
( Manchester, Rìo Irwell )
El tren, tras una parada breve para que subiesen y bajasen viajeros y el pitido de rigor, salió de la estación de Warrington rumbo a Liverpool.
David Andrés pensó que, dentro de su desagradable situación en la vida, no le iban tan mal las cosas en La Gran Bretaña. Al primer día de su estancia en Manchester arrojó su teléfono móvil a las aguas del río Irwell para dejar de escuchar su molesta alarma, tras la cual no era difícil adivinar el interés de varias personas antipáticas por tratar de localizarle. Se compró un móvil por ocho libras en los grandes almacenes ASDA. No le costó apañarse con la nueva moneda, era muy parecida al euro. Otro cantar era el lenguaje, no les entendía ni papa a los ingleses y, obviamente, ellos le entendían menos a él. Ahora comprendía lo jodido que lo pasaban muchos emigrantes en España.
Su amigo Claudio Ferreiros, gallego y gordo, un hombre que conoció en Madrid en uno de sus empleos de hostelería, ( Claudio no era hostelero, repartía patatas Matutano por los bares y tiendas ) le ayudó a desenvolverse en el ambiente manchesteriano. Pronto aprendió a comprar en las tiendas y a desplazarse en los autobuses y tranvías. David Andrés comenzó a manejar el lenguaje básico del turista: "Yes, please", "No, thanks", "How much is it", "See you tomorrow", "Where is de bus stop?", "Damn, why bitch!"... y un largo capítulo de frasecillas que le sacaban de algún apuro.
Tuvo una suerte inmensa. A los diez días de su llegada a la histórica urbe, ya estaba currelando codo con codo con Claudio en la empresa de mudanzas "Albion Transports" Cuando su angustiosa situación se resolvió, comenzó a leer la novela que se había comprado en el Aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid: "18 asesinatos en el tren de Mataró" Ya solo le faltaban cuarenta y pico páginas para terminarla y la intriga le tenía pillado. El inspector Octavio Ortega aún debía resolver cuatro de los asesinatos, obra de un asesino distinto. El primer asesino ya estaba en la cárcel haciendo una huelga de hambre para llamar la atención de los medios y poder vender alguna exclusiva a la prensa basuril. La situación actual era terrible, pues el segundo asesino pretendía asesinar también al propio inspector y a su cuñada Alejandra, su más eficaz ayudante.
( Continuará, como siempre y si Dios quiere )

"David Andrés decidió romper con todo y largarse al quinto pino. Estaba demasiado atosigado por todos, por su novia Amor, que era celosísima, por su jefe, que estaba hasta el gorro de él, y por su amigo el acreedor, ex-amigo ahora.
A su novia le daba por acudir últimamente a la cafetería en donde trabajaba para "tenerle controlado", es decir, para hacer de "espantapájaras" en el caso de que a alguna clienta ligera de cascos le diese por conquetear con él. Y se pasaba toda la tarde con un café con leche haciendo que leía un ejemplar de la revista Pronto que se traía de casa, todos los días el mismo ejemplar.
Cierta tarde de sábado, estando la cafetería muy animada de público, un señor muy mayor intentó ligar con ella, pues como la había visto otros días, y siempre sola, se imaginó que era una "chica alegre". Puso su mano sobre la rodilla izquierda de ella y dijo: "Es usted más guapa que Sarita Montiel" El viejo tenorio recibió un tortazo de Amor y también cayó su taza de café con leche al suelo por el empujón que recibió la mesa al realizar un movimiento reflejo pos tortazo. Esto desesperó aún más al jefe de David Andrés, pues el personal del establecimiento y algunos clientes asiduos ya sabían que aquella tía con ojos de loca era la compañera sentimental del camareta carroza. Sentimental con sentimientos patológicos.
- Pero tú no sabes una palabra de inglés, David. - le dijo su amigo Claudio por teléfono desde Manchester - en tu oficio no puedes trabajar aquí porque a un waiter se le exige hablar bien el inglés.
- A un qué?
