
— ¡Oiga, ¿nos van a cortar las entradas o no?
— Sí, ahora mismo. ¡Oye, ahí dentro no se fuma, eh!
— ¡Ya lo sé! — respondió el mocoso con chulería.
Intervino la inspectora:
— Ni afuera tampoco, que ese humo que te tragas es muy malo para tu salud.
— ¡¿Es usted mi madre o qué?! — dijo el niñato con tono altanero, pero yéndose hacia el interior de la carpa a paso ligero.
Enriqueta también entró al recinto de las maravillas, no sin antes advertirle a Desiderio que iba a interrogarles otra vez a él y a Rosa. Otro empleado argelino la condujo hasta la localidad de silla reservada a autoridades y visitantes ilustres, el emplazamiento desde donde mejor podía verse el espectáculo. Era muy raro que en los pueblos en donde actuaban, por muy pequeños que fuesen, los alcaldes y concejales se dignasen a visitar un circucho como aquel, no lo consideraban "políticamente correcto" y por eso la inspectora fue en aquella función la "personalidad invitada", una inspectora un poco aturdida, pero también feliz, dentro de las circunstancias, por este "regreso a su infancia"
No dudó en comprar una bolsa de almendras garrapiñadas en cuanto se la ofrecieron, aunque fuese a un precio excesivo. Ya no recordaba cuando había comido sus últimas almendras garrapiñadas ni cuando había sido la última vez que se había sentado a presenciar una función de circo dentro de un circo y no en la tele.
Trató de buscarle una explicación a la "fuga" de Abdel Alim. ¿Era una fuga? Imposible encontrarle una explicación en estos momentos en los que no había avanzado apenas en la investigación. Miró hacia atrás, las gradas empezaban a llenarse de gente bulliciosa, la mayor parte chiquillería. Vio a algunos de los críos que habían ayudado esa mañana a los circenses a acarrear cubos de agua. También pululaba por allí el fotógrafo calvo. Se sintió un poco ridícula, ella era la única persona que ocupaba una localidad de silla, justito al lado de la pista, y además una de las pocas sillas forradas con tela roja. Se había convertido en una personalidad, ja, ja! Rió por dentro, pero sentía vergüenza. Esta versión decadente del "mayor espectáculo del mundo" le recordaba más el ambiente de un antiguo cine de barrio. Volvió a pensar en Abdel Alim: "¿Se ha fugado porque Miss Martinelli sabe algo de él?... ¿Ha colaborado Abdel Alim con el asesino?... Tengo que torturar al enano hasta que me diga quién es el que él piensa que es el asesino"
Sonó la música y se encendieron las luces de la pista. ¡Comenzaba el espectáculo! La chiquillería gritó y aplaudió alborozada.
(Continuará)

El público se agolpaba ante la puerta, sobre todo los niños, que estaban muy ansiosos. Incluso para los niños de hoy en día, un circo es algo muy importante, entre otras cosas porque no todos los pueblos reciben la visita de los nómadas circenses. Hubo un tiempo en el que en España los niños eran felices mientras duraba la emisión de "Los payasos de la tele", los célebres Gabi, Fofó y Miliki, a los que más tarde se les unirían Fofito y Milikito, hijos de Fofó y Miliki respectivamente. ¿Quién no recuerda aquel grito en forma de pregunta?: "¡Cómo están ustedeeeeeees...?!", y aquella respuesta automática de la grey infantil: "¡Bieeeeeeen!"
El "portero" habló en susurros a la inspectora:
— Ha desaparecido Abdel Alim. Desde que tú te fuiste del circo esta mañana no se le ha vuelto a ver. Aquí se nota mucho cuando falta alguien porque todos tenemos responsabilidades y el trabajo de cada uno apoya el trabajo de los demás.
— ¿Nadie sospecha a qué puede deberse su ausencia?
— Mi amigo Cristino Beniaján, el domador de monos, dice que le ha notado muy raro. Le ha saludado y no le ha contestado. Según él estaba como atontado. Y Jesusa Sánchez está hecha una furia, se le ha oído discutir con su marido a viva voz, le decía que esta noche, después de la última función, pensaba hablar con Abdel Alim para intentar dilucidar quién era el asesino, que si alguien utilizó el nombre de Abdel Alim para que Benita le abriese la puerta de la caravana, era precisamente porque ese alguien conocía a Abdel Alim.
— Un momento, que me pierdo. ¿Me estás diciendo que alguien dijo "Soy Abdel Alim" para que tu hija abriese la puerta de la roulotte?
— Sí, eso ha dicho al parecer. Daban tantas voces que se les ha debido oír hasta en la playa.
— ¿Y cómo no lo dijo cuando la interrogó la Guardia Civil? ¿Y cómo no me lo ha dicho a mi?
— Sin duda alguna tenía intención de ocultarlo hasta que ha estallado por la desaparición de Abdel Alim.
— Esto se llama "obstrucción a la labor de la justicia" y "ocultación de pruebas" ¡Uf, menud papeleta!
Interrumpió un chaval de catorce años que fumaba un cigarrillo.
— ¡Oiga, ¿nos va a cortar las entradas o no?!
(Continuará)

"Una tarde en el circo"
Se acordó de la famosa película de los Hermanos Marx mientras se dirigía al circo para asistir a la función de presentación en Santiago de la Ribera y conocer en persona a algún personaje más. Pero ahora no pensaba en el caso que le había llevado hasta allí, sino en el circo, en el maravilloso mundo del circo que había amado desde niña.
Mezclada en el bullicio callejero de una animada tarde veraniega, a la vez que sus pasos la llevaban hasta "El Gran Circo de la Atlántida", el humilde circo que ahora motivaba sus desvelos, pasearon por su memoria grandes paisajes fílmicos circenses: "Trapecio", con Burt Lancaster, Tony Curtis y Gina Lollobrigida. "El mayor espectáculo del mundo", con Charlton Heston, Betty Hutton, James Stewart... "El fabuloso mundo del circo": John Wayne, Claudia Cardinale, Rita Hayworth..., películas rodadas en grandes circos internacionales.
Recordó a los famosísimos payasos del comienzo de la era cinematográfica: "Charles Chaplin", "Stan Laurel y Oliver Hardy", Buster Keaton, Harold Lloyd, Abbott y Costello, Los Hermanos Marx..., a los grandes payasos de todos los tiempos: Krone, Popov, Grock, David Larible, Pompoff, Thedy y Emig, Charlie Rivel, Hermanos Tonetti, Tortell Poltrona, Gaby, Fofó y Miliki...
Ensimismada en su mundo fantástico, llegó al circo casi sin darse cuenta. Un puñado de abuelos, algunos matrimonios de treintañeros y cuarentañeros y una recua de críos hacían cola ante la taquilla: una pequeñísima roulotte que servía de taquilla. Vio a un fotógrafo calvo y encorvado haciendo fotos al público y a las caravanas. También había adultos y niños extranjeros, de los que veraneaban habitualmente en esta zona del litoral murciano. El circo, con la carpa cual montaña de lona y el enorme luminoso "Gran Circo de La Atlántida" parecía ahora otra cosa. Por los altavoces se oía música triunfal americana de circo. Cuando la llegó el turnó en la taquilla descubrió que la taquillera era una maquilladísima Rosa Rubio "Antonella" Bajo su bata de andar por casa ocultaba el vestidito fashion de gran ciclista acrobática.
— No te cobro, puedes ir a la puerta.
— ¡Por Dios, pero yo quiero pagar, Rosa! — respondió perpleja Doña Enri.
— No, a nuestros invitados no les cobramos, y a ti te consideramos como una invitada.
— Pues muchísimas gracias, pero...
— No hay pero que valga.
Le dio pena, era un circo pequeño con el material muy gastado, los camiones lucían un montón de pegatinas de la ITV y la carpa tenía unos cuantos remiendos. Aquella gente no se beneficiaba de subvenciones de ningún tipo y necesitaba que entrase dinero en taquilla para comer. En ese momento Enriqueta reflexionó sobre la generosidad y la grandeza de la gente del circo. Recordó que alguien le había contado que Pepe Tonetti también era así, incluso cuando le empezaron a ir las cosas mal, a principicio de los años 70, no permitía que los faranduleros pagasen la entrada.
El portero era Desiderio Talledo "Sandro", marido de Rosa y padre de la fallecida Benita Talledo "Karla Ambrossini" También estaba maquillado y lucía una chaqueta azul cobalto de fantasía, un pantalón negro y unos zapatos negros de charol.
— Me ha dicho Rosa... — balbució la inspectora.
— Sí, sí, puedes pasar, pero... ¡espera! — e hizo un gesto con la mano para que se acercase más a él. Desiderio habló casi a oído de la inspectora: — Algo raro está pasando, resulta que... —
El público se agolpaba ante la puerta, sobre todo los niños, que estaban muy ansiosos — Perdona, ahora te cuento, voy a cortar unas cuantas entradas.
(Continuará)

Los personajes
En el episodio anterior hago un resumen de lo publicado hasta este momento. El presente episodio lo dedicó a recordar, o a poner en conocimiento de los lectores nuevos, los nombres y las actividades desempeñadas por los personajes principales aparecidos hasta el episodio 31 (incluído)
La gente del circo
Karla Ambrossini, o Benita Talledo, fue la asesinada. Hacía un número de doma de tigres con muchísimo éxito. Sus padres son Desiderio Talledo y Rosa Rubio, "Sandro y Antonella" para el respetable público, ciclistas acrobáticos con perros, pero ayudan también haciendo gestiones en los ayuntamientos y anunciando el circo con megafonía callejera, así como otras tareas que veremos en los siguientes episodios.
Miss Martinelli es antipodista y muy envidiosa. Odiaba a la difunta Karla Ambrossini. Su nombre real es Jesusa Sánchez y su marido se llama Mateo Santos, "el mago Shaoran" El matrimonio no funciona y Jesusa ama en silencio al empleado Abdel Alim, un argelino ex delincuente.
Abdel Alim ha recordado algo que puede ser la clave del asesinato. ¿Sabe Abdel Alim realmente quién es el asesino o solo se trata de una vaga sospecha?
El enano Marcial es un sujeto complicado y conflictivo. Su última neura consiste en acusar a Miss Martinelli de "ideóloga" del asesinato de Karla Ambrossini. A Marcial le protege el dueño del circo, el viejo Tobías.
Aún no conocemos al viejo Tobías ni al domador de monos Cristino Beniaján. Hasta ahora solo han sido citados.
La gente de fuera del circo
La inspectora de la Policía Nacional, Enriqueta Jiménez Herrera, lleva el caso del asesinato de la domadora Ambrossini. La teniente Jiménez Herrera vive en un pequeño pueblo llamado Las Norias de Daza, en la región almeriense, el mismo pueblo en donde también vio la luz el gran cantante español Manolo Escobar.
Otros personajes que han aparecido en la trama son el capitán LutgardoLlorente, jefe del departamento de homicidios de la comisaría de Almería, superior inmediato de la inspectora Jiménez Herrera, y el capitán Tomás Gorrucháñez, jefe del puesto de la comandancia de la Guardia Civil de Cabruñana del Río (Murcia)
A partir de ahora surgirán más personajes, quizá muchos más.
(Continuará)
(Esta imagen forma parte de los sueños eróticos de Abdel Alim)
Resumen de lo publicado
La bellísima y jovencísima domadora de tigres Karla Ambrossini (Benita Talledo) es asesinada a sangre fría en una noche de verano, cuando el Gran Circo de la Atlántida, en la que ella trabaja, se encuentra de gira por el sureste español. Un hombre aparece a altas horas de la madrugada ante su caravana y dice ser Abdel Alim, empleado del circo, comunicándole que sus padres han sufrido un accidente (estos se encuentran pegando carteles en otro pueblo) Benita abre la puerta al mensajero y recibe de este catorce puñaladas.
La antipodista Miss Martinelli (Jesusa Sánchez) que está despierta en esos momentos, escucha las voces del asesino y su víctima.
— ¡¿Quién es?!
— ¡Abdel Alim!
Después ve correr a un hombre, pero no puede asegurar que se trate de Abdel Alim. Jesusa no cuenta lo que ha visto y oído a la Guardia Civil, ni tampoco a la inspectora de homicidios de la policía que pasa a ocuparse del caso, la famosa investigdora teniente Enriqueta Jiménez Herrera.
Todo el mundo sospecha de todo el mundo. Es sospechosa la propia Miss Martinelli porque odiaba a Karla Ambrossini, un odio nacido de sus celos artísticos. Es sospechoso el argelino Abdel Alim por su pasado de navajero y presidiario. Cualquiera en el circo es sospechoso porque todavía no hay un sospechoso como manda la ley. Y, según el extravagante enano Marcial, el asesino no es del circo, y el enano dice saber quién es el autor material del crímen. Pero la inspectora Jiménez Herrera no se cree que la "ideóloga" de tal crimen sea la antipodista Miss Martinelli, lo entiende como una invención del enano por la tirria que este le tiene a la antipodista, y considera probable que tampoco diga la verdad al atribuir el asesinato a alguien ajeno al circo. El siguiente paso de la inspectora Jiménez Herrera va a ser ver a todos los circenses juntos en la función del debut en Santiago de la Ribera, hermosa localidad del Mar Menor. A lo mejor descubre más sospechosos o le vienen con más intoxicaciones. No le extrañaría que el enano conspirase contra alguien más, y le encantaría darle un capón al enano para ponerle en su sitio porque está hasta el chichi del jodido pequeñajo incordiador. También arde en deseos de entrevistar al vejo Don Tobías, el dueño del Gran Circo de la Atlántida.
(Continuará)
Pequeño compás de espera.
El próximo lunes 5 continúa este culebrón blogueril con un resumén de lo publicado hasta el momento. Les estoy muy agradecido a todos los que me siguen.
Los que no me han leído todavía, pueden echar un vistazo a los episodios anteriores.
¡Mil gracias!