
Al gordito pero resistente currante Claudio Ferreiros le había fatigado física y psíquicamente este soleado día juliano de currelo. Estaba agotado por partida triple. La carga y descarga de muebles, la discusión con sus compañeros más obtusos tratando de convencerles de que su amigo no era un terrorista y la duda razonable, o comedura de coco, de que su "amigo" ( ahora se impone el entrecomillado ) no le hubiese robado el dinero del cofre. Esto último se lo quitó de la cabeza varias veces durante el día, teorizando sobre la bondad de David Andrés, la amistad que les unía desde hacía muchos años, la imposibilidad de que le hiciese una putada ahora que tenía un trabajo y le había abierto las puertas de su casa de par en par... No, no podía ser. Pero también podía teorizar con la posibilidad de que era factible el robo porque "el dinero es muy goloso" y gente mucho más acomodada cae rendida ante su poderoso influjo. Pensó en Urdangarín y en otros corruptos "acomodados"
Sin proponérselo se encontró subiendo de dos en dos las escaleras que le llevaban a su vivienda, golpeteándole el corazón, anhelando encontrarse su dinero...
"¡Dios mio, porqué no lo ingresé en el banco?!... Me habría evitado el sofoco y la comedura de tarro que tengo desde esta mañana"
Había sido una forma de identificarse con su difunto padre al que tanto quiso y admiró. Don Glorialdo guardaba el dinero en casa porque decía que no se fiaba de los bancos. Pero Claudio ignoraba un "pequeño detalle": Su padre trabajaba en un tallercillo propio de guarnicionería que ocupaba la planta baja de la casa en donde vivían, y, siempre tenía a mano su escopeta de caza, un arma que le ofrecía mayor seguridad que cualquier entidad bancaria.
Entró en el flat y corrió a su habitación. Abrió el cajón en donde guardaba su "tesoro" y apartó de dos manotazos la manta y los calzoncillos sucios.
David Andrés hizo un examen de su situación mientras escuchaba por los cascos viejos éxitos de Frank Sinatra. No podría ser un hombre libre de verdad mientras se viese obligado a huir, y lo peor es que huía de la gente que no le había hecho ningún daño. Huía por no dar la cara, por no trabajar, por creerse que el tiempo y la distancia lo borran todo. Mentira. El tiempo y la distancia solo podían acentuar el odio o el rencor de otras personas hacia él.
El tardío anochecer del verano proyectaba sus primeras sombras sobre los aviones y los distintos edificios aeroportuarios. Eran varios los lugares de la city estrechamente protegidos, pero especialmente lo era el aeropuerto por la densidad del tráfico humano en sus instalaciones. Y más especialmente la Terminal 3. Y allí estaba el teniente Walker, muy pendiente de todo, muy jodido por retrasar sus holidays y muy escéptico ante la idea de que esa misma noche pudieran presentarse los terroristas a colocar las bombas o a autoinmolarse.
- La verdad es que se lo hemos puesto muy jodido con todo este despliegue.
- Y tanto, teniente. - repuso Simpson.
Sam Simpson le servía de enlace con los demás oficiales, cada uno de ellos responsabilizado de un cometido diferente.
No se había interrumpido el tráfico aéreo en toda la jornada, pero los vuelos despegaban con cuentagotas a fin de que no se acumulase demasiada gente en las diferentes zonas de cada terminal. A los viajeros se les hacía esperar en áreas alejadas del aeropuerto, plazas y parques, y allí les era anunciado por megafonía cuando podían subir a los autobuses porque ya llegaba el momento de su vuelo. El buen tiempo hacía posible esta estrategia, y a la noche se les pagaría la habitación de un hotel a los viajeros no residentes en Manchester, lo cual provocaría más de un conflicto, pero esa ya es otra historia.
Gran parte de las llegadas eran desviadas al aeropuerto John Lennon de Liverpool, distante a solo 70 kilómetros, un aeropuerto mucho más pequeño pero que también estaba controlado por la policía.
