Luis no dormía muy bien ultimamente. Le pareció oir que goteaba el grifo de la cocina y se levantó con intención de cerrarlo, pero cuando llegó a la cocina comprobó que el grifo no goteaba.
"Mierda de insomnio, joder!"
Volvió a acostarse y esta vez se acordó de ponerse los tapones en los oídos. Al momento volvió a escuchar el goteo del grifo, ahora más fuerte, a pesar de los tapones.
"No es posible, hostias!"
Regresó a la cocina y volvió a comprobar que el grifo seguía "mudo"
Retornó a la habitación más mosqueado. Aún no le había dado tiempo de taparse con la manta cuando escuchó un golpe en la cocina, un golpe seco contra el suelo, como si algo se hubiese caído. Un pedazo del techo?... Se asustó.
"No puede ser, coño, parece que estoy viviendo un relato de suspense!"
El miedo le impidió volver a levantarse de la cama, pero se armó de valor y, de dos zancadas, llegó a la puerta de la habitación y echó el cerrojo.
"Mañana me enteraré de qué ha pasado"
Cuarenta minutos después, cuando ya estaba cogiendo el sueño, sonó su teléfono móvil, que lo tenía sobre la mesita de noche.
"Vaya, esto si parece real"
En la pantallita se reflejaba el número de su hermana Esther, la que vivía en Barcelona.
- Tengo que darte malas noticias, Luis, papá ha muerto.
Y escuchó llorar a su hermana.
Dejó que transcurriesen unos segundos y dijo:
- Ya lo veíamos venir.
- Sí, pero estas últimas semanas se encontraba muy bien, muy animado.
- Cómo ha sido?
Le he sentido levantarse de la cama y he ido a ver qué le pasaba. Me ha dicho que iba a cerrar el grifo de la cocina porque goteaba. después, estando en la cama, he escuchado un golpe en la cocina. Cuando he llegado, papá estaba tirado en el suelo. - volvió a llorar, Luis esperó - La ambulancia ha venido enseguida, pero no han podido hacer nada.
- Ya le había dado un par de avisos el corazón.
Pero ahora le temblaba la voz. Nunca se había llevado bien con su padre, pero le dolía mucho su muerte, y le aterraba pensar que el goteo del grifo y el golpe que él había escuchado tuviesen alguna relación "sobrenatural" con el fallecimiento. Nunca había creído en esas cosas.
Tiempo después, un experto en cuestiones esotéricas le dijo: "Tu padre esa noche pensaba en ti, quería que os reconciliaseis" Luis lloró al escuchar estas palabras. Y esa misma noche tuvo una experiencia increible. De entre la penumbra de la habitación le llegó la voz inconfundible de su padre:
- Hijo mio, te quiero mucho.
Extrañamente, no sintió miedo, todo lo contrario, se sintió reconfortado, feliz!
- Papá, yo también te quiero.
Este fue el momento de la reconciliación entre padre e hijo.
- Buenos días.
Se le quedó mirando como quien mira a un monstruo.
- Me ha dicho usted algo?
- Sí, le he dicho "buenos días"
Siguió mirándole como se mira a un elemento antisocial.
- Qué quiere decir?
- Pues... eh... es una formula de cortesía, un saludo, una...
- Se lo que es esa mierda!... No lo vuelva a repetir o me verá obligado a matarle. Cualquiera se verá obligado a matarle si le oye decir algo así. Ya sabrá usted que hoy en día no es delito matar a los viejos.
- Sí, sí, señor, perdón.
Y el hombre ofendido se fue, y mientras caminaba no le abandonó un pensamiento: "Cómo es posible que permitan que esta gentuza viva tantos años?"

Lua tenía siete años y soñaba con correr y jugar rodeada de muchas amiguitas. También soñaba con leche, fruta y cereales.
Mientras soñaba, los ojos de Lua se fueron cerrando para no volver a abrirse jamás.
Cuando Lua dejó de respirar, se convirtió en un número más de la escalofriante cifra de niños muertos diariamente por desnutrición.
Sue tenía siete años y sus movimientos eran muy torpes. Le pesaba el cuerpo más que a un anciano. La obesidad se había apoderado de ella. Sue rechazaba la leche, la fruta y los cereales, solo le interesaban las hamburguesas, los pasteles y los refrescos de cola.
Sue viviría algunos años más que Lua, pero su foto jamás aparecería publicada para motivar compasión.
Dos pequeñas historias entre millones de historias. Ahora mismo - exáctamente en este preciso instante, están muriendo niños en todo el mundo, Ya lo sabemos, verdad?
