
Dos euros la hora le cobraron en el ciber, y por adelantado. Le pareció carillo, tarifa de pueblo turístico. "Omnisciente", efectivamente: "el que lo sabe todo"
"Por supuesto, también sabrá quién asesinó a la pobre chica, las divinidades tienen la buena folla de saberlo todo", se dijo irónicamente la inspectora.
Empleó casi todo el tiempo internáutico en ver webs de circos, sobre todo del "Gran Circo de la Atlántida" Vio con detenimiento las fotos y leyó todo lo que se había escrito sobre Karla Ambrossini y su número de doma de tigres. Recordo que el servidor del Omnisciente le había hablado de que en Youtube se podían ver los videos que le habían grabado a Karla algunas televisiones.
"Es muy guapa... y muy joven, ¡qué pena!" Pensó en presente el argelino, aún no podía hacerse a la idea de que la habían matado.
Al salir del ciber volvió a invadirle la extraña sensación de que alguien iba tras sus pasos. Extraña y muy molesta sensación. Intentó controlarse para no ser presa del miedo, pues una buena poli debe saber mantener el tipo, conservar la sangre fría, como los detectives de las películas.
Se sentó en la terraza de la cafetería "Estrella de Mar", eligiendo previamente la mesa que le ofrecía la mejor visión del personal callejeante y dando la espalda a la pared. Se puso las gafas de sol para que nadie se mosquease al mirarle. Además, el sol ya empezaba a ser molesto. Ese sol, compañero fiel de murcianos y almerienses, se muestra con todo su rigor en estos días agosteños.
Se acercó a ella una camarera subsahariana. Tendría veinte añitos y era bajita, pero muy guapa. También muy sería, no sonreía. Pidió un café con leche y un cruasán. En ese momento pasó el coche publicitario del circo. "¡Gran Circo de La Atlántida en Santiago de la Ribera! ¡Esta tarde grandioso debut...!"
Vio perfectamente a Sandro y Antonella, Sandro al volante, Antonella comiendo un helado. Supuso que habían parado hace muy poco tiempo para comprar el helado porque este aún estaba casi entero. Ambos cuarentañeros y robustos.
"Muy grandotes me parecen para hacer cabriolas en bicicleta", pensó la inspectora.
Un perro caniche asomaba medio cuerpo por la ventanilla que daba al asiento de Antonella. La mujer le sujetaba con la mano que le dejaba libre el helado, sin duda para evitar que le diese por tirarse a la carretera en persecución de algún gato.
"Será alguno de los perros que actúan con ellos", pensó la poli de Las Norias de Daza. Sandro y Antonella se anunciaban como "ciclistas acrobáticos con perros" También había visto una parte de su actuación en Youtube, pero no le parecieron tan grandotes.
Los animales iban desapareciendo poco a poco de los circos, pero los circos pequeños se resignaban a prescindir de ellos porque en los pueblos pequeños sigue gustando mucho los números de animales, así como las vaquillas y cualquier otra actividad que suponga el sometimiento de animales, y no digamos un numero de tigres feroces con un domadora super sexy. El legendario Circo Ringling Brothers de los Estados Unidos prescindió recientemente de su permanente señal de identidad a lo largo de dos siglos: los elefantes. El 6 de Marzo de 2.016 se realizaba el número por última vez. Cuarenta y dos paquidermos del Ringling Brothers fueron trasladados a un centro de conservación de animales de Florida. Las organizaciones animalistas habían presionado tanto que, por fin, consiguieron marcarle un gol al "mayor espectáculo del mundo"
Y, de pronto, descubrió al cabrón que la estaba espiando. "¡Es ese!"
(Continuará)

— Perdone, tengo que seguir trabajando, vamos a levantar ahora la carpa — dijo el argelino con total desconfianza en la mirada. La inspectora se percató de que algo ocultaba aquel hombre.
— Espere, no me ha respondido.
— Ah, sí, ellos no están ahora en su caravana. Han salido a hacer la publicidad con el coche. Escuche...
Les llegó la megafonía de un coche que recorría las calles: "¡¡Gran Circo de La Atlántida en Santiago de la Ribera!!... ¡¡Instalado en la campa de los franceses, junto a la antigua fábrica de jabón!!... ¡¡Hoy Gran Debut, dos funciones, a las siete de la tarde y 10 de la noche!!... ¡¡Grandioso número de tigres de Bengala, ocho fieros tigres en la jaula de las emociones!!... ¡¡Acróbatas, malabaristas, antipodistas, ciclistas, payasos...!!
El sonido fue perdiéndose a medida que el vehículo se alejaba en dirección al paseo de la playa.
— ¿Por qué siguen anunciando a los tigres? — le preguntó a su informante. El ex navajero Abdel Alim empezaba a recelar de la polizonta, pero decidió fingir amabilidad para no granjearse la enemistad de la persona que venía a investigar el asesinato, porque enseguida dedujo que a eso era a lo que había venido.
— Bueno, es el principal reclamo del circo, la gente viene y les avisamos de que no se hace el número de los tigres, pero, como la mayoría vienen con niños, no se echan atrás, pagan la entrada y entran. Además, les dejamos ver a los tigres en su camión-jaula.
— ¡Pero están muy inquietos!
— Bueno, no se preocupe, no se escapan, los barrotes de la jaula son muy fuertes. Pero el público también puede ver un número muy divertido de monos, la Vuelta Ciclista a España de monos, y van vestidos como los ciclistas de verdad, y también sale un caballo enano que sabe leer y escribir en varios idiomas.
La inspectora decidió dar un paseo por el pueblo y volver más tarde, cuando ya hubiesen regresado los padres de la difunta y estuviese la carpa montada. Buscó un ciber para conectarse a Internet y buscar en google el significado de la palabra "omnisciente" No le iba bien la conexión a Internet del móvil. De pronto tuvo la desagradable impresión de que alguien la estaba siguiendo.
(Continuará)

Sin pretenderlo, Enriqueta ya estaba interrogando a un circense, el argelino Abdel Alim. Ya se había puesto a hurgar en las entrañas del circo.
— ¿Quién hace ahora la actuación de los tigres? ¿Hay otro domador?
— No, los tigres han dicho que no.
— ¿Cómo es eso?
— Vino un domador nuevo, un hombre conocido de los dueños del circo, pero los tigres se negaron a obedecerle, e incluso uno le hizo frente y faltó poco para que ocurriese una tragedia. Los tigres querían mucho a su amita, solo la querían a ella. Y ahora el circo está en crisis porque en todos los carteles aparecen los tigres, la gente venía por el número de los tigres. Bueno, siguen viniendo... ¿Sabe usted?, incluso los sacaron un par de veces en las televisiones de Murcia y de Albacete, y se puede ver en YouTube.
"Pues sí que lo tienen complicado", pensó Enriqueta, "el número de los tigres era para ellos la gallina de los huevos de oro"
La vida es una sucesión de sorpresas, muchas de ellas desagradables. Poco después se llevaría otra sorpresa gorda: su correcto informante argelino era el hombre que, años atrás, había mostrado su navaja a las cajeras de las tiendas y a los empleados de las gasolineras para luego salir corriendo con los euros del botín.
— ¿Cuál es la caravana de Sandro y Antonella, los padres de la difunta?
— ¿Cómo sabe usted que son sus padres? — preguntó asombrado el argelino y Enriqueta optó por identificarse, le enseñó su placa. A partir de este momento, Abdel Alim mostró otra actitud hacía ella, mucho más reservada, no en vano era un ex delincuente y ella una poli.
(Continuará)

"Santiago de la Rivera es una población bastante grande", pensó la inspectora, observando el trajín de los montadores del circo y los críos que les echaban una mano para conseguir entradas gratis. Otros se colarían por debajo de la lona si despistaban a los vigilantes. Acababa de recordar las palabras del capitán Gorrucháñez: "es un circo pequeño que solo va por pueblos pequeños"
Acto seguido volvió a su mente lo que más le intrigaba: "¿Por qué la chica le abrió la puerta al asesino? Debió reconocerle, su voz le resultó familiar. ¿Acaso hay un psicópata en el circo y nadie lo sabe?"
