Para el concurso de relatos navideños de El Periódico del Prat y para los soplapollas que lo quieran leer aquí.
Nervios al volante
Conductora novel, novata, primeriza, nerviosísima... "No debería estarlo, coño, ¡no, no!" Pero lo estaba. Elena tenía 27 años y este era su primer viaje sola en coche, sin el profesor al lado, sin el coche de la autoescuela. Elena conducía su coche propio, nuevecito, pero sin un familiar o amigo en el asiento de al lado, alguien que pudiese transmitirle seguridad. De la calle, de alguna tienda, le llegaban las notas de un villancico popular, de esos que nos sabemos de memoria porque son como canciones del verano eternas. Arre, borriquito, arre burro arre, anda más deprisa que llegamos tarde. Arre borriquito, vamos a Belén, que mañana es fiesta y al otro también.
Ocurrió lo que no debería ocurrir, pero ocurrió. No fue culpa suya, pero ocurrió. Un incidente clásico que no llegó a accidente. Gracias a Dios. El niño y la pelota. Llegó la pelota a la calzada y tras ella, inmediatamente, el niño. Elena estaba mirando en ese instante el enorme luminoso que había aparecido al doblar la esquina: "FELIZ NAVIDAD" Pero vio al niño. Vio realmente un bulto, un bulto pequeño que fue hacia el coche como un conejo por la noche. ¡Frenazo! Se quedó clavada en el asiento, pálida de muerte. Una docena de adultos se acercó al coche, al bulto, al niño. "¡Está bien!", "¡Está bien!", "¡No le ha pasado nada!" Se armó de valor y salió del coche. El niño estaba bien. Una criatura de no más de ocho años. Preguntó por su pelota. Elena se desmayó al verlo, tenía un hijo que se parecía mucho a ese niño. Dos mujeres la tomaron en sus brazos e hicieron que se sentase en un banco del paseo. Un guardia municipal arrimó el coche a la acera para permitir que fluyese el tráfico.
El día anterior.
Félix Berciano, "El Mago Félix", anunció en el programa de radio local "Otra dimensión" que el día siguiente iba a ser fatal para un forastero y que otra persona, vecina del pueblo, salvaría milagrosamente su vida. "Sí, va a ser un milagro y un castigo. Pero ¡ojo!, el mal va a seguir existiendo. Cuando la primera persona se salve, morirá la segunda, pero la persona causante de la muerte de la primera persona seguirá entre nosotros. ¡El mal seguirá entre nosotros!" Los asistentes al programa en directo y el presentador estaban perplejos porque el mago Félix nunca había llegado a tanto en sus predicciones. ¿Estaría perdiendo la chaveta? El presentador se atrevió a hacer una última pregunta antes de pasar al siguiente invitado: "Félix, quién va a ocasionar que una persona se salve a cambio de la muerte de otra", "El Espíritu de la Navidad. Sé que suena muy raro, pero eso es lo que dicen las cartas", "¿Y qué significa eso de que el mal seguirá entre nosotros?", "No se más, no veo más en las cartas. Lo siento"
Regresamos al futuro.
Elena ya se siente mejor. Regresa a su coche y se sienta al volante. Faltan unos pocos segundos para una tragedia. 3-2-1... Queda sobrecogida por la fortísima explosión. Docenas de miles de lugareños y forasteros quedan sobrecogidos. Tras los primeros instantes de desconcierto, su mente se serena lo suficiente para pensar: "Ellos otra vez, ¡seguro!" Ellos son la ETA, y en esta década, años 80, la banda criminal está golpeando con mucha fuerza. Ella misma ha sido amenazada por expresar su repulsa y asco en repetidas ocasiones. Elena es concejala.
Unos minutos antes.
"El Pijote", ratero que ha llegado al pueblo para aprovecharse de los incautos en las aglomeraciones navideñas, ve que se le presenta que ni pintada la ocasión cuando la mujer abandona el coche para ver al niño. Con la astucia y ligereza propia de su oficio se hace con el bolso tentador que reposa en el asiento de al lado de la conductora. Un rato después entra en un garaje abandonado. Sabe que allí nadie va a verle mientras comprueba su botín. ¡Guau!, cerca de setenta euros y unas cuantas tajetas de crédito. También hay pequeñas figuras del Nacimiento, barra de labios, colorete, etc. "¿Y esta cajita?, ¿qué es esto?" Al abrirla es cuando se acciona el mecanismo explosivo y... el ratero se convierte al instante en pequeños pedazos de carne humana, huesos y sangre que impactan en las mugrientas paredes del garaje al tiempo que se desploman.