( Imagen de Horacio ante los fotógrafos de la prensa en el momento de ser capturado )
El mono hizo un gran descubrimiento: su cuidador se había dejado la puerta de la jaula abierta. Los demás monos dormían. Primero pensó en despertarlos a todos y animarles a salir de excursión por el zoo, pero luego se lo pensó mejor y se fue él solo.
Las primeras sombras de la noche se extendían sobre la ciudad. Llegó a la jaula de los leones y les hizo burla, lo cual le sentó muy mal al señor león, que rugió con fiereza; bueno, con relativa fiereza, pues Dungo era un león viejo y achacoso, así que no estaba para muchas fierezas. El cabrón del mono continuó haciéndole burla. La leona Carola intentó alcanzar de un salto al mono, pero este se escapó y trepó a un árbol, y desde una rama insistió en sus burlas a los leones. Carola no podía trepar al árbol porque este se hallaba fuera de la jaula. El mono se tocaba ahora los huevos, como veía hacerlo a los gamberros humanos que visitaban su jaula.
El mono se llamaba Horacio. ( Horacio es con "h", Enriqueta, pero esto no lo sabía el mono )
Horacio llegó hasta la puerta del zoo, cerrada ya, pero trepó y salió al exterior. Avanzó por una calle llena de coches aparcados y disfrutó de lo lindo saltando de un coche a otro. Una pareja que hacía cositas sexuales en un Audi negro, se llevó un susto tremendo al sentir los golpetones en el techo. Horacio era un chimpance de tamaño respetable.
Cuando se cansó de los coches trepó a una farola, otra experiencia nueva para él, pues en el zoo, lógicamente, no había tenido la oportunidad de trepar a las farolas. Al descender de la farola vio que había un borracho meando contra ella. Era la primera vez en su vida que veía un pene de ser humano. Saltó sobre el borracho, que se llevó un susto mayor que los de la pareja del coche, y le dió un tirón al pene. El borracho gritó aterrorizado, espabilando de la borrachera al instante.
A estas alturas ya se habrá dado cuenta usted, Doña Enriqueta, de que Horacio era un mono muy osado.
El borracho alegro la noche de los policías del servicio nocturno de la comisaría del distrito octavo, calle Alcaldesa Coscojuela. Los agentes no reprimieron sus risas cuando el hombrecillo les contó que un mono muy grande le había querido arrancar el pene. Pero lo que no se imaginaban es que la noche iba a resultar tremendamente animada, tanto para los nacionales como para los municipales y los bomberos, pues los diecisiete compañeros de jaula de Horacio ya habían descubierto que eran libres. El espectáculo estaba servido.
Don Blas Hinojales es un probo ciudadano, cumplidor en su trabajo y amantísimo padre y esposo. Don Blas ha llegado a la cuarentena tras una vida azarosa, luchando siempre para sacar a su familia adelante. Ahora regenta la portería de un inmueble de apartamentos. Don Blas está afectado por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, SIDA.
Luis Figuereño, "Luisillo", es toxícómano, "yonki" utilizando una expresión despectiva muy en uso, y es una de las muchísimas víctimas del SIDA que viven en un estado de pobreza absoluta. Luisillo duerme en el exterior de un portal, malamente protegido por un edredón mugroso y unos cartones. Se trata del portal en el que es portero Don Blas, al cual no le gusta ni un pelo tener yonkis en sus dominios.
- Es la última vez que te lo digo, que te le levantes y te vayas, coño!
Luisillo parece un muerto, no contesta, no asoma la cabeza.
Don Blas está decidido a levantarle a patadas, pero se le ocurre otra idea "mejor": Enchufa la manguera al grifo, aparta los cartones que protegen del frío al paria, tira del edredón hasta hacer asomar medio cuerpo del durmiente... y proyecta un chorro potente de agua fría contra el cuerpecillo famélico y sidoso de su "enemigo"
Varias personas que transitan en ese momento frente al portal le afean su conducta. Luisillo se incorpora asustado y grita:
- Eres un hijo de puta!... Te juro por mis muertos que te voy a buscar la ruina!
Don Blas juega al mus con su cuadrilla de amigos en el bar "Mi gata Bimba" Luisillo entra sigilosamente en el establecimiento y se acerca al portero por la espalda. Antes de que alguien lo pueda evitar, le clava una jeringuilla en el cuello. El toxicómano abandona el local sin ser interceptado por ninguno de clientes. Unos se han quedado boquiabiertos y otros no se atreven a tocar a un yonki.
Don Blas está afectado por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, el SIDA, y ahora hay algunos vecinos que le miran mal, incluso hablan de convocar una reunión para echarle.

El padre Josetxu Etxevarrieta recibe una señal de alarma en su reloj de pulsera radiológico fluzogídrico.
"Oh, Dios, se está cometiendo un sacrilegio!"
