sábado, 21 de junio de 2014

Zurbahistorietas del sábado presenta...







Celebrando el triunfo de España
( Mundial de Rusia, 2.018 )

En Rusia fue el gran escándalo. "La Roja" ( España! ) recuperó el honor perdido en Brasil. Corría el año 2.018 de la Era Cristiana y ya pasaba casi siglo y medio desde que se inventó el fútbol, un deporte que absorbía las mentes de millones de personas, liberándoles de los malos rollos a los que les tenían sometidos los malos gobernantes. Un deporte para gozarlo como espectáculo, tal cual lo hacían los antiguos romanos en el circo. Un deporte de masas!...
Pero el escándalo fue doble porque nadie se esperaba el final de la final, la guinda, el broche de oro, el apoteosis en aquella finalísima entre España e Inglaterra.

80.000 espectadores asistían al evento en el Estadio Vladimir Putin de Moscú. Millones de almas humanas lo seguían por television desde todos los confines del planeta. En el palco de honor, centrando su mirada en el terreno del combate futbolero, estaba el nuevo rey de Inglaterra, sucesor de la recientemente fallecida Isabel II, su madre, el flamante monarca Carlos de Inglaterra, acompañado de la reina consorte, Camila Parker. En representación de España habían acudido Sus Majestades Felipe VI y Letizia Ortiz, así como el nuevo presidente del gobierno, Don Pablo Iglesias Turrión, la presidenta de la Generalitat de Catalunya, Doña Teresa Coscojuela y su secretario de relaciones internacionales, Don Jesús Valdivieso, rodeados todos ellos de personalidades eclesiásticas, financieras y mafiosas. Y, como no!, el dirigente ruso Vladimir Putin, forjador de la nueva Rusia para millonarios sin escrúpulos.

Faltaban unos pocos segundos para que el arbitro pitase el final del encuentro y el resultado era de empate a uno. Y resurgió el "milagro Iniesta", como en el 2.010 en Sudáfrica. El incombustible Andrés Iniesta, veteranísimo de la primera division española y de los mundiales balompédicos, logró burlar el control de los defensores ingleses con increible habilidad, internándose en el area enemiga y marcando un soberbio golazo que puso a todo el mundo civilizado futbolístico en pie. El delirio, el éxtasis absoluto!...
Cornetas y claxones sonaron por todos los rincones de España. Unos pocos segundos después el arbitro pitaba el final del match. "España!, España!, España!"... coreaban millones de gargantas. Doña Teresa Coscojuela y Don Jesús Valdivieso se fundieron en un largo abrazo. El Rey de Inglaterra, que se había quedado dormido minutos antes, preguntó quién había marcado y se llevó una tremenda decepción al escuchar la respuesta, aunque lo suyo no era el fútbol, sino el polo, osea que no fue tan tremenda la decepción.

