La iglesia de Santa María de Valdurriales estaba abarrotada desde mucho antes de empezar la misa de cuerpo presente por el alma de Rogelio Briales. Era una iglesia pequeña pero sólo registraba llenazos en ocasiones especiales. El padre Bernardo solía decir que su clientela habitual se componía de media docena de las beatas de siempre y un par de otoñales santurrones, pero que en bodas y funerales se animaba mucho más la cosa. No mencionaba los bautizos porque hacía mucho tiempo que las parejas jóvenes se habían ido a vivir a Lobodoiro, Castro Urdiales, Bilbao o Santander. ( Aunque algunos se hacían un viajecito para bautizar aquí a sus niños, cosas del "cariño a la tierruca" ) Y en estas ocasiones especiales, cuando alguien moría o algunos se casaban, cada vez más infrecuentes, exceptuando las dos muertes trágicas que tenían acojonado a todo el pueblo, la gente corría a la iglesia "a coger sitio para no perdérselo" Y esta vez se encontraron con una sorpresa añadida: la presencia de dos estrellas de la pantalla grande y la escultural desconocida que las acompañaba.
La tres mujeres habían llegado muy pronto a Valdurriales, pero no encontraron ningún local en donde tomar café para hacer tiempo, pues el único bar del pueblo abría cuando le daba la gana. Así que se fueron directas a la iglesia, causando el lógico impacto entre los vecinos que seguían su mismo rumbo, calle arriba, sorteando piedras y algunos boñigos de vaca.
Don Bernardo también se sorprendió, y mucho, que aunque habitual de las salas de cine ni de los DVDs, enseguida se percató de que aquellas mujeronas eran "de película" E igualmente sorprendidos quedaron el cabo Modesto y el guardia Serafín. Las autoridades civiles y la eclesiástica se encontraban en el pórtico del templo a la llegada de las representantes de la Farándula. Don Bernardo hizo amablemente de anfitrión y las colocó en una de las primeras filas de bancos, casi al lado del sagrado escenario. Don Modesto telefoneó al teniente Madero para hacerle partícipe de la inusitada presencia de las cómicas. Y el guardia Serafín pensó que aquellas gachís estaban más buenas incluso que en las películas.
( Continuará )
Mientras tragaba kilómetros por la autopista, Paz se hizo una pregunta lógica: "Cómo es que se les ha ocurrido promocionarse sin avisar a la prensa?" Pensaba en voz alta, tal era su costumbre cuando viajaba solo. "Porque no creo que lo hagan para expresar sus condolencias a los deudos del difunto, por solidaridad cristiana o chorradas de ese tipo, que esas pájaras se mean en todo lo que suene a iglesia, y por muchas películas que hagan de muertos vivientes son unas supersticiosas y unas miedicas" Era el pensamiento de un hombre negativo, destructivo y autodestructivo a más no poder, un mal bicho que despreciaba al resto de los bichos de la fauna planetaria, especialmente a aquellos y aquellas que brillaban con luz propia.
El mismo aviso recibió el inspector Madero. Esta vez el comunicante fue el cabo Modesto.
- Como lo oye, inspector!
- Y quienes son ellas concretamente?
- Karla Montellano y Soraya Montiel, y las acompaña otra que no es famosa pero es un bellezón. Las tres visten de riguroso luto; eso sí, con el luto bien ceñido a sus curvas.
- Joder, no se les habrá ocurrido hacerse publicidad a costa de la desgracia ajena. Sería para matarlas!
( Continuará )
Artículo aparecido en "El Faro de Lobodoiro":
"Señores, qué nos está ocultando la Guardia Civil?... Como todos ustedes saben, los enigmáticos asesinatos de Valdurriales de las Monjas están siendo investigados por el grupo de homicidios de la Guardia Civil de la Comandancia de Lobodoiro, al frente del cual se encuentra el inspector Maximino Madero. Pues bien, en un principio nos contaron que el asesino de Joaquín Ruiz "Joaquinillo" había sido abatido a tiros en México. Ahora nos hablan de un asesino en serie. Señores, explíquense, acaso se trata de una "mano negra" que cada vez que quiere matar a alguien contrata a un sicario distinto y después envía a otro sicario para que mate al primero?... Con todos mis respetos, señor Madero, esto que nos cuenta me resulta más fantástico que todas las películas del festival de terror. El pueblo quiere soluciones ya, inspector Madero, y..."