Los tigres no cesaban de rugir, dando vueltas en su jaula.
"¡Espero que no se escape alguno, madre mía!, ¡yo solo quiero que me coma mi novio!" La verdad es que se sentía cada vez más atemorizada por los rugidos de los grandes felinos.
— Echan de menos a su amita.
Se sobresalto al escuchar aquella voz, justo a lado suyo. No había visto acercarse al hombre, tan distraída como estaba con sus pensamientos y los rugidos de las fieras.
— Perdón, ¿decía usted...?
— Que echan de menos a su amita, la domadora. La pobre mujer subió al cielo, era un ángel, era cristiana, ¡un ángel!, muy buena, muy buena mujer.
— Ya estoy enterada, la mataron. ¿Usted trabaja en el circo?
— Sí, pero no soy artista, soy empleado, hago muchas cosas, monto y desmonto el circo, doy de comer a los animales, corto las entradas en la puerta... ¡muchas cosas!
— Habla muy bien el español para ser marroquí.
— No, soy argelino. Sí, casi hablo sin acento porque llevo muchos años en España.
— ¡Ah!
— Me llamo Abdel Alim.
— Yo Enriqueta.
Y se dieron la mano.
— Mucho gusto, Enriqueta.
— ¿Y qué significa su nombre?... porque tengo entendido que cada nombre árabe tiene un significado.
— Sí, el mío significa "enviado del Omnisciente"
— Ah, mira que bien.
(Continuará)

De San Pedro del Pinatar a Santiago de la Ribera se puede ir caminando si uno no tiene mucha prisa. Ambos pueblos están unidos por un hermoso paseo que transcurre a lo largo de la playa, como el que une Marbella y Puerto Banús, pero más cortito.
A la inspectora le gustó la idea de caminar antes de enfrentarse a su trabajo, de esta manera iba repasando mentalmente todo lo que había leído aquella noche en el dosier, o al menos lo que se le había quedado en la cabeza. El capitán Gorrucháñez le había preparado muy meticulosamente todo el material.
Era una delicia sentir en su rostro la brisa marina y gozar del paisaje mientras reflexionaba sobre lo leído. ¡Aire puro! Ya habían transcurrido dieciocho meses desde que se fumó su último cigarrillo, siguiendo el ejemplo de su novio. Las gaviotas ya habían comenzado su concierto matutino de chillidos y exhibición de acrobacias aéreas con descensos en picado para atrapar incautos pececillos. En ese mismo espacio aéreo, pero a más altura, se exhibía a veces la Patrulla Acrobática Aguila del Ejercito del Aire, la misma que desfila una vez al año sobre el Paseo de La Castellana, Recoletos y el Paseo del Prado de Madrid lanzando chorros de humo rojo y gualda para dibujar en el cielo algo parecido a la bandera de España. A muy poca distancia de Santiago de la Ribera se encuentra la base aérea de San Javier.
Un circo pequeño ya no llama la atención de los adultos. Atrás han quedado aquellos tiempos en los que la llegada de un circo a un pueblo era todo un gran acontecimiento. Hoy en día solo algunos chiquillos se acercan "a ver qué es eso", y los más espabilados suelen tener la suerte de conseguir entradas gratis si les ayudan a los circenses a acarrear cubos de agua desde la fuente pública o el bar más próximo, o a repartir octavillas.
Este es el panorama que se encontró la inspectora Jiménez Herrera al llegar al descampado en donde se iba a empezar a montar el circo. La carpa aún no había sido izada en los mástiles. Algunos críos colaboraban con un par de empleados magrebíes en limpiar un poco el terreno de pedruscos y basuras. Un criajo de apenas ocho años manejaba un rastrillo grande.
