- Qué hace usted mirando para abajo?, a ver si se va a caer!
- Oiga, ese es mi problema, no el suyo.
- Es que veo que se está asomando arriesgadamente. Perdón, sólo quería velar por su seguridad.
- Descuide, me siento seguro, no me voy a caer. Algo más?
- Bueno... no sé si me estoy metiendo en lo que no me importa, pero me podría decir que es lo que busca ahí abajo?
- Vale, se lo digo, estoy mirando a ver si llega mi amiga Enriqueta, que siempre se presenta a dejarme un comentario.
- Una buena amiga, sin duda.
- Sí, sí que lo es, es mi girl friend almeriense. Mire, allí viene!... Ahora me escribirá su comentario.
- Es usted el primer bloguero que conozco que espera en su blog a la autora de un comentario.
- Y eso es malo o es bueno?
- Es extraño.
- Pues no se extrañe, forma parte de la locura de escribir. Usted y yo estamos al servicio de esa locura, somos dos personajes en mi mente enrarecida de historietas, puras imaginaciones.
- Enriqueta también es una imaginación suya?
- No, Enriqueta es real y lozana como una manzana reineta, ya la ve usted, y sabe hacer unos guisos muy ricos.
- Ha probado usted sus guisos.
- No, todavía no he probado a Enriqueta ni sus guisos, todo se andará.
- Bueno, me voy, adios!
- Se va porque he pensado ahora que usted se va ahora, y me la repanchinfla la redundancia, y no va a llevarme la contraria diciendo que ahora se queda, porque la zurbahistorieta no puede alargarse mucho. Corto y cierro.

De pronto los toros enloquecieron y diéronse a cornear a diestro y siniestro. Hasta los cabestros tornaron su mansedumbre en bravura, pero era una bravura extrema, como si algún tipo de inteligencia diabólica les impulsase a buscar los cuerpos de los hombres.
Fue la mayor carnicería en un encierro de sanfermines, murieron 84 corredores, algunos de ellos alcanzados por las balas de los policías que disparaban desesperadamente contra los toros. Tan inexplicable tragedia significó la suspensión de todos los espectáculos taurinos en España "hasta nueva orden"
Qué les ocurrió a los toros?...
La masacre fue reivindicada por la secta "Hermanos Animales Humanos", pero no se pudo demostrar que con "el poder de sus mentes" hubiesen logrado algo semejante. Tampoco se les encontró ningún tipo de "arma secreta" En las autopsias a los toros no se vio nada que demostrase una intervención con algún tipo de droga.
Se descubrió que en una comisaria habían torturado a dos hermanos animales humanos buscando su confesión, pero ni aún así. El misterio continúa.
Todos se le parecían muchísimo, hombres y mujeres. Surgían por todas partes y avanzaban hacia él como si fuesen zombis. Eran zombis?!... Dios, se sentía aterrorizado!... Y todos repetían la misma palabra: "Papá!, papá!, papá!, papá!..."
Se despertó con el corazón latiéndole con inusitada fuerza y sudando a chorros. Fue la peor pesadilla en la vida de Don Juan Carlos de Borbón.
Había soñado con este momento durante toda su vida profesional, desde que comenzó en aquella compañía teatral de repertorio. Aún no se lo creía del todo pero era cierto, tan cierto como que había pisado la alfombra roja al llegar y volvería a pisarla al salir. Estaba allí, sentado en una butaca del más mágico auditorio de España, atento a las palabras de los presentadores.
Y el goya al mejor actor es para...
Oh, cuántos años habían pasado ya desde sus primeros papeles ínfimos en el cine, cuando ni siquiera se le pasaba por la imaginación que algún día pudiese hacer un protagonista, aunque en sus sueños fantasiosos se veía besando a las más hermosas actrices y recogiendo un goya por su trabajo en una gran película.
Y el goya al mejor actor es para...
El era uno de los nominados, estaba a punto de sonar su nombre o el de cualquiera de los otros tres actores que también optaban al premio. Estaba nerviosísimo, el corazón le latía con fuerza... La presentadora iba a pronunciar el nombre del agraciado en ese mismo instante. Se convertiría en el "mejor actor español de 2.021"?
Nunca lo supo, un fulminante infarto le libró de tal honor o de la vergonzosa decepción. El viejo cómico murió con los ojos muy abiertos, pegado al respaldo de su butaca y con la cabeza ladeada hacia su hombro derecho. Le estaba iluminando el foco como ganador?... El realizador pidió un primer plano suyo?...
Jamás lo supo. Nosotros tampoco.
( Esta zurbahistorieta guarda relación con la publicada ayer: "Perdidos en la jungla urbana )
Para ciertas personas, todos los chinos o todos los negros son iguales. También piensan así de los mendigos. Son iguales no porque coincidan en sus rasgos físicos, sino porque esta gente los excluye de sus vidas.
