lunes, 16 de enero de 2017

Aviso a los lectores de "El caso de la domadora asesinada"

Estos días me encuentro muy limitado para la creatividad. Volveré a escribir cuando me sienta con fuerzas para ello.
Disculpen.

sábado, 14 de enero de 2017

(57) El caso de la domadora asesinada.

Resultado de imagen de Mar de Irlanda

Enri, como así la llamaban los que la conocían fuera de su trabajo, se despertó tras haber tenido un sueño muy agradable en el que se veía con su novio en un lugar de Inglaterra, ambos cogidos de la mano, mirando al mar... La despertó la alarma de su teléfono móvil, era el capitán LLorente.
— Enriqueta, ¿me puede decir qué está pasando en ese maldito circo?
— Pues, eh... "Joder, este capullo me pilla medio dormida"
— ¿Está usted ahí, Jiménez Herrera?
Cuando le daba por ponerse borde de verdad la llamaba por sus apellidos.
— Sí, mi capitán, aquí estoy, he dormido más de la cuenta porque ayer tuve una jornada agotadora. Ahora me estaba despertando.
— Pues despiértese del todo, que soy su superior, ¿o lo ha olvidado?
"Marchando una de movida cuartelera, ¡esto es la puta mili!"
— No, mi capitán, no lo he olvidado. A la orden de usted, mi capitán.
— La he preguntado que qué está pasando en ese circo. Ayer me comunicó usted que había desaparecido un empleado. Esta noche se han escapado unos tigres y han detenido a un enano por pederastia. ¿Qué va a ser lo próximo?... Imagino que estará usted al corriente de lo de los tigres y el enano.
— Sí, mi capitán, ayer esperé en la playa hasta ver que todos los tigres volvían  su jaula. En cuanto al enano, solo puedo decirle que es un tipo muy conflictivo. Bueno, un asqueroso. Tanto el enano como el dueño del circo son dos malos bichos, pero no creo que estén implicados en el asesinato.
— ¿Tiene usted ya alguna pista?
— Eh... — decidió mentir — Sí, mi capitán, creo que el asesino es ajeno al circo y actuó movido por un deseo de venganza — "¡Qué bien me ha salido, como en las novelas!" — Estoy convencida de que la desaparición del argelino Abdel Alim tiene que ver con los hechos — "¡Hala, qué farol!"
— No se duerma en los laureles, teniente, quiero tener algo concreto antes de un par de días, ¡muévase!
Y colgó sin decir adiós, muy propio de él cuando estaba mosqueado.
"¡Hay que fstidiarse, solo llevo un día investigando sobre el terreno y ya me está echando una bronca el muy capullo por no tener una pista!... Vale, pues ya le he dado media pista, espero no no haberme equivocado del todo. Pero, bueno, me huelo que existe esa relación entre el asesinato, la desaparición de Abdel Alim y la suelta de los michinos, "gatitos lindos", je, je, como dice Piolín. ¡Jolines, hace cuánto tiempo que no veo dibus de Piolín, ni de la abeja Maya, ni de Heidi...! ¡Me estoy haciendo mayor!


(Continuará)

viernes, 13 de enero de 2017

(56) El caso de la domadora asesinada.



