La señora Grecia hacia mucho tiempo que no daba la nota, por lo menos quince años, desde que se le terminaron sus veleidades de pitonisa porque un día estuvieron a punto de darle una paliza los familiares de un anciano al que le atropelló un tractor. Doña Grecia se empeñó en decir que la tarde anterior había tenido una mala premonición y que le advirtió a Don Saturio, la victima, de que no cruzase la carretera porque la iba a matar un vehículo. A los familiares les dolió muchísimo que la bruja utilizase al difunto reciente para sus supercherías, y casi la linchan.
Tres lustros más tarde, la adivinadora volvía a la carga:
- Vamos a ver, Grecia, que tú ya eres mayorcita para estos juegos, ejem, - carraspeó Don Modesto, el cabo de la guardia civil del cuartelillo de Valdurriales de las Monjas - tú has venido a denunciar un asesinato que aún no se ha cometido. Joder, eso no se puede denunciar!
- Es que si vengo a contar que he tenido una vision futurista me llamais chiflada. Aquí solo se respetan las profecías de Nostradamus y de los mayas, y ni el uno ni los otros da pie con bola. Yo he visto que mañana muere un hombre asesinado en este pueblo, y lo que yo digo va a misa.
( Continúa )
Aquí empieza y aquí empiezo un nuevo culebrón, esta vez en mini-episodios por las dificultades técnicas que sufro. Lo mismo que cualquier otra cosa de las que escribo, es para que se lo pierda todo el mundo menos mis lectores incondicionales, que son también amigos. Llevo en mis venas el veneno de la escritura y desde hace tiempo ardo en deseos de hacer algo policiaco.
Veremos como fluye la cosa, pues fiel a mi espíritu anarco-literario, no he preparado nada y no pienso pensar cada día en lo que voy a escribir ese día.
La muerte de alguien es un acontecimiento especial en un pueblo pequeñito, uno de esos pueblos que no pasan del centenar de habitantes, tal es el caso de Valdurriales de las Monjas. Si se trata de un asesinato el acontecimiento adquiere un caráter especialísimo, ya que nadie se imagina que alguien puede matar a alguien ( no siendo a un cerdo, conejo, gallina, etc. ) en donde sólo se respira paz y boñigos de vaca.
Pero... y si el asesinato se anuncia?... Y si alguien corre la voz de que va a haber un asesinato?
Cuando Joselín se empeña en algo... bueno es el!
A pesar de su cortísima edad, cuatro añitos, consiguió arrastrar la pesada silla desde el salón hasta la cocina y consiguió subirse a ella, pero... mecachis en la mar serena, aún quedaba muy alto su objetivo!
No tenía otro remedio que pedir la colaboración de su hermano pequeño Ricardín. Bueno, pues mejor. Así, si Ricardín entraba en el plan, ya no era su enemigo, ya no se chivaba a mamá. Necesitaba imperiosamente a Ricardín para que le ayudase a cargar con aquel librote tan pesado.
Cargaron los dos con el librote hasta situarlo sobre la silla. Treparon a la silla y se subieron al librote. Yupiiiiii...!!! Abrieron la puerta del armario y ante sus caritas de golosos apareció... el bote de mermelada!!
La union hace la fuerza, qué gran verdad!... Joselín y Ricardín se sintieron sanamente felices gracias al satisfactorio resultado de un trabajo en equipo. Sólo eso?... Ah, y gracias al tocho con veinticinco cuadernos extras de "Las Aventuras de la Capitana Indestructible"
El empacho de mermelada, la visita a Urgencias del hospital y el mal trago que les hicieron pasar a papa, mamá y la abuelita, ya es otra historia. Imagínensela ustedes.
- Quién sabe montar a caballo? - Preguntó el morito Ahmed con su major sonrisa.
Don Tirso no conseguía comunicarse con el cabo Eulogio. El primer edil estaba cabreadísimo, sus niños no dejaban de dar la vara y de vez en cuando había que llevar a alguno de ellos a mear. El publico estaba impresentable, al principio se pusieron simpáticos coreando lo de "que empiece ya, que el publico se va", pero ahora decían groserías e insultos: "Cuando hostias va a empezar esto, alcalde?!"... "Todavía están comiendo esos vagos?!" Y el cabo Eulogio que no descolgaba el móvil. Por fin atendió a la llamada:
- Perdone, señor alcalde, con todo este barullo no he oído el pitido del móvil.
- Eulogio, sale la cabalgata o no sale?, ha arreglado usted algo?
- Sí, señor, los de la organización lo están organizando.
- De qué cojones me hablas, Eulogio?!... Qué organización de...
El estampido de un cohete interrumpió sus palabras. La charanga "Los Paquitos Chocolateros" abrió el desfile; detrás de ellos avanzaron las carrozas de los patrocinadores, los tenderos del pueblo, todas con motivos huertanos o estampas pastoriles, cargadas de niños que lanzaban caramelos a los niños del publico; luego una legion de romanos formada por adolescentes del instituto; y finalmente... los Reyes Magos de Oriente, Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar en persona y a caballo!!
El publico empezó a desternillarse de risa. Nadie había imaginado que aquello podría llegar a convertirse en algo tan abstracto e hilarante. Don Tirso se dijo: "Tierra, trágame!"
El morito Abdul había "disimulado" el color de su cutis embadurnándose con la barra blanca que le presto un amigo que se ganaba la vida hacienda de mimo. Completó la caracterización con una barba de Santa Claus del "Todo a un euro" Era Melchor. El senegalés Ibrahim fue más expeditivo, se conformó con ocultar su negra tez tras una careta de esas que venden en las tiendas de chucherías, de tal forma que el hipotético Gaspar se mostró con el rostro de Mariano Rajoy. Un caballo arisco no se dejó montar y Gaspar iba en bicicleta.