Y entonces sucedió lo inesperado. El jovencísimo Teodoro Pichámbrez, una brillante promesa que debutaba en este mundial, al que todos llamaban "Picha", se despojó de su camiseta, calzón y calzoncillo, quedando en cueros vivos delante de todos los asistentes al estadio y televidentes planetarios, millones de almas forofas, y empezó a dar volteretas de alegría mientras su "cilindrín" se cimbreaba graciosamente.
La mayoría de los eufóricos españolistas reían como locos, pero algunos degenerados de la religión y el conservadurismo miraban el espectáculo con mala leche, especialmente el homófobo Putin y los popes ortodoxos. Ni los negrazos que levantaron el puño en Berlín habían logrado un efecto tan demoledor en unos dirigentes.
Los compañeros de "Picha", que ya conocían muy bien a su siempre sorpresivo playmate, se carcajearon nada más verle en esta tesitura. Y de pronto sucedió lo "inevitable", porque la euforia suele ser contagiosa: cinco futbolistas le imitaron. Y el cachondeo triunfalista se extendió a las gradas, un centenar de forofos hicieron tres cuartos de lo mismo.
Casi al unisono ocurrieron dos hechos singulares en el mundo: Las cadenas de televisión musulmanas interrumpieron la conexion y docenas de miles de forofos españoles se desnudaron en calles y plazas de pueblos y capitales, y también se apuntaron a la "juerga naturista" muchísimas mujeres, incluso las abuelas de una sociedad de jubilados. Pero no se pudo evitar que los vándalos metiesen baza, cosa que suele ocurrir en este tipo de celebraciones. Un grupo de nudistas quemó una iglesia; nudistas vandálicos abrasaron coches y contenedores, destrozaron cristales de bancos y de grandes superficies comerciales... Nudistas del Frente Atlético mearon y cagaron junto a las puertas del Estadio Santiago Bernabeu. La policía se empleo a conciencia contra los nudistas en la Puerta del Sol de Madrid, en la Plaza de Cataluña de Barcelona y en otros enclaves importantes, y se dieron algunos casos de testículos destrozados por impacto de pelotas de goma. ( Un antidisturbios se excusó diciendo que él había disparado al aire )
Al día siguiente se recuperaría la calma porque el mundo sólo enloquece a ratos, tan sólo pierde el norte un poquito con el fútbol y la guerra. Criaturitas dichosas semos!

viernes, 20 de junio de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 12 )







Rubén


Madero disponía ahora de cuatro nombres de jóvenes trabajadores de la hostelería que habían pasado por el Bar Praia, junto a algunas referencias acerca de dónde se les podía localizar.
A "Rubén" lo encontró esa misma tarde tras preguntar en varios bares de Lavapiés. ( Muy cerquita de Antón Martín si se baja por Ave María ) La última referencia se la dio una chica muy joven que cargaba con cuatro niños y dos perros.
- Le he visto entrar hace un rato en el Mercadona.
- Muchas gracias.
- De nada. Toñín, no pegues a tu hermano, que te doy una hostia!
Le localizó en la planta baja del Mercadona. Rubén estaba engullendo una tableta de chocolate, aprovechando la ausencia del segurata y fuera de tiro de la cámara más próxima. En esas fechas estaban mejor dotados de cámaras los bazares chinos que los hipermercados nacionales o multinacionales. ( Las cámaras del metro Atocha tampoco pillaban in-fraganti a los argelinos )
Rubén se asustó en un principio, pensando que aquel hombre era un segurata de paisano. Pero Madero no pensaba identificarse, así que el ex camareta podía tomarse todo el chocolate que le pidiese el cuerpo.
- Tú me serviste más de una vez. - Mintió el guardia. - Yo solía entrar en el Praia.
- Pues no le recuerdo.
- Claro, ya han pasado unos años. Es que estoy buscando a José Luis, sabes?, que es sobrino mio y tiene que cobrar una herencia. Creo que vosotros le llamabais "El Lobo"
- Ah, sí, ya me acuerdo. Pues le jodía mucho que le llamásemos Lobo. Ya, ya lo recuerdo bien, sí. Era un tío muy callado, no se enrollaba con nadie.
- No sabes en dónde para?
- Que va, ni ahora ni antes. Conmigo apenas tuvo trato el poco tiempo que estuvo en el Praia.
- Y no sabes a dónde se fue después del Praia?
- Pues no.
Rubén ya estaba un poco mosqueado porque quería terminar el chocolate antes de que bajase alguna de las reponedoras, y le jodía hablar mientras masticaba. Era su primera comida del día.
- Mira, tengo aquí apuntados otros tres nombres, me los ha facilitado Tino: Oscar, Arturo y Bibiano. Quién de ellos crees tú que me podría hablar de José Luis?
Arturo seguro que no, murió en una pelea hace ya la hostia de tiempo. Oscar se casó con una francesa y se fue con ella a Francia. Bibiano...
- Si?
- Oiga, seguro que usted no es policía?
- No, no lo soy, segurísimo!
En realidad no mentía, él era guardia civil.
- Mire, Bibiano y yo nos buscamos la vida, sabe usted?, que lo de la hostelería está muy chungo, y cuando sale algo resulta que es para trabajar catorce horas y cobrando una mierda. Pero no tiramos de navaja como los cabrones de los moros. Mire, a lo mejor Bibiano le puede hablar del Lobo porque entre ellos sí se contaban cosas. Yo creo que Bibiano fue el único tío con el que habló algo El Lobo. Pero tengo que hablar yo con él primero.
- No me puedes llevar ahora a donde esté Bibiano?
- No!... No me joda, oiga, yo no quiero lios con nadie. Yo hablo con Bibiano y él me dirá si quiere verle.
- Vale.
Admitió su derrota. Insistir hubiese sido peor.
- En dónde para usted?
Le dijo que podía localizarle en el Hotel Mediodía, paseando por la Cuesta de Moyano o en el tramo del Paseo del Prado que comunica Atocha con la gran pinacoteca, tres espacios en torno a la glorieta. No se atrevió a facilitarle su número de móvil porque aún no sabía con qué tipo de ganado estaba lidiando.
- Mañana yo le busco si Bibiano dice que sí. Pero, dígame, va a soltar usted la guita por la información?
Madero aún no tenía experiencia en el trato con confidentes, pero supo improvisar.
- Si me da la información que busco, seré generoso.