- A un camarero, coño. Todos los españoles que trabajan en La Tasca, El Rincón de Rafa o La Viña hablan perfectamente en inglés.
- Joder, me hablas de locales de Manchester como si yo estuviese allí.
- Vale, pero tú me entiendes.
Pero no le fue difícil convencer a Claudio de que le echase un cable. Sabía que Claudio era un buenazo y por eso había recurrido a él. De momento se alojaría en su casa y trataría de que le aceptasen en la empresa de mudanzas en la que él trabajaba. Total, cada no mucho tiempo se despedía alguien. Lo esencial era que aceptasen sus jefes a un recién llegado que no sabía ni jota ( pronúnciese "yei" ) de inglés.
Entre sus conocidos dejó caer la mentira de que se iba a Granada a casa de una tía ( tía parental ) y a otros les dijo que se iba a hacer el Camino de Santiago y que, concluido este, se quedaría a vivir en Corrubedo ( Costa Da Morte ) con una tía abuela enferma para cuidarla. Por supuesto, no les dijo ni por ahí te pudras a su jefe, a sus colegas del currelo, a su novia agonías y al coñazo de su ex amigo el acreedor. Y peor aún para su jefe porque le limpio parte de la caja del sábado, lo que el viejo había dejado en ella para pagar unas facturas de los proveedores el lunes: 375 euros. Con esta cifra y otros 250 euros que tenía en casa se atrevió a dar el salto al futuro. El billete de avión, solo de ida, por supuesto, lo compró en plan low cost por Internet, 60 euros. Cambió sus euros por libras en un despacho en donde no cobraban comisión y salió arreando hacia el aeropuerto. Aeropuerto Internacional Adolfo Suarez, antes Barajas. Se hizo una reflexión mientras cubría la distancia entre el metro y el mostrador de facturación de Easy Jet: Si llega a triunfar el intento de golpe del 23F, este aeropuerto se llamaría ahora "Antonio Tejero Molina", digo yo.
Vio la novela en el mostrador de un quiosco y no pudo resistirse a la tentación: "18 asesinatos en el tren de Mataró" de Camilo Coscojuela, su autor favorito. Había leído "La fría sonrisa de la muerta por cáncer de ovarios" y "Te mataré porque eres hijo ilegítimo de Julio Iglesias", y ambas novelas le habían fascinado.
No sintió miedo, como otros muchos viajeros, cuando los motores del gran aeroplano rugieron al inicio de la pista de despegue. La muerte le sudaba el órgano viril a David Andrés, e incluso más de una vez había pensado que le vendría bien irse ya de este barrio para evitar la puta decrepitud.
"Anda que... buscarme la vida ahora en Inglaterra, manda cojones!"
El gran pájaro de hierro describió un círculo sobre Madrid mientras ganaba altura. Vio nítidamente el río Manzanares y el estadio Vicente Calderón, este como una cajita de cerillas. La arboleda y el estanque del Retiro también destacaban de entre el conjunto urbano. En muy poquito tiempo Madrid se empequeñeció y varias formaciones nubosas se unieron para taparlo.
Intentó empezar la novela de Coscojuela, pero el sueño le venció.
El avión enfiló hacia los Pirineos.
( Continuará )

( Cuatro Caminos, Madrid )
Probablemente sus apellidos de anarquista habían influído para que el ritmo de vida pacífico y rutinario de David Andrés se torciese de pronto. Varios factores tuvieron que ver en esta torcedura. En el trabajo se sentía muy a disgusto y no podía optar fácilmente a otros empleos dada su "avanzada edad", 55 abriles, y la odiosa crisis que ya había mandado al paro a una cifra escalofriante de españolitos. David Andrés trabajaba de camarero en una cafetería de la madrileña glorieta de Cuatro Caminos. Su jefe estaba deseando echarle para poner en su lugar a un jovencito, a ser posible emigrante, peor pagado, por supuesto.