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"A alguien le mueve un interés muy grande porque la domadora desaparezca, ella y sus tigres. Por la razón que ahora se me escapa, el criminal actúa a conciencia para que Karla Ambrossini y sus fieras dejen de existir. ¿Quizá una venganza?... Quizá los tigres pertenecían a otra persona y aún no han terminado de pagarlos. Esto no sería de extrañar dada la vida de penurias por la que pasan los circenses de circos pequeños. Pero también pudo tratarse de una venganza contra Karla, a lo mejr de un amante despechado. Ya, pero en este caso no habría razón para atentar contra los tigres. Claro que tampoco han atentado contra sus vidas. Hubiese sido lo más adecuado, en tal caso, que los envenenasen. A ver si ahora lo de los tigres no guarda relación con el asesinato. No, no, para mí que sí la hay. Soy una cabezona, ya lo sé. De todas formas me he quedado corta en los interrogatorios, tengo que volver a exprimir al viejo, a los Talledo y a la Martinelli, a Jesusa. ¿Y cómo encaja en todo esto la desaparición de Abdel Alim? ¡Dios, qué follón!"
Estas cavilaciones atormentaban a la inspectora Jiménez Herrera en la cama del hotel que ocupaba en San Pedro del Pinatar, después de haber sumergido sus pies en agua tibia y alcohol de romero, y de haberse dado una ducha reconfortante. El día había resultado agotador, demasiado agobiante para ser su primera jornada de investigación del caso, y es que más parecía que llevase ya una semana metida en el ajo; "y el colofón, la fuga de los tigres, ha sido de "apoteosis circense", pensó poniendo un poco de humor en sus pensamientos. Afortunadamente, los animales ya habían sido reducidos. Despertarían después en su jaula, quizá preguntándose si existía otra vida mejor, como el Segismundo de La Vida es Sueño. ¡Oh, aquella playa de fina arena y el agua tan agradable para mojar las patas!
Poco a poco se fue durmiendo. Su último pensamiento, antes de caer en brazos de Morfeo, fue para su "lejano" novio: "¡Oh, Dios mio, ¿por qué no estás aquí, al lado mio, besándome y abrazándome?!"


(Continuará)



jueves, 12 de enero de 2017

(55) El caso de la domadora asesinada.



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La inspectora dedicó un buen rato a mirar las caras de la gente que se hallaba reunida en grupos en el paseo de la playa, próximos al lugar en donde los efectivos policiales maniobraban para acercarse cautamente a un lugar desde donde pudiesen dispararles los dardos anestésicos a los tigres. Otros policías asumían el incómodo trabajo de obligar a los curiosos a alejarse. Los tigres comenzaron a ponerse nerviosos por la luz de los reflectores y se oyeron algunos rugidos de desacuerdo. Varios "valentones" que antes no habían querido moverse, aceptaron ahora situarse a mayor distancia. Los rugidos imponían un respeto. Los flashes de los fotógrafos y la luz para grabar en video también contribuyeron a aumentar el desasosiego de los animales. Algunos reporteros arriesgados, al contrario de los "valentones" arrepentidos, habían bajado a la arena. Dos policías le intimidaron con sus porras a un fotógrafo bravucón.
— ¡Estoy haciendo mi trabajo, hostias!
— Tira pallá o te doy con la porra, mamón!
Al final la sangre no llegó a la orilla del mar y los reporteros despejaron la arena, no sin mascullar amenazas de denunciar a los policías, y es que es más fácil denunciarles que ponerse al alcance de sus porras.
La inspectora no dio con ningún sospechoso porque el sospechoso, o más bien el asesino de Karla Ambrossini, el mismo que había puesto en libertad a los tigres, acababa de abandonar el lugar porque ya había disfrutado lo suficiente de su acción vandálica.
El jefe del operativo policial, capitán Ordoño Ledesma, ordenó que el helicóptero abandonase la zona y fue situando a los tiradores de forma que estuviesen  la distancia conveniente para no errar los tiros. Los tigres se movían poco, como si aquel lugar les hubiese parecido de perlas para pasar la noche, pero en cualquier momento podrían cambiar de idea, por lo cual se hacía necesaría una intervención rápida.
Todo el mundo, policía y curiosos estaban pendientes del desenlace, menos una persona, una mujer que no dejaba de darle vueltas en la cabeza a una idea, o a un enjambre de ideas: la relación entre el asesinato y el acto vandálico. Sí, la inspectora no se quitaba de la cabeza que el asesino de Karla Ambrossini y la puesta en libertad de los tigres estaban estrechamente relacionados. No pasarían muchos días sin que otro hecho luctuoso le confirmase que existía una conspiración contra el "Gran Circo de la Atlántida" La mano criminal era muy alargada.


(Continuará)

miércoles, 11 de enero de 2017

(54) El caso de la domadora asesinada.



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— Marcial ha sido detenido por otra razón. Hará media hora que se lo han llevado esposado.
— ¡Anda, ¿y eso?!
— Ha aprovechado la confusión para tocarles el culo a las mujeres que huían despavoridas en cuanto se ha dado la alarma por la fuga de los tigres. Varias mujeres se lo han dicho a los policías en el momento en el que ya se veían a salvo en sus portales. Pero esto no ha sido lo peor, ha habido algo más y muy fuerte. Al cabo de unos minutos de la desbandada, una mujer ha empezado a gritar aterrorizada porque no encontraba a su hija de siete años, y un poco después un policía se ha topado en la arena de la playa con Marcial que estaba desnudando a la niña.
— ¡Dios, qué hijo de puta! — no pudo por menos que exclamar la inspectora.
— Y ha sido casi al tiempo que la policía descubría la presencia de los cinco tigres en la playa, aunque ya se sabía, por indicaciones de algunos vecinos, que los animales se habían dirigido aquí.
La inspectora Jiménez Herrera estaba tan asombrada como indignada. Aquel circo era un muestrario de algunas maldades humanas: envidias, pedofilia, un ex delincuente desaparecido y un asesinato. No tenía ninguna pista sobre la identidad del asesino, pero tenía la cabeza a punto de explotar. ¿En dónde se había metido? Barrió con la mirada al grupo de "temerarios" que se habían quedado allí, desafiando al peligro y a la policía, y casi todos grabando con sus móviles lo que estaba sucediendo y, sin duda, esperando a que sucediese algo más gordo para subirlo a YouTube y que se convirtiese en viral, a ser posible un tigre despedazando a un humano. Entre aquel grupo de individuos estaría el asesino de Benita Talledo?... o, mejor dicho, de Karla Ambrossini, teniendo en cuenta que los titulares de prensa siempre se refirieron a ella por su nombre artístico. ¡Qué curioso es el mundo de los artistas: un apellido italiano para alguien que nunca ha estado en Italia ni mucho menos conoce su idioma!
"¿Se encontrará Karla Ambrossini en otra dimensión y nos está viendo en estos momentos? ¿Está observando como sus desamparados tigres disfrutan de una libertad que no habían experimentado hasta ahora?"
La distrajo de sus pensamientos la llegada de Cristino Beniaján. El feo había decidido, al igual que la inspectora, acercarse al "lugar del drama", y traía una primicia:
— Ya han encontrado a los otros tigres, estaban en un descampado muy próximo a San Pedro del Pinatar. Menos mal que no llegaron a la población. Les han disparado con dardos somníferos y luego han traído el camión-jaula para llevárselos. Yo me he venido para acá porque he oído decir que aquí estaban los cinco restantes y que tenían la cosa controlada.
— Sí, ahí abajo están, en la arena de la playa — comentó la inspectora.
— Pues enseguida llegarán los tiradores. ¡Míralos, ya están ahí!
Señaló hacia un grupo de polis que portaban unos extraños fusiles.
La inspectora volvió a echar un vistazo al grupo de curiosos, esperando algún gesto, algún detalle que delatase al criminal. Después observó con ternura a Desiderio y Cristino, dos hombres curtidos que habían hecho del nomadismo circense su medio de vida, o que la vida no les había dado la oportunidad de ser otra cosa. Quién diría que estos dos hombres, uno viejo y el otro camino de serlo, eran los dos payasos que tanto hacía reír a los niños, "Casildo y Cirilo", y también un gran ciclista acrobático y un experto domador de monos. Y un pensamiento acojonador se poso en su mente:
"¡Oh, Dios, espero que no pongan en fuga también a los monos!"


(Continuará)









martes, 10 de enero de 2017

(53) El caso de la domadora asesinada.



Resultado de imagen de línea de policía







Aquel estaba siendo el día más largo de su vida para la inspectora Jiménez Herrera, y ahora el día se convertía en noche, en noche de peligro, de tigres, ¡de miedo!
La mayoría de los residentes y veraneantes en Santiago de la Ribera se habían refugiado en sus domicilios y hoteles, alertados por la policía del peligro que corrían, pero unos cuantos osados o imprudentes se mantenían demasiado cerca del cordón policial, sin que los agentes del orden pudiesen hacer nada más para echarlos de allí.
Cinco tigres parecían sentirse muy felices en la arena de la playa o paseando por la orilla, mojándose las patas en el agua, pero de los tres restantes no se sabía nada. Diversas patrullas que fueron llegando de otras localidades, peinaban afanosamente la zona entre Los Narejos y San Pedro del Pinatar. De la capital murciana se esperaba un helicóptero para que ayudase en la búsqueda de los tres tigres no localizados, barriendo el terreno con su potente haz de luz, al menos los descampados, porque los núcleos urbanos estaban muy bien iluminados.
Alguien dijo que vendrían dos helicópteros, uno de la policía y otro de Protección Civil. La inspectora habló con Desiderio Talledo, "Sandro", padre de la difunta domadora asesinada, y este le dijo que alguien había abierto la jaula para que se escapasen los tigres.
— ¿No habrá sido Marcial?
El circense dudó antes de responder, no se había planteado que el enano pudiese ser el causante del desastre.
— La verdad es que no sé que decirte, es un cabrón pero no creo que haya llegado a tanto.
"O no quieres creerlo", reflexionó la inspectora.
— No, no creo que haya sido él, el viejo le mataría en el caso de que se averiguase que él es el culpable, y Marcial le teme al viejo, es la única persona a la que respeta.
"¿Es solo Cristino Beniaján el que está enterado de la "relación profunda" entre el enano y el viejo Tobías", pensó la inspectora.
— De todas formas — continuó Desiderio — Marcial ha sido detenido por otra razón, hará media hora que se lo han llevado esposado.
— ¡Anda, ¿y eso?!
Enseguida se iba a enterar la inspectora de que el enano sí "podía llegar a tanto"


(Continuará)

lunes, 9 de enero de 2017

(52) El caso de la domadora asesinada.







Resultado de imagen de tigres





Extraño presentimiento el de la inspectora Jiménez Herrera. Aún no sabía siquiera si la fuga de los tigres se debía a la metedura de pata de alguien que se había dejado la puerta abierta sin querer.
"No, ha sido provocado, algo me dice que esto se ha hecho a propósito"
Una barrera policial la cerró el paso y un policía ceñudo se plantó ante ella.
— No puede pasar, señora, ¿no se ha enterado de lo de los tigres?
Enriqueta le mostró su placa.
— Teniente Jiménez Herrera de la Policía Nacional, estoy investigando un caso de asesinato en el circo.
— Hay cinco tigres ahí abajo, en la arena, corre usted peligro, mi teniente.
— No voy a bajar a la arena, descuide, no tengo vocación de mártir ni soy Gladiator. ¿Hay alguien del circo por aquí?
El poli señaló hacia un grupo de personas algo distante.
— Allí creo que hay algunos.
A medida que se acercaba distinguió enseguida a Desiderio Talledo, "Sandro", el padre de la domadora asesinada. Esa misma mañana había estado interrogándoles en su roulotte a él y a su señora, Rosa Rubio, "Antonella"
Llegaban más patrullas policiales, coches de bomberos y ambulancias. Por lo visto no se estaba quemando ningún monte esa noche. Comenzaron a colocar reflectores y más barreras, aunque las barreras podrían ser saltadas fácilmente por los tigres, eran vallas metálicas o de plástico duro de esas que se ponen en las obras de las calles para que los peatones no se caigan a las zanjas. Varios policías se enfrentaron a un grupo de reporteros que querían meter las narices a toda costa. Los plumillas y los televiseros se habían enterado de lo que ocurría mientras cubrían la elección de "Miss Playas de La Manga" en un hotel de Los Narejos, el pueblo que sobrevuelan diariamente los aviones que despegan y aterrizan en el aeropuerto de San Javier.
Desiderio Talledo hablaba con un grupo de vecinos al otro lado de una línea de policía. Hasta este momento había estado explicando a los agentes el grado de peligrosidad que podían tener los tigres. "Eran muy dóciles con su domadora, como cualquier mascota casera, pero se han vuelto muy huraños desde que falta esta, no se sabe que reacción pueden tener"
La inspectora llamó su atención y enseguida se acercó a ella, la cual venía ya con la pregunta del millón en la punta de la lengua:
— Desiderio, ¿esto ha sido provocado o accidental?
— Provocado, algún desalmado ha abierto la jaula para dejar escapar a los tigres, ya se lo he contado a la policía local.


(Continuará)