Suena el móvil en la guantera del coche. "Elena, ¿estás bien?, soy Juan", "Sí, gracias a Dios, alcalde", "Perdona, puedo parecerte siniestro, pero... como estás amenazada he pensado...", "Alcalde, me han robado el bolso, tengo el presentimiento de que... alguien me ha salvado la vida" Y, dichas estas palabras, rompe a llorar.
El mal sigue existiendo.
No les fue difícil arrimarse a ella en una concurrida cafetería. Uno se fingió votante de su partido y cruzó unas palabras con ella, mientras el otro introducía en su bolso el pequeño artefacto. Iñigo Zudaire, "Tximbito" y Eneko Larrátegui, "Bin Laden", ya se han cobijado en su cloaca, el piso franco. Ya están enterados de que solo ha habido una víctima y de que esta no ha sido la asquerosa concejala españolista. "¡Qué suerte ha tenido la hija de puta!"
Navidades blancas.
"El Espíritu de la Navidad ha movido al niño para que se detenga el coche y se salve la concejala. Ahora todo encaja", comenta ufano El Mago Félix. Nadie se atreve a reírse de él después de este "acierto pleno" La hebilla del cinturón y las huellas dactilares en un dedo han servido para identificar a "El Pijote" "¡Esta nevando!", "¡Está nevando!", gritan chiquillos y adultos desde balcones y ventanas. Todo un espectáculo en el pueblo, pues hace muchísimos años que no nieva. A lo mejor también es cosa del Espíritu de la Navidad.
Dedicado a mis amigas Teresa Coscojuela y Enriqueta Jiménez Herrera, que me disculpen por no haber terminado el último novelón.
Necesito impulsos para seguir. Es una pena, pero me lo estoy pasando mejor en Twitter, la gente que me rodea no es sólo estadística.
Esto me gusta más, pero es como si no existiese Internet y lo estuviese haciendo solo para mi. La creatividad necesita sentir el aliento de alguien.
Esta no es la primavera novela que interrumpo, pero ahora me estoy planteando olvidarme para siempre del blog. Creo que he sido un iluso, que lo soy, pretendiendo crear expectación con un relato en un país más acostumbrado a ver fotos que a leer.
Un mínimo de DIEZ personas que me dejasen algún comentario de aquí a fin de mes, haría posible que siguiese con el blog.

A Mario le llamó la atención la foto de un periódico atrasado cuyas hojas estaba colocando en el suelo de la habitación de huespedes para evitar las manchas de pintura que se le escurriesen de la brocha, pues se disponía a pintar la pared. En la imagen se veía a un tío disfrazado de demonio y a otro de Leatherface, el asesino de la motosierra, que eran trasladados a un coche policial. Se daba la circunstancia de que, en la noche de Halloween, un redactor de "Madrid Vespertino" había acompañado a la patrulla en su patrullaje nocturno. El titular rezaba "Seres malignos se pelean en un disco-pub de la calle Sombrerete" Se utilizó este lance como anticipo de un reportaje más amplio que saldría en alguno de los cuardenillos semanales, un reportaje que iba a tratar sobre el Halloween en diferentes puntos de la ciudad.
Se lo mostró a Doña Carlota.
- Pues sí, yo no negaría que es él, hay un gran parecido. Por Dios, no me extrañaría que este imbécil fuese un borrachín y camorrista noctuno. Y puede que también drogadicto y prederasta.
- Pederasta, señora.
- ¡Pues ¿qué he dicho?! ¡Carámbanos, cada día estás más sordo, Mario!... En fin, ya le he dejado dos mensajes en el buzón de voz comunicándole el despido.
- Lo celébro, señora.
Fulgencio escuchó los dos mensajes de la vieja arpía sin inmutarse. Dos mensajes que, en realidad, era solo uno repetido. "Por si no recibe alguno de los dos", había pensado la burguesona brujeril. Y de paso le comunicaba que le hiciese el favor de facilitarle el número de una cuenta bancaria para ingresarle una suma por los días trabajados.
"Bueno, pues menos da una piedra"
Se puso a repasar la situación. Su situación. ¿O no?
"La verdad es que ya no me debería importar nada. Caso finito para mi. Ya, ya, pero me jode después de todos los pasos que he dado. Y me jode mucho más la idea de que pueda haber alguien en peligro"
La idea de una persona en peligro le angustiaba. No olvidemos que, aparte de sus aficiones: la botella, las comilonas, el porno y el tabaco, Fulgencio era un monstruo bueno, incapaz de hacer daño a nadie a no ser que fuese en defensa propia. También hay monstruos buenos como hay brujas buenas, políticos buenos y polis buenos.
Escuchó otra vez el mensaje de voz: "No se fie de Doña Carlota, es una mujer mala, muy mala... ¡A él lo van a matar!"
"Pero ¿a quién?", se dijo el monstruo bueno. "¡Me cago en el gobierno!,¡ si al menos me hubiese dado un nombre, Juan, Pepe, Antonio...! me serviría para investigar. ¿Y quién puede ser esta mujer? Para saber que Doña Carlota es mala, debe conocerla bien. Tengo que seguir investigando por mi cuenta, pero voy a saltarme de momento lo que me queda por hacer en La Cañada y me lanzo a por a la tal Flaugerta.... Ummm... Flaugerta... ¡Aquí lo tengo!, Flaugerta Terradillos, viuda de Sanchoyarto, Calle Caídos de la División Azul 102, teléfono...
Marcó el número de la viuda Flaugerta y esperó.
"¡¡Tú-tú-tú-tú-tú-tú-tú...!!"
"¡Vaya, comunica!"
Una nueva sorpresa le aguardaba al tullido más combativo.
( Continuará )
Nadie denunció a nadie. Ninguno de los dos monstruos enfrentados tenía antecedentes penales, por lo cual fueron puestos en libertad al día siguiente. Pero a Fulgencio le seguía doliendo todo el cuerpo por las patadas recibidas, aunque en comisaría se lo calló para que no le retuviesen más tiempo.
El doctor del centro de salud le recetó paracetamoles e ibuprofenos por un tubo.
- No tiene nada roto, así que reposo, mucho reposo estos días y a ponerse bueno. "¡Joder, con este bestia hoy me siento más veterinario que médico!"
A Miguel Angel no le habló su novia en unos cuantos días, no muchos, porque los morros largos entre novios suelen durar menos que entre cónyuges. Dos años después, Miguel y Dori se casaban "felizmente y por la Iglesia, la definitiva estupidez de Dori después de perdonarle sus desplantes machistas un montón de veces. Otros dos años más tarde él la mató a puñetazos y golpeándola contra la pared, pero no tuvo agallas para suicidarse. Y, a pesar de sus antecedentes como machista irrefrenable, un abogado de minuta cara se las ingenió para que el pollaboba del juez se tragase lo de la "enajenación mental transitoria" La vida misma, el final aciago de docenas, de cientos, de miles, de cientos de miles de mujeres en este mundo de mierda.
Fulgencio se metió en la cama con una novela cojonuda de Michael Connelly, "La oscuridad de los sueños" Según pasaban los días, y poco a poco, fue sustituyendo las medicinas por el coñac y el whisky, y bajó a Lavapiés a comprar un par de pollos asados.
Había apartado de su mente el trabajo detectivesco que le ocupó los días anteriores a la pelea en La Muerte tenía un precio, desconectando el móvil para que no le diese la coña la vieja Carlota y devorando la ficción adictiva de Connelly, como cuando enfermaba de niño y se rodeaba en la cama de sus tebeos favoritos: El Jabato, Pulgarcito, Pumby, el TBO y los albumes de Tintín.
Cuando ya se sintió fuerte para reemprender el trabajo, cargó la batería del móvil y luego miró a ver si tenía mensajes. Se llevó una sorpresa al abrir el buzón de voz y escuchar el primer mensaje. Una voz femenina le hablaba muy bajito, como con miedo de que alguien la escuchase: "No se fíe de Doña Carlota, es una mujer malvada, muy malvada... ¡A él lo van a matar!"
"¡Joder, esto se anima!", pensó el detective monstruoso.
( Continuará )


- El monstruo nos ha salido un vago redomado, ya lleva desde el domingo sin dar señales de vida. ¡No hay derecho! Pues de mi no se ríe este escarabajo tuerto y cheposo. Ahora mismo le telefoneo para despedirle.
- ¡Hace usted muy bien, señora!