David Andrés llegaba tarde a menudo por las mañanas, defendiéndose con la mentira de que el metro se había averiado o que el autobús se las vio en un atasco de larga duración. Pero la verdad era que le daban las tantas por la noche enfrascado en la lectura de su gènero novelístico favorito, las historias de detectives viciosos y misóginos enfrentados a asesinos tan inteligentes como crueles. Y por las mañanas se le pegaban las sàbanas con Pegamento Imedio. Y, cuando no, su insomnio se debía a una bronca con su pareja, Amor. ( Sus padres habían tenido la muy espiritual idea de registrar y bautizar a la niña con el nombre de Amor de Dios, como esa calle que nace o desemboca en la plazuela de Antón Martín.) David Andrés y Amor tenían broncas casi a diario por los celos enfermizos de ella y la abulía de él, que ya estaba empezando a cansarse de ella.
Otro factor desencadenante del mogollón existencial de David Andrés: le debía dinero a un amigo que se lo prestó para comprarse un scooter. El scooter se lo quemaron unos pirómanos a la segunda semana de comprarlo y no lo había asegurado. El amigo prestamista exigía ahora su dinero y cada vez con más cabreo e insistencia.
No le quedaba otro remedio que dar un golpe de timón a su aciaga vida. Huir, esa era la salida. Huir y empezar de cero en otro lugar, aunque tuviese 55 años y muy pocas ganas de luchar.
( Mañana más! )

( Dos imágenes de Warrington )
David Andrés Ascaso Durruti viajaba en el tren Manchester- Liverpool leyendo una novela negra de Camilo Coscojuela: "18 asesinatos en el tren de Mataró" La novela estaba emocionantísima, ya que con esa palabrísima le gustaba definirla a él. Y sólo le quedaban cuarenta y pico páginas cuando el tren se detuvo en la estación de Warrington, la más importante localidad en el trayecto, unos 205.000 habitantes, gran centro industrial dedicado al acero, el textil, la química, etc., y que , incluso, con los romanos, ya contaba con industria. Aquellos romanos que avanzaron hacia Escocia conquistándolo todo. Hitler solo consiguió mandar bombas V2, el equivalente a los drones de Obama, pero Obama solo ataca a los malos.
Una referencia que hacía el autor de la novela al momento histórico en el que el tren Barcelona-Mataro se puso en funcionamiento, siendo esta línea férrea la primera en España, le hizo levantar los ojos del texto para saborear el hecho curioso de que él estaba viajando por el primer tramo de ferrocarril del mundo: Manchester-Liverpool. Curiosísima coincidencia!
Le distrajo la voz del revisor.
- Tickets, please!
Le mostro su billete "single"
- Thanks, sir!
Agradable temperatura pero amenazaba lluvia.
Su consuelo de tonto en estos días calurosos era que en España el "caloret", que diría una política no versada en la lengua de la ciudad de la que era alcadesa, pasaba varios grados de los cuarenta.
David Andrés tenía 55 años, era moreno, nariz como el pico de un pajarraco, muy delgado y desgarbado, "caído" hacia delante de cintura para arriba como si se tratase la Torre de Pisa con narizota.
Había emigrado de Madrid a Manchester y trabajaba en una empresa de mudanzas. Era un lobo solitario de sociabilidad relativa, según la conveniencia del momento. Su pasado, un tanto negativo, le había vuelto muy negativo. Feo, desgarbado y negativo, así se podría resumir a este individuo.
( Esto sigue, ¡no se lo pierdan! )
Aviso a los seguidores de este blog.
Mañana martes comienza un "culebrón blogueril", algo así como una zurbahistorieta en muchos episodios. Se titula "Muertos de novela"
Deseo fervientemente que lo disfruten.
Publicaré un episodio diario, excepto los días que no pueda publicar por fuerza mayor y otros días que decida publicar relatos para el "Concurso de relatos veraniegos de El Periódico del Prat"
Gracias por leerme!!
( Podeis seguirme también en Twitter y en Facebook )


Para el concurso veraniego de relatos cortos de El Periódico del Prat.
