viernes, 11 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( 67 )

En el despacho del teniente Maximino Madero.

- Se trata de una persona intrépida, ha evitado el correo electrónico y el teléfono para arriesgarse menos o para mostrarnos que puede ser muy audaz? - cabiló el teniente.
En la grabación de la cámara exterior de la comandancia, lo que más se veía era la enorme circunferencia de una sombrilla, y bajo ella unos pantalones muy anchos. Quien portaba aquella sombrilla sabía muy bien en dónde estaba la cámara, pues en todo momento, tanto al acercarse al buzón como al alejarse, procuró que el redondo círculo de motivos florales le tapase casi entero. Por otra parte, a nadie le extrañaba que los veraneantes se cubriesen con sombrillas, a pesar de que el sol norteño no es muy fustigador que se diga, pues una tienda de chinos las había puesto de moda al módico precio de "dos por tres euros"Los pantalones muy anchos hacían dudar sobre si se trataba de un hombre o de una mujer, aunque la mayoría de los guardias que estaban visionando el video opinaban que era una mujer.
- Mi teniente, preguntaré a los dueños de los comercios de ahí abajo si han...
- No pierda el tiempo, Jiménez, le dirán que han visto a más de una persona con sombrilla, y si se da la casualidad de que alguien ha visto a nuestro personaje acercándose al buzón... ejem, no va usted al cine, Jiménez?, no lee novelas policiacas?
- Eh, pues...
- Si le dicen que han visto a una mujer con el pelo negro, será una rubia con un pelucón. o puede que sea un hombre disfrazado de mujer o un hombre con barba y peluca postiza, como "El Solitario" Y si por casualidad diésemos con él, seguro que se trata de un infeliz que no conoce a la persona que le ha entregado el sobre. De todas formas, dese usted una vuelta por el hotel Faviobriga y pregúnteles a los botones si han visto salir a algún actor disfrazado. Suelen ser chicos muy observadores. Que no sea por no intentarlo.
- Se supone que toda la troupe del festival ya ha abandonado Lobodoiro.
- Se supone, pero puede haber rezagados. Bien, vayamos con la rueda de prensa.
Sonó el móvil del inspector. Oh, era ella!
- Disculpe, Jiménez, vaya haciéndome de telonero con los periodistas, que ahora voy.
Fue alejándose de los guardias hasta llegar a los aseos.
- Sí?
- Hola, Maximino, te echo mucho de menos.
- Ejem... y yo a ti.
- Lo tienes ahora difícil para hablar?
- Digamos que sí, estoy... en mi trabajo.
- Vaya!
- Me esperan unos cuantos paparazzis hambrientos de novedades.
- Ja, ja ja!
- Oye, esto está un poco aburrido desde que os habeis ido los peliculeros.
- Desde que me he ido yo dirás, no?
Esto último lo dejó caer con una voz melosilla.
- Eh... por supuestísimo, je, je!
- Te llamaré cuando vuelva a España. Posiblemente en Septiembre rodemos en Barcelona. Maximino...
- Sí?
- Te deseo que se te de todo muy bien y que consigas frenar a esa mano asesina.
- Te juro que es lo más importante de mi vida en este momento.
- Ummmm... además de mi, no?
- Eh... je, je, claro, claro.
Acababa de entrar un guardia en el aseo y se sintió muy cortado.
Muy lejos estaba de imaginar la sugestiva Celia que la "mano asesina" rondaba muy cerca de ella.

( Continuará )

jueves, 10 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( 66 )



En un confortable chalecito de la Urbanización Las Rocas ( Lobodoiro )

