Vuelta a casa
La muerte en trágicas circunstancias de Joselín conmocionó a los vecinos de Lobodoiro y a todos los aficionados al remo de la región.
Madero tuvo que interrumpir su labor en Madrid y trasladarse urgentemente a su tierra para tomar las riendas del nuevo caso.
Al ir a coger el coche al aparcamiento de Atocha vio la salida de los primeros autobuses con voluntarios que partían rumbo a La Coruña para limpiar las playas de "chapapote", una palabra "nueva" para el resto de los españoles con la que pronto se familiarizarían. Junto con los paisanos voluntarios viajaban bomberos voluntarios y policías municipales voluntarios. Estos se encargarían de coordinar a los grupos de civiles.
Madero empezaba a mosquearse. Había un asesino en Lobodoiro empeñado en cargarse a jóvenes?... Tenía alguna relación el asesinato de José Luis Campillo con el de José Luis Colindres "Joselín"?... Lo de Madrid había sido una pérdida de tiempo?...
"Casi mejor que lo de Madrid sea una pista falsa, porque sin más datos es como buscar una aguja en un pajar. En dónde podría estar registrado José Luis, caso de que estuviese registrado, entre sopotocientas agencias dedicadas al espectáculo, representantes, productoras y la biblia en verso?!... Uf, para morirse de asco en el intento!"
No obstante, prefirió atar cabos. Detuvo el coche en un area de descanso de tierras burgalesas y telefoneó a Doña Amaia Arenales, la madre de José Luis.
- Perdone que la moleste, Doña Amaia, soy el inspector Madero.
- No es molestia, dígame usted.
- Le comentó su hijo algo referente a un trabajo en television? Haga memoria, por favor.
- José Luis en television?!... Uy, qué va, con lo reservado que era, no me lo imagino.
- No tiene usted ni la más minima referencia de algo así, no?
- Por supuesto, ya le conté todo lo que sé sobre su estancia en Madrid y...
- Perdone... perdone que la interrumpa, Doña Amaia. Hay algo que no está claro y lo sabe usted. José Luis solo trabajó tres semanas en el Bar Praia. Lo he confirmado yo mismo en Madrid. De qué vivió el resto del tiempo si usted no le envió dinero?... Además, vestía bien, según me han informado.
- Ay, pues ya le he dicho que no lo sé, inspector! José Luis siempre se lo callaba todo, era muy reservado. El telefoneaba de vez en cuando para decirnos que estaba bien, y yo me imaginaba que seguía trabajando en ese bar.
No hubo manera de sacarle nada nuevo a la apenada madre. Ya iba camino de cumplirse dos semanas desde la fecha del asesinato y no sólo carecía de la más minima pista , sino que ahora se complicaba la cosa con un nuevo cadaver. "O a lo mejor este nuevo muerto nos trae alguna pista", se dijo en un momento optimista, mientras dejaba a su izquierda el desfiladero de Pancorbo y a su espalda la árida meseta castellana, internándose en la primera zona montañosa de su camino por Las Vascongadas.
( Continuará )
Okupas
Decidió no entrar en busca de Rubén. En caso de que no se encontrase allí en ese momento, los demás okupas le avisarían de que "un tipo con pintas de madero" le estaba buscando. Y a lo mejor Rubén había decidido pasar de él. Hizo guardia desde la acera de enfrente, vigilando las salidas y entradas de los marginales por el portón del edificio "okupado" Entró en un par de ocasiones a descargar la vejiga y a tomarse un "cafelito" Temía que en ese tiempo mínimo Rubén hubiese entrado o salido del inmueble. Al final se acercó hasta el portón con la idea de preguntar al primer okupa con el que topase. Resultó ser una chica rubia con todo el aspecto de estar "flotando" en lo más dulce de un "viaje"
- No está aquí, - respondió con una sonrisa de hare krisna regalando pastelitos - no le hemos visto desde ayer por la mañana.
Apareció un rubio con trazas de ser europeo nórdico. Llevaba unos malabares y no se extrañó porque su chica estuviese hablando con un desconocido carroza. Dedicó una sonrisa a ambos y cogió a la chica de la mano. Se fueron en dirección a la glorieta de Atocha para hacer su actuación de malabares frente al Museo Reina Sofía. Ella pasaba la gorra sonriendo mucho.
