ricardín va a volver la cara para decirles: "Venir vosotros, listos!", cuando repara en un hombre que le está mirando muy seriamente. El hombre se ha situado a solo unos metros del niño y le observa de forma extraña., muy fija la mirada. A Ricardín le recuerda un poco a su padre y a su abuelo, pero no es exactamente como su padre o su abuelo. Ricardín ya tiene la disculpa perfecta para no entrar en el zarzal: hay un hombre que le asusta; además, sus compañeros de juego le van a entender, pues ya se han percatado de la extraña visita. "Este no es del pueblo", "Quién es el menda?", "Yo le he visto bajarse de aquel camion"... Godito está feliz porque ha podido sentarse, aunque sea sobre la hierba. Jualinín coge una estaca muy gorda y se dirige al zarzal. Qué va a hacer?... Julianín no está muy bien de la cabeza, así que puede hacer cualquier cosa.
- Espera un momento, yo te ayudaré. - le dice el hombre extraño a Ricardín.
Ricardo Vallegón es por fin un hombre dichoso, lo es en estos momentos de su vida, no lo ha sido antes porque ha tenido que trabajar muy duramente, siempre en condiciones de asalariado, conduciendo camiones, taxis, furgonetas..., pero ahora cuenta con su propia empresa: tres camiones que conducen él y su hermano Andrés, además de un conductor contratado, Fermín: "Transportes Hermanos Vallegón", y no les va muy mal, algo digno de agradecer en esta época de crisis.
A partir de la siguiente curva, Ricardo va a empezar a vivir una experiencia extraordinaria. Tras superar la curva, el paisaje se le hace familiar. Recuerda esas lomas y el castillo que se ve encaramado en un cerro. Dos kilómetros más adelante, un cartel indicador le refresca totalmente la memoria: "LA PUEBLA DE SANTA ANA"
"Caray, fue mi pueblo durante tres años!"
Efectivamente, desde sus cinco a sus ocho años, Ricardo Vallegón vivió en La Puebla de Santa Ana, una parte de su infancia trotamundos, pues su padre era guardia civil y continuamente le cambiaban de destino. Y entonces recuerda el sueño, aquel sueño tan especial, pues pareció realidad en lugar de sueño, una experiencia que le impresionó muchísimo y que, sin embargo, olvidó a los pocos dias. Y ahora el sueño vuelve a su mente con todas las palabras pronunciadas por aquel "ser de luz", una figura que irradiaba una luminosidad increible, no terrena: "Volverás al lugar de tu infancia y te ayudarás a ti mismo. Llegado el momento vas a recordar este sueño y obrar en consecuencia, pero nunca sabrás el motivo de tu acción porque a los mortales se os niega el conocimiento de lo sobrenatural hasta que abandonais esta vida"
Aparcó al lado de la campa, en una zona de tierra aplastada que servía para que los tractoristas aparcasen sus tractores y se acercasen al "Bar El Chopo" Se fue aproximando al zarzal al tiempo de ver la pelota que se perdía entre las zarzas. Tras ella corría Ricardín. El hombre miró al niño y el niño miró al hombre. Una situación inexplicable no vivida por la mayoría de los seres humanos.
- Espera un momento, yo te ayudaré.
El hombre entró en la cabina del camion y salió con una manopla de esas de jardinero. Se introdujo en el zarzal y recuperó la pelota. Se la lanzó con una mano al niño, el cual la recogió con las dos manos. El niño le miró un par de segundos más y luego dijo "gracias" y se fue.
El hombre no se lo ha contado a nadie porque nadie le creería, y le tomarían por loco. Ha pensado que a lo mejor una noche, si se encuentra algo animadillo por el coñac, llama a un programa de esos de radio en donde sí se lo creen todo, o hacen que se lo creen para no defraudar a la audiencia. Lo que nunca sabrá es que todo fue cosa de un ángel, su ángel de la guarda, o mejor dicho: el ángel de la guarda de Ricardín.
"Amanxgel" vio al niño conflictivo Julianín acercarse con una estaca. Su intención era asustar a Ricardín para obligarle a meterse en el zarzal, pero Ricardín se puso muy bravo y le llamó "loco", y eso era lo que más le indignaba a Julianín, al cual le dio un arrebato y descargó con furia la estaca sobre la cabeza del pequeño, y con tal mala fortuna que lo mató.
Amanxgel vio muerto a Ricardín y no quiso verlo.
"No, no quiero verle muerto!... No quiero que muera el niño al que yo protejo!"
Entre todos los ángeles eran muy conocidas las genialidades de Amanxgel, y este volvió a sorprenderles con una pirueta en el tiempo, consiguiendo que el propio niño se salvase a sí mismo, pero con una gran diferencia en la longitud del orden temporal de la Humanidad: 37 años, de los ocho de Ricardín a los cuarenta y cinco de Ricardo.
Dios le dejó hacer, pero luego le llamó al orden.
- Hijo mio, que esto no es un circo - dijo el Creador del Universo - espero que tus siguientes intervenciones sean más sencillitas. De acuerdo?
- Sí, Dios mio.
( El próximo martes otra trepidante zurbahistorieta: "Demasiado a la vista" Siete mujeres están aterrorizadas por lo que acaban de ver en la calle )
Edward Spencer y su esposa Greta estaban desolados. Aquella horrible noticia no deberían haberla recibido nunca.
Su Tedy, su pequeño Tedy, un niño rebosante de felicidad, el que tanto les había alegrado sus vidas, el que luego se convirtió en un muchacho serio y estudioso, acababa de fallecer víctima de una sobredosis de cocaína. El rector de la Universidad de Charlotte, donde Tedy cursaba sus estudios de empresariales, les acababa de comunicar la fatalidad en una llamada telefónica.
Edward y Greta habían educado a su único hijo en los valores del Cristianismo y la vida sana, el deporte, la música, los libros... y por encima de todo las buenas compañías.
"Aléjate, hijo mio, de todo lo pernicioso, apuesta por una vida saludable junto a personas que te puedan aportar cosas buenas"
Edward y Greta estaban tocados, él empalideció, daba la impresión de que había envejecido diez años en un segundo, y ella no dejaba de llorar.
Los funerales por el alma de Edward Spencer Junior congregaron a una multitud de personas en la catedral de Baltimore, entre ellas los principales capos de la Costa Este, no en vano el Don, el jefe de todos ellos, era el ahora desolado Edward Spencer Senior.
Era la enésima discusión que tenía con su mujer. Tras doce años de matrimonio, surgió la tan cacareada "incompatibilidad de caracteres", y el caráter de Lucinda se había avinagrado a tope, e incluso en las discusiones mostraba mucha más iracundia que nunca. En esta ocasión le lanzó a su marido una sartén, un plato y un carton con huevos, lo que tenía a mano en el momento de ponerse a preparar la cena. Amador tuvo que escapar de la cocina y refugiarse en el cuarto de aseo, el único habitáculo de la casa que disponía de una cerradura.
- Eres un cabrón, no consigues trabajo, pero no te privas de estar en el bar hasta la hora que cierra!
Este era el reproche más habitual.
El apabullado Amador disimuló que se estaba duchando y abandonó el aseo veinte minutos después, pensando que la ira de su mujer se había aplacado. Pero no fue así, esta vez no habría sofá para pasar la noche. Lucinda fue tajante:
- Pide que te dejen dormir en el bar. Hala, que ten por culo!... Largo de aqui o llamo a la policía acusándote de violación.
Era capaz de hacerlo. Sus cuerpos no se rozaban desde hacía siglos, pero era muy capaz de hacerlo, menuda era ella!... Y se lo dijo con un cuchillo en la mano. Amador temió que en cualquier momento le lanzase el cuchillo como ya le había lanzado la sartén, el plato y los huevos.
Y se vio en la calle en una noche fría de Febrero. En el escaparate de un comercio destacaba este mensaje: "Ya llega San Valentín, deciros que os amais!" Qué ironía para el pobre Amador!
Pensó en su futuro inmediato, en las horas de noche gélida que aún tenía por delante. Eran las 12´20. Decidió ir a una pensión que recordaba haber visto tres calles más arriba. "Pesión Carmiña. Viajeros y estables" Su mente le dio un aviso de mal agüero y se palpó la cazadora sobre el bolsillo interior de la misma. "Su puta madre, me ha quitado la cartera!..., la muy hija de puta me ha dejado indefenso!" Pensó en regresar a casa y recuperar lo que era suyo, pero su sentido de protección, o su cobardía, se lo impidió. La conocía muy bien, no le devolvería la cartera, y además cumpliría su venganza: llamar a la policia y denunciarle por violación, aunque no pudiese probarla en un examen médico, pero le jodería bien jodido porque el escándalo iba a afectarle más a él que a ella.
"Vale, de puta madre, sin dinero y sin documentación, qué coño hago yo ahora?"