Pero los niños prorrumpieron en fuertes aplausos y gritos de alegría cuando vieron - y por primera vez en la historia de Valdeverdiales - a un Rey Baltasar auténtico, genuino, el verdadero Rey Baltasar y no el pintamonas de Don Melchor Rebollo!... Este gran honor le correspondió al negrito somalí Adam.
Y entre todo este chochifostio festivo, nadie escuchó la voz iracunda de Don Tirso dirigiéndose a su teléfono móvil:
- Eulogio, te voy a cortar los huevos!
Fin
A Rafael Azcona y Luis Garcia Berlanga en memoria.
( Viene del episodio anterior )
- Llama a Eulogio.
- Y qué coño va a hacer Eulogio?
- Algo se le ocurrirá, diantre!
Eulogio era el viejo cabo de la policía municipal, un tipo gruñón y fachorro que solo deseaba llegar a la jubilación sin más problemas de orden publico, pero, por culpa de la avalancha de emigrantes y sus peleas nocturnas, tal deseo no llevaba camino de cumplirse.
El resto de los concejales habían llevado a sus hijos a ver la cabalgata de Murcia capital, que era mucho más vistosa, salían los camellos de un circo, las peñas de moros y cristianos, unas majorettes de Barcelona... y se lanzaban muchos más caramelos que en Verdiales.
- Bueno, pues vosotros sois los que estais en el ajo, no? Vale, pues yo os hago responsables de todo. Quiero que salga la cabalgata echando hostias, entendeis? Os buscais la vida, tíos, como en la mili. Yo tengo que ocuparme del orden publico, que ya es suficiente.
Y les dejó con un palmo de narices. Eulogio había pensado muy acertadamente que ninguno de los catetos que él conocía le iban a resolver la papeleta, y mucho menos los señoritingos. Los unos eran demasiado brutos y los otros no sabían montar a caballo. Además, quién era él para obligar a nadie a meterse en aquel teatrillo?
Los responsables de desfacer el entuerto se miraron boquiabiertos. Unos eran los pajes de la comitiva real y los otros los barrenderos que iban detrás de la cabalgata limpiando las bostas de los caballos: marroquís, argelinos, guineanos, senegaleses, angoleños...
- Quién sabe montar a caballo, tíos? - preguntó el morito Ahmed con su major sonrisa.
En el próximo episodio asistiremos al desenlace de esta trepidante zurbahistorieta. Disfrútenla, querida concurrencia!
( Viene del episodio anterior )
En Valdeverdiales del Segura está a punto de iniciarse la cabalgata tradicional de los Reyes Magos a caballo. Una multitud se apiña en las calles de este típico pueblecito murciano para ver pasar a sus orientales Majestades. Los niños aguardan también los lanzamientos de caramelos, algo tan típico en la region que hasta se hace en las procesiones de Semana Santa. ( Los propios nazarenos obsequian con dulces y otras chuches a los niños )
- Cómo dices?!... Oye, no me jodas, pero esto va en serio?!... Ay, la hostia!... Y en dónde los han ingresado?, en la Arrixaca?...
Después de preguntar por otros detalles, Don Tirso se quedó mirando embobado el móvil, el cacharrillo por donde acababa de recibir la fatídica noticia. A su lado estaba su señora, Doña Fuensanta, y la recua de críos, cuatro, todos ellos instalados en la tribuna para ver el paso de los concejales de Oriente.
- Qué pasa, Tirso? - preguntó la sufrida cónyuge. Y el primer edil respondió con su delicadeza habitual:
- Una putada!... Una putada muy gorda!... Pues nada, que nuestros Reyes Magos se han intoxicado con marisco en malas condiciones. Ya sabes que es costumbre que se peguen una comilona en este día. Los han ingresado en el hospital de la Arrixaca. Pero bueno, ya están fuera de peligro. El problema lo tengo yo ahora, la gente se está impacientando porque esto ya tenía que haber empezado.
- Llama a Eulogio.
- Y qué coño va a hacer Eulogio?!
- Algo se le ocurrirá, diantre!
Quién es Eulogio?... No están previstos Reyes Magos de reserva en Valdeverdiales del Segura?... Continúa la intriga en el siguiente episodio. No se lo pierdan!
Valdeverdiales del Segura es una población murciana de 8.000 habitantes, de los cuales cerca de la mitad son inmigrantes magrebís y subsaharianos, temporeros de la fruta o parados a tiempo completo, según soplen los vientos.
La cabalgata de Reyes Magos de Valdeverdiales es muy pintoresca, los Magos de Oriente salen montados a caballo, como en las cabalgatas que se hacían antiguamente.
Para interpreter a Sus Majestades se van turnando cada año los concejales, a excepción de Don Melchor Rebollo, concejal de urbanismo, que todos los años repite en el papel del Rey Baltasar. Dice que es porque a sus nietos les gusta verle de tal guisa, pero todo el pueblo sabe que lo hace porque es un exhibicionista infantiloide. Nada, cochina envidia, je, je!
Don Melchor se tizna la cara para parecerse a Baltasar; osea, para parecerse a algo parecido a un negro. Ninguno de los 2.000 negros de Valdeverdiales está capacitado para encarnar al rey negro, porque ninguno ha llegado a concejal, y esta debe ser una condición imprescindible, aunque no escrita, en casi todos los pueblos de España, lo cual es todo un contrasentido porque los ediles de Celtiberia tienen más fama de trincones que de obsequiosos, de patanes que de sabios astrólogos de la antiguedad.
Sin embargo, en la presente edición de la cabalgata algo va a cambiar. Entérense ustedes en el próximo episodio. Gracias por su atención!