Dos casos peliagudos
- Tengo el pálpito de que ambos casos no están relacionados. Este es un pueblo relativamente pequeño o relativamente grande, según se mire, que sólo da la imagen de población turística en verano. Sin embargo, los residentes de todo el año se conocen entre ellos la mayoría. Pero José Luis y Joselín no se conocían entre ellos, ni sus familias. Eso constaté ayer después de hablar con los padres de Joselín y hacer tres llamadas telefónicas, una a la madre de José Luis, otra a su novia y otra a su hermano. Hay un punto en común, que el arma asesina es un cuchillo, pero incluso es este aspecto hay diferencias, dado que el cuchillo jamonero con el que mataron a José Luis apareció, aunque sin huellas, y por lo tanto no puede ser el mismo cuchillo que se empleó para matar a Joselín. Pero yo pienso que tampoco puede ser el mismo asesino puesto que el modus operandi es muy distinto.
- Interrumpió García:
- Antes de incorporarse usted al caso, mi teniente, cuando estaba en Madrid, echamos un vistazo por la orilla de la cala, rastreando un poco debajo del agua. Si usted lo ordena podemos llamar a los submarinistas para que se empleen más a conciencia.
- De acuerdo, encárguese usted mismo, García.
- A sus órdenes.
- Más cosas, en el caso de José Luis nos encontramos ante una persona solitaria con una novia un tanta pija, aunque trabaje de cajera en un supermercado, y en una estancia en Madrid de la que se sabe muy poco. Cada vez estoy más convencido de que su muerte tiene que ver con su residencia en Madrid.
José Luis era un tipo raro y Pili es un poco borde, pero no se les conocen enemigos. Sin embargo, Joselín parece que lleva toda la vida dándose de hostias con todo el mundo. Era muy querido en el pueblo, de acuerdo, pero también muy combativo. Como se suele decir, no toleraba que le tocasen los cojones. A José Luis le despacharon en un parque cerca de su casa. A Joselín tuvieron que montarle una encerrona en un lugar alejado del pueblo y de muy difícil acceso.
Tenemos dos casos, señores, y los dos son peliagudos, porque los casos en los que no hay un hilo del que tirar desde un principio, prometen ser largos.
Avanzando un poco, y con cierto optimismo, podríamos aventurar que a Joselín se lo ha cargado alguien de aquí y a José Luis alguien de Madrid.
Jiménez, mañana dedicaremos el día entero a ver de cual de todas las peleas en las que se vio envuelto Joselín podemos deducir que ha surgido un deseo de venganza.
- Eran peleas más de poner a prueba la hombría que de otra cosa, - intervino Jiménez - la juventud cántabra es muy peleona, no es cosa de que se odien como los...
- Ya, ya lo sé, García, pero puede que entre tanto valentón nos encontremos un bicho malo. De todas formas, no tenemos otro hilo del que tirar en el caso de Joselín.
- Habló ahora Estébanez.
- Mi teniente, he telefoneado ya a un montón de agencias de toda España sin ningún resultado de momento.
- Empiece con las de Hollywood, ja, ja, ja!
( Continuará )
El Pozillo de los Frailucos.
- Visto de una manera pragmática, digamos que los muertos no van a resucitar para echarnos en cara que estemos contando chistes. Allá cada uno con su conciencia. - Dijo el inspector Madero, un hombre que creía en las divinidades tanto como en los politicos.
- Claro, claro... Oiga, pues yo ya no me acordaba de eso de que me pareció ver a José Luis en la tele.
- Haz un esfuerzo de memoria, por favor.
- No, si ahora sí me acuerdo, pero lo que no recuerdo son detalles. Me pareció verle, sí, o ver a alguien que se parecía a él. Creo recordar algo del pelo... pero no, coño, no me acuerdo! Creo que ese día estaba yo ciego de vino. Aquí en el norte bebemos mucho, sabe. Oiga, usted no es de esta tierra, verdad?
- He venido destinado, me incorporé hace tres semanas. Vale, pues si recordases el más mínimo detalle te agradecería mucho que te pusieses en contacto conmigo. Cualquier detallito, qué es lo que hacía, si se le veía paseando por la calle, si le estaban entrevistando... A lo mejor alguna de esas encuestas callejeras, o quizás haciendo de extra en una serie.
- Lo pensaré, lo pensaré, señor comisario, se lo prometo.
- Je, je!, dejémoslo en inspector.
Al salir del bar decidió dar un repaso a sus hombres a base de telefonía móvil. El concienzudo Estébanez había telefoneado ya a cuarenta y tantas agencias de actores, modelos y figurantes. Hasta ahora no había aparecido en los registros ningún José Luis Campillo Arenal. Estébanez había tenido una iniciativa: tras terminar con las agencias de Madrid, llamaba ahora a las de otras ciudades: Barcelona, Valencia, Bilbao... El muchacho bien podría haberse desplazado a otra ciudad.