Avanzó encogido por la calle Alcaldesa Coscojuela, con las manos en los bolsillos de la cazadora, sin saber todavía a dónde dirigirse. Apenas se cruzó con dos o tres noctámbulos porque el frío castigaba de lo lindo y no era cuestión para nadie salir a dar un paseo. Una patrulla de la Policía Nacional le adelantó a escasa velocidad. Ambos policias le miraron. Los policías nocturnos miran mucho para detectar conductas sospechosas. Por un momento se le pasó por la cabeza pedirles que le echasen una mano, algo así como que le pidiesen a su mujer que le devolviese la cartera. Pero la ilusión le duró un segundo, quedaría como un calzonazos y lo más seguro es que le dijesen que ellos no eran una ONG. Volvió a recuperar la ilusión: "Y si les digo que me ha amenazado con un cuchillo?... No, no" Se lo quitó de la cabeza. La patrulla dobló en la siguiente esquina alejándose de su vista.
Recordó que al otro lado del río pestilente, el río Ballenero, que atravesaba el barrio de Norte a Sur, había una vieja casucha de ladrillo con techo de uralita que solían utilizar algunos vagabundos para dormir. Compartirían su techo con él o le rechazarían con malos modales? A fin de cuentas, iba a ser una intromisión en la intimidad de esas personas. Debía probar, no tenía otra opción, o eso o buscar un portal abierto o un cajero. No, lo del cajero y lo del portal no le ilusionaba lo suficiente.
"Coño, cada minuto que pasa hace más frio!"
Cruzó la calle. En ese momento le llegó el ruído perturbador del rotor de un helicóptero. Alzó la vista y vio el helicóptero de la policía volando muy bajo.
"Qué buscarán a estas horas?"
No vio a un ciclista que casi se le echó encima.
"Gilipollas!", le gritó el ciclista.
"Su puta madre!, pero si no lleva luces ni chaleco reflectante!", pensó Amador. Y entonces volvió a su mente la imagen de Lucinda con el cuchillo.
Cruzó el río por el puente de Santa Catalina y se fue acercando temeroso a la casucha de los vagabundos. No oyó voces. "Estarán ya durmiendo?" No había puerta, unos cartones de Tabacalera bloqueaban la entrada a modo de puerta.
- Hola!... Hay alguien ahí?!... Hay alguien en la casa?!
De pronto se sintió ridículo por haber dicho "la casa"
Movió los cartones y entró. Iluminó el interior con el mechero. No fumaba pero le había quedado la mania, tras dejar de fumar, de llevar siempre un mechero en el bolsillo, era como un talismán o una manera de relacionarse socialmente, pues siempre hay alguien que te pide fuego por la calle.
El cuchitril estaba vacío. Los ocupantes de la casucha llevaban tres noches durmiendo en un albergue, desde el día en que empezó a bajar la temperatura de una forma alarmante, aconsejados y casi obligados por los miembros de una ONG que se dedicaban a los sin techo.
Descubrió varios sacos de dormir mugrientos y dos viejos colchones, más mugrientos todavía, algo que le hubiese dado mucho asco en otros momentos de su vida, pero que ahora lo veía como su salvación para esta noche. Unos minutos después ya estaba dentro del saco que le pareció el más calorífico de todos. Se propuso al menos no pasar frío, pues no estaba convencido de que iba a dormirse. El siniestro habitáculo y todo lo que la había ocurrido no eran prcisamente señales optimas para conciliar el sueño. Aparecerían "los siete enanitos" y la emprenderían a hostias con él? Pensó que Blanca Nieves también había sufrido una experiencia similar, sólo que en el cuento la mala era una madrastra y en la realidad una esposa, en el cuento había enanitos del bosque y en la realidad vagabundos urbanitas.
Con todo este batiburrillo de ideas en su confundida mente, se durmió en un plisplás. Y enseguida tuvo una pesadilla: Un tanque del ejercito se dirigía velozmente a la casucha haciendo un ruído infernal. Iba a aplastarla con él dentro!
Se despertó asustadísimo, pero el ruído continuaba. Era el helicóptero de la policía, lo vio al mover un poco los cartones y asomarse. Dos potentes focos le alumbraron, el del helicóptero y otro desde tierra, y en ese momento escuchó una voz megafónica que le aterrorizó.
"SALGA CON LOS BRAZOS EN ALTO!... LE HABLA LA POLICÍA NACIONAL!"
