
La ventana de la roulotte estaba abierta porque el matrimonio formado por Mateo Santos y Jesusa Sánchez (el mago Shaoran y la antipodista Miss Martinelli) no habían instalado ningún aparato de aire acondicionado, y hacía mucho calor en estos días y noches estivales del sureste. Jesusa no conseguía conciliar el sueño cuando escuchó unos pasos sobre el terreno próximo a su roulotte. El caminante nocturno se fue alejando hasta llegar a la roulotte de Sandro y Antonella. El hombre llamó a la puerta de la caravana. Alguien preguntó después de un rato: "¿Quién es?" Solo podía ser Karla (Benita) pues sus padres estaban pegando carteles en el pueblo próximo. El hombre respondió, dio un nombre que provocó un escalofrío en Jesusa. ¿Había dicho Abdel Alim?
Unos segundos después se asomó a la ventana y miró hacia la caravana vecina. Vio a un hombre correr, un hombre que huía. La puerta de la roulotte de los Talledo estaba abierta, y el cuerpo de Benita-Karla era un cadáver, pero esto último no lo veía Jesusa, pues el asesinato se había cometido dentro de la caravana.
Ahora, dos semanas después, Jesusa Sánchez no lograba dormirse recordando el suceso. ¿Era Abdel Alim el asesino? Le había dado miedo contar a la Guardia Civil lo que vio y escuchó aquella noche. No tenía sentido, no podía ser Abdel Alim, era un hombre nuevo, un buen trabajador, su pasado como delincuente había quedado muy atrás. Pero, ¿quién podía haber sido? Por más que lo pensó no le vino a la mente nadie del circo que tuviese un nombre parecido al de Abdel Alim, y el bueno de Abdel Alim no tenía ningún motivo para matar a Benita Talledo. Y lo más angustioso de todo: Ella seguía enamorada en silencio de Abdel Alim y odiaba cada día más a su marido Mateo.
"¡Eh, tú, enano del demonio, ¿no sabes que es muy feo escuchar conversaciones ajenas?!"
Abdel Alim espantó al enano. Rosa y Enriqueta reanudaron la conversación después del incidente.
— ¿Recuerdas si su hija tuvo alguna discusión con alguien del circo o de fuera de él? ¿Notaste algo extraño en ella en los días anteriores a... al suceso?
— No, eso mismo me preguntó la Guardia Civil, pero no.
— ¿Y tiempo atrás? ¿Tuvo un enfrentamiento con alguien hace meses o años? Haz un esfuerzo por favor, intenta recordar algo.
Pero la mente de Rosa Rubio, la Gran Antonella, estaba ahora en una época más lejana. Su mirada se había elevado hasta el cuadro en el que aparecía fotografiada su hija Benita en el día de su primera comunión. Y un par de lágrimas se deslizaron por las mejillas de esta mujer fuerte, pero ahora destrozada por dentro, que tenía que ocultar todos los días su sufrimiento para enfrentarse al público. ¡El espectáculo debía continuar!, era "la ley del circo"
(Continuará)


El enano Marcial intentaba escuchar la conversación que mantenían Rosa Rubio y Enriqueta Jiménez Herrera cuando fue sorprendido por alguien cuya voz se le hizo familiar a la inspectora y a la atleta circense.
— ¡Eh, tú, enano del demonio, ¿no sabes que es muy feo escuchar conversaciones ajenas?!
Era el empleado Abdel Alim quien le alzaba la voz al enano.
"¡Vaya, mis dos conocidos de esta mañana!", se dijo Enriqueta, "el argelino y el enano raro"
Rosa y Enriqueta se miraron unos segundos con perplejidad por lo repentino y anómalo de la situación. La primera en reaccionar fue la ciclista.
— Es un monstruito difícil de domesticar el enano este, siempre molestando...
— ¿Por qué no le llaman al orden?
— ¡Oh, es intocable! lo protege Don Tobías, el dueño del circo. Pero hablemos de lo que le ha traído aquí, la historia del enano es muy larga y no me apetece ponerme a contarla ahora.