La gran pregunta era: "¿Cuánto tiempo puede durar esta mierda?"
Era la pregunta del millón para el teniente Walker, la que se estaba haciendo todo el día, porque lo ideal era atrapar a los dos hijos de puta, no tener a toda la población de Manchester y a los visitantes en vilo por los siglos de los siglos.
- Two sons of bitches are playing us good balls, Simpson.
- Dos hijos de perra nos están tocando bien las pelotas, Simpson.
- Y usted que lo diga, señor.
( Continuará, respetables lectores )

Manchester cuenta con una población de medio millón de habitantes aproximadamente. Es la tercera aglomeración urbana del Reino Unido, antes están Londres y Birmingham, y la decimocuarta de la Unión Europea. Esta zona fue colonizada por los romanos. El general Cneo Julio Agrícola construyó un fuerte llamado Mamucium, "colina con forma de pecho" De ahí se cree que ha derivado su nombre actual.
En 1.996 el IRA ( Ejercito Republicano Irlandés Provisional ) colocó una bomba en una camioneta en Corporación Street: 212 personas heridas y 700 millones de libras en daños. Y algo así era lo que trataban de evitar ahora las fuerzas del orden mandadas por el capitán Preston y el teniente Walker y seguidas de cerca por el Parlamento.
Amor de Dios Arenillas Almendrales, en las distancias cortas Amor, era una mujer chapada a la antigua, ignorante pero astuta. Su bagaje cultural se limitaba a las cuatro reglas ( dividía a duras penas ) los ríos de España ( y se le habían olvidado algunos ) y leer y escribir ( torpemente porque no practicaba ) De niña y de mozuela ejerció de hija sumisa de ama de casa, su señora madre, a la que ayudaba en las tareas domésticas, siempre al servicio de su padre y de sus hermanos. Ese aprendizaje la sirvió para ser ama de casa en su primer y único matrimonio, los catorce años que estuvo casada con Blas Rebollo Sacristán, hasta que este murió arrollado por un tren de cercanías en plena borrachera, al decidir etílicamente que le daba tiempo a cruzar las vías antes de que llegase el tren. Fue un lamentable error de cálculo y una carnicería. Fue el fin del carnicero Rebollo y la liberación de su sufrida esposa, la que menos lamentó lo acaecido. Sin hijos, harta de su marido, tan borracho y machista como el más indecente de los hombres, intentó un par de veces despacharle con un cuchillo de cocina, pero los nervios la traicionaron y el borrachuzo la propinó un par de palizas, una por cada intento de conyugicidio. Muerto el indeseable, viuda a sus 47 años, conoció al camarero David Andrés Ascaso Durruti, un tipo tan alto y narizón como buen follador. Ese fue su gozoso descubrimiento, el gigantillo follaba más apasionadamente que el difunto Blas. Pero el camarero no quiso casarse. David Andrés llevaba toda su vida viviendo en pensiones y le parecía la forma ideal de vida, sólo o acompañado de otra. Carecía de ese ideal de tantísima gente, cifrado en lograr una vivienda propia. Y se fue a vivir a casa de ella, que era como entrar en otra pensión. Esta vez incluso mejor porque se ahorraba pagar la habitación. La casa era la herencia del muerto. Pero empezó a cansarse muy pronto de ella porque Amor era cansina como ella sola. Descubrió que era posesiva, celosa y gruñona a carta cabal. Su carácter sumiso de ama de casa a la antigua se había transformado durante el matrimonio, y esta transformación fue tan grande que, incluso, logró hacerle fregar los platos al machista Blas, pero este sueño duró muy poco. Y con Andrés David no consiguió otra cosa que superar la calidad y continuidad de sus orgasmos, pero también fue un sueño de corta duración. Y ahora, sola y sin un euro en el bolsillo, porque le sobraba orgullo para no arrastrarse ante sus hermanos, no tuvo más remedio que ponerse a buscar un currelo. Pero había una idea que no se le quitaba de la cabeza ni se le iba a quitar jamás:
"¡En cuanto encuentre a ese cabrón, vuelve a ser mio o le capo!"
( Continuará y ustedes están invitadísimos a disfrutarlo )

David Andrés no sabía por dónde tirar. Esta era la mayor comedura de coco de su vida. Ya se había alejado de las miradas aceradas de los curiosos - afortunadamente ninguno le siguió - pero sintió la tentación de volver al "lugar del crimen" Deshizo el camino andado y asomó en la esquina de la calle principal, desde donde se veía al numeroso grupo de personas que se habían interesado por el hombre agredido. Se asustó al ver que también había una ambulancia.
"¡Hostias, lo he matado!"
Y el momento del susto dio paso a otro momento de susto gordo al advertir la llegada de un coche policial.
"¡Uf, que me he cargado al viejo!... ¡Me he cargado al hijo de puta y me he quedado sin la novela!"
Se esfumó. Ahora la policía preguntaría a los curiosos y estos dirían que el puñetazo lo dio un hombre con gorra del Manchester United, gafas oscuras, nariz prominente y camiseta azul.
Entró en la gran tienda Primark y compró una gorra de visera gris de esas de viejo y una camisa a cuadros. En un establecimiento de "todo a un pound" adquirió unas gafas graduadas de muy poca graduación. Las sunglasses eran muy cantosas, aunque le ocultasen los ojos. Todos los elementos de su anterior "caracterización" fueron arrojados a una papelera. Se quedó con su pantalón vaquero negro y las zapatillas deportivas blancas, aparte de la pequeña mochila azul oscura.
"¿Y ahora qué hago yo?"
La tarde avanzaba y esa noche le esperaba un avión en la terminal 3 del Manchester Airport. Pero ¿quién se atrevía a acercarse al aeropuerto?... O mejor dicho: ¿quién se atrevía a hacerlo en su situación?
"En el aeropuerto me van a confundir con el hijo de puta de la foto. Me llevarán a comisaria a declarar. Para cuando comprueben que soy inocente, ya habrá despegado mi avión y muchos aviones más, si es que no han paralizado el tráfico aéreo con esta puta amenaza. Pero lo peor de todo es que, para cuando quede en libertad, Claudio ya habrá denunciado el robo. No creo que su ingenuidad llegue a tanto como para no mirar en el cofre después de que no he contestado a ninguna de las llamadas que me ha hecho. Joder, y si me denuncia antes de que me suelten... ¡La hostia, que embolado!"
La angustia se fue apoderando de él a medida que pasaban los minutos. En determinados momentos creía que todo el mundo le miraba, que todo dios que pasaba por la calle le reconocía. Pero en los instantes siguientes se sentía confiado e incluso eufórico. Estaba "bipolarizando" sus estados de ánimo a velocidad supersónica.
"Puedo pirarme a Birmingham y coger un avión allí, ¡o a Londres!"
Pero enseguida le venía el bajón.
"¿Y si también han puesto controles en las demás ciudades?... ¿Buscan a esos hijos de puta en toda Inglaterra o sólo en Manchester?"
Lo que había leído, "visto" más que leído, dado su casi nulo conocimiento del inglés, no le daba para hacerse una idea muy clara de la situación. Tampoco era cuestión de acercarse a cualquiera de los españolitos que se cruzaba por la calle y preguntarle por la situación en Manchester. Ya se imaginaba la reacción:
- Joder, tío, tú eres igualito que el terrorista que sale en Internet. ¡Oye, ¿no serás tú?!, ¡ja,ja,ja,ja!
"¡La puta, estoy en un callejón sin salida!"
¿En verdad lo estaba?"
( ¡Atentos a los próximos episodios! )

( Bellas imágenes de Manchester y Liverpool )
Manchester - Scotland Yard.
... no hay más remedio que exigir a los empleados de estos servicios que colaboren con nosotros. En fin, son cosas que ya sabeis, pero que me veo obligado a repetirlas ahora. Sin descartar, por supuesto, la iniciativa personal. Los ojos siempre muy abiertos.
El agente especial Davidson levantó una mano para formular la pregunta del millón.
- Diga, Davidson.
- ¿Qué hay de lo del spanish?
Fue rotundo en la respuesta.
- Nada.
Después cabiló unos segundos.
- Me temo que es una falsa alarma. Se trata de la típica psicosis colectiva que hace que la gente vea terroristas en todas partes cuando publicamos sus fotos. Con esto no niego que pueda haber un cierto parecido entre este sujeto y uno de los dos sujetos que buscamos. Hay dos puntos que me hacen pensar que no se trata del mismo hombre. El primero, que las personas que afirman haberle visto dicen que habla en español con acento español.
Y recalcó las últimas tres palabras.
- El segundo, que los investigadores especiales de Londres tienen muy claro que nuestros hombres son ingleses conversos, Richard Wilson, de 35 años, y Donald Smith, de 31, ahora llamados Ali Hassani y Hamed Morabi.
El sargento Simpson alzó una mano.
- Hable, Simpson.
- ¿Podrían estar utilizando un doble para despistarnos?
Algunos agentes sonrieron.
- No hay que descartar ninguna posibilidad, Simpson, aunque eso me suena a novela o a película policiaca con Mister Bean.
Ahora sonó una carcajada general. El propio Sam Simpson también rió la gracia, conocía lo suficiente a su jefe como para entender que no se estaba riendo de él, sino que lo había dicho para quitar un poco de tensión al momento. Por otra parte, el sargento Simpson era un hombre inteligente y dotado de un gran sentido del humor, muy popular entre los polis del "Patio de Escocia" ( Traducción de "Scotland Yard" ) por un "razonable parecido" que le encontraban con el famoso Simpson de los dibujos animados, el inefable Homer.
Se comentaron varias cuestiones logísticas hasta que el teniente Walker dio la orden para que se pusiesen todos en movimiento, aunque ya había muchos hombres apostados en los lugares más susceptibles de ser atacados, los recién llegados de Londres y un grupo de francotiradores veteranos de la lucha contra el IRA en Irlanda del Norte.
Comenzaba oficialmente la "Operación July" ( léase "yulai" ) por ser este el mes en el que se encontraban.
Liverpool - Zona Centro.
El viejo permanecía en el suelo. ¿Lo había matado?
"¡¿Lo he matado?!... ¡Hostia puta, ahora sí que me he metido en un fregado de tres pares de cojones!"
Al momento se autoinfundió ánimos.
"Leo muchas novelas y, claro... No, no, se habrá hecho un chichón, una bajada de tensión quizá, qué sé yo!... Bueno, ahora llegará la ambulancia y dentro de diez minutos ya estará caminando. ¡Cagùen la hostia, ¿porqué se me han cruzado los cables de esa manera?!... ¡Joder, pues porque el tío era repelente!... "¿Era?... ¡Hostias, ya estoy hablando como si estuviese muerto!"
Chetham Hill - Guarida de los terroristas.
Richard y Donald no tardaron en coscarse de que lo tenían crudo. Sus fotos estaban en Facebook y en Twitter. Se pasaron las primeras horas de la tarde pegados al laptop, ordenador portatil, asimilando todo lo que se había escrito sobre ellos, sobre su hipotético atentado.
- ¡Nos tienen pillados por los huevos!
Dijo Alí-Richard con más que visible desesperanza.
- Modera tu lenguaje, hermano.
Repuso Hamed-Donald.
- Alá está con nosotros.
- Sí, no lo pongo en duda, hermano, pero también nos ha dado la inteligencia para que seamos nosotros los que resolvamos las situaciones difíciles.
