lunes, 26 de octubre de 2015

( XXII ) Un asesino como los demás.


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( Un aspecto de Chinchón y otro del Rastro madrileño )


"Diga lo que diga, Doña Carlota, mañana es sábado y pasado mañana domingo, lo cual suma un fin de semana, así que deberá esperarse hasta el lunes para escuchar mis informaciones, aunque posiblemente el domingo por la tarde me acerque a La Cañada a husmear rastros de Carrascales y Pontarrón"
Esto lo pensó mientras ponía en marcha el DVD de "La Parada de los Monstruos" 
"¡Qué jodídamente lo pasaban los monstruos en otros tiempos!, y hoy todavía se exhiben los enanos en las plazas de toros y en los circos, y los subnormales en las tertulias televisivas"
Fulgencio era una mezcla de conformista y positivista. Se sentía un hombre afortunado por haber conseguido ejercer como detective teniendo un aspecto de lo más antiestético. Cuando más eufórico estaba se sentía un triunfador y no le importaba compartir esta euforia con un desconocido, quizá con algún solitario como él con el que topaba por la calle, o con un borracho en la barra de un bar, de ese tipo de borrachos tan ciegos de alcohol que no se cortan ante la presencia de un ser monstruoso. El alcohol desinhibe a la gente e incluso les motiva a pasear en moto por la noche, como ocurrió con un juez en Madrid.
El sábado se levantó muy tarde y acudió al Mesón del Jamón de la plazuela de Antón Martín a despachar un suculento desayuno a base de un montado de jamón, un chocolate con cuatro porras y un copazo de Chinchón dulce. Chinchón, pueblo madrileño, es célebre por sus vinos y anises, pero Fulgencio se decanta por estos últimos para sus desayunos exclusivos.
Paseó por Magdalena, Tirso de Molina y Duque de Alba hasta llegar a La Latina, el feudo de Lina Morgan, donde la gran estrella de la revista tuvo su propio teatro, Teatro de la Latina, y contó con el cariño de miles de madrileños y visitantes. 
( Beatriz Galindo, "La Latina", escritora y humanista, la mujer más culta de su tiempo, fue profesora de Isabel la Católica y de sus hijos, siendo 25 años más joven que la reina ) 
Llegó hasta la archipopular plaza de Cascorro ( "Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro, soldado español distinguido en la guerra de Cuba ) y se sumergió en el corazón bullicioso del Rastro. Eso sí, camuflado en sus gafas oscuras de lentes muy grandes, dado que en el Rastro, en sábados y festivos, es normal rozarse con la gente aglomerada. Aún así, muchas personas le miraron intrigadas. Su cabeza voluminosa, baja estatura y joroba llamaban poderosamente la atención. 
En el Rastro disfrutó como un enano, como siempre, como lo que era, observando a la gente, sus muecas, sus miradas, su forma de andar o de hablar. Esta era una de las grandes aficiones fulgencianas. Le gustaba tanto observar a las personas en carne y hueso como a través de los párrafos en donde los describen los autores de sus novelas predilectas.
Por La Ribera de Curtidores avanzaban dando saltitos y regalando pastelillos los harekrisnas, animados con su musiquita y el mantra habitual: "¡hare! ¡hare!, ¡rana!, ¡rana"
Gentes de todo tipo y condición se apretujan o se cortaban el paso, sudaban o pasaban frío, compraban o miraban en los diferentes puestos de miles de diferentes artículos.
"¡Uno, dos y tres..., uno, dos y tres!, ¡lo que usted no quiera para el Rastro es!", cantó en el siglo pasado el cébre Patxi Andión, el que fue el Che Guevara en el teatro y hoy es profesor universitario.
Por la tarde se encerró en casa a "revisar" otras dos de las películas que más le gustaban: "Trapecio" ( jovencísimos Burt Lancaster, Gina Lollobrigida y Tony Curtis ) y "La tonta del bote", esta última en la versión en blanco y negro protagonizada por Josita Hernán.
El domingo por la mañana se subió a un autobús en Cibeles para acercarse al barrio de La Cañada. Algunas sorpresas le aguardaban allí.

( Continuará )

domingo, 25 de octubre de 2015

( XXI ) Un asesino más listo que el hambre.



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( Caricatura de Mario y Doña Carlota treinta años más joven )


Fulgencio, Mario y Carlota.