- La leche que te dieron a mamar, Blas!, para eso has salido de tu pueblo de mierda esta mañana, para molestarme con tus neuras?!
- Bien pensado qué mejor que decirles lo que sabemos?, nada se pierde con ello, mujer.
- La puta que te... Me estás haciendo hablar mal, Blas!... "Nada se pierde con ello"... Mira, eso de que mi suegro era un canalla ya lo sabrán a estas alturas los guardias; han estado interrogando a todo el mundo y alguno se lo habrá dicho, vale?... Pero a dónde coño quieres llegar?, a cuento de qué se te ocurre relacionar los asesinatos de ahora con las canalladas de mi difunto suegro?
- Porque hubo una canallada más grande que todas las demás, una horrible canallada, y tú lo sabes muy bien! - El viejo Blas se levantó de su silla y alzó la voz, dispuesto a no seguir dejándose amilanar por la muy temperamental Macarena Salaberri. Su gesto hizo retroceder dos pasos a la mujer - Y también sabrás que están buscando gitanos porque tú misma te has visto obligada a pasarles los registros de trabajadores temporales de la fábrica en aquella época. Podríamos haber evitado los demás muertos si cuando mataron a Joaquinillo...
- Vale, basta ya!, basta ya!... Utiliza la cabeza, payaso!... Quién se acordaba de aquella historia de hace cuarenta años cuando mataron al Joaquinillo?!... Coño, ni cuando mataron al Rogelio, ni cuando destrozaron el mausoleo!... Qué piensas hacer ahora, eh?!... Eres tan gilipollas que vas  a ir a la Guardia Civil y les vas a contar que les han matado porque... Cagüen la puta, Blas, quieres que vayamos a la cárcel por encubrir a un asesino que no sabemos ni quién cojones es?
Quién?!.. Pero quién?!... Quién puede ser el loco que se ha vengado cuarenta años después?!... Algún hijo?... Algún nieto?... Y una cosa te voy a decir, Blas: yo a mi suegro le quería a pesar de ser un canalla, con algunas personas sabía comportarse bien, y a mi me quería, y yo le quería a él, y no estoy dispuesta a que se ensucie su memoria porque algún loco...
- Macarena, estás desvariando!... Nuestra obligación es acudir a la justicia. Yo, como alcalde, me debo a...
- Tú eres alcalde de un pueblajo asqueroso, hostias!... Mira, Blas, me estoy hartando ya. Si vuelves a decir que vas a ir a contarles aquello a los guardias, no sales vivo de esta casa, te lo juro, por Dios, no sales vivo!... Hala, para que investiguen otro asesinato más!
- Qué mala y que bruta eres, Macarena, has salido a tus suegros en vez de a tus padres!
- Te mato, te lo juro, te mato!... Y si sales de esta casa y te vas a soltarles el rollo, ya les puedes pedir protección porque... te mato!

( Continuará )

miércoles, 9 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( 65 )







- Da usted su permiso, mi teniente?
- Pase, Garcia.
El guardia civil informó a su superior de la llamada inminente del comisario Redondo. Este era un veteranísimo capitán de la Policía Nacional que mantenía una vieja amistad con nuestro protagonista.
García le entregó al teniente un sobre que alguien acababa de depositar en el buzón de la comandancia. Daba la impresion de ser muy escaso o nulo su contenido. Tan sólo ponía "Teniente Madero"
- Lo hemos examinado a fondo, mi teniente, pero sólo contiene un papel.
Madero rasgó el sobre y extrajo un folio. Con letras recortadas en periódicos, al estilo de los anónimos típicos, alguien se había armado de paciencia para formar este mensaje: "YA NO HABRá MáS MUERTOS, TENIENTE, LA VENGANZA HA LLEGADO A SU FIN" Le pasó el papel a Jiménez. Este opinó:
- Puede incluso tratarse de la broma de un gracioso.
- Por supuesto, y también puede tratarse del mismísimo hijo de puta que ha producido la masacre de Valdurriales. En tal caso se confirmaría la teoría de la venganza, lo cual hasta podría permitirnos respirar un poco. Ojalá que no sea una broma y no tengamos que lamenter más asesinatos. Los asesinos en serie son como los conejitos de Duracel, Jiménez, no se agotan nunca. - Se volvió a Garcia - Quiero ver la grabación de la cámara que hay en la puerta de la comandancia. A lo mejor averiguamos el aspecto que tiene el "cartero" del asesino o el propio asesino, aunque mucho me temo que no va a ser así.
- A la orden, mi teniente.
Interrumpió Jiménez:
- Los periodistas se van a impacientar.
- Que se jodan, estamos trabajando. Ocúpese usted de ellos, Jiménez. Dígales que se aplaza media hora la rueda de prensa.
Sonó el teléfono "confidencial" ( el que estaba técnicamente protegido de escuchas extrañas )
- Madero al habla.
- Coño, Madero, encantado de oír tu vozarrón, je, je!
- Venancio, qué es de tu vida, golferas?!
- No te confundas, los golfos son los que yo llevo ante el juez. Servidor es un probo ciudadano y un poli nacional ejemplar, ja, ja, ja!
Al capitán Redondo no le faltaba sentido del humor. Le conocía a Madero de los tiempos juveniles en los que este estuvo a punto de ingresar en la Policía Nacional y él en la Guardia Civil. Luego se cambiaron las tornas.
Tras varios minutos de conversación:
- En efecto, lo del infarto nadie lo pone en duda, pero la verdad cruel, al menos para la familia, es que murió en brazos de un travestí en el reservado de un tugurio gay. Te sorprende?
- No, ya le he conocido yo en esa faceta.
- Lo sé y él te la tenía jurada. Lo sé de muy buena tinta. Comentó en sus círculos que tú le faltaste al respeto y que haría todo lo posible por machacarte. Estate al loro porque puede que haya algún hijo de puta que quiera hacer leña del árbol caído.
- Gracias por avisarme, Venancio. Te debo una.
- Para algo están los amigos, cojones!
- Tras despedirse de su viejo colega, se puso a revisar la grabación en donde debía aparecer la imagen de la persona que había echado el anónimo al buzón.
- Mi teniente, ya no sé que decirles a los periodistas, están muy mosqueados.
Los ojillos de Madero trasmirtieron la mirada socarrona de sus momentos más inspirados.
- Dígame, Jiménez, para qué nos sirven los periodistas?