Fabiana tenía una risa cantarina. Contagiosa. Era una buena chica, una estupenda chavala, una educada señorita. Pero Fabiana era distinta porque pesaba 120 kilos a sus dieciocho años. Sin embargo, ella no estaba acomplejada.
"Tú no podrías hacerle nunca mal a nadie, eres muy buena" - le dijo un día su amiga Pepa. Para desconcierto de Pepa, Fabiana la miró muy seria y luego habló: "Yo le haré mal a quien me lo haga a mi, no te quepa la menor duda"
Pepa se quedó flipada. Fabiana había dicho "le haré", no "le haría" La buena de Pepa sintió un escalofrío en el cuerpo porque aquella no era la manera de sentir y de expresarse de "Fabi" y porque sus palabras le sonaron a profecía. Y no se equivocó.
Fabiana era muy feliz en sus veranos playeros. Le gustaba sentirse una "playnauta" en su flotador, un enorme neumático negro de camión. Todo el pueblo la conocía, nativos y veraneantes, y todos hablaban con ella mientras flotaba "a la deriva" a una distancia prudencial de la arena. Pero esta vez fue algo imprudente porque se alejó más de lo debido de los bañistas. Ya no podía tocar con los pies el suelo. Peor aún, la distancia al suelo era como de dos cuerpos. Una fatalidad, pues este era el día para el que habían planeado su "broma" los hermanos Sarmiento.
Julio y Honorio Sarmiento eran dos gamberros muy conocidos en el pueblo. Y, sin que ellos lo pretendiesen, la broma resultó macabra. Fueron buceando hasta donde se encontraba Fabiana y le pincharon con sendas navajas el neumático. Estaba ya bastante lejos de la orilla, lo suficiente para consumarse la tragedia. Fabiana se ahogó sin que nadie se percatase. Se acabó para siempre la risa cantarina que tanto les gustaba a todos. Los hermanos Sarmiento enmudecieron de pánico, pero después reaccionaron para dar la voz de alarma. Tarde. Muy tarde. Fabiana ya era un cadáver.
Los buenos oficios de un abogado de prestigio y la minoría de edad de los hermanos Sarmiento, libró a estos del reformatorio. Todo se redujo a "una broma sin maldad" según el avispado leguleyo.
Al siguiente verano
Se estaban bañando en la playa, era por la noche, una hermosa noche estrellada de Junio. Existía esa costumbre entre los jóvenes veraneantes y lugareños, bañarse a la luz de la Luna después del copeo por los bares, en pelotas o con bañador, a gusto de cada cual.
Julio le retó a Honorio: "A que llego antes que tú a la boya grande!" El hermano aceptó el reto y nadaron furiosamente durante un buen rato, pues la boya grande estaba muy alejada de la arena, mucho que el punto en donde se había ahogado Fabiana. Nadaban muy emparejados porque en todo se parecían ambos hermanos. Pero antes de que llegaran a la boya, oyeron algo que les puso los pelos de punta: la risa cantarina de la muerta, de la infortunada Fabiana que ya llevaba un año encerrada sin vida en su nicho.
"Ja, ja,ja,ja,ja,ja,ja...!!!
Era un a risa deliciosa, a todos les gustaba, pero ahora era la risa de una muerta, de un ser de ultratumba que había elegido, quién sabe con que oscuras razones del Averno, dar un escarmiento a los dos seres que le habían quitado la vida. Y era como si ella estuviese allí mismo en cuerpo físico. Esa aterradora impresión se apoderó los hermanos Sarmiento muy pronto, nada más oír las primeras risas. La sentían junto a ellos. En las venas de los chicos ya sólo había sangre helada. Estaban a punto de morir aterrorizados e irse al fondo como se había ido ella, pero el espíritu vengativo de Fabiana quiso más, más!
Honorio y Julio recibieron unos cuantos navajazos antes de morir definitivamente. La risa cantarina de Fabiana les acompañó hasta el fondo. El fondo de la misma playa en donde no debería haberse ahogado nadie.

Para el concurso veraniego de relatos cortos de El Periódico del Prat.