Madero pensó que la chica no le había engañado. Otro jovencito, este con acento asturiano, se lo confirmó:
- No, aquí no está, y si no vuelve va a ser mejor para todos, porque nosotros no somos vagos, hacemos cosas interesantes, oiga: enseñamos a hablar bien el español a los emigrantes, tenemos talleres de música, de manualidades... y Rubén solo viene a dormir y a ver lo que pilla de la nevera. No participa en nada, es un parásito.
"Caray, con el chocolatero, se ha buscado un hotel gratis!", pensó Madero.
Visto que no avanzaba a la velocidad que él pretendía, decidió informarse en una comisaría. En efecto, su sospecha era fundada, Rubén estaba "retenido" en la comisaría de la calle de La Luna, junto con otros cuantos por una pelea tumultuosa en el barrio de Malasaña, "moros contra cristianos", una version sui generis de las antiguas cruzadas. Le indicaron que estaban a punto de soltarle. Se acercó hasta la calle de la Luna y esperó.
- Me habló poco porque sabía poco del Lobo. Trabajó solo durante tres semanas en el Praia y luego Bibiano le trató un par de semanas más, pero no todos los días, hasta que le perdió la pista.
- Le dijo porqué dejó el trabajo en el Praia?
- Le dijo una gilipollez, que le habían ofrecido un trabajo en television. Fíjese, si era un tío de lo más rancio, qué coño iba a hacer en la television?!... Lo más seguro que algún maricón viejo quería tirárselo. Oiga, hay muchos maricas que van a la Puerta del Sol a buscar chavales, sabe?
Esto le abría una nueva vía de investigación. El "rancio", el "modosito" al que todos creían en su pueblo un sujeto pasivo, seriecito, muy formalito... se había transformado en los Madriles en un bohemio con ganas de conquistar la fama?... o se trataba simplemente de una oferta para trabajar como extra en alguna producción televisiva o como "público" en algún programa?... De cualquier forma, no eran actividades que congeniasen con el carácter retraído del muchacho.
La alarma del móvil le distrajo de sus reflexiones. Era Jiménez.
- Se nos amontona el trabajo, mi teniente. El comandante nos ha asignado otro caso que a lo mejor está relacionado con el de José Luis.
- Otro asesinato?
- Sí, ha aparecido degollado José Colindres, el famoso "Joselín", proel de la trainera de Lobodoiro.
( Continuará )
Madrid, Madrid, Madrid...
En las horas siguientes, Madero hizo todo lo posible por localizar a Rubén, pero el marginal parecía haberse evaporado. Necesitaba saber si Bibiano le había comentado algo sobre José Luis antes de que le despachasen para el otro barrio.
"Hay que joderse, como se repiten las muertes ante la cara de uno en este jodido oficio!"
Finalmente, en la Plaza de Agustín Lara, cerquita de Lavapiés, un golfillo que se dedicaba a pedir a todos los bichos humanos que pasaban por su lado "cincuenta céntimos que me faltan para el bocadillo", le facilitó la "actual dirección" de Rubén a cambio de un billete de cinco euros.
- Está de okupa en un piso de Ronda de Valencia, en el numero 120, no es muy lejos de aquí. Conoce Madrid?
- Sí, un poco.
- Porque usted tiene un acento de vasco o algo así, no?
- Sí, de la parte de Cantabria.
"Es increible lo afable que puede volverse un hosco golferas si le untas con cinco euros. Bueno, esto sirve también para los de guante blanco: Urdangarín era el sumun de la amabilidad cuando cerraba sus sustanciosos negocios con ayuntamientos y comunidades autónomas"
- Oiga, yo no le he dicho nada, eh! - se apresuró a advertir el golferas cuando el inspector se se alejaba.
Luego les diría a sus amiguetes de correrías que un "etarra" le había preguntado por Rubén.
- Pues le he dicho en dónde está, que se joda, y si no que me hubiese pagado los cinco pavos que me debe. Y al que se vaya de la húmeda me lo cargo, por mis muertos.
Madero echó un último vistazo a la estatua de Agustín Lara.
"Parece mentira, este hombre nunca estuvo en Madrid y es el autor de la canción más emblemática de esta capital"
Mientras cruzaba por el Lavapiés de los yonquis, emigrantes y bohemios ( y escritores, también aquí vive Ian Gibson ) enfilando hacia la Ronda de Valencia, le sonaron en sus pensamientos la música y la letrilla del popular chotís: "Cuando vengas a Madrid, chulapa mia, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés, alfombrate de claveles la Gran Vía y bañarte con vinillo de Jerez. En Chicote un agasajo postinero con la crema de la intelectualidad, y la gracia de un piropo retrechero más castizo que la calle de Alcalá. Madrid, Madrid, Madrid..."
Un Madrid muy diferente, sin duda, aquel que conoció el inmortal Lara, sin el Atlético de Madrid y sin el Real Madrid, sin las Torres de Kio ni los rascacielos de la Plaza de España. Un Madrid sin conciertos de rock, pero con muchas zarzuelas y unos cincuenta teatros funcionando a tope, tanto con "altas comedias" y dramas como con obras del "género ínfimo", "sicalípticas", "comedias de magia"... Un Madrid con corridas de toros más crueles que las de ahora, suciedad en las calles, mortalidad infantil a niveles dramáticos... Un madrileño de hoy en día que viajase en la máquina del tiempo, no se identificaría con aquel Madrid, pero si reconocería Lavapiés, Mesón de Paredes, Amparo, Ave María... Aquí apenas ha cambiado la fisonomía de calles y edificios, tan solo son distintas sus gentes, muy distintas, pues pertenecen a una diversidad de países. Dicen los expertos en demografía que en pocos años la población española será un mosaico de razas similar a lo que ya es Lavapiés.
( Continuará )
Pasado y presente
Bibiano se alojaba en una pensión miserable de la calle de La Espada, muy cerca de Tirso de Molina. Madero le siguió hasta allí. Al día siguiente, si Rubén no le buscaba para establecer el contacto, vendría a buscarle a la pensión, aunque le quedaba otra opción: la cuesta de Moyano. Se preguntó si no estaba siendo demasiado correcto, quizá lo mejor hubiese sido abordarle la primera que le vio por la calle, pero eso podría haber provocado que el marginal se negase a hablar.
Aprovechó las primeras horas del anochecer para hablar con Encarnita y con Jiménez. Su subordinado no había encontrado aún ninguna pista que le llevase algún sitio. El tampoco, pero al menos se sentía satisfecho por seguir a aquel chorizo, algo era algo. Quizá no fuese en vano el esfuerzo de sus dos primeros días en Madrid. El descubrimiento de que el difunto tuvo una "vida oculta" en la capital del Reino, ya era un acicate para él. A lo mejor su asesino lo hizo para saldar una cuenta pendiente. "No me lo cobro en money, pero me lo cobro con tu vida", algo muy propio de hampones.
A la mañana siguiente se dio un paseo por el Retiro. Recordó los buenos momentos de su luna de miel, cuando Encarnita y él viajaron a Toledo, Avila, Aranjuez y Madrid. Estuvieron muy amartelados y se hicieron muchas fotos en la "Casa de Cristal" y a bordo de una barquita en el popular estanque, en el cual, según cuentan las crónicas, "midieron su esfuerzo" los remeros de Castro Urdiales y Vizcaya "delante de la reina de las Españas", Doña Isabel II, una reina tan desastrosa como carismática, lo mismo que su señor padre, Don Fernando VII.
Al salir del Retiro, según bajaba por la Cuesta de Moyano, se encontró con el ladrón de chocolate.
- Vale, pues que sí, que va a hablar con usted, pero que no tiene mucho que decir.
- En dónde está?
- Dentro de una hora aquí mismo.
- Vale, gracias, Rubén.
Y le extendió un billete de veinte euros.
- Toma, para chocolate, pero del bueno, no del de fumar.
La caminata le había despertado el apetito, así que se acercó hasta la típica y cutrecilla "La Casita de los bocadillos" y pidió uno de panceta con pimiento verde. Acompañó la degustación con una cañita de tintorro peleón. En la barra del diminuto establecimiento ( su pequeñez no admitía mesas ) se mezclaban turistas, mendigos y algún oficinista con su traje y corbata. Las palomas y los pajaritos entraban osadamente a por los restos de los bocadillos esparcidos por el suelo. Justo enfrente, al otro lado de la calle, la planta baja de un antiguo edificio, estaba ocupada por un MacDonalds, que hacía esquina con el Paseo del Prado, y la famosa discoteca Kapital. A pocos metros de La Casita de los Bocadillos, casi en la esquina de la glorieta, una señora vendía frutos secos en un antiquísimo puesto, tan antiquísimo que la licencia de venta había sido obtenida en tiempos de Carlos III. Pocos años después, el nuevo gobierno municipal "conservador" de Madrid, denegó la renovación de la licencia y desapareció otro símbolo del viejo Madrid.
Abandonó el establecimiento y se dirigió a Moyano, cruzando primero Atocha y luego el Paseo del Prado. Un estrépito de sirenas policiales le alertó de la presencia de varios coches de munipas y nacionales al principio de la popular Cuesta. Al acercarse al lugar vio que los munipas estaban espantando a los curiosos. Dos policias nacionales colocaban las cintas amarillas de "línea de policía, no pasar"
Madero tuvo un presentimiento negativo y acertó. En el suelo había un cadáver al que acababan de tapar con el papel plateado que se utiliza para tapar a los fiambres de la calle hasta que llega el juez. Dos vagabundos pasaron por delante de Madero. Uno de ellos le dijo al otro: "Ha sido el hijo de puta del Loco que se ha cargado al Bibiano. Le ha metido un par de "mojadas"
( Continuará )
Rubén y Bibiano
- Es un madero blando, estoy seguro, aunque él jura que no es madero.
- Bueno, vale ya, tío, con todo el rollo que me has soltado, al final no sé de qué cojones va ese menda.
- Joder, ya te lo he dicho, quiere hacerte preguntas sobre el Lobo, aquel que curró muy poco tiempo en el Praia.
Bibiano no contaba con muchas simpatías entre los viejos vendedores callejeros de Atocha y El Rastro, pues ellos vendían o malvendían libros y objetos que se encontraban en la calle o que se los compraban a bajísimo precio a particulares que querían desprenderse de ellos. Pero Bibiano robaba novedades editoriales en las grandes tiendas como El Corte Inglés o en las grandes librerías como La Casa del Libro de la Gran Vía y las vendía a mitad de precio. Su "clientela" se los encargaba, una clientela absolutamente despreocupada por el sistema con el que Bibiano conseguía el género. Preferían hacerse los tontos y ahorrarse un buen dinero, teniendo en cuenta lo caros que son en este país los libros recién publicados. Bibiano "afanaba" el libro que le habían encargado y si se ponia otro a tiro lo pillaba también. Ultimamente el libro más solicitado era "Los Pilares de la Tierra" de Ken Follet. Esquivaba cámaras y seguratas con especial maestría. Los libros que no le habían sido encargados, los ponía a la venta junto a los libros de los vendedores de libros usados, los cuales se mordían la lengua para no mandarle a la mierda, porque si la policía se enteraba de que allí se vendía género robado, podía significar la ruína para todos. Bibiano era consciente del mosqueo de los viejales, pero pasaba de ellos. Aún así ya había tenido un par de enganches con uno al que llamaban "El Loco" Siempre necesitaba urgentemente dinero porque su dependencia del "caballo" ya era muy grande. Perra vida y más perra la de los perros callejeros!
Rubén y Bibiano se comieron un bocata en El Brillante y después caminaron un rato por Ronda de Atocha y Santa María de la Cabeza. El ladrón de libros no lo tenía muy claro.
- Hay varios que me buscan, lo sabes bien, les debo guita a gente muy chunga. Menos mal que no están al loro de que ahora opero en Atocha, pero cualquier día me ven por casualidad y...
Hizo el gesto elocuente de rebanarse el cuello con una navaja.
- Joder, tronco, ese tío no te busca a ti, si ni siquiera sabía que existes. Se lo dijo el Tino, ya te lo he contado, cojones!... El nota busca al pringado ese de Cantabria, al Lobo.
- Ya, ya me lo has dicho, no me des la barrila más hostias!... Ya veré lo que hago!
El inspector Madero les estaba viendo a los dos desde la otra acera. Llevaba un rato siguiéndoles a una prudente distancia. Por nada del mundo hubiese permitido que se le escapase la única persona que podía darle algún testimonio de las actividades de José Luis en Madrid. A aquel sujeto ya le había visto vendiendo libros nuevos en la parte baja de Moyano, así que si no accedía a hablar con él le abordaría directamente.
"Ay que joderse, el que todos tenían por un chico ejemplar, resulta que se mezclaba con esta gentucilla. Manda huevos el gremio de hostelería!"
- Sabes que te aprecio, Bibiano. Por qué no dejas de pincharte, tronco?
- Ya me vas a tocar los cojones otra vez?!
( Continuará )
Celebrando el triunfo de España
( Mundial de Rusia, 2.018 )
En Rusia fue el gran escándalo. "La Roja" ( España! ) recuperó el honor perdido en Brasil. Corría el año 2.018 de la Era Cristiana y ya pasaba casi siglo y medio desde que se inventó el fútbol, un deporte que absorbía las mentes de millones de personas, liberándoles de los malos rollos a los que les tenían sometidos los malos gobernantes. Un deporte para gozarlo como espectáculo, tal cual lo hacían los antiguos romanos en el circo. Un deporte de masas!...
Pero el escándalo fue doble porque nadie se esperaba el final de la final, la guinda, el broche de oro, el apoteosis en aquella finalísima entre España e Inglaterra.
80.000 espectadores asistían al evento en el Estadio Vladimir Putin de Moscú. Millones de almas humanas lo seguían por television desde todos los confines del planeta. En el palco de honor, centrando su mirada en el terreno del combate futbolero, estaba el nuevo rey de Inglaterra, sucesor de la recientemente fallecida Isabel II, su madre, el flamante monarca Carlos de Inglaterra, acompañado de la reina consorte, Camila Parker. En representación de España habían acudido Sus Majestades Felipe VI y Letizia Ortiz, así como el nuevo presidente del gobierno, Don Pablo Iglesias Turrión, la presidenta de la Generalitat de Catalunya, Doña Teresa Coscojuela y su secretario de relaciones internacionales, Don Jesús Valdivieso, rodeados todos ellos de personalidades eclesiásticas, financieras y mafiosas. Y, como no!, el dirigente ruso Vladimir Putin, forjador de la nueva Rusia para millonarios sin escrúpulos.
Faltaban unos pocos segundos para que el arbitro pitase el final del encuentro y el resultado era de empate a uno. Y resurgió el "milagro Iniesta", como en el 2.010 en Sudáfrica. El incombustible Andrés Iniesta, veteranísimo de la primera division española y de los mundiales balompédicos, logró burlar el control de los defensores ingleses con increible habilidad, internándose en el area enemiga y marcando un soberbio golazo que puso a todo el mundo civilizado futbolístico en pie. El delirio, el éxtasis absoluto!...
Cornetas y claxones sonaron por todos los rincones de España. Unos pocos segundos después el arbitro pitaba el final del match. "España!, España!, España!"... coreaban millones de gargantas. Doña Teresa Coscojuela y Don Jesús Valdivieso se fundieron en un largo abrazo. El Rey de Inglaterra, que se había quedado dormido minutos antes, preguntó quién había marcado y se llevó una tremenda decepción al escuchar la respuesta, aunque lo suyo no era el fútbol, sino el polo, osea que no fue tan tremenda la decepción.
Y entonces sucedió lo inesperado. El jovencísimo Teodoro Pichámbrez, una brillante promesa que debutaba en este mundial, al que todos llamaban "Picha", se despojó de su camiseta, calzón y calzoncillo, quedando en cueros vivos delante de todos los asistentes al estadio y televidentes planetarios, millones de almas forofas, y empezó a dar volteretas de alegría mientras su "cilindrín" se cimbreaba graciosamente.
La mayoría de los eufóricos españolistas reían como locos, pero algunos degenerados de la religión y el conservadurismo miraban el espectáculo con mala leche, especialmente el homófobo Putin y los popes ortodoxos. Ni los negrazos que levantaron el puño en Berlín habían logrado un efecto tan demoledor en unos dirigentes.
Los compañeros de "Picha", que ya conocían muy bien a su siempre sorpresivo playmate, se carcajearon nada más verle en esta tesitura. Y de pronto sucedió lo "inevitable", porque la euforia suele ser contagiosa: cinco futbolistas le imitaron. Y el cachondeo triunfalista se extendió a las gradas, un centenar de forofos hicieron tres cuartos de lo mismo.
Casi al unisono ocurrieron dos hechos singulares en el mundo: Las cadenas de televisión musulmanas interrumpieron la conexion y docenas de miles de forofos españoles se desnudaron en calles y plazas de pueblos y capitales, y también se apuntaron a la "juerga naturista" muchísimas mujeres, incluso las abuelas de una sociedad de jubilados. Pero no se pudo evitar que los vándalos metiesen baza, cosa que suele ocurrir en este tipo de celebraciones. Un grupo de nudistas quemó una iglesia; nudistas vandálicos abrasaron coches y contenedores, destrozaron cristales de bancos y de grandes superficies comerciales... Nudistas del Frente Atlético mearon y cagaron junto a las puertas del Estadio Santiago Bernabeu. La policía se empleo a conciencia contra los nudistas en la Puerta del Sol de Madrid, en la Plaza de Cataluña de Barcelona y en otros enclaves importantes, y se dieron algunos casos de testículos destrozados por impacto de pelotas de goma. ( Un antidisturbios se excusó diciendo que él había disparado al aire )
Al día siguiente se recuperaría la calma porque el mundo sólo enloquece a ratos, tan sólo pierde el norte un poquito con el fútbol y la guerra. Criaturitas dichosas semos!
Rubén
Madero disponía ahora de cuatro nombres de jóvenes trabajadores de la hostelería que habían pasado por el Bar Praia, junto a algunas referencias acerca de dónde se les podía localizar.
A "Rubén" lo encontró esa misma tarde tras preguntar en varios bares de Lavapiés. ( Muy cerquita de Antón Martín si se baja por Ave María ) La última referencia se la dio una chica muy joven que cargaba con cuatro niños y dos perros.
- Le he visto entrar hace un rato en el Mercadona.
- Muchas gracias.
- De nada. Toñín, no pegues a tu hermano, que te doy una hostia!
Le localizó en la planta baja del Mercadona. Rubén estaba engullendo una tableta de chocolate, aprovechando la ausencia del segurata y fuera de tiro de la cámara más próxima. En esas fechas estaban mejor dotados de cámaras los bazares chinos que los hipermercados nacionales o multinacionales. ( Las cámaras del metro Atocha tampoco pillaban in-fraganti a los argelinos )
Rubén se asustó en un principio, pensando que aquel hombre era un segurata de paisano. Pero Madero no pensaba identificarse, así que el ex camareta podía tomarse todo el chocolate que le pidiese el cuerpo.
- Tú me serviste más de una vez. - Mintió el guardia. - Yo solía entrar en el Praia.
- Pues no le recuerdo.
- Claro, ya han pasado unos años. Es que estoy buscando a José Luis, sabes?, que es sobrino mio y tiene que cobrar una herencia. Creo que vosotros le llamabais "El Lobo"
- Ah, sí, ya me acuerdo. Pues le jodía mucho que le llamásemos Lobo. Ya, ya lo recuerdo bien, sí. Era un tío muy callado, no se enrollaba con nadie.
- No sabes en dónde para?
- Que va, ni ahora ni antes. Conmigo apenas tuvo trato el poco tiempo que estuvo en el Praia.
- Y no sabes a dónde se fue después del Praia?
- Pues no.
Rubén ya estaba un poco mosqueado porque quería terminar el chocolate antes de que bajase alguna de las reponedoras, y le jodía hablar mientras masticaba. Era su primera comida del día.
- Mira, tengo aquí apuntados otros tres nombres, me los ha facilitado Tino: Oscar, Arturo y Bibiano. Quién de ellos crees tú que me podría hablar de José Luis?
Arturo seguro que no, murió en una pelea hace ya la hostia de tiempo. Oscar se casó con una francesa y se fue con ella a Francia. Bibiano...
- Si?
- Oiga, seguro que usted no es policía?
- No, no lo soy, segurísimo!
En realidad no mentía, él era guardia civil.
- Mire, Bibiano y yo nos buscamos la vida, sabe usted?, que lo de la hostelería está muy chungo, y cuando sale algo resulta que es para trabajar catorce horas y cobrando una mierda. Pero no tiramos de navaja como los cabrones de los moros. Mire, a lo mejor Bibiano le puede hablar del Lobo porque entre ellos sí se contaban cosas. Yo creo que Bibiano fue el único tío con el que habló algo El Lobo. Pero tengo que hablar yo con él primero.
- No me puedes llevar ahora a donde esté Bibiano?
- No!... No me joda, oiga, yo no quiero lios con nadie. Yo hablo con Bibiano y él me dirá si quiere verle.
- Vale.
Admitió su derrota. Insistir hubiese sido peor.
- En dónde para usted?
Le dijo que podía localizarle en el Hotel Mediodía, paseando por la Cuesta de Moyano o en el tramo del Paseo del Prado que comunica Atocha con la gran pinacoteca, tres espacios en torno a la glorieta. No se atrevió a facilitarle su número de móvil porque aún no sabía con qué tipo de ganado estaba lidiando.
- Mañana yo le busco si Bibiano dice que sí. Pero, dígame, va a soltar usted la guita por la información?
Madero aún no tenía experiencia en el trato con confidentes, pero supo improvisar.
- Si me da la información que busco, seré generoso.
( Continuará )