- Ya, pero en este caso la situación nos desborda. Reconozco que hay algo positivo, pero también algo muy negativo. Lo positivo es que ahora estamos atrincherados en este flat sin necesidad de salir al exterior porque hemos hecho suficiente acopio de alimentos. Así que nadie nos va a ver. Lo negativo es que si pasamos muchos días aquí terminarán encontrándonos. La policía es muy paciente y meticulosa, el tiempo siempre cuenta a favor de ellos. Ahora se trata de que actuemos con mucho sigilo y astucia. No podemos hacerlo hoy mismo como era nuestra intención, pero tampoco retrasarlo mucho.
- ¿Cuánto tiempo crees tú?
- El tiempo justo, quizá dos do tres días, los necesarios para que los perros infieles relajen la vigilancia.
- Seguirá habiendo vigilancia, no seas iluso.
- Soy iluso porque tengo una ilusión.
- ¿En dónde he oído yo eso?
- ¡Oh, acabo de tener una idea maravillosa, hermano!... Alá me ha iluminado.
- Alá es el más grande y misericordioso. ¿Y cual es esa idea?
- Antes te diré que hay que correr un último riesgo aquí en Cheetham Hill. Uno de los dos debe salir a hacer unas compras. Son necesarias para llevar a cabo mi plan, nuestro plan, hermano, y tú has de ser el que corra el riesgo. Puedes disimular tu cara con unas gafas y una gorra. Yo lo tengo más difícil con esta nariz tan grande que Alá me ha dado. Irás a hacer esas compras a primerísima hora, cuando menos gente hay en la calle y en las tiendas.
- ¡Me tienes en ascuas, hermano!... ¿Cual es ese plan?... ¿Qué es lo que debo comprar?
- Ropa.
( Continuará, ya lo saben )


Mister Thomas Altrincham se levantó de su silla y le tendió la mano al sujeto de su robo y enseguida de su broma. Cualquier observador con un mínimo de agudeza hubiese tomado a aquellos dos individuos por una pareja de payasos callejeros.
David Andrés aceptó la mano del viejo chocho con desgana, no le apetecía ningún formulismo y mucho menos ponerse a charlar con el mamarracho.
"¿Charlar cómo, por señas?"
Quería su libro y pirarse rápido. Le jodió tener en su mano la mano fría y huesuda del viejo. Sintió una sensación muy desagradable y un deseo urgente de ir a lavarse las manos. Sin embargo, y sin entenderlo el mismo, se vio aceptando la invitación de Mister Thomas para tomar algo.
- Una cerveza.
Y señaló a las cervezas que había en otra mesa para que le entendiese. Tomó asiento.
- Ha traído el libro, supongo.
En el "supongo" dejó traslucir su mirada un destello de cólera que, naturalmente, Mister Thomas no captó por cosa de las lentes oscuras de las gafas de David Andrés.
Por supuesto, el libro estaba junto sus pies, en una bolsa de plástico de Tesco que no alcanzaba a ver el recién llegado. Y entonces dio comienzo el momento showman del viejales. Soltó un rollete en español que se había aprendido con tesón y esfuerzo el día anterior y el cual, a pesar de lo desastrosamente que quedó en la voz del comicastro, David Andrés lo entendió perfectamente.
- Lo siento mucho, pero el libro se ha perdido. Mi nieto fue ayer a Londres y se lo dejó olvidado en el asiento del metro.
Después de una pausa mínima soltó la carcajada.
- ¡¡¡Ja,ja,ja,ja,ja...!!!
Esas risas no estaban en su guión, pero le surgieron al pensar en la mirada de decepción que seguro había brotado en los ojos del spanish. Su siguiente frase en español iba a ser: "Es una broma, perdón, aquí está el libro" Pero no le dio tiempo a volver a abrir la boca porque David Andrés ya se había levantado de su silla, ya había rodeado la mesa, ya le había levantado en vilo agarrándole de la camisa y rompiéndosela y ya le había dado un puñetazo en la boca que terminó con su enjuto cuerpo en el suelo, dándose en la cabeza contra el soporte de piedra de la enorme sombrilla de Coca Cola. Pero esto último no lo vio el agresor, más atento a la reacción de las personas que había por allí.