El enano Marcial, fiel a su estilo, se había escapado a todo correr. A Abdel Alim no le tenía en cuenta perseguirle, y mucho menos lastimarle porque Don Tobías podía expulsarle del circo, y no le hacía mucha gracia volver a trabajar en los invernaderos, y mucho menos retornar a su antigua actividad de navajero, de la cual se sentía felizmente liberado. El enano era un insociable, pero estaba protegido por el gran jefe de la troupe. Abdel Alim se había preguntado muchas veces porqué puñetas el anciano protegía al enano. No conseguió que le contasen el secreto, aunque quizá no todos en el circo lo supiesen.
"¡Maldito enano!, el malvado asesino tenía que haberse cargado al enano y no a la pobre Benita!... Me gustaría tener en mis manos al asesino para torturarle lentamente en castigo por su gran pecado"
Nadie sabía en el circo que la dulce Karla Ambrossini, "Benita Talledo", había sido el amor platónico de Abdel Alim, ni lo sabrían jamás. El desdichado currelante circense se llevaría su secreto a la tumba.
(Continuará)

— ¿Le apetece un café?
— No, muchas gracias, acabo de tomar uno en un bar del pueblo.
"¡Qué curioso, esto parece una casa de verdad! ¡Qué chuli!
Doña Enri no había entrado nunca en una vivienda rodante. Dos perros caniches se acercaron a olfatear sus piernas.
— Si le molestan los perros, me lo dice.
— No, por favor, a mi me encantan los animales. Estos perrillos huelen el olor de mi perro, porque yo tengo un perro que se llama "Bribón" y mi hija y mi novio le quieren mucho.
— Bueno, pues usted me dirá.
— ¿No está su marido?
— ¿Por qué me lo pregunta?
— Bueno, pues... es más interesante para mi hablar con los dos. Quizá entre los dos puedan acordarse de algo, algún detallito que sirva para situarnos tras una pista. A mi se me da muy bien seguir las pistas, ¿sabe?, me lo suele decir mi novio.
— Desiderio acaba de salir, ha ido al ayuntamiento a ver si nos enganchan la luz de una santa vez. Es una gestión que le corresponde hacer al dueño del circo, pero se trata un hombre mayor y ya está muy torpe — cambió el tono — Oiga, no me gusta que me hable como si esto fuese un juego. A usted puede que le divierta seguir las pistas, pero a mi marido y a mi nos duele mucho la muerte de nuestra hija.
— Lo entiendo, lo entiendo. Perdóneme usted, Antonella.
La ciclista acrobática miró fijamente a la detective mientras se comía la punta de cucurucho del helado, dando fin a la golosina.
— Nosotros gastamos mucha energía ensayando y actuando, y debemos reponer las fuerzas. El helado es un alimento completo, nos aporta muchos nutrientes y vitaminas.
— Lo entiendo, Antonella. A mi también me gustan los helados.
— Puedes llamarme Rosa, y tutéame, por favor.
De pronto se coló por la ventana la voz airada de alguien que ambas conocían:
— ¡Eh, tú, enano del demonio, ¿no sabes que es muy feo escuchar conversaciones ajenas!
Los tigres, que estaban algo abotargados por el sol del mediodía, comenzaron a rugir de nuevo.
(Continuará)

Pasó acojonadita a pocos metros de la jaula de los tigres. Llamó a la puerta de la roulotte y enseguida le abrió la dueña de la casa rodante. Sintió un ligero escalofrío, allí mismo había sido asesinada Karla Ambrossini, o Benita Talledo. Le vinieron a la mente las fotos del dosier. La Antonella que apareció ante ella era una Antonella en versión bikini rojo, diminuto bikini para su condición de cuarentañera, pero observó que su cuerpo, bien conservado, le permitía lucir muy hermosa en bikini, sin duda gracias a su constante actividad de atleta circense. Rosa Rubio había comenzado desde muy joven, como todos los niños del circo, ejercitándose en los roles de acróbata y equilibrista. ¡Y estaba comiendo otro helado!