( Continuará )

martes, 8 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( 64 )

Noticia de agencia publicada en portada en "El Faro de Lobodoiro":

"Fallece en su domicilio el Director General de la Guardia Civil, Don Augusto Loroño"

El Excelentísimo Señor Don Augusto Loroño abandonó esta vida en la tarde de ayer cuando se encontraba rodeado de su familia, siguiendo la retransmisión de un partido de fútbol amistoso entre la selecciones nacionales de España y Tanzania.
No disponemos de más información sobre la causa del óbito, pero diversas fuentes oficiosas conjeturan que se ha tratado de un infarto, dado que el eminente politico ya sufrió otro hace pocos meses.

Madero apartó el periódico de su vista y miró a Jiménez.
- Algo me dice que estas fuentes "oficiosas" son oficiales.
- Están tapando algo?
- Es posible. En fin, en nuestra situación podríamos decir lo mismo que dijo Franco cuando murió Carrero: "No hay mal que por bien no venga"
- Je, je, je!
- Por cierto, cómo va lo de los gitanos?
- Uf, un desbarajuste!... Hemos conseguido por fin que Macarena Salaberri, una de las nueras de Sanfelices Sarasola, nos permitiese ver los registros de trabajadores temporales. Claro que, hubo que amenazarla con pedir una orden judicial.
- Sí, eso me lo dijo usted anteayer, que la señora se quedó con los archivadores y algunos trastos cuando se cerró la fábrica.
- Ah, sí, y la maquinaria, que la vendió. Bueno, ella y su marido, un hijo del difunto. Pero este hombre falleció hace unos pocos años.  Pues parece ser que no registraban a todos los temporeros. Dámaso Sanfelices era como un terrateniente, hacía lo que le daba la gana y contaba con la aquiescencia de políticos corruptos. Sin embargo sí han aparecido algunos apellidos que pueden ser de gitanos españoles: Heredia, Montoya, Vargas... Ya sabe que muchos de ellos llevan esos apellidos, incluso el mio, "Jiménez", je, je!
- Sí, ya lo sé, en esta etnia no abundan los Botín, Koplowitz, Borbón...
- Ja, ja, ja!... Bueno, pues... hay otros apellidos que pueden ser hungaros, rumanos o bulgaros: Kosztka, Vasilev, Vezetéknév...
- Ya, y la Interpol dirá que no les toquemos más los cojones; osea, que eso es como buscar una aguja en un pajar. A saber el mogollón de historiales delictivos que pueden salir de apellidos y nombres comunes.
- Y tanto, mi teniente.
- Pero hay que hacerlo. Hoy por hoy es la única vía que tenemos. Eso y encontrar un "garganta profunda" que nos relate todo lo que se cocía entre el indeseable empresario, su chusma de adictos y los temporeros.
- Estamos también en ello, mi teniente.
- Me consta. Por cierto, han llegado ya los periodistas?
- Los más madrugadores ya llevan un rato.
Asomó por la puerta el guardia Garcia.
- Da usted su permiso, mi teniente?
- Pase, García.
- Dos cosas, mi teniente, dentro de un rato le va a llamar su amigo el comisario Redondo.
- Por el teléfono "confidencial"?
- Sí, mi teniente. Y este "sobre extraño" a su nombre lo ha depositado alguien en el buzón de la comandancia.