Giró sobre sí mismo y enfiló hacía la estación del tren. Debía hacerse invisible antes de que los guardias tomasen parte en el asunto.
"!Solo me faltaba eso, tener que dar explicaciones a la poli!"
Aún así, cuando ya había puesto una buena distancia por medio, miró hacía atrás y vio a un numeroso grupo de personas apiñadas en torno a la sombrilla. El viejo permanecía en el suelo.
"¡Lo he matado!"
No lo tenía muy claro, pero el puñetazo había sido de púgil. Aún le dolían los nudillos.
Oficina de Scotland Yard en Manchester.
Para el teniente Walker las cosas no estaban nada claras. Agentes especiales de Londres habían detectado el movimiento de dos conversos en la Estación Victoria Londinense, pero perdieron su pista, sin duda porque los terroristas sabían que podían estar siendo seguidos e hicieron lo posible por esfumarse antes de tomar el tren o el autobús que los llevaría a su destino. La idea inicial de Scotland Yard era que el atentado pensaban cometerlo en Birmingham o en Manchester, ambas ciudades con el suficiente número de habitantes y reconocimiento internacional como para que la repercusión de la barbarie en los medios de comunicación fuese de una gran magnitud. Ambas cities fueron prácticamente barridas por los "sabuesos" sin llegar a ningún resultado, pero un "barrido de urgencia" tratándose de terroristas no garantiza al cien por cien la seguridad. El jefe superior de la policía de Birmingham puso la mano en el fuego afirmando que en su ciudad no se hallaba el comando terrorista. Fue cuando el capitán Preston decidió publicar las fotos de los sospechosos en la prensa de Manchester, así como en las televisiones. Y entonces surgió el chispazo, un grupo de personas identificó a uno de los indeseables. Pero el teniente Walker no las tenía todas consigo y eso le provocaba un creciente mosqueo. ( Además del cabreo interno por no poder encontrarse ya con Fuensanta, su bomba erótica murciana )
Reunió a los oficiales con mando para marcar las líneas maestras del operativo.
- Están llegando refuerzos de Londres, incluidas dos unidades caninas, para vigilar los enclaves susceptibles de ser objetivos de los terroristas, especialmente el aeropuerto y las estaciones de trenes y autobuses, además de las grandes superficies comerciales. Tenemos que mantener los ojos muy abiertos, desconfiar de bultos sospechosos, mirar en contenedores, papeleras, aseos, alcantarillas... Intentar que no se aglomere la gente, lo cual ya sé que es difícil en las colas de las taquillas de los trenes, los andenes y los servicios de facturación del aeropuerto. Pero no hay más remedio que exigir a los empleados de esos servicios que colaboren con nosotros. En fin, son cosas que ya sabeis, pero que me veo obligado a repetirlas ahora. Y se nos pueden ocurrir nuevas ideas para mejorar el operativo. Quiero que cada policía piense por sí mismo, que no se limite a cumplir órdenes.
El agente especial Davidson levantó una mano para formular la pregunta del millón.
( Continuará... aproximadamente mañana )


Albion Transports - Manchester
Claudio sí hablaba el inglés lo suficientemente bien como para dirigirse con todo su cabreo al capullo de Roy y a otros tres que se habían dejado convencer de que el terrorista islamista era David Andrés.
-¡¿Pero no veis que David Andrés es mucho más mayor?!... ¡¿Pero es que no os habeis enterado todavía de que vuestro compañero es español?!... ¡Hay que joderse!