( Continuará )



jueves, 19 de junio de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 11 )







Tino y El Lobo


Trató de recomponer el gesto, modulando la voz hasta lograr un tono más cordial.
- Mire usted, me consta que trabajó aquí. Fue sólo durante tres semanas y quizá por eso no le recuerda. Pero le agradecería que hiciese memoria. José Luis va a cobrar una herencia y es preciso que le localice. Yo soy tío suyo.
- Pues sigo sin recordar al tal José Luis, y eso que tengo buena memoria para los nombres. No vea la de camareros que pasan por un bar al cabo del tiempo!... De dónde dice que es?
Madero lamentó no haber traído una fotografía de José Luis. Se preguntó si el negrito le estaría tomando el pelo.
- De Cantabria, de un pueblo que se llama Lobodoiro.
- Ah, coño, el Lobo, el Lobo!... Ja, ja, ja, ja!... Ahora caigo, hombre, es que aquí le llamábamos el Lobo.
Los dos barmen sonrieron al ver al jefe tan eufórico, aunque no sabían de qué iba la película porque habían estado atendiendo a varios clientes.
- Cierto, cierto, sólo estuvo tres semanas, pero luego me lo encontré por la calle algunas veces. Pues sí, seguro que tengo por aquí el contrato de trabajo.
- Dígame, eh... Bueno, mi nombre es Máximino, usted...
- Diamantino, pero me llaman Tino.
- Si no es una indiscreción, podría decirme porqué dejó este trabajo José Luis?
Tino decidió ser cauto. A estas alturas de la historieta ya sabía que estaba bregando con un "madero" ( lo que no podia imaginarse es que era un "picoleto" que se apellidaba "Madero" ) Mientras hablaba le sirvió el cafelito.
- Pues la verdad es que me sorprendió mucho su "espantada" porque él estaba contento aquí. Dijo que le habían hecho una oferta para trabajar en una cafeteria de la Plaza de Castilla y que le pagaban el doble que yo, pero no me lo creí. Además, algunos clientes le encontraron por la calle vagueando. Eso sí, me dijeron que vestía bien y que no tenía pintas de drogadicto ni nada de eso. Y usted no le ha visto desde entonces?
- Pues no. Sabe usted en dónde podría localizar algunos de sus barmen que trabajaron con él. Quizá ellos sepan algo.
- Uf, vaya usted a saber en dónde paran!
A pesar de eso le dio algunos nombres y vagas referencias de posibles lugares en dónde localizarles, y de paso aprovechó para lamentarse de lo poco que duran los camareros en un bar, unos porque son culos inquietos y otros porque meten mano en la caja y hay que echarlos.
Al salir del bar recibió una llamada de Encarnita para decirle que le echaba mucho de menos y que se abrigase, "que luego vienen los resfriados"
- Ten cuidado, Maxi, que no se te note mucho que eres guardia civil. Ya sabes que en Madrid hay muchos terroristas escondidos"
- Sí, cariño, me cuido.

( Continuará )

miércoles, 18 de junio de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 10 )







Atocha arriba



Visto lo visto, Madero sintió vergüenza ajena, un muy fuerte ramalazo de vergüenza ajena, provocado por los policías que "permitían" aquel estado de cosas. Esta policía tan "valiente" con los vendedores callejeros, tendría después su parangón en la policía maltratadora de unos ciudadanos que se manifestarían contra los "ajustes económicos" de un gobierno inepto: una pandilla de neofranquistas vendidos a los capitalistas salvajes provocadores de una gravísima crisis.
Se dio una ducha, se cambió de calzoncillos y calcetines y se puso la zamarra de cuero. A pesar del solillo, los vientos fríos procedentes de la sierra del Guadarrama se hacían muy presentes en las calles de la Villa en esta época invernal.
Hasta Antón Martín solo había una parada de metro, pero decidió subir la "cuesta de Atocha" andando. A fin de cuentas no era una cuesta muy pronunciada y necesitaba estirar las piernas después de la larga "cabalgada" en coche. Eso y la ducha que se había dado, le mantendrían espabilado toda la tarde.
Recordaba muy bien aquella zona de Madrid de cuando le daban libertad en la Escuela de Guardias Jóvenes de Valdemoro y se acercaba a "los Madriles" con algunos compañeros para beber, intentar ligar o ir directamente a putas.
"Cuántisima historia hay aquí!", pensó observando el entorno. Al otro lado de la calle estaba la casona que albergó en su día la primera imprenta de El Quijote. En alguna de aquellas calles que daban a Atocha se encontraba el convento de las monjas Trinitarias, donde yacían los huesos del inmortal Don Miguel, el glorioso "Manco de Lepanto" Por un momento fantaseó con la idea de que iba a cruzarse con Alatriste y su amiguete Quevedo. Alatriste es un personaje ficticio de Pérez Reverte, pero hecho a imagen y semejanza de muchos héroes de los Tercios de Flandes. También rememoró a Lope de Vega y Calderón, dos habituales de estos andurriales, unos andurriales que entonces no contaban con la gran lengua de asfalto de ahora, pisada por endemoniadas máquinas rodadoras y rebuznadoras de bocinazos. Tampoco frecuentaron estos lares los argelinos ladrones, porque cuando aquello se llamaban "berberiscos" y operaban por las costas de Levante.
Enseguida llegó a la Plazuela de Antón Martín y descubrió el Bar Praia y su pizarra exterior: "Desayunos, churros y porras, raciones, bocadillos" Simultáneamente tuvo otro recuerdo: A muy pocos metros de allí, siguiendo Atocha en dirección a la Plaza de Benavente, estaba el trístemente célebre inmueble "55 de Atocha", en donde una banda de inmundos animalejos fascistas mataron a varios abogados laboralistas. Decididamente, lo mejor y lo peor de la Historia se mezclaba en aquella ancestral calle madrileña.


Entró en el Bar Praia y se dirigió al que supuso que era el dueño, porque era el único hombre negro entre los tres barmen que operaban en la barra.
- Qué va a tomar el caballero?
- Póngame un cafelito, por favor. Que sea cortado.
De pronto había recordado que los madrileños castizos suelen decir cafelito.
Sin darle tiempo a que se girase hacia la cafetera, le dijo:
- Estoy buscando a una persona y quizá usted pueda ayudarme.
- Dígame, caballero.
- Se trata de un chico que trabajó aquí hace unos cinco años. Se llama José Luis Calvillo.
El caboverdiano lo pensó sólo un segundo.
- Pues no, no recuerdo a nadie con ese nombre.
Y de inmediato se volvió hacia la cafetera.
Madero no estaba dispuesto a que le tomasen el pelo. No tenía una puñetera pista del caso, pero sí tenía muy claro que José Luis sí había trabajado allí.
- Pues yo recuerdo que sí trabajó aquí!!
Lo dijo en un tono tan alto que el caboverdiano se volvió asustado.


( Continuará )

martes, 17 de junio de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 9 )








Costumbrismo madrileño

El "machaca" de los trileros le hizo señas elocuentes al castañero que estaba situado a unos veinte metros de los mangantes, indicándole que ya iban por los 200 euros. El "pringado" ya llevaba perdida esa suma y aún se pensaba que podia ganarle a su competidor, el hombre que amablemente le habia invitado a jugar permitiendole ganar 10 euros en su primera apuesta. La capacidad persuasiva de los "ganchos", su excelente trabajo en equipo, funcionaba como una máquina perfectamente engrasada, una maquina de vaciar los bolsillos de los incautos.
El "machaca" era el más torpón de los pillos, no valía para gancho, por eso le asignaban la mision de "dar el agua" cuando divisaba en lontananza el coche de la "bofia", cosa que ocurrió en este mismo momento.
- Agua!, agua!
Los trileros se evaporaron en un santiamén dejando al "isidro" absolutamente pasmado. También se "abrieron de naja" los de la banda de rateros argelinos que tiraban de bolsos, carteras, móviles, cámaras fotógraficas y de video de los confiados turistas que acudían al Museo Reina Sofía, especialmente de las japonesitas y los viejos anglosajones.
Pero la eficiente policía municipal madrileña solo venía a por los tres o cuatro viejos que venden libros de segunda mano y quincalla ( el fruto de "la busca" nocturna en las papeleras y contenedores basuriles ) en la acera del Hotel Mediodía y el Bar El Brillante ( el de los grandes bocatas de calamares ) Aquella pobre gente estaba a años luz de los topmanteros de los cedés y no significaban ninguna competencia para las tiendas. Una vez más los "munipas" demostraban su "firmeza" ante una falta administrativa que les distraía de acciones más arriesgadas... y necesarias.
El inspector Madero se alojó en el Hotel Mediodía. No era muy caro, pero en el caso de que la investigación en Madrid se prolongase, buscaría una pension económica. No estaba dispuesto a despilfarrar el dinero de las dietas como cualquier politico sin escrúpulos. En todo caso prefería hacerle un buen regalo a Encarnita.
La habitación no estaba mal, pero tampoco era un lujazo. Lo mejor de todo es que le ofrecía una hermosa panorámica de la glorieta con la estación ferroviaria y el soberbio edificio del Ministerio de Agricultura. Su habitación estaba en la tercera planta. También alcanzaba a ver la célebre Cuesta de Moyano, la de las viejas casetas grises de compra y venta de libros, y una parte del histórico Jardín Botánico.
Miró hacia abajo. Los vendedores marginales no se habían vuelto a colocar, quizá porque temían una nueva emboscada de los "munipas" ( a veces estos fingían marcharse, pero daban rapidamente una vuelta a la manzana y les sorprendían de nuevo ) o quizá porque les habían quitado todo el género.
Entonces vio con indignación como unos jóvenes magrebís ( luego se enteraría de que eran argelinos ) rodeaban a unas jovencitas japonesas para robarles, ante la pasividad de los transeuntes y actuando de forma muy rápida. Las chicas se resistieron, pero los delincuentes las "convencieron" con un par de puñetazos y un corte de navaja.
La diplomacia japonesa ya había protestado ante estos ultrajes, advirtiendo incluso de que aconsejaría a sus paisanos que no viajasen a España, pero el nuevo "costumbrismo madrileño" se resistía a desaparecer.

( Continuará )

lunes, 16 de junio de 2014

Tres casos del inspector Madero ( 8 )






( Dársena de Castro Urdiales. Al fondo el conjunto monumental )

El viaje

Salió tempranito para llegar a Madrid sobre el mediodía. El Sol prometía su aparición a pesar de que reinaba el Invierno y en el Norte suele ser ventoso y lluvioso por norma general. 
Dejó atrás los pueblecitos de Valdurriales, Fresnedoso y Lagunilla. Discurrió por Laredo, Liendo e Islares cuando amanecía. Pasó por Castro Urdiales contemplando una hermosa panorámica de la "ciudad", ( que tal titulo ostenta desde 1.909 ) . Era "villa" desde 1.163, título otorgado por Alfonso VIII ) panorámica enriquecida por las tres construcciones que se yerguen juntas y orgullosas sobre el perfil de la costa: La iglesia medieval de Santa María de la Asunción, el puente romano sobre el que se asienta el faro y el peñón de Santa Ana, coronado por una pequeña ermita. ( Armas, Escudo y Señal... Castillo, Puente y Santa Ana... Naos, Ballena y Mar Llana... son de Castro la Leal ) Bellísima zona monumental, pétrea herencia de los antepasados.
Enfilando hacia el Alto de Saltacaballos le acompañó un tímido sol. Allí abajo, en la mar de cántabros, autrigones y después flavios ( los romanos colonizadores ) varios buques mercantes navegaban hacia Bilbao. 
Pasó por Ontón, La Rigada y El Haya ( linea divisoria entre Cantabria y Vizcaya ) Dejó atrás "Petronor", la refinería petrolera de Somorrostro, en pocos minutos, aproximándose al "Botxo", dentro del discurrir de un tráfico tranquilo, que por algo se había anticipado a la caravana mañanera de los que se dirigen a sus trabajos en Bilbao, Baracaldo, Portugalete y otras localidades de ambos márgenes de la ria.
Durante breves minutos tuvo a su izquierda, abajo, el río Nervión, convertido ya en la popularísima "ria", y el imponente arco del  estadio San Mamés, "la Catedral del Fútbol"
Un largo tunel le llevó hasta Arrigorriaga. Atravesó tierras alavesas y se despidió de las verdes montañas norteñas al rebasar el desfiladero de Pancorbo, ya en la meseta burgalesa.
A partir de Burgos el paisaje se volvió árido y monótono, toda una vasta extensión de la muy ancha Castilla, la de tantos pastores, hidalgos, nobles, pícaros... Por donde cabalgó "con doce de los suyos" el muy combativo Don Rodrigo Diaz de Vivar, al que los moros llamaron "Cid Campeador"
Comió sin prisas pero con frugalidad en un área de servicio, y bebió café solo largo para no dormirse en los tediosos kilómetros que aún debía recorrer hasta llegar a su destino. Aún se entretuvo durante un largo rato leyendo un periódico burgalés y mirando distraidamente a la tele, aunque despertaron su atención los comentarios referentes al gran suceso que vivía España en esos dias: Un gran barco petrolero llamado "Prestige" acababa de hundirse frente a las costas gallegas, provocando un desastre ecológico de enorme magnitud.
Llegó a Madrid a la 1´30 de la tarde de un día soleado y fresquete con algunas nubes altas. Tras rodear la villa por la M30, tomó la salida de Santa María de la Cabeza, que le llevó directamente a Atocha. Estacionó en un parking junto a la estación y se sumó a la riada colorista de viajeros y maletas que fluía de los trenes AVE y cercanias dirigiéndose a la Glorieta de Carlos V, más conocida por Glorieta de Atocha. Algo menos de año y medio faltaba para que algunos de esos vagones de cercanías se convirtiesen en hierros retorcidos y cuerpos humanos muertos o mutilados por obra y gracia del terrorismo islámico.
A pocos metros de donde Tony Leblanc y Antonio Ozores timaron a un confiado "isidro" por el procedimiento de "la estampita", en la célebre película Los Tramposos, operaban en este momento los modernos "trileros", y estaban desplumando a otro agilipollado "isidro".

( Continuará )

sábado, 14 de junio de 2014

Zurbahistorietas del sábado presenta...