( Continuará )

lunes, 7 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( LXIII )









Una coreografia musical en homenaje a la tierra cántabra, "Mar y Montaña Mágica", precedió a la entrega del "premio gordo" Cual iba a ser la mejor película de la presente edición?!... La expectación en la sala era máxima, los nervios consumían a algunos y a algunas. Dorotea Martín y Angel Marcet abrieron los grandes sobres azules, tomando la palabra la super sexy Dorotea.
- Y el premio a la mejor película es para...
Y terminó la frase el galán de la televisión chilena.
- ... Para "Samurais de Ultratumba"
La ovación fue apoteósica porque casi todos se lo esperaban y poquísimos discutían que esta película de Dimitri Kalashnicov era una perfecta obra maestra.
El viejo cineasta miró a la concurrencia con los ojillos enturbiados por la emoción. A pesar de su edad y de sus muchísimos premios recibidos, seguía emocionandose con estas cosas. O quizás era su edad, casi los setenta años, lo que le había convertido en un hombre de lágrima fácil.
- Muchísimas gracias a los miembros del jurado y a los hombres y mujeres de "Ghost and Witch Films" que confiaron en mi proyecto desde el principio. En estos momentos tan importantes en la carrera de un director de cine, tiene uno la obligación de agradecer su inestimable ayuda a un montón de personas, esos colaboradores indispensables en cualquier aventura cinematográfica. Gracias a mi amiga Renata Otolina, aunque este año está en otra película. Gracias a Oswaldo Gavilán por la música maravillosa que sólo él sabe crear. Gracias a Pietro Napolitano por su bellísima fotografía. A mis productores Renzo Casanova y Olivia Toledo. A mi estimada amiga Celia Sanfelices. A todos los actores que habeis participado y a dos personas muy especiales para mi, Teresa Coscojuela y Menciguelo Mejillón, porque ha sido muy importante para mi su constante apoyo moral. Gracias!!
Otra estruendosa ovación despidió al cineasta del escenario, mientras en la gran pantalla se veían imágenes terroríficas de "Samurais de Ultratumba" y sonaba la trepidante musica del maestro Oswaldo Gavilán.


Abandonaron el Hotel Algorta cuando estaba amaneciendo. Ambos se habían estrenado satisfactoriamente como amantes y como mentirosos redomados. Ella excusó su asistencia en la gala de clausura del festival alegando motivos familiares urgentes. El simplemente le había sido infiel a su mujer, una actitud muy propia de sementales enamorados... o libidinosos.
Se abrazaron camino del aparcamiento. A él se le hizo familiar un coche rojo con abolladuras que estaba aparcado muy cerca del suyo. "Dónde he visto yo antes ese coche?" Su mente deductiva no funcionó en esta ocasión. Lo recordaría más tarde.
El teniente Maximino Madero, responsable de la investigación de un caso complicadísimo con unos cuantos litros de sangre derramada, tenía que enfrentarse esa misma mañana a un batallón de sádicos periodistas dispuestos a despellejarle. Pero antes de la rueda de prensa iba a haber dos sorprendentes novedades.


( Continuará )

sábado, 5 de abril de 2014

Uno a uno y sin prisas ( LXII )







( Una escena del film "Las brujas de Salford" con Renata Otolina )



El corpachón de Maximino Madero y las turgencias apetecibles de Celia Sanfelices, danzaron sexualmente con el frenesí de dos anatomías limitadas al vigor de sus 49 años, ella, y de sus 55 años, él. Con calma pero con ardor, con esa pasión de los veteranos que han aprendido a hacer el amor sin prisas pero sin pausas, recreándose en las zonas erógenas favoritas de sus parejas, volcados en satisfacer más a su amante que a uno mismo.
Para el guardia fue una novedad el verse repitiendo coito al poco de haber concluído el anterior. Hacía muchos años que no se entregaba a un bis con Encarnita. Tras la eyaculación caía ipso facto en brazos de Morfeo. Y muchas veces, al despertar, sentíase culpable por no haberse interesado por ella, por sus orgasmos, por la felicidad sexual de su ser más querido. Pura contradicción. Pero también le frenaba que Encarnita era una mujer muy conservadora y religiosa a la que le daba vergüenza hablar de sexo hasta en la cama.