- Te sale niquelada la imitación del ex monarca. ¡Enhorabuena, Mario! Soy el detective Fulgencio.
- Muchísimas gracias, señor. Viniendo de usted el parabién es todo un honor para mi, pues le considero una persona inteligente y con mucho mundo.
- ¡Jodeeeer!"
- Gracias, Mario.
- Ahora mismo le paso con la señora.
- Efectivamente, fue "ahora mismo" porque la tenía al lado. El fiel mayordomo para todo estaba dándole un masaje en la espalda a su señora ama.
- Buenas noches, señor Hermoso. - fue directa al grano: - ¿Ha encontrado alguna pista que nos lleve a la resolución del enigma?
"No me he estado tocando los huevos, pero no tengo ninguna pista. Veamos cómo se lo explico"
- Estoy muy satisfecho con los pasos que he dado hoy. El portavoz policial me ha facilitado el teléfono del abogado de oficio que defiende a Honorio Pontarrón, Don Teodoro Fabra, que no es familiar del corrupto Fabra, término este que se ha apresurado a aclararme nada más vernos, quizá en su deseo de hacerme entender que es honrado, pues ya sabrá usted que en la judicatura, la abogacía y la política no es fácil encontrar gente honrada.
- Sáltese las tonterías, señor Hermoso.
- Bien, el señor Fabra ya es un aliado nuestro. Colaborará para encontrar al verdadero asesino. Hemos quedado en que me mantendrá informado de sus progresos, pues le he facilitado un cuestionario de preguntas para que se las formule a su cliente. Yo pienso que Pontarrón puede decirnos algo que arroje alguna luz.
- Lo de "arrojar alguna luz" le ha quedado muy bonito, pero no hemos avanzado nada, señor Hermoso.
- Si no le importa, señora Echegaray, mi apellido es compuesto, Hermoso Gallardo, pero quizá le resulte más fácil llamarme Fulgencio. 
- Le llamaré como me plazca, que para eso soy la parte contratante. ¡Mario, no aprietes tan fuerte, cáspita!
"Me cago en su puta madre, pero me callo, necesito la pasta"
- Con mis debidos respetos, señora Echegaray: ¿Podría facilitarme algún dato, algo, un mínimo detalle en el que fundamente sus sospechas? ¿No le parece que así podré avanzar mejor?
- Se lo facilitaré, pero todo a su debido tiempo. Mañana le hablaré de alguien muy interesante. Le gustará. De momento no pierda el tiempo, que lo pago yo. Busque posible testigos del crimen, que alguno habrá. No se duerma, señor Hermoso, espabile. ¡Mario, no aprietes tan fuerte, cojones!... Venga, déjalo ya, Mario, atiende a Fernando, que ya está pidiendo la cena.
Y colgó el teléfono sin decirle ni adios.

( Continuará )


sábado, 24 de octubre de 2015

( XX ) Un asesino más listo que el hambre.


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Pantoja y Fabra.


En esta jornada no había avanzado ni mínimamente en la resolución del caso, carecía de pistas, todo eran conjeturas, pero se había ganado dos aliados: el subcomisario Pantoja y el abogado Fabra. A ambos les había convencido, a regañadientes en un principio, de sus argumentos a favor de que el caso estaba embrollado, bastante embrollado, que no era tan simple como pareció a primera vista, y que a Honorio se le debería colocar en la categoria de "presunto" sin intentar quemarse la mano afirmando su culpabilidad rotunda, y con serias sospechas sobre su inocencia o calidad de títere en manos de un complot para asesinar a Mauricio Carrascales. Recordó la reflexión de Fabra: "Estaría cojonudo que hubiese una trama detrás del asesinato de un don nadie" Ese era el quid de la cuestión, la llave oculta que podría llevarle a la resolución del misterio. ¿Por qué a Carrascales?; ¿Quién era Mauricio Carrascales para motivar que un asesino profesional se fijase en él?
A Teodoro Fabra, obviamente, se le había despertado el interés por su defendido. No iba a presumir ni nada en los periódicos si conseguía que le declarasen inocente al harapiento Pontarrón, o al menos no "autor intelectual" del crimen. Y el portavoz policial Pantoja se apuntaría un buen tanto de cara a sus superiores por haber colaborado con un detective tan sagaz.
Lo que seguía intrigándole sobremanera a Fulgencio era el secretismo de Doña Carlota. ¿Por qué no le hacía participar de los motivos de sus sospechas?;  ¿Qué se callaba la vieja estirada del palacete de Zurbano?; ¿A qué jugaba?; ¿Cómo era posible que una señora del rancio señorío madrileño estuviese al corriente de un asesinato entre marginales cometido en un barrio pobre del extrarradio?... A veces pensaba con encabronamiento que no le había contratado exactamente para resolver un caso, sino para divertirse a su costa, "para guasearse de un detective deforme" Pero nada, enseguida rechazó este victimismo porque no iba con su forma de enfrentarse a la vida.
"En fin, mientras siga acoquinando euros no vamos mal. La pela es la pela, como dicen en "Polonia" 
Alquiló en el video club de la calle Santa Isabel, por enésima vez, una peli del año 1.932 que le fascinaba: "La parada de los monstruos" Todos los personajes, menos la chica mala y su cómplice, eran seres deformes como él, auténticos monstruos, no actores caracterizados. Pero antes de echarse en el sofá a gozar de su cinefilia morbosa, cubierto con una gruesa manta palenciana, no china, porque ya refrescaba en los Madriles, llamó a su empleadora para darle las novedades del día.
- Mansión palaciega de la señora Carlota Echegaray Aguirrezabaleta. Le habla Juan Carlos de Borbón, ¿qué se le ofrece?
- ¡Coño, Mario, qué bien te sale la imitación del ex rey!

( Continuará )

viernes, 23 de octubre de 2015

( XIX ) Un asesino más listo que el hambre.


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Teodoro y Fulgencio

- Y yo le digo que es muy probable que Honorio Pontarrón no matase "al otro"
- Pues le contestaría que está usted tan loco como él. ¿Algo más?
Recordó las palabras de Doña Carlota: "Es un asesino más listo que el hambre" Desde luego, ya había engañado a la policía y al propio abogado defensor del inculpado.
- Le he preguntado "¿algo más?"
- Pienso que es a usted al que le interesaría saber más cosas, señor Fabra. Ahora bien, si se conforma con que le manden a su cliente a un manicomio...
"Además de su aspecto horroroso, es un impertinente"
- Venga, me armaré de paciencia, ¿en qué se basa para pensar que Honorio Pontarrón no es el asesino?
- En que ese crimen le cae grande y en que su víctima era la primera vez que dormía en ese sitio y alguien se había tomado la molestia de darle facilidades: el panteón estaba abierto y al muro le habían quitado varias de las piedras más altas para que pudiese trepar por él.
- Me está usted hablando de un crimen planificado, algo que no me encaja en absoluto porque se hallaron huellas del calzado de Honorio Pontarrón y huellas digitales en el cuchillo, en el cual, dicho sea de paso, los restos de sangre eran de la víctima.
- ¿En dónde apareció el cuchillo?
- Lo tenía él en el lugar en donde duerme habitualmente, un portal de La Cañada.
- A dos kilómetros del cementerio. Osea, se tomó la molestia de ir y volver, dejando las huellas de sus pisadas y echándose a dormir con el cuchillo al lado. ¡Vamos, por Dios!... Don Teodoro, ¿usted se lo cree?, séame sincero.
- Por primera vez desde que le encomendaron la defensa de Honorio Pontarrón, el abogado Fabra tuvo una duda. Aún así se mantuvo en sus trece.
- Oiga, si está loco... ¡¿qué quiere usted que le diga?!
- Claro, claro, con lo de la locura se arregla todo, ¡no te jode! Pero si eso es así, no se trata de un loco, sino de un gilipollas.
- ¿Y quién iba a querer matar a un indigente de una forma tan elaborada?
- Si lo supiese no me estaría entrevistando con usted.
- ¿Y quién le ha pedido que investigue? Estaría cojonudo que hubiese una trama detrás del asesinato de un don nadie.
- Mucho me temo que la hay, Don Teodoro, y si unimos nuestras fuerzas a lo mejor conseguimos algo.
- ¿Quién le paga por investigar?
- Eso no se lo puedo decir de momento. - Quiso darle más misterio al caso - Solo le diré que es alguien que está muy arriba.
- ¡Jodeeeer!
En realidad no mentía del todo, pues Doña Carlota vivía muy arriba en la calle Zurbano, nada menos que en el 232, casi en los Nuevos Ministerios.

( Continuará )

jueves, 22 de octubre de 2015

( XVIII ) Un asesino más listo que el hambre.

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A pesar de las reticencias del subinspector Justo Pantoja para creer lo que le decía el detective Fulgencio Hermoso Gallardo, vio en el últimas palabras de este alguna razón para la duda. Sí, era demasiado fácil que un cebollo como Pontarrón hubiese actuado por su cuenta y riesgo. ¿Quién le ha allanado el terreno, entonces, y porqué?; ¿Qué misteriosa persona ha contratado a Fulgencio para que investigue?
Gracias a estas dudas razonables, Pantoja, que no había estado tan borde como otras veces, le facilitó al detective el teléfono del abogado de oficio que iba a defender a Honorio Pontarrón.


Teodoro Fabra

No tengo nada que ver con el político corrupto, no es más que una coincidencia en el apellido, se lo digo antes de que me lo pregunte porque todo el mundo me lo pregunta. - le dijo el abogado de oficio Fabra al detective Hermoso Gallardo nada más reunirse con él.
- Yo no se lo iba a preguntar, señor Fabra. De todas formas, me alegra de que no tenga entre su parentela a ese bicho.
"Pues hablando de bichos... no creo que disfrutes mucho mirándote al espejo, tío"
- Y bien, ¿qué se le ofrece?
- Verá, estoy investigando un asesinato a cuyo inculpado va a defender de oficio usted.
- Ya, y porqué lo va a investigar, está más claro que el agua, el autor de las veinte cuchilladas jamoneras ha sido mi defendido. ("¡Joder, qué bien le defiendes!") Voy a intentar que lo encierren en una residencia psiquiátrica para dementes violentos, vulgo "locos de atar"
- ¿Su defendido se declara inocente o culpable?
- Mi defendido está como un cabra montesa, e incluso me ha llegado a decir que él no mató al otro, que no se movió del portal en donde duerme todas las noches.
- Y usted no se lo cree, claro.
- ¡Ya me dirá!
- Y yo le digo que es muy probable que Honorio Pontarrón no matase "al otro"
- Pues le contestaría que está usted tan loco como él. ¿Algo más?.

( Continuará )