Le interrumpió el pitido del móvil. Alfonso Paz estaba dándose uno de sus habituales baños de ego, es decir, releyendo su propio artículo para gustarse. Quiso estar ese día en el funeral de Rogelio Briales, pero cambió de idea a última hora por una entrevista en exclusiva con Sandro Sorboni, el director de la saga "Zombis de una galaxia lejana"
Vio que el número reflejado en la pantallita del móvil era el de su "enano infiltrado" en Valdurriales.
- Dime!... Cómo?!... Hostias, es posible?!
"Un bombazo, un auténtico bombazo!", exclamó para sí el reportero intrigante. Y él era el único en saberlo de entre todos los periodistas destacados en el festival.
- Estás seguro de que no les acompaña ningún periodista?
- Aquí nos conocemos todos y no hay más forastero que ellas. Bueno, a excepción de los guardias que andan por todas partes. Date prisa, enseguida empezará la misa.
- Voy echando hostias!... "Hala, al carajo la entrevista con el Sorboni ese!"
( Continuará )
Un retén especial de la Guardia Civil vigilaba día y noche Valdurriales de las Monjas y los caminos del monte. Los inspectores volvieron a interrogar a la pitonisa Grecia Salazar, advirténdola seriamente de que si sabía algo o sospechaba algo debía ponerlo ipso-facto en conocimiento de la autoridad, e igualmente advirtiéndola de que aún no era tan mayor para librarse de la cárcel. La "bruja" no sólo se ratificó en su anterior declaración, lo de siempre, que ella vio la muerte de Rogelio con la anticipación propia de un vidente, sino que ahora veía más muertos, pero sin que se le mostrasen sus caras. E incluso se atrevió a poner en entredicho la actuación policial, animada por un artículo de Alfonso Paz: "Ustedes tenían que haber protegido a Rogelio porque yo lo avisé"
Fernanda Morales, la amante del tendero fallecido, pudo ser interrogada cuando los médicos consideraron que ya se encontraba en buena forma.
- Yo le veía mal, muy mal, señor inspector; él decía que era por la crisis, que la tienda ya no daba dinero, pero... pero no, él ya no era el mismo desde la muerte de Joaquinillo.
- Usted cree que le afectó el hecho de que la vidente anunciase su asesinato?
- El decía que no y la llamaba loca, pero yo creo que sí le afectó.
Una vez realizada la pertinente autopsia, el cadáver de Rogelio Briales fue devuelto al pueblo y se celebraron las exequias fúnebres con una nutrida asistencia de vecinos. Y un hecho sorprendente añadió morbo al trágico folletín. Tan sorprendente que traspasó las fronteras de Cantabria convirtiéndose en noticia nacional.
( Continuará )
Despacho del inspector Madero en Lobodoiro
- La ausencia de señales de lucha lo confirma, Jiménez. La mutilación se la hicieron después de asesinarle. Sus ojos expresan el terror de un hombre que está siendo apuntado con un arma. Ese terror no guarda relación con la salvajada que, afortudamente, él no presenció.
- Entonces, es un aviso al alguien?
- Me temo que sí, y esto nos lleva otra vez a la sospecha de que estamos tratando con un profesional muy experto, alguien posiblemente encaminado a realizar una masacre.
- Un asesino en serie, jodseeeeer!
Después de matarle le habían cortado el pene y los testículos con un cuchillo y se los habían metido en la boca. Así es como se lo encontró su amante Fernanda. La mujer llevaba muchas horas sin tener noticias de Rogelio, y aunque no se veían en sus domicilios por "el que dirán", esta vez decidió acercarse a su casa, llevándose la peor sorpresa de su vida. Fernanda fue ingresada en el hospital de Lobodoiro con una fuerte crisis nerviosa.