Celia mordisqueó su barbilla mientras él deslizaba la yema de su dedo índice por la aureola de uno de los negros y grandes pezones de su amada. Como ninguno de los dos fumaba, el "entreacto" seguía siendo sexual.
- Me has dado mucho placer, Maximino.
- Tú a mi también, Celia.
- En qué piensas?
- En nuestra locura.
- Je, je, es la más hermosa locura de los seres humanos, no te parece, Maximino?
Se le hacía rarísimo escuchar su nombre propio. Ni los guardias de su promoción, con los que más confianza tenía, se dirigían a él por su patronímico. Ellos eran para él Ramírez, López, Sanchidrián o Coscojuela, como su amigo el municipal. Y él era para ellos Madero. Y Encarnita le decía "Maxi"
"Jo, por qué me vendrá Encarnita a la cabeza a cada rato, precisamente en estos momentos?"
Un cierto bajotraimiento se imponía a su orgullo de macho fornicador. Arrepentimiento pos coito?...
Ocupaban una coqueta habitación en el Hotel Algorta de Portugalete, cerquita de la ría y del Puente Colgante, una habitación reservada a nombre de ella esa misma tarde.


A ochenta kilómetros de allí, dos rostros muy sonrientes se disponían a hacer feliz a una de las cuatro actrices nominadas. Tony Zamora y Estrella Rocha abrieron los "sobres de la suerte"
- Y el premio a la mejor actriz protagonista es para... Dilo tú, Estrella.
- Pues es para... Renata Otolina por Las Brujas de Salford!
Una jubilosa actriz madura subió al escenario en medio de la algarabía general y los flashes de los fotógrafos.
- Gracias!, gracias!, gracias!... me haceis muy feliz, muy feliz!
La gente de la profesión ya sabía que sus lágrimas eran "puro teatro" porque Doña Renata era una grandísima cómica y estaba ya de vuelta de premios, homenajes y otras glamourosas servidumbres del oficio.
Llegado este momento de la gala ya había sido concedido el premio al mejor actor: Peter Byrne por Drácula en el Congo. Sólo faltaba el "premio gordo", el que se daba a la "mejor película.


( Continuará )


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La zurbahistorieta del sábado

Dos cuentos en uno

El temporal azotaba con fuerza al pequeño navío de dos mástiles, meciéndole entre las gigantescas olas como si fuse una cáscara de cacahuete. "Dios mio, las posibilidades de salvación son mínimas!", pensó afligido Robinsón. Pensó o rezó.
El capitán se desgañitaba dándoles órdenes a sus hombres, pero estos ya habían perdido la fe, estaban agotados y a algunos se los habían tragado las olas.
Finalmente un rayo terminó por destrozar el velamen y abrió un boquete entre las cuadernas de estribor. Y el velero se fue a pique.
Robinson era un hombre fuerte y sano, además de un gran nadador. Aunque veía la muerte cerca, intentó controlar su nerviosismo para prolongar la vida. Un golpe de fortuna puso ante sus ojos un grueso madero que se mantenía a flote como un coloso enmedio del temporal. Posiblemente de los restos de otro naufragio. Se aferró a él y flotaron juntos durante varias horas.
Amaneció con la mar en calma. A lo lejos se divisaba una costa. La corriente le llevó hasta una recoleta playa, casi oculta entre los acantilados. Cayó sobre la arena agotado y se durmió.
Tuvo el peor despertar de su vida. Le habían inmovilizado atándole con cientos de cuerdas que a él le parecieron hilos. Docenas de pequeños hombrecitos verdes se movían a su alrededor como hormigas. Su estupor era mayúsculo. "Cómo es posible que existan estos seres diminutos?!... Por qué me habrán atado?... Temerán que los pise?"

La Guardia Civil había hecho un excelente trabajo. El cabo Ciriaco y el teniente Rebollo compartían tabaco y conversación.
- Esto no se lo va a creer nadie, mi teniente.
- Pues los periodistas están al llegar.
- Joder, cuidado que es grande el tío, eh!... Oiga, mi teniente, cómo se llama el cuento en donde sucede esto mismo?... Es Robinsón Crusoe, no?
- No, Ciriaco, no me sea usted ignorante, es Gulliver.

viernes, 4 de abril de 2014

Dos zurbahistorietas al precio de una.