Se meó encima. La noche se había convertido en la peor noche de su vida, primero Lucinda con un cuchillo, después errabundo sin cartera, pasando un frío de cojones, y ahora la policía acosándole como si fuese un terrorista.
Le tumbaron en el suelo, esposándole por la espalda, apuntándole con varias pistolas. Le cachearon a conciencia.
- No lleva documentación, mi teniente.
"Joder, a todos los que se quedan por la noche en la calle les pasa esto?", pensó el acojonado Amador.
- Deme sus datos ahora mismo y sin mentir, los vamos a comprobar. Nombre?
- Sí, señor, Casto Amador. - respondió temblando.
- Segundo apellido?
- No, este es mi nombre, mis apellidos son Berenjeno Gutiérrez.
- Dónde vive?
- En Alcaldesa Coscojuela, 33, 2º derecha.
- Nombres de sus padres?
- Arsenio y Amadora.
- Cuántos años tiene?
- Cuarenta y siete.
Quedó inmovilizado a la vista de varios agentes, mientras el teniente consultaba con la base de datos de la Policía Nacional. Pasado un rato, llegó la desilusión para la Bofia.
- Este tío es un pringado, se nos ha vuelto a escapar el hijo de puta!
"El violador del chandal del Real Madrid" les había dado el esquinazo. Los agentes del helicóptero le perdieron la pista y luego lo relacionaron equivocadamente con el hombre que caminaba entre el puente y la casucha.
- Quítenle las esposas. Usted, levántese.
Se incorporó rapidamente, pensando que si no obedecía podrían darle una patada, pero el teniente le habló esta vez en un tono muy afable.
- Soy el teniente Enrique Jiménez Herrera y le pido disculpas por las molestias causadas, le hemos confundido con un hombre al que buscamos.
Casto Amador no supo qué decir, se limitó a intentar una sonrisa de compromiso, pero sólo le salió una mueca porque el miedo seguía metido en su cuerpo.
- Usted no tiene pinta de sin techo, me puede decir qué hace aquí?
- Pues... he... he discutido con mi mujer y... y ya lo ve.
- Se sintió fatal al ver las sonrisas discretas de los maderos.
- Y porqué no ha ido a una pensión?
- Verá, es que... me he dejado la cartera en casa.
Ahora las sonrisas ya no eran discretas, estaba quedando como un auténtico gilipollas. Sintió asco de sí mismo.
El teniente le extendió una tarjeta.
- Esta es la dirección de un albergue, pero no vaya ahora porque no le van a abrir. Preséntese por la mañana para que le hagan la ficha, eso en el caso de que no se arregle antes con su mujer. Suerte, amigo!
Un minuto después reinaba el silencio. Durmió como un tronco hasta las 8 de la mañana, cuando empezaron a llegar los indigentes procedentes del albergue. Y aquí podría iniciarse otra historia.
Yunga Budungo, un joven de la tribu Kayamani, asomó al exterior de su cabaña y sonrío feliz. Hacía un día de sol radiante. La época de las grandes lluvias había quedado atrás y la Madre Naturaleza invitaba a disfrutar de la vida, de los cantos de los pájaros, de los colores lujuriosos de la selva y del chunga chunga ( coito entre hombres y mujeres o entre hombres y hombres o entre mujeres y mujeres ) La Madre Naturaleza invitaba a disfrutar de la montaña y del río.
"Eso es", pensó Yunga Budungo, "me voy al río a pescar"
Y eso hizo, salió de la cabaña y se dirigió al río, sonriendo y saludando a los familiares con los que se encontraba por el camino, pues en la tribu todos eran familia.
"Changa patanga kongonga tatamonga", se decían entre ellos. ( "Buenos días tengas y que la Madre Naturaleza guíe tus pasos" )
Yunga Budungo observó que algunas y algunos le sonreían demasiado, algo más de lo habitual. "Estarán contentos porque el Padre Sol nos ilumina más que ayer", pensó.
Cuando llegó al río, antes de lanzar el anzuelo a los peces, se dio cuenta de cual era el motivo de tantas sonrisas: se había olvidado de ponerse el taparrabos antes de salir de la cabaña.
"Jajajajaja...!!!", se rió él mismo de su despiste. Afortunadamente, tal "exhibición" de virilidad no era algo grave en su mundo, un mundo todavía civilizado, porque aún no habían aparecido por allí los misioneros con sus imposiciones dictadas por un dios único y muy raro, y a veces muy cruel. La Madre Naturaleza los amaba, con taparrabos o sin taparrabos.