"¡Dios mío, esta mujer es una golosa insaciable!"
Era de dos bolas, una de vainilla y otra de chocolate.
— Soy Enriqueta Jiménez Herrera, investigadora policial. Siento mucho lo de su hija Karla.
Dio otra chupada al helado, antes de responder.
— Para nuestro recuerdo es Benita, nuestra adorada hija Benita que Dios tenga en su gloria.
Sobre el canalillo que dejaba ver la minúscula pieza superior del bikini, reposaba un crucifijo casi tan grande como el de un obispo. Rosa y Desiderio eran creyentes y los domingos iban a misa.
— Eso, que Dios la tenga en su gloria — respondió Enriqueta.
— Y usted viene a hacernos preguntas para ver si le decimos algo que pueda ayudar a atrapar al asesino, ¿no?
— Sí, señora, es la obligación de la policía. Bueno, en realidad es la obligación de todos. Debemos hacer lo posible y lo imposible para que la persona que ha cometido un delito tan execrable de con sus huesos en la cárcel.
"Habla como en las novelas esta poli"
— Pero eso no nos va a devolver a nuestra Benita. En fin, ¿quiere entrar en mi casa?
— Sí, gracias, estaremos mejor dentro.
El enano Marcial dejó de observar a distancia y corrió a situarse bajo la ventana de la roulotte para escuchar la conversación de la ciclista acrobática con la poli que le había mirado mal. Un estruendo en el cielo asusto al enano. Alzó la vista y contempló los pájaros de hierro de la Patrulla Aguila volando en perfecta formación.
"Espero que no hagan muchas pasadas porque no me voy a enterar de la conversación", gruñó interiormente el enano problemático.
(Continuará)

No cabía duda, era él, le había visto caminando cerca de ella cuando abandonaba el descampado en donde se alojaban los circenses. Después creyó sentir una presencia a su espalda, como si alguien avanzase pisándole los talones. Se giró un par de veces para sorprender a su perseguidor, pero no vio a nadie.
El enano Marcial era especialista en camuflarse. La antipodista Miss Martinelli (Jesusa Sánchez) decía de él que era "un demonio en un cuerpo enano" y cruzaba los dedos cada vez que rondaba cerca. La inspectora frunció el ceño por detrás de sus gafas de sol. Ahora lo observaba agazapado junto al quiosco de prensa, simulando que se ataba el cordón de un zapato.
"¡Es él!, e incluso me ha parecido verle en el ciber, o ha sido una ilusión mía porque había muchos niños, pero este capullo, si se mezcla con los niños, pasa casi desapercibido"
Untó el cruasán en el café y luego bebió a sorbitos, que aún estaba caliente. Pagó la consumición, se levantó y avanzó haciéndose la distraída hasta el quiosco. Ya había pasado un buen rato y el enano seguía atándose el zapato. Compró un ejemplar de el periódico "La Verdad de Murcia" y miró de reojo al enano, que su vez le miraba a ella. Se agachó junto a él encarándole con actitud de poli mala.
— ¿Te ato yo el zapato como si fueses un niño?
— ¡¿Eh?!
De prontó él se convirtió en el perseguido. No le gusto nada la mirada de la mujer, una mirada que expresaba lo que más odiaba en esta vida: "¡Enano de mierda!" Escapó corriendo como un crío. La inspectora quedó estupefacta.
"¿A qué juega este monicaco?"
Unos minutos después se encontraba de nuevo en el circo. Enseguida le informaron de cual era la caravana de "Sandro y Antonella", y enseguida la encontró entre las ocho viviendas con ruedas. Era un circo familiar, pequeño, humilde. Los tigres seguían rugiendo y el sol estaba ya en lo alto. La carpa ya había sido izada y fijada al terreno con grandes estacas y cuerdas tensas, y ahora los empleados se afanaban en colocar las gradas, las sillas y las luces, lo cual les llevaría al menos dos horas. Junto a la entrada de circo ya habían instalado la roulotte de las taquillas, y sobre ella un enorme cartel que por la noche se haría luminoso: "GRAN CIRCO DE LA ATLANTIDA", a un lado la imagen de dos payasos muy sonrientes, un augusto y un clown, y al otro lado los tigres con aspecto muy feroz y la domadora en plan muy sexy. Los tigres parecían monstruos de ficción y la domadora una portada de revista erótica. ¡Las cosas que hay que hacer para atraer al público!
