Fidelio, un enano de los más pequeños con un cipote de los más grandes, había embarazado al infeliz Bernabé en esta loca aventura, y por tal razón... Perdón, me he equivocado, quiero decir que había embarcado al infeliz Bernabé en esta loca aventura, y por tal razón él había de ser su salvador y no otro.
Estudió los movimientos del salvaje durante dos largas jornadas, hasta llegar a la certeza de que este sólo se separaba del fermoso Bernabé para cagar, y acuclillabase en tal cometido junto a unos matorrales a diez u once varas de donde dormían y comían. ( "Vara": medida de longitud medieval. Qué comían?: Aún les quedaban algunos trozos de Bwgongo y yantábanlos asados, muy hechos, y aunque en un principio a Bernabé le daba repulsión, no tuvo otro remedio que nutrirse para no morir de hambre )
Así pues, el audaz Fidelio esperó el momento de la próxima defecación del salvaje para destruirle. Sor Casta y Sor Aparicia estuvieron durante un día preocupadísimas porque el enano les había dicho que al señor arzobispo le estaba dando por culo un negro feroz; más tarde lo desmintió diciéndoles que no había tal arzobispo, que todo había sido una patraña para salvar a su amante Bernabé, pero que ellas no podían acusarle de nada porque habían pecado contra el sexto mandamiento y a lo mejor estaban preñadas e iban a parir hijos de enano y monja. Pues, en suma, que estaban todos en el ajo, a no ser que ellas quisiesen retornar a la abadía para que las castigasen duramente y se pasasen el resto de sus vidas sin follar. Y contoles que él tenía grandes planes de futuro, pero que era menester salvar primero al cautivo y atormentado Bernabé.
Y el momento de la verdad llegó. Fidelio aguardó agazapado en el matorral la llegada del negro. Llegó este y acuclillose para expulsar la mierda de su cuerpo, que aún faltaban centurias para que se inventasen los tronos de Roca con sus pertinente cañerías de evacuación.
Surgió Fidelio de entre el matorral con un pedrusco muy gordo en sus manos. La cabeza del negro acuclillado aún le sacaba algunos centímetros, tal que el enano hubo de ponerse de puntillas para descargar el gran pedrusco sobre la cabeza del defecador. Hala, pedruscazo en el coco!...
El negro no se movió, siguió cagando. "Coño, lo ha tenido que sentir!", dijose el hombrecillo. Y vio entonces horrorizado como el negrazo imponente se volvía hacia él y le miraba con ojos de odio, con ojos de zombi!
Qué está ocurriendo, temblorosos lectores?!...
Que nadie se pierda el próximo y definitivo episodio titulado...
"El final de una gran historia II y Epílogo"


En la anterior entrega de esta apabullante historia dejamos al enano Fidelio atónito ante la imagen que vieron sus vivaces ojillos: su amadