
Los personajes
En el episodio anterior hago un resumen de lo publicado hasta este momento. El presente episodio lo dedicó a recordar, o a poner en conocimiento de los lectores nuevos, los nombres y las actividades desempeñadas por los personajes principales aparecidos hasta el episodio 31 (incluído)
La gente del circo
Karla Ambrossini, o Benita Talledo, fue la asesinada. Hacía un número de doma de tigres con muchísimo éxito. Sus padres son Desiderio Talledo y Rosa Rubio, "Sandro y Antonella" para el respetable público, ciclistas acrobáticos con perros, pero ayudan también haciendo gestiones en los ayuntamientos y anunciando el circo con megafonía callejera, así como otras tareas que veremos en los siguientes episodios.
Miss Martinelli es antipodista y muy envidiosa. Odiaba a la difunta Karla Ambrossini. Su nombre real es Jesusa Sánchez y su marido se llama Mateo Santos, "el mago Shaoran" El matrimonio no funciona y Jesusa ama en silencio al empleado Abdel Alim, un argelino ex delincuente.
Abdel Alim ha recordado algo que puede ser la clave del asesinato. ¿Sabe Abdel Alim realmente quién es el asesino o solo se trata de una vaga sospecha?
El enano Marcial es un sujeto complicado y conflictivo. Su última neura consiste en acusar a Miss Martinelli de "ideóloga" del asesinato de Karla Ambrossini. A Marcial le protege el dueño del circo, el viejo Tobías.
Aún no conocemos al viejo Tobías ni al domador de monos Cristino Beniaján. Hasta ahora solo han sido citados.
La gente de fuera del circo
La inspectora de la Policía Nacional, Enriqueta Jiménez Herrera, lleva el caso del asesinato de la domadora Ambrossini. La teniente Jiménez Herrera vive en un pequeño pueblo llamado Las Norias de Daza, en la región almeriense, el mismo pueblo en donde también vio la luz el gran cantante español Manolo Escobar.
Otros personajes que han aparecido en la trama son el capitán LutgardoLlorente, jefe del departamento de homicidios de la comisaría de Almería, superior inmediato de la inspectora Jiménez Herrera, y el capitán Tomás Gorrucháñez, jefe del puesto de la comandancia de la Guardia Civil de Cabruñana del Río (Murcia)
A partir de ahora surgirán más personajes, quizá muchos más.
(Continuará)
(Esta imagen forma parte de los sueños eróticos de Abdel Alim)
Resumen de lo publicado
La bellísima y jovencísima domadora de tigres Karla Ambrossini (Benita Talledo) es asesinada a sangre fría en una noche de verano, cuando el Gran Circo de la Atlántida, en la que ella trabaja, se encuentra de gira por el sureste español. Un hombre aparece a altas horas de la madrugada ante su caravana y dice ser Abdel Alim, empleado del circo, comunicándole que sus padres han sufrido un accidente (estos se encuentran pegando carteles en otro pueblo) Benita abre la puerta al mensajero y recibe de este catorce puñaladas.
La antipodista Miss Martinelli (Jesusa Sánchez) que está despierta en esos momentos, escucha las voces del asesino y su víctima.
— ¡¿Quién es?!
— ¡Abdel Alim!
Después ve correr a un hombre, pero no puede asegurar que se trate de Abdel Alim. Jesusa no cuenta lo que ha visto y oído a la Guardia Civil, ni tampoco a la inspectora de homicidios de la policía que pasa a ocuparse del caso, la famosa investigdora teniente Enriqueta Jiménez Herrera.
Todo el mundo sospecha de todo el mundo. Es sospechosa la propia Miss Martinelli porque odiaba a Karla Ambrossini, un odio nacido de sus celos artísticos. Es sospechoso el argelino Abdel Alim por su pasado de navajero y presidiario. Cualquiera en el circo es sospechoso porque todavía no hay un sospechoso como manda la ley. Y, según el extravagante enano Marcial, el asesino no es del circo, y el enano dice saber quién es el autor material del crímen. Pero la inspectora Jiménez Herrera no se cree que la "ideóloga" de tal crimen sea la antipodista Miss Martinelli, lo entiende como una invención del enano por la tirria que este le tiene a la antipodista, y considera probable que tampoco diga la verdad al atribuir el asesinato a alguien ajeno al circo. El siguiente paso de la inspectora Jiménez Herrera va a ser ver a todos los circenses juntos en la función del debut en Santiago de la Ribera, hermosa localidad del Mar Menor. A lo mejor descubre más sospechosos o le vienen con más intoxicaciones. No le extrañaría que el enano conspirase contra alguien más, y le encantaría darle un capón al enano para ponerle en su sitio porque está hasta el chichi del jodido pequeñajo incordiador. También arde en deseos de entrevistar al vejo Don Tobías, el dueño del Gran Circo de la Atlántida.
(Continuará)
Pequeño compás de espera.
El próximo lunes 5 continúa este culebrón blogueril con un resumén de lo publicado hasta el momento. Les estoy muy agradecido a todos los que me siguen.