Pero no pudo despedirle porque el "escarabajo tuerto y cheposo" no contestó a la llamada.
Retrocédamos a la noche de Halloween en La muerte tenía un precio.
- ¡Déjalo, tío, que lo vas a matar!
- ¡¿No ves que está indefenso?!
- ¡Miguel, coño, que lo matas!
Tres de los muchachos se avalanzaron sobre el iracundo agresor para impedir que continuase con su venganza de machista loco. A pesar de ello se resistió tenazmente a ser inmovilizado. Y menos mal que la motosierra era de cartón.
- ¡Me cago en vuestras putas madres, soltadme!... ¡Soltadme, que me tengo que cargar a ese hijo de puta!
- ¡No, Miguel no! - gritó Dori desde la barra.
Ya se oían todos muy bien porque el disjey había parado la música. También se habían encendido las luces. Ahora todo estaba claro, menos para los muy mamados. Fulgencio consiguió hacer, por fin, lo que había pretendido desde que Cara de cuero le derribase. Le dolían todos los huesos por las patadas, pero aún le quedaban arrestos suficientes para defenderse... atacando. Consiguió extraer del bolsillo interior de la chaqueta su navaja automática y, de un salto, doloroso, eso sí, se incorporó.
- ¡Uy, pero si es muy bajito! - exclamó la novia de Frankenstein sosteniéndo su tercer gin tonic de la noche.
- De talla Tom Cruise sin tacones, ¡jajajaja! - añadio Cruella de Vil.
- ¡Acércate ahora, hijo de puta, si tienes cojones! - le retó el Demonio a Cara de Cuero.
Un chillido coral de las féminas, al ver la navaja, elevó la tensión del momento. Pero la situación tomó un rumbo inesperado. Fulgencio sintió un fuerte golpe en la cabeza, luego lo vio todo borroso y finalmente se hizo la oscuridad. Alguien había tenido la brillante idea de darle un botellazo en la cocorota con una botella de tercio de San Miguel, casa fundada en 1.890 en el barrio San Miguel de Manila, cuando aquel lejano país pertenecía a Las Españas.
- ¡Tío, le has matado! - gritó una tía.
- ¡Que no, tía! - contestó el tío - solo le he dejado inconsciente, como en las películas de vaqueros.
Un rato después llegaba un Z de la Madera aullando y azuleando la calle. Siempre hay alguien animado a usar el móvil para este menester, avisar a la Bofia o a la ambulancia, porque los móviles no solo sirven para hacerse selfis o enviar mensajes antiortógraficos con ostentórea reiteración de la letra k sin venir a cuento, síntomas de la cultura decadente, que pensarían Adolfo H. y compañía.
El Demonio y Cara de Cuero pasaron la noche en comisaría. Al demonio se le intervino la albaceteña automática, pero la motosierra de cartón del asesino de Texas fue considerada inofensiva.
- ¡Me cago en la puta de oros, Fulgencio! - exclamó un sargento de servicio nocturno que le conocía, el sargento Mas, un hombre víctima de cachondeítos continuos por su muy notable apellido - pero no tengo más cojones que meteros a los dos en el calabozo. Bueno, en calabozos separados, para que no sigais besandóos, ¡jajajajajaja! - A Mas le encantaba poner nerviosa a la basca, como al Mas Honorable - Y si quieres te dejo pasar al lavabo para que te quites toda esa mierda de la cara, aunque no sé lo que será mejor, porque tú asustas más al natural, ¡jajajajaja!
- ¡Que te den por el culo, Vicente!
( Continuará )


Doña Flaugerta llevaba ya varios días nerviosísima. Era mucho el tiempo que había pasado sin tener noticias de su enigmático hijo Alfonsito, y eso la traía por la calle de la amargura, como a cualquier madre, porque los hijos siguen siendo niños a los que hay que proteger con celo, aunque hayan cumplido ya los cuarenta. Pero en los últimos días se había sumado otra pesadilla a su vida. Aquel detective... ¡Oh, aquel maldito detective que culpaba a Alfonsito de la autoría de un asesinato!... ¡Oh, Dios, qué cosa más horrible!
"Bueno, pero yo no he hablado todavía con el detective de marras. ¿Será todo esto una fabulación de Carlota?; ¿Por qué no viene el dichoso detective?... Han pasado por lo menos cinco días desde que me anunció que el detective venía a verme"
Telefoneó a Carlota para ver si conseguía calmar sus nervios.