En manos del enemigo

Allí abajo estaba su siguiente presa. Le quedaban un par de bombas y las iba a utilizar de la misma forma provechosa que las anteriores. Hizo una pasada sobre el convoy militar para elegir su presa y remontó rapidamente el vuelo.
Ya había elegido: era un land rover que se desplazaba entre dos carros de combate, como si estos lo escoltasen. Posiblemente un pez gordo, un general.
Describió un largo círculo hasta conseguir la posición de ataque más adecuada.
Llegando ya al convoy, descendió en picado con la temeridad acostumbrada. Justo delante del morro del aparato tenía al land rover. El descenso era de infarto. En el mismo instante que tiró de la palanca hacia arriba para iniciar brúscamente el ascenso, pulsó el botón de lanzamiento de las bombas. El arreón que pegó el avión en ese instante, solo podia soportarlo un hombre concienzudamente entrenado.
Mil metros más arriba miró hacia el suelo y comprobó su obra: el land rover ardía con sus ocupantes dentro, y unas llamaradas gigantes se elevaban desde el enorme cráter que habían producido las bombas.
Orientó el avión hacia la base pensando ya en una buena ducha y en una mejor cena. Siempre regresaba de sus misiones con un apetito extraordinario.
Pero un trágico destino le aguardaba. El avión empezó a hacer ruídos raros y a perder altura. Durante varios minutos intentó hacerse con su control, pero fue en vano. "Maldito cacharro!" Estaba cansado de oír que el Eurofighter ( un juguetito cuyo precio rondaba los 80 millones de euros ) solía tener fallos importantes, demasiado importantes, pues ya habían sucedido varias tragedias. "Su puta madre, me ha tocado a mi esta vez!"
No tuvo más remedio, pulsó el botón de eyección y al momento se vio descendiendo lentamente bajo la campana de un paracaídas. "Pues menos mal que ha funcionado el sistema de eyección!" En el preciso instante de pulsar el botón había recordado que también se registraron fallos en los sistemas de eyección de varios aparatos.
Vio a lo lejos al "maldito cacharro" estrellarse contra una colina.

Caer en manos del enemigo era ahora su gran temor. Se afanó en recoger a toda leche el paracaídas para ocultarlo entre unos matorrales y salir pitando hacia un bosque próximo, pues en aquel llano estaba demasiado expuesto a ser descubierto.
Un hombre detuvo su motocicleta muy cerca de él. El piloto sacó su pistola y le apuntó.
- No tema, amigo, pertenezco a una familia de granjeros que vivimos en aquel monte. - y señaló hacia el monte - Todos trabajamos para la Resistencia. Venga, suba a la moto!
Por el camino le explicó que los militares rebeldes confiaban en ellos. "No sospecharán que hemos recogido a un piloto enemigo" Pero el piloto no las tenía todas consigo, el temor a caer en manos de los soldados a los que había bombardeado era muy fuerte.
Instintívamente se llevó la mano a uno de los bolsillos de la camisa en donde guardaba la cápsula de cianuro que le libraría de una insoportable session de tortura.
Sus temores, no obstante, se disiparon al conocer a la simpatica familia de granjeros, tres agradables matrimonios con sus niños, cabras, ovejas y caballos.
- Pero los soldados pueden aparecer por aquí en cualquier momento.
- No tema - le dijo uno de ellos - no sospechan de nosotros. De todas formas, una de las mujeres va a bajar al pueblo a hacerse la encontradiza con ellos, y les dirá que le hemos visto a usted subir a un coche y alejarse.
Tantas explicaciones apaciguaron sus nervios. Logró conciliar el sueño y la mañana siguiente transcurrió en paz y armonía para todos. Sólo hasta las primeras horas de la tarde para uno.

A la mañana siguiente una patrulla de soldados llegó a la granja, pero no dieron con él. La simpatica familia que formaba aquella asociación secreta de antropófagos se lo había merendado el dia anterior.
Había caído en manos del enemigo... y de sus estómagos.