El hombre se acercó al mendigo con una sonrisa de autosuficiencia y le dio un billete de 100 euros con mucha pomposidad, como si fuera un politico y le estuviesen grabando.
- Se lo ha ganado, amigo, gracias a que usted me informó de cómo llegar a la calle Los Gorriones, yo pude llegar a tiempo a la entrevista de trabajo, y acabo de recibir la feliz noticia de que he sido elegido para cubrir un puesto muy bien remunerado. Gracias!, mil gracias, amigo!
Y el hombre se fue con su sonrisa de autosuficiencia, pero también extrañado de que el mendigo no diese botes de alegría.
"Bueno, esta gente es rarilla, pero yo me siento feliz por mi buena acción"
El mendigo se quedó muy satisfecho por el dinerillo extra que le acababa de dar aquel gilipollas.
"La calle Los Gorriones, la entrevista de trabajo... bueno, está majara, pero yo ahora tengo cien euros, de puta madre!"
Tres calles más arriba, otro mendigo, un mendigo que se había mudado de calle, aún recordaba a aquel hijoputa que no le dio un puto céntimo después de informarle sobre cómo llegar a la calle Los Gorriones.
Esta anécdota une en un mismo equívoco a tres hombres que no se conocen: El hombre que se equivoca de mendigo, el mendigo que piensa que su benefactor está majara y el mendigo que "ha perdido de ganar cien euros por cambiarse de "puesto de trabajo" y que siempre pensará equivocadamente que aquel hijoputa no es un hombre agradecido y generoso.
- Por favor, podría indicarme la calle Los Gorriones?
- Lo siento, no soy de aquí.
Volvió a intentarlo.
- Señora, es usted de aquí?
- Conozco algo porque vengo a ver a mi hermana. Dígame usted.
- Busco la calle Los Gorriones.
- Ah, pues no, no me suena, lo siento.
Siguió intentándolo en vano, temió que se le hiciese tarde para la entrevista. Casualmente no había por allí ningún taxista, barrendero o cartero, que son los que se saben bien en dónde están las calles y callejones. Y entonces oyó que alguien le chistaba, era un mendigo acurrucado bajo su manta y protegido del frío viento en la entrada de un portal.
- Mire usted, siga hasta la plazuela aquella en donde se ve un cartel rojo muy grande, lo ve?...
- Sí, sí.
- Pues siga la acera del cartel rojo y la segunda a la derecha es Los Gorriones. Casi nadie la conoce porque es una calle muy pequeña.
- Ah, pues muchísimas gracias, me ha salvado usted!
Y salió disparado, pues ya se le hacía tarde. El mendigo pensó: "Qué basura de tío, joder, podía haberme echado al menos un euro por el favor que le he hecho. "Me ha salvado usted"... pringado de mierda!
El hombre entró en la oficina de la empresa en donde estaba citado para la entrevista de trabajo. Una sonriente empleada le invitó a sentarse mientras intentaba comunicar con el gerente.
El hombre estaba tenso porque la situación no era para menos: su primera entrevista de trabajo en mucho tiempo. Pero la mente humana es muy caprichosa y el hombre se sorprendió a sí mismo pensando en algo ajeno al momento: "Le podia haber dado alguna moneda al mendigo, a fin de cuentas, gracias a él he llegado a tiempo"
Durante el resto de la mañana, fueron más los aspirantes a un puesto de trabajo que, al asomar por la boca del metro, sita esta a pocos metros del mendigo, preguntaban por la calle los Gorriones, pero el mendigo ya no informó a nadie más.
"Joder, yo no trabajo gratis!"

En aquellos tiempos los momentos claves de una vida humana sucedían por norma general en casa: el nacimiento y la muerte.
Agueda ya había roto aguas y su criatura estaba a punto de nacer. En la habítación contigua iba a morirse el padre de Agueda, Don Glorialdo.
A Agueda la atendía una comadrona y a su anciano padre un cura; este le había dado la Extremaunción hacía pocas horas. El principio y el fin de la vida iban a tener lugar enseguida entre los muros de la vieja casona. Pero la vida y la muerte se empeñaron en tomar rumbos diferentes.
Agueda dio a luz y el niño nació muerto. Fue un parto muy doloroso y doblemente doloroso por el deselace.
Incomprensiblente el abuelo se impuso al deseo de la Parca, o fue un capricho de esta, y vivió cinco año más.
Todos en el pueblo coincidían en que se había tratado de una "broma de Dios", así de religiosos y supersticiosos eran ellos.
Al tercer año de su reanimación en el lecho de muerte, Don Glorialdo empezó a chochear. Se volvió mimoso y llorón como un bebé, despertando en su hija Agueda el instinto maternal. Le daba la comida a la boca, le limpiaba las caquitas e incluso le cantaba nanas. Los muy religiosos y supersticiosos aldeanos decían que el abuelo estaba poseído por el espíritu del niño muerto. El cura miraba para otro lado cuando escuchaba estas barbaridades.