- Le habla el espíritu de Francisco Franco desde el más allá. Españoles...
- Por favor, Mario, hoy no estoy para tonterías. Pásame con la señora.
- Su deseo es una orden para mi, Doña Flaugerta.
Tapó la bocina del teléfono con una mano y se dirigió a su señora ama.
- Es la gilichichi.
- ¡Vaya por Dios!
Fingió una amable sonrisa aunque Flaugerta no la viese, pero ella era como las buenas actrices de doblaje que se acompañan del body languaje mientras doblan los takes.
- Dime, Flau, querida, ¿qué novedades vas a relatarme?
- Carlota, estoy muy angustiada, ese dichoso detective no se ha presentado en mi casa. ¿No me dijiste que tenía mucha urgencia en verme?
- Hija, yo no sé nada de la vida del detective Hermoso, ¡ni que tuviésemos relaciones conyugales, por Dios! ( ¡Vaya, ya he dicho una burrada! ) Tendrá otras ocupaciones y no le habrá dado tiempo a verte. ¿Qué tal sigues de la artrosis, los dolores de espalda y los gases intestinales?
Carlota sabía ser refinadamente cruel. Flaugerta se quedó más atribulada de lo que ya estaba. Cuando Carlota colgó el teléfono, volvió a echar pestes contra el detective.
- El monstruo nos ha salido un vago redomado, ya lleva desde el domingo sin dar señales de vida. ¡No hay derecho! Pues de mi no se ríe este escarabajo tuerto y cheposo. Ahora mismo le telefoneo para despedirle.
- ¡Hace usted muy bien, señora!
( Continuará )


Pero a una persona no le gustó nada el flirteo entre la bruja camarera y el demonio detective. Una persona joven que ahora era un personaje malvado. El mismísimo Cara de cuero, el hombre de La Matanza de Texas, se había colocado justo detrás de Fulgencio. Entre las luces sicodélicas les miraban a ratos El Hombre sin nombre, Tuco, el coronel Douglas Mortimer y el resto de los fantasmas sergioleonianos del pasado que hicieron posible La Trilogía del Dolar. Monstruosos y monstruosas criaturas bailaban frenéticos en la pequeña pista, algunos con un vaso largo de mezcla alcohólica en una mano. Otros se besaban y mordían por los rincones. En los aseos se fumaba "maría" o se esnifaba el peligroso polvo de la cocaína u otras monstruosidades de nuestra época, todas al servicio del consumo y desarrollo sano de la juventud y también de los maduritos sibaritas de la puta mierda. Una parejita de dieciseisañeros, a los que no se les había perdido el carné en la entrada, homenajeaban al homófobo obispo de Alcalá de Henares a su manera, encerraditos en una cabina de váter y practicando el nefando pecado de la sodomía.
Cara de cuero le puso una mano sobre el hombro al demonio y este se volvió en un gesto reflejo. Involuntariamente, Lucifer corneó en el pecho al célebre killer del celuloide. Toda una afrenta para el zumbado asesino de adolescentes, el cual reaccionó con furia propinándole un puñetazo, y le aturdió tanto que aprovechó la coyuntura para golpearle otra vez.
- ¡Déjale, Miguel Angel! - le gritó Dori a su novio.
- ¡Asesínalo, makina! - vociferó un energúmeno con cabeza de hombre lobo y camiseta pregonando "Puta Cataluña"
Las chicas gritaban y los chicos miraban con caras de besugos borrachos o exlamaban "¡Queremos sangre!", "¡Muerte al demonio!", "¡Muerte a Cara de cuero!", "¡Rajoy al paredón!..." Se había formado un corro en torno a las dos bestias en litigio. Cara de cuero la emprendió a patadas con el cuerpo del demonio que yacía en el suelo. Miguel Angel era un celoso patológico que se entrenaba a diario para convertirse, una vez casado, en un machista maltratador de su mujer. Uno más entre los tantísimos "dueños y señores" de sus martirizadas cónyuges.
- ¡Déjalo ya, tío, que lo vas a matar!
- ¡¿No ves que está indefenso?!
- ¡Miguel, coño, que lo matas!
No les oía. La rabia ciega a las fieras humanas rabiosas. Pero el demonio no se deja vencer tan facilmente. Fulgencio iba a darle la vuelta a la tortilla. Iba a intentarlo al menos.
( Continuará )