No era un pedo

- Quién ha sido?!... Quién se ha tirado un pedo?!... Nadie?!
El viejo "maestro nacional" barrió con la mirada el aula en donde una treintena de atemorizados chiquillos se preguntaban dos cosas: "Quién habrá sido?" y "Qué va a pasar ahora?"
- Vaya, vaya, vaya!... Y yo me tengo que creer que no ha sido nadie, eh? Aquí huele que apesta y nadie es el culpable.
Los criajos ya se esperaban lo peor, mientras sostenían temerosos o rehuían las miradas de seis ojos acusadores: los del viejo maestro, los de Franco y los de José Antonio Primo de Rivera. También había un Cristo adosado a la pared, pero la de este era una mirada transida por el dolor, le habían hecho una escabechina, y, sin embargo, en su rostro sólo se adivinaba la celebérrima pregunta: "Padre, por qué me has abandonado?!"
Los pequeñuelos ya se esperaban azotes con la vara de avellano o tortazos de esos que les hacían caer al suelo. El temperamental maestro era capaz de dar treinta tortazos sin que se resintiese su venosa y famélica mano.
Y entonces habló Agripino, el pitagorín de la clase.
- Señor maestro, yo creo que el olor viene de la "caja negra"
Don Virgoliano dirigió la mirada hacia lo que llamaban la "caja negra", un armatoste muy viejo y muy feo de la altura de un hombre bajito, que podría ser un armario canijo, una carbonera o cualquier cosa, en donde la señora de la limpieza, Doña Leocadia del Santo Rosario, guardaba libros y trastos viejos de los que  no se sabía si iban a ser utilizados más veces o no. La "caja negra" estaba situada en un rincón de aquel enorme espacio que en tiempos de la República fue un gimnasio.
Don Virgoliano abrió la "caja negra" y un cuerpo humano se precipitó al exterior.
- OOOOOHHHHH...!!, exclamó el coro infantil.
Don Virgoliano no abrió la boca, pero estaba tan asustado como los niños... o más. Un cadáver!... Dios, un cadáver en clase!
La mayoría de los escolares no habían visto un cadáver de persona en su vida, la mayoría menos uno, Gumersindín, que pudo contemplar el semblante lacio de su abuelo Práxedes en una caja de pino. Pero lo de ahora era de película de miedo, como cuando estás viendo una peli y surge inesperadamente el zombi por donde menos te lo esperas.


Qué había ocurrido?


El fin de semana anterior, dos vagabundos entraron en la escuela para dormir. Una pareja de la Guardia Civil oyó ruídos y golpeó la puerta. "Abran a la Guardia Civil!" Uno de los vagabundos,  que era joven y fuerte, huyó por la ventana. Pero el otro, que era viejo y torpe, decidió esconderse en aquel cajón feo que parecía un armario. "Los guardias pensarán que también me he fugado", se dijo con buena lógica. Y así fue. Pero la vida da sorpresas y a veces mortales. Nada más entrar en la "caja negra" sufrió un infarto.




Una narizota entre dos vidas.


Aquel anciano llamaba la atención de los viandantes. Vestía discretamente, pantalón negro de pana y un cardigan azul marino. Su cabello era corto y canoso. No se diferenciaba del resto de los ancianos "señoriales" que pasean por la ciudad, ajenos al bullicio, ensimismados en sus nostalgias. Pero había algo especial en él, algo postizo: una bola roja de gomaespuma ocupaba el centro de su rostro, justo en el lugar de su nariz, una escandalosa narizota de payaso.
Las madres que iban con niños le sonreían. Algunos jovenzuelos de pocas luces le insultaron.
- Tío, estás zumbado, ja, ja, ja!
- Majareta!, tontolaba!
El respondía a los improperios con una amplia sonrisa, como si fuesen saludos amables.
Un coche se subió a la acera y frenó junto al anciano. Una mujer descendió del coche y fue hacia él. Le quitó la narizota y se la guardó en el bolso. Le habló en un tono dulce pero persuasivo.
- Sube al coche, papá, nos vamos a casa.
- Quién es usted, señora?
- Vamos, papá, no des más escándalo. Soy Pili, tu hija. Venga, vámonos!
- Ah, eres Pili!... Ya te has comido el postre, Pili?... Sabes que mamá se enfada si no te comes el postre?
- Vamos, papá!
Al final lo consiguió, el anciano entró en el vehículo.
Aunque muchos lectores lo ignoren, escenas como esta son habituales en el mundo.
Una narizota roja fue el nexo aquella mañana entre una vida dedicada a hacer felices a los demás, ejerciendo la profesión más hermosa del mundo, la de payaso, y otra vida que estaba empezando, la del pozo oscuro del Alzheimer, que se prolongaría durante unos cuantos años.