El hombre de la gabardina que recordaba a Humphrey Bogart se paró junto a la verja del colegio privado San Guardiano de Almonzordillo, en donde los reverendos padres guardianos instruían a los futuros votantes de derechas en el amor a Cristo y a su Santísima Madre y en el odio al comunismo, además de impartir las asignaturas que imponía la actual ley de enseñanza.
El hombre de la gabardina era un bicho raro porque no estaba el día para gabardina. Con casi treinta y cinco grados a la sombra era un incordio la susodicha prenda. Demasiado calor a las dos de la tarde, incluso en Almeria capital, y un verdadero castigo para los muchachitos que habían suspendido en Junio y ahora pasaban sus horas de playa en el colegio, soportando a los exigentes curas y sus clases de recuperación.
Pero el hombre de la gabardina de gangster chupaba un helado de tutti frutti. Osea, algo tenía este hombre para identificarse con el verano.
Los niños habían salido al patio a jugar con la pelota o a intentar fumar sin que les viesen los curas. Y todos sin excepción, peloteros y fumadores, echaban vistazos a sus teléfonos móviles o tecleaban en ellos.
Y fue Alvarito, un moreno chaparrete de doce años, el único que reparó en aquel hombre que miraba a través de la verja. Miraba al conjunto de críos que jugaban en el patio. Pero, de pronto, le miró a él. Las miradas del hombre raro y de Alvarito se cruzaron a través de la verja. Alvarito era el único niño del cole que podía establecer una semejanza entre aquel sujeto y Humphrey Bogart porque era cinéfilo prematuro. Había heredado la cinefilia de su padre.
El hombre de la gabardina le hizo una seña a Alvarito para que se acercase. No era lo normal, solían ser los niños los que llamaban la atención de los adultos pidiendo que les echasen por encima de la verja las pelotas que se les escapaban a la calle. Alvarito se acercó sin miedo, quería ver de cerca al hombre que se parecía a Humphrey Bogart y no solo en la gabardina, pues también su cara le recordaba al astro de Hollywood. Solo le faltaba el sombrero.
Cuando estuvieron ambos tan cerca que se podían tocar, pero no abrazar, porque la verja lo impedía, el hombre sonrío al niño con una sonrisa un tanto especial, una sonrisa fascinadora de detective amoroso. Era la sonrisa con la que "Bogie" conquistaba a las mujeres?...
Ya había terminado el helado y ahora encendía un pitillo con parsimonia, sin dejar de mirar al niño. Alvarito tampoco apartaba su mirada de los ojos de "Bogie" Los demás niños permanecían ajenos, alejados un montón de metros del hombre de cine y el niño curioso, entregados a la pelota o a los cigarillos. Y en ese momento el hombre comenzó a desabrocharse los botones de la gabardina, lentamente, muy lentamente, como si no tuviese ninguna prisa, pero es que los botones quedaban muy justos para los ojales y había que presionar un poquito. Y al final se descubrió bajo la gabardina una camiseta serigrafiada. Alvarito leyó: "Fábrica de sueños. Cine de Verano. Junto a la playa. Todos los días, a las 7, dos películas para todos los públicos. Solo por tres euros!" Y Bogart habló:
- Díselo a todos tus amigos, OK?
Y era la mismísima voz de Bogart!
El rey de la pantalla grande en blanco y negro le guiñó un ojo y se marchó. Alvarito le siguió con la mirada. Continuaba pasmado. Y de pronto descubrió algo que le impactó más todavía. Al otro lado de la calle le esperaban a Bogart otros tres grandes personajes: Charlot, Cantinflas y Marilyn Monroe.
Se acabó la magia cuando la voz de un cura guardiano atronó junto a su oído:
- Alvaro Coscojuela, usted siempre está solo. Mala cosa, muy mala cosa, el demonio anda cerca de usted y le impide oír la campanilla de regreso a clase. Venga, zumbando Coscojuela!
Por supuesto, no pensaba perderse ninguna película del cine "Fábrica de Sueños" de su pueblo.