Llegado este momento ya habían salido en la prensa digital, y ellos las vieron por sus móviles, varias fotos más de Donald Smith "Hamed" y Richad Wilson "Alí", y al pie de las mismas las edades de ambos, 31 y 35 años, nada que ver con el medio siglo más un lustro del amigo al que ahora defendía su mosqueado amigo Claudio. Pero otra razón para el mosqueo empezaba a incomodarle, un mosqueo que iba in crescendo a medida que avanzaban las agujas del reloj: David Andrés no contestaba a ninguna de sus llamadas y mensajes de texto. ¿Se lo había tragado la Tierra?... Hubo un momento en que se le cruzó un pensamiento terrible: "¡El cofre del dinero!", pero lo alejó enseguida: "¡Qué bobada!, David Andrés es incapaz de putearme de esa manera. Lo he conocido hace mucho y sé que es un tío legal. Además, me está muy agradecido por acogerle y ayudarle en Manchester" Se arrepintió al momento de haber hecho la cochinada de llenar el cajón del cofre de calzoncillos sucios.
Oficina de Scotland Yard en Manchester.
El teniente Robert no estaba precisamente de buen humor ese día, aunque sus muchos años de oficio le habían convertido en un buen encajador. Y ahora se trataba de encajar con flema inglesa y resignación cristiana el golpe bajo de su superior, el capitán Preston.
- No dispongo en estos momentos de nadie tan capacitado como usted, Walker, para dirigir esta operación. Busque a los terroristas y póngalos ante el juez. Seguro que lo consigue.
"Busque una aguja en un pajar", pensó Walker, "nosotros con escasez de personal por las vacaciones y ellos con las manos libres para volar en pedazos la estación de Piccadilly o una terminal del aeropuerto"
- Se lo que está pensando, Walker, he pedido refuerzos a Londres, y posiblemente nos envíen también a los de Robin Hood, los artificieros de Nottingham.
"Hombre, algo es algo"
- Ha hecho usted lo correcto, capitán.
El "golpe bajo" se debía a que Preston estaba al corriente de que su subordinado iba a tomar un avión esa misma tarde para disfrutar de unas vacaciones en La Manga del Mar Menor, Murcia, España, con su mujer y sus hijas... y "algo más" Vacaciones que ya veía chafadas por obra y gracia del Estado Islámico de los cojones.
Terraza del pub The Yellow Submarine en Liverpool.
No había muchos clientes en la terraza, pero David Andrés dedujo enseguida que el hombre con el que estaba citado era aquel viejo que le sonreía con cara de gilipollas mientras se iba acercando a la mesa. Sombrero panamá, lentes redondos, camisa de lunares y pajarita rosa. De la cintura para abajo: pantalón corto blanco y calcetines negros y amarillos tapándole las pantorrillas. Lo que se dice un adefesio. Solo le faltaba la nariz de clown. No le extrañó que le diese por robar libros, ceniceros o papel higiénico de los bares. Puede que otra de sus aficiones fuese tocarles el culo a las niñas de doce años o tirarse pedos en público para disfrutar con el mosqueo de la gente.
A Mister Altrincham, no obstante, si le gustó el aspecto del dueño del libro. Largo, muy delgado y desmadejado, parecía el hombre de goma del circo o el espantapájaros de El Mago de Oz. Y con aquellas gafas negras de grandes lentes y la gorra del United, lograba el divertido efecto de que su narizota destacase más que la de Barbra Streisand. Le gustaba el sujeto, tenía sentido del humor para vestirse. Sabría encajar su broma.
"¡That bigger nose, my God!"
"¡Qué nariz más grande, Dios mio!"
Díjose Mister Thomas Altrincham mientras se levantaba de la silla y tendía la mano a su anfitrión con una sonrisa de oreja a oreja.
"¡Sí, señor, este hombre tiene sentido del humor, je, je!, parece un atracador que no desea ser reconocido"
( Nos encontramos en el siguiente episodio, amiguetes lectores )
Para el concurso de relatos
Posiblemente fue una historia triste o posiblemente no lo fue, pues mi imaginación se mezcla con el recuerdo de otra época en un torbellino de hechos reales y suposiciones.
Mi imaginación vuela sobre una pequeña playa del norte de España en Julio de 1.960. El calor ha animado a los bañistas a tomar posiciones en la arena y a los más osados a meterse en el agua. Muy pronto todos son osados y todos disfrutan del placer de chapotear como los patos, fingirse nadadores olímpicos o practicar la maldad de las aguadillas.