Los que no me han leído todavía, pueden echar un vistazo a los episodios anteriores.
¡Mil gracias!

La inspectora Jiménez Herrera se hallaba sentada en un banco del paseo de la playa, el que une las localidades de San Pedro del Pinatar y Santiago de la Ribera, cuando descubrió al enano Marcial que la estaba mirando. Para su asombro, el enano avanzó con paso resuelto hacía ella, le pasó rozando un skater hijoputescamente veloz y finalmente se plantó a dos metros de sus narices.
— ¿Por qué me sigues? — preguntó la investigadora.
— Yo sé quién es la autora ideológica del crimen.
— Ah, sí, pues dímelo.
— Miss Martinelli, o sea, la cerda de Jesusa Sánchez, ese pedazo de bicha podrida con la que has estado hablando esta mañana.
— Ya, mientras tú me espiabas desde debajo de la caravana, ¿verdad? Eres un enano pedorro, ¿no te lo habían dicho?
— Sí, y cosas peores. Me han dicho de todo en esta vida, pero soy más inteligente que los machos altos y tengo un cipote más grande que la mayoría de los que presumen de ello. ¿Quieres verlo?
— Bueno, vale ya, no quiero escuchar obscenidades. ¿Por qué dices que Jesusa es la autora ideológica del crimen?
— Porque ella ordenó a otro que lo hiciese, pero no te voy a decir a quién. Quiero comprobar qué tal detective eres. Solo te daré un pista: el ejecutor no es de este circo.
— ¿Ah, no?
— No. Yo creo que deberíais torturar a Miss Martinelli para que confesase. Tengo entendido que en algunas comisarías todavía se tortura.
— Pretendes ser divertido conmigo, ¿verdad?
— No, te estoy hablando muy en serio. Miss Martinelli no ha sido la autora material del crimen porque no tiene cuajo, le falta valor hasta para matar una mosca, solo es una cagona y una envidiosa. ¡Adios!
Y salió a escape.
"Me está mosqueando demasiado este jodido enano y sus elucubraciones de perturbado mental, pero... ¿habrá algo de verdad en su relato?
(Continuará)

Jesusa Sánchez, "Miss Martinelli", se dijo a sí misma que de esa misma noche no pasaba. Debía hablar urgentemente con Abdel Alim. Debía saber de una vez por todas si él era o no el asesino. Debía tirarle de la lengua o darle una patada en la entrepierna.
Desde el momento en que la inspectora abandonó su roulotte, Jesusa Sánchez puso a trabajar su materia gris a tope.
— ¡¿Quién es?!
—
¡Abdel Alim?!
Sí, cada vez estaba más convencida de que esas eran las palabras que había escuchado. ¿Quién, entonces, había utilizado el nombre de Abdel Alim para que la domadora le abriese la puerta y así poder asesinarla fríamente?... Sin duda se había tratado de un buen imitador de voces. Pero no, no recordaba a nadie en el circo que tuviese esa facultad. ¿Acaso el cabrón del enano?... ¡No, por Dios, ¿en qué estoy pensando?! yo vi huir a una persona de estatura normal.
"¡Que Alá me proteja! ¿Podría estar ahí la clave del asesinato?... ¡Es horroroso, ¿porqué tuvo que matarla?!
Abdel Alim estaba horrorizado desde el instante en el que escuchó las palabras de aquel hombre en estado etílico. En ese momento no le dio más importancia de la que se da a las bravatas de un borracho.
"¡¿Es posible que haya sido capaz de semejante monstruosidad?! ¡¿Es posible que, dentro de su borrachera, lo pensase en serio?! ¡¿Y si no ha sido él?!...
La inspectora Jiménez Herrera chapoteó en el agua de la playa durante unos quince minutos. Después se secó, recogió sus bártulos y enfiló hacia un restaurante algo alejado de la playa. Alejándose de la muchedumbre bañista contaba con la posibilidad de encontrar una mesa libre para comer. No le apetecía comer de Mercadona o de Día. Halló esa mesa en el restaurante "Los Murcianitos Herrera Jiménez" ("¡Je, je, vaya coincidencia", pensó la sagaz émula de Petra Delicado) Se dio el gustazo de degustar ensalada murciana y filete de ternera con patatas fritas. Concluyó el ágape con un buen trozo de sandía y un café con leche. La sandía, posiblemente de los invernaderos de Murcia o de El Ejido, estaba riquísima. Dio un largo paseo con vistas a la playa, a las palmeras y a los barquitos que se mecían en las azules aguas de la bahía y se sentó en un banco a repasar el dossier, aunque lo que le pedía el cuerpo era echar una siesta, que los ojos se le cerraban. Pero se le abrieron por completo al descubrir al enano Marcial que la estaba observando desde el otro lado del paseo.
"¡Pues vaya!, lo que menos me apetece ahora es correr detrás del puto enano, sobre todo porque es más ligero que yo. Sí, un canijo, pero corre como un conejo"
Para su asombro, el enano avanzó con paso resuelto hacia ella y... no le atropelló un skater de milagro.
(Continuará)