Concluye la misa en un santiamén.
- Ite missa est.
- Deo gratias, - responde el coro de fieles.
Sale pitando hacia la sacristía y allí despide al monaguillo.
- Puedes irte, Patxín, hoy me desvisto yo solo.
Y en unos segundo se transforma en... Super Cura!... el padre de acero defensor de la moral y el dogma!
Y Super Cura vuela en dirección al lugar en donde se está cometiendo el sacrilegio. Deja atrás las montañas vascas y enfila hacia la meseta castellana.
Unos pastores miran hacia el cielo.
- Es un pájaro?!
- Es un avión?!
- No, es Super Cura!
Y hacen la señal de la cruz.
Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, entra en la basílica del Valle de los Caídos escoltado por el Cardenal Primado Pla y Deniel y un largo séquito de prebostes del régimen y altos clérigos. El generalísimo de los ejercitos y Jefe del Estado o "dueño de la finca" desfila solemnemente bajo palio con su gallardía y apostura incomparables. Un grupo numeroso de señoras caracterizadas de María Dolores de Cospedal en el Corpus de Toledo de unos setenta años después, sonríen alborozadas y fervorosas, agitando rítmicamente sus negros abanicos, y algunas monjitas se mean de la emoción, pero han tenido a bien ponerse los pañales antes de salir del convento.
"No debo permitirlo! No debo permitirlo!" - se repite insistentemente Super Cura mientras entra en el espacio aéreo de la sierra de Madrid. - "No debo permitir que ese fascista profane el sagrado palio!"
De pronto percibe algo raro en la atmósfera.
"Oh, no, Dios mio!... Oh, Dios mio, qué me está pasando?!
Super Cura se debilita por momentos. Alguien ha impregnado la atmósfera con un gas extraído de la kriptonita. El super héroe se ve obligado a realizar un aterrizaje forzoso y minutos después es rodeado por varias furgonetas de "grises"
El Jefe de Estado sonríe satisfecho al enterarse de la noticia. Su peor enemigo - peor incluso que el comunismo o el contuvernio judeo-masónico - acaba de ser derrotado. El Cardenal Primado Pla y Deniel comenta zalamero:
- Enhorabuena, Excelencia, la Gracia de Dios ha funcionado.
- Gracias a Dios - responde escuétamente el Vigía de Occidente.
Josetxu Etxevarrieta es encerrado en la cárcel para curas rojos de Zamora. Periódicamente se le suministran dosis de kriptonita para que no vuelva a ser Super Cura.
Y tres años después, una fría mañana de Noviembre, es fusilado contra el paredón de la cárcel. Dicen que sus últimas palabras fueron: "Padre, porqué me has abandonado?!"
Año 1.960 del siglo XX en el domicilio de la familia Bustarviejo Rosales. Todos están pendientes de los últimos suspiros del abuelo. A Don Tobias ya sólo le quedan unos pocos telediarios de los de blanco y negro, o quizá sólo el de esta noche.
- Pobre papa, toda la vida trabajando para sacar la familia adelante... ay, Dios! y qué buen padre ha sido, snif, snif!
- No llores ahora, Olegaria, - le dice Honorio, su marido, el yerno del moribundo - puede que se esté enterando de todo lo que hablamos.
- Tú crees?
Interrumpe Carlitos, uno de los cuatro nietos.
- Mamá, huele mal.
- Un respeto, niño, - le reprocha su padre - el abuelito nos va a dejar, pero todavía no nos ha dejado. Esto está cerrado y es normal que no huela bien.
El predifunto Don Tobias abre un ojo, después abre el otro y acto seguido dice algo ininteligible. Vuelve a cerrar los ojos.
- Qué ha dicho? - pregunta Olegaria.
- Yo tampoco lo he entendido, - responde Honorio - Deben ser delirios.
El precadáver vuelve a hablar:
- El elefante.
- Ahora sí que lo he entendido, - exclama Honorio - ha dicho "el elefante"
- Yo también he entendido eso, - Se congratula Olegaria de que su padre aún quiera hacerse entender - pero, qué habrá querido decir?
Se dirige al casi muerto y le habla muy cerca del oído:
- Papá, qué quieres decirnos?... de qué elefante hablas?
Don Tobias no responde. Don Honorio elucubra:
- Posiblemente algún recuerdo de su vida, algo que le motiva especialmente en este momento, quizá quiera descargar su conciencia de...
Le interrumpe la voz del patriarca:
- El elefante, coño, que me estoy cagando!
- Ya lo sabía yo! - grita Carlitos.
( Aclaración para lectores jóvenes: El papel higiénico marca "El elefante" fue el único existente durante la mayor parte del franquismo )