- Efectivamente, Jiménez, este detalle de colocarle el miembro en la boca sólo puede tener un motivo: avisar a las próximas víctimas de lo que les espera. A no ser que se trate de un simple capricho de un tío desquiciado, pero no, no lo creo, actúa con excesivo sigilo, sus pasos están muy bien calculados.
Jiménez miró de reojo el ejemplar de El Faro de Lobodoiro que había en una esquina de la mesa:
"VALDURRIALES DE LAS MONJAS, EL PUEBLO DEL TERROR"
Junto a la noticia, en la misma página, una publicidad de la película "La aldea del terror" Muy oportuna publicidad.
( Continuará )
Se respiraba la tragedia en cada partícula de aire del pueblecito asustado, tan asustado como indignado. Los vecinos se comunicaban entre ellos en voz baja o expresando su desconcierto con huidizas miradas, fundiéndose en ellas el temor y la rabia.
Dos asesinatos inexplicables, dos víctimas de una locura de sabe Dios qué loco. Un irracional ataque a un panteón del cementerio...
Sólo algunos de los más jóvenes protestaron en voz alta, haciéndolo con letras muy grandes. La enorme pintada en la pared del silo era como una editorial del sentir del pueblo:
"NOS ESTÁN MATANDO Y NADIE NOS PROTEGE"
El reportero Alfonso Paz hizo varias fotografías de la pintada y continuó "a la caza de la noticia", es decir, buscando las palabras más brutales de los vecinos más indignados para sus titulares "rabiosos" Al día siguiente, el repartidor de prensa traería muchos más ejemplares del Faro de Lobodoiro a Valdurriales. Por eso él se ocupaba muy bien de hacer una foto a cada vecino entrevistado.
Madero se agachó para observar más de cerca el cuerpo de Rogelio Briales. Jiménez hizo las fotografías de rigor y buscó casquillos de bala por la habitación. Lo habían matado en su casa. Finalmente se confirmó la idea de que sólo habían disparado una vez.
El inspector recordó el momento de su interrogatorio a Briales:
-Contésteme pensando muy bien la respuesta. Tiene idea de alguien que pueda tener un motivo, el más mínimo motivo, para matarle a usted?
- No, señor.
El audi negro en el que viajaban los detectives Madero y Jiménez, alcanzó pronto los 160 kms/h , como si estuviese persiguiendo a los malos. De cualquier forma, para ellos ya había comenzado la persecución, aunque aún no tuviesen perfilado a un asesino o asesinos.
- Vaya aminorando la velocidad, Jiménez, que nos vamos a saltar la salida a Valdurriales.
Mar y montaña flanqueaban la serpiente de asfalto. Envidiables paisajes norteños, los más hermosos de toda la geografía española.
Lo que menos se esperaba el inspector Madero era volver a hablar con el agente especial Morris tan pronto.
- Me permite practicar con usted un poco el español, colega?
- Sí, pero brevemente, estamos llegando al pueblo maldito, se ha cometido otro asesinato.
- Vaya, entonces tenemos más de un asesino, la cosa está tomando un cariz malo. Bien, pues yo le llamo para decirle que nos han pasado una información importante: Nelson Caldera se vio en sus últimos días con una mujer en Veracruz, una ciudad turística del Golfo de México - "Veracruz"... A Jiménez le trajo a la memoria al momento la película famosa: Sara Montiel, Burt Lancaster, Gary Cooper... - Estamos tratando de localizarla, quizá ella pueda hablarnos de las actividades de Nelson Caldera o "Nicolás Maduro" ahora que está muerto.
- Ojalá tengan más suerte que nosotros, Morris. Aquí, de momento, sólo estamos dando palos de ciego.
Jiménez ya conducía por la carretera que les llevaba al "pueblo maldito" Observó por el retrovisor el coche que avanzaba tras ellos. "Vaya, el cabrón de Alfonso Paz!"
El reportero intrigante tenía su "enano infiltrado" en Valdurriales, el cual le había puesto al corriente del último asesinato antes de que el cabo Modesto llamase al inspector Madero.
( Continuará )