Esos tres niños que están colocados frente a la cámara Kodak que sostiene su tía, los tres con un flotador en la cintura, posiblemente seamos mis hermanos y yo. En ese caso yo soy el que está en el centro, el del semblante enfurruñado. "¡Clic!" Ya está. Otra foto en blanco y negro que aparecerá al pasar una hoja de un álbum cincuenta años después.
Oímos el motor de la avioneta publicitaria y miramos al cielo. NIVEA. Cuando la avioneta ya ha sobrevolado la mitad de la playa, lanza tres o cuatro pelotas azules muy grandes de NIVEA.
En la playa hay tres vendedores que hacen las delicias de la chiquillería y satisfacen también a los adultos. En el paseo que bordea la playa vemos el carrito de chucherías y al señor que las vende, aunque todavía no se llaman chucherías, son golosinas o porquerías. Es un señor mayor y en el carrito está muy bien expuesto el genero: pipas de girasol y de la calabaza, chupachuses, caramelos, gominolas, paloluz, regaliz, pan de higo, chicle Bazooka, chicle Dunkin... y también tebeos de Hazañas Bélicas y de El Capitán Trueno y El Jabato, y sobrecitos con cromos de futbolistas, de ciclistas, de la última película de Marisol y de Los Diez Mandamientos. Pero vamos a olvidarnos de este vendedor y de su mercancía porque no forman parte de nuestra historia.
El otro vendedor del paseo de la playa es un hombre fortachón de semblante tímido que empuja un carrito de helados cuando no vende y que se queda estacionado un largo rato cuando vende. Ofrece cucuruchus y cortes y los sabores son de mantecado, chocolate, limón y fresa. También vende polos de limón y de naranja. Piensa la gente que este hombre fue un gudari en la guerra civil y que combatió en las montañas de entre Bilbao y Santander contra los legionarios y moros de Franco. Piensa la gente que posiblemente le ha salvado de la cárcel o del fusilamiento la buena suerte o algún pez gordo o ambas cosas. La gente lo piensa pero no dice nada. No se habla ni en voz baja.
Bajamos ahora a la arena de la playa. Síganme. Ese señor que grita "¡El patateroooo!" es, como su grito indica, un patatero playero. Recorre la playa descalzo y con los pantalones arremangados. Colgando del brazo lleva una cesta de mimbre llena de bolsas de patatas, pero se vacía enseguida y vuelve a por más a cada rato. A los niños nos chiflan las "patatas de patatero", que así las llamamos para distinguirlas de las patatas fritas de nuestras casas. Son muy aceitosas y crujientes. También las llamamos "patatas a la inglesa" y nos las sirve en bolsas de papel porque el plástico todavía se usa poco. El señor patatero es muy moreno, morenísimo porque es un moro. Se ríe mucho y jamás pierde la sonrisa. La gente piensa que es uno de los moros que llegaron al norte de España con los legionarios para combatir contra los vascos y los cántabros. Lo piensan, no lo dicen. Hay miedo a decir lo que se piensa.
Por favor, síganme, volvamos al paseo. Dos guardias civiles muy serios están hablando con el heladero. La gente se aparta del carrito de los helados. Los guardias civiles dan miedo. Se lo llevan. No le esposan, pero se lo llevan. Es igual, si se escapa le aplican la ley de fugas: varios tiros por la espalda.
Posiblemente sea una historia triste y posiblemente no. Mucha gente piensa que el patatero delató al heladero y que a este le encarcelaron por mucho tiempo. Otros piensan que le fusilaron directamente. Pero también hay quienes piensan que solo le quitaron el permiso para vender helados y tuvo que buscarse la vida en otro pueblo.
Ya han pasado veintiun años desde el final de la guerra, ¡pero quién sabe!
Y, posiblemente, ni el heladero había sido gudari ni el patatero moro de Franco.