(Continuará)

Dos euros la hora le cobraron en el ciber, y por adelantado. Le pareció carillo, tarifa de pueblo turístico. "Omnisciente", efectivamente: "el que lo sabe todo"
"Por supuesto, también sabrá quién asesinó a la pobre chica, las divinidades tienen la buena folla de saberlo todo", se dijo irónicamente la inspectora.
Empleó casi todo el tiempo internáutico en ver webs de circos, sobre todo del "Gran Circo de la Atlántida" Vio con detenimiento las fotos y leyó todo lo que se había escrito sobre Karla Ambrossini y su número de doma de tigres. Recordo que el servidor del Omnisciente le había hablado de que en Youtube se podían ver los videos que le habían grabado a Karla algunas televisiones.
"Es muy guapa... y muy joven, ¡qué pena!" Pensó en presente el argelino, aún no podía hacerse a la idea de que la habían matado.
Al salir del ciber volvió a invadirle la extraña sensación de que alguien iba tras sus pasos. Extraña y muy molesta sensación. Intentó controlarse para no ser presa del miedo, pues una buena poli debe saber mantener el tipo, conservar la sangre fría, como los detectives de las películas.
Se sentó en la terraza de la cafetería "Estrella de Mar", eligiendo previamente la mesa que le ofrecía la mejor visión del personal callejeante y dando la espalda a la pared. Se puso las gafas de sol para que nadie se mosquease al mirarle. Además, el sol ya empezaba a ser molesto. Ese sol, compañero fiel de murcianos y almerienses, se muestra con todo su rigor en estos días agosteños.
Se acercó a ella una camarera subsahariana. Tendría veinte añitos y era bajita, pero muy guapa. También muy sería, no sonreía. Pidió un café con leche y un cruasán. En ese momento pasó el coche publicitario del circo. "¡Gran Circo de La Atlántida en Santiago de la Ribera! ¡Esta tarde grandioso debut...!"
Vio perfectamente a Sandro y Antonella, Sandro al volante, Antonella comiendo un helado. Supuso que habían parado hace muy poco tiempo para comprar el helado porque este aún estaba casi entero. Ambos cuarentañeros y robustos.
"Muy grandotes me parecen para hacer cabriolas en bicicleta", pensó la inspectora.
Un perro caniche asomaba medio cuerpo por la ventanilla que daba al asiento de Antonella. La mujer le sujetaba con la mano que le dejaba libre el helado, sin duda para evitar que le diese por tirarse a la carretera en persecución de algún gato.
"Será alguno de los perros que actúan con ellos", pensó la poli de Las Norias de Daza. Sandro y Antonella se anunciaban como "ciclistas acrobáticos con perros" También había visto una parte de su actuación en Youtube, pero no le parecieron tan grandotes.
Los animales iban desapareciendo poco a poco de los circos, pero los circos pequeños se resignaban a prescindir de ellos porque en los pueblos pequeños sigue gustando mucho los números de animales, así como las vaquillas y cualquier otra actividad que suponga el sometimiento de animales, y no digamos un numero de tigres feroces con un domadora super sexy. El legendario Circo Ringling Brothers de los Estados Unidos prescindió recientemente de su permanente señal de identidad a lo largo de dos siglos: los elefantes. El 6 de Marzo de 2.016 se realizaba el número por última vez. Cuarenta y dos paquidermos del Ringling Brothers fueron trasladados a un centro de conservación de animales de Florida. Las organizaciones animalistas habían presionado tanto que, por fin, consiguieron marcarle un gol al "mayor espectáculo del mundo"
Y, de pronto, descubrió al cabrón que la estaba espiando. "¡Es ese!"
(Continuará)