Abdel Alim se quedó mirando a aquella mujer bajita, de pelo rizado y gafas, que se había plantado a pocos metros de donde se iba a montar la carpa.
Enriqueta oyó rugir a las fieras. Parecían inquietas. Sintió miedo.
(Continuará)

El enano Marcial era un ser acomplejado que no asumía su enanismo. Tuvo una infancia deprimente porque le tocó criarse en un barrio hostil y asistir a una escuela en donde los demás niños se burlaban de él. "Enano de mierda" era lo menos ofensivo que le decían. Con los años fue haciéndose una coraza protectora para evitar los golpes. Oía hablar de libertad, de democracia, de tolerancia, de respeto a las minorías... pero él seguía siendo un "enano de mierda", un bicho al que había que evitar, simplemente porque era distinto. Afortudamente nunca recibió las palizas que recibían los homosexuales ni fue asesinado como una ama de casa.
Procuraba evitar a la gente que no le gustaba y alimentaba suspicacias y odios contra los que le decían alguna inconveniencia o simplemente "le miraban mal" Fingía aceptar la broma cuando le decían "Marcial, eres el más grande" (letra del pasodoble al legendario torero Marcial Lalanda) De joven (ahora tenía 38 años) intentó ser "enanito torero", sumándose a la troupe de de "Don Sandalio y sus enanitos toreros", pero la primera vez que se puso ante un becerro bravo, fue tanto su miedo que se meó encima, causando la hilaridad de toda la troupe.
Definitivamente, Marcelo había nacido para sufrir y odiar.
A la inspectora no le entraba en la cabeza que la domadora hubiese abierto la puerta de la caravana a su asesino. Menos comprensible era que se la hubiese dejado abierta. ¿Fue tan convincente el hipotético psicópata para que ella cediese a su requerimiento de abrirle la puerta sin conocerle de nada?... Sucedió en plena noche y ella estaba sola en la roulotte. Empezaría preguntando a sus padres. Consultó en las notas del dosier: "Sandro y Antonella, ciclistas acrobáticos con perros" Sus nombres verdaderos: Desiderio Talledo y Rosa Rubio. Con ellos iba a iniciar su investigación esa misma mañana.
(Continuará)

La inspectora se alojó en un hotelito de San Pedro del Pinatar, pueblo turístico en la parte del Mar Menor que no es La Manga, digamos que en tierra firme, última localidad murciana antes de entrar en la provincia de Alicante por la carretera costera. Desde allí controlaría las idas y venidas del circo por la costa y pueblos del interior. Según rezaba en el dosier, la troupe circense no pensaba distanciarse mucho de esta tierra durante el presente verano, pues en Murcia y Alicante hay muchos pueblos que se adaptan perfectamente a las exiguas exigencias económicas de un circo pequeño. Ahora estaban en Santiago de la Rivera, a solo un paso de donde ella se encontraba.
Empezaría interrogando a los más allegados a la difunta; primero a sus padres, por supuesto. Lo más probable es que no sospechasen de nadie, pero sus palabras le servirían para conocer algo del "mundo interior" de su hija, quizá no mucho, pero, a lo mejor, lo suficiente para tirar de algún hilo. La intrigaba mucho que la joven asesinada, de veinte añitos, no tuviese absolutamente ningún enemigo, o que lo tuviese y a nadie le constase. Un ser angelical, vamos. ¿Es eso posible cuando ya se han cumplido los veinte años? ¿Nada de novios ni de líos con muchachos del circo o de los pueblos? ¿Nada de nada?
"Vaya, vaya, ¿tendré que buscar una aguja en un pajar? Es decir, un psicópata, alguien que con solo ver anunciada en los carteles a la domadora ya le ha caído mal? ¡Menuda papeleta me ha tocado?
El enano Marcial, sin embargo, tenía la sospecha de que la asesina podía ser Miss Martinelli, la antipodista soriana. O sea, Jesusa Sánchez. ¿Por qué?
(continuará)