Jiménez le informó que los senderos que convergían en el Pozillo de los Frailucos eran muy intricados, incluso peligrosos, y en algunos tramos se convertían en auténticos "rompepiernas" plagados de arbustos y argomas. Con razón los frailes de antaño y los nudistas de ahora habían elegido un sitio tan apartado de las miradas curiosas.
- Pues menos mal que estamos en Invierno, mi teniente, porque los nudistas no nos habrían dejado bajar vestidos.
- Ja,ja,ja!... Oiga, y a las señoras les habría encantado ver a Brad Pitt desnudo, ja,ja,ja!... Perdone usted, Jiménez. Alguna conclusion?
- De momento solo extrañeza. Era un día muy jodido de viento cuando ocurrió el asesinato. Tuvieron que echarle cojones para bajarle hasta allí.
- Osea, que debemos descartar la posibilidad de que lo hayan matado en otro lugar y luego lo hayan trasladado hasta el "Pozillo"
- Por supuesto, les habría resultado más fácil lanzarlo al agua con una piedra haciendo peso desde un acantilado.
- Nos vemos dentro de una hora en la comandancia para cambiar impresiones. Yo voy ahora a entrevistarme con los padres de Joselín.
- A sus órdenes, mi teniente.
- Ustedes sigan interrogando a los remeros.
( Continuará )
Buscando setas.
El comandante Uribezubia, tras interesarse por algún possible avance en el caso de José Luis, le dio ánimos a Madero. Sobre el otro caso no le preguntó nada porque imaginó que no les había dado tiempo de arrancar.
- Sé que es mucha presión para ustedes, Madero, pero confío en su trabajo. Con el refuerzo de Garcia y Estébanez lo pueden llevar un poco mejor. Los demás estamos tan atosigados como ustedes y jugándonos el tipo. Ya se habrán enterado del cruce de disparos que mantuvimos ayer con los atracadores de la sucursal de Caja Cantabria.
- Sí, mi comandante.
- Gracias a Dios estamos todos vivos, menos dos de los atracadores. Madero, manténgame informado en todo momento, y mire con lupa eso de la aparición de la victima en un programa de television.
- Por supuesto, mi comandante.
Estébanez seguía entregado a su trabajo, silencioso y muy laborioso, por no decir fastidioso. Tras hacerse con una lista de agencias de actores, modelos y figurantes de Madrid, gracias al libro Cine Guía, se dedicaba a telefonear una a una preguntando si tenían registrado a un tal José Luis Campillo Arenales.
Madero envió a Garcia y Jiménez al "Pozillo de los Frailucos" para que examinasen palmo a palmo el terreno en donde había tenido lugar el asesinato de Joselín. Le interesaba saber por cual de los diferentes senderos que descendían a la cala se habían movido el asesino y su victima, en dónde habían aparcado en el caso de llegar allí en vehículo, etc. ( En google encontró fotos y descripciones del lugar ) Después interrogarían a los remeros de la trainera. El se había reservado una visita a la familia, pero primero queria hablar hablar con Valero Zamalloa, el hombre que había visto en la tele a "alguien que se parecía a José Luis Campillo"
Era la hora del vermut y el Bar La Montañuca estaba lleno de bebedores de vino y devoradores de pinchos. No tardó en descubrir al carismático Valero. Le habían dicho que era un tipo un tanto singular, dotado de un talento especial para contar los chistes. Un corro de unas diez personas estaban pendientes de él.
- Dos vascos que están buscando setas en el monte con sus cestitas y tal, y con las txapelas bien puestas. Y va uno de ellos y grita: "Oye, Patxi, mira, mira!... mira lo que me he encontrado!... un rolex de oro!... un rolex de oro!" Y el Patxi que le mira muy serio... y va y le suelta: "Cagüen la hostia, Josetxu, pero estamos a setas o estamos a rolex, coño!... céntrate!"
Carcajada general del público incondicional de Valero.
El inspector tuvo que esperar tres chistes más hasta que el grupito se disolvió y pudo abordar al showman. Valero Zamalloa era un individuo muy divertido que gozaba del aprecio de sus paisanos, sobre todo de los jóvenes.
- La verdad es que, después de lo de José Luis y Joselín, no me apetece mucho contar chistes, pero me han animado diciéndome que los muertos preferirían que no estuviésemos tristes. Surrealismo puro. Qué le parece? Yo, como no creo en nada...
( Continuará )

La tele muda
El funeral de José Colindres "Joselín" estuvo cuajado de llantos, lamentos e imprecaciones en voz baja contra "el hijo de puta que haya hecho esto" Era impresionante ver llorar como niños a curtidos lobos de mar y a los remeros de la trainera.
Madero, Jiménez, Garcia y Estébanez estuvieron en la iglesia y en el cementerio, tratando de captar alguna mirada, algún comentario, algo que les iluminase en el caso.
El día anterior, Madero y Jiménez, se habían entrevistado con Nisio Campillo en el bar La Montañuca. El mecánico apareció con su grasiento mono azul de trabajo.
- Perdonen ustedes la facha pero estamos hasta arriba de trabajo y el jefe solo nos da una hora para comer. Por eso no voy a casa. A veces mi madre me pone en una fiambrera algo de carne, pescado o tortilla y otras veces como aquí, que no es caro y se come bien. - Hizo una pausa y surgió en su mirada un aire de crispación. Se dirigió al teniente: - Oiga, qué hostias pasa en este pueblo?!, también han matado a Joselín, que era otro ser humano como mi hermano José Luis. Me cago en la puta hostia!"
- Cálmate, Nisio. Vamos a sentarnos.
Se colocaron en una mesa algo alejada del resto de los comensales. A Nisio le sirvieron unas alubias rojas con chorizo y tocino, y habló con los guardias mientras comía. Estos pidieron café con leche.
- Cuando su compañero...
- Jiménez. - dijo Jiménez.
- Bueno, pues cuando su compañero Jiménez me habló de una posible relación de José Luis con la tele, me pareció una chorrada, pero de pronto me vino a la cabeza algo que... bueno, que a lo mejor es una tontería o a lo mejor no. Ojalá les sirva para llegar al asesino.
Los ojos de Jiménez y Madero taladraban más que miraban al mecánico. Estaría a punto de decir algo importante, tan importante como para tirar de un hilo en la investigación?
- Pues un conocido me dijo que había visto un tío en la tele que se parecía mucho a mi hermano. Claro, no le di ninguna importancia porque siempre hay gente que nos saca parecidos con alguien. No les ha pasado eso también a ustedes?
Habló Jiménez:
- A mi me han dicho algunos que me doy un aire a Brad Pitt, pero no me lo parece.
- Ja, ja, ja, ja!
El inspector no pudo reprimir la carcajada.
- Bueno, bueno, vamos a centrarnos en el tema. Recuerda en que programa de television fue?
- Qué va, ni lo recuerdo ni creo que lo recuerde él, porque lo vio cuando estaba con la pandilla en un bar tomando vinos. Ya ve usted, el bar con todo el follón de la gente, hablando en voz alta, y la tele con el volumen bajo. Lo de siempre. En los bares solo se pone la tele con sonido cuando echan fútbol o regatas. Así que me olvidé enseguida de la historia. Pero al día siguiente una chica también me lo dijo.
- Lo interesante sería recordar si se trataba de un serie, de un programa de entrevistas, de un telediario...
- Uf, ni idea!... Ya le digo, no le di importancia, y ni lo recordaba hasta que han venido ustedes con el tema. Oiga, suponiendo que sea mi difunto hermano el de la tele, esto tiene que ver con su asesinato?
- No sabemos aún nada, Nisio, lo siento. Pero daremos con el asesino, eso tenlo por seguro. Recuerdas quién fue ese conocido que te lo dijo?
- Sí, de eso sí me acuerdo: Valero, se llama Valero Zamalloa.
( Continuará )
El forense al habla
- Caray, mi teniente, le pillan estando fuera todos estos asesinatos.
- Sí, debe ser que no me gusta ver sangre, je, je!... De cualquier forma. "todos los asesinatos" son sólo dos, y toquemos madera para que no haya un tercero.
- Esta vez ha sido un degollamiento, ya lo ve usted. - lo dijo mientras señalaba con su dedo índice al cuello del cadaver - He cosido la cabeza al tronco lo mejor que he podido para que la familia se impresione lo menos posible. Veintiún años, un chavalín más majo que las pesetas, que yo le conocía muy bien, aunque ultimamente se metía mucho en peleas.
- Y un ídolo local, según tengo entendido.
- Sí, el mejor proel que hemos tenido.
- Bien, pues vayamos a lo nuestro, doctor. Tome notas, Garcia. Cómo le han degollado?
- Con un cuchillo, y ha sido "muy poco profesional" el canalla que haya sido porque, aunque el cuchillo cortaba bien, lo ha utilizado un par de veces. Ya ve usted que chapuza. Para cortar un cuello basta con un simple tajo, normalmente de izquierda a derecha si el asesino es diestro, pero quizá le ha impresionado la sangre y ha titubeado, o era un hombre de pocas fuerzas. Lo cierto es que le ha dado una muerte muy cabrona al pobre chaval.
- Dónde ha aparecido el cadaver?
- En el "Pozillo de los Frailucos", una cala escondida en donde antiguamente se bañaban los frailes del convento de San Veremundo y que hoy lo utilizan para sus baños los nudistas del camping Los Pinos. Lo llamamos "pozillo" para al bajar la marea suele quedar una charca grande en medio del pedregal.
Madero hizo un aparte para atender una llamada de Jiménez.
- Siga tomando notas, Garcia. Dígame, Jiménez.
- Una sorpresa, mi teniente. Nisio, el hermano mayor de José Luis, me ha dicho que sí recuerda algo referente a su hermano y la tele, pero no ha podido precisarme más porque tenía mucho trajín en ese momento. Es mecánico y trabaja en el Taller Barrencúa de la Calle Padre Basabe, la misma calle del Ahorro Mogollón. He quedado en verle dentro de una hora, cuando salga a comer.
- En dónde ha quedado?
- En el bar La Montañuca, está a unos cien metros del taller.
- Allí estaré yo también, Jiménez. Mientras tanto acérquese a la Sociedad de Remo y pida los nombres de los remeros que más se relacionaban con Joselín. A los familiares los dejaremos para un poquito más adelante porque deben estar destrozados los pobres.
- Se acumula el trabajo, mi teniente.
- Así es, García.
- Jiménez, mi teniente!, soy Jiménez.
- Coño, ya estoy perdiendo el norte!... Dos asesinatos a un tiempo es estresante, no le parece?... Ah, otra cosa, mañana nos acercaremos al Pozillo de los Frailucos.
( Continuará )
Formando equipo.
Jiménez le presentó a los dos guardias que había designado el comandante para ayudarles en su trabajo. El resto de los efectivos estaban repartidos entre las labores de decomiso de la droga de los narcobarcos, los controles de carretera y la colaboración con los equipos de especialistas que acechaban a los etarras.
- Son los guardias de primera Estébanez y Garcia, mi teniente.
Madero les dio un afectuoso apretón de manos, tras el preceptivo saludo militar.
Jiménez le comunicó a continuación:
- Conseguí que su madre nos dejase investigar en el ordenador de José Luis, mi teniente. Nada de nada, lo eliminaba todo diariamente, incluídos los correos de su novia.
- Hablé ayer con Doña Amaia por teléfono sobre la posible intervención de José Luis en un programa televisivo. Tampoco sabe nada, empieza a parecerme una familia muy "incomunicada", y la novia es más estirada que un chotis.
- José Luis en television? - preguntó sorprendido Jiménez.
- Es una conjetura, pero no hay que descartarla. Busque al hermano de José Luis, Nisio, y a sus amigos, y pregúnteles a ver si recuerdan algo que relacione a José Luis con la tele. Usted, García, acompáñeme a ver ese cadáver y a hablar con el forense. Estébanez, prepare un listado de las agencias de actores y figurantes de Madrid y las telefonea una a una.
Todos se cuadraron y Garcia incluso dio un taconazo.
- No, por favor, señores, que no estamos en la mili. Disciplina sí, pero sin golpes de efecto.
( Continuará )
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ZURBAHISTORIETAS del Sábado presenta...
Duro aprendizaje
El maestro Chu Lonlín y su aventajado discipulo Kagu Ching estaban sentados sobre unas robustas piedras enfrente de una gran charca.
- Venerable maestro, yo podría saltar de una orilla a otra de esta charca?
- Con su voluntad el ser humano puede lograr grandes empresas - dijo en tono solemne y con la mirada dirigida al Infinito el sabio instructor del afanoso aprendiz, y añadió: - Tales son las enseñanzas del venerable lama Valdivieso.
- Y qué dice el venerable lama Valdivieso, venerable maestro?
- Dice: podemos.
- Ah!
- Con tu voluntad y tu esfuerzo lograrás grandes objetivos, pequeño saltacharcos.
Motivado por las palabras del sapientísimo anciano, Kagu Ching se situó a una cortísima distancia de la orilla, tomo carrerilla y... cayó sobre una piedra picuda que estaba casi al ras de la superficie, perdiendo el equilibrio y pegándose un morrazo contra otra piedra también oculta por las sucias aguas de la pestilente charca.
A duras penas se incorporó con su túnica empapada y chorreando sangre por la nariz.
Desconcertado dirigió una mirada implorante al maestro.
- Venerable maestro, no me habeis dicho que con su voluntad el ser humano puede lograr grandes empresas?
- Así es, pequeño saltacharcos, pero esa no era la lección de hoy.
- Y cual era la lección de hoy, amado maestro?
- Que la gilipollez humana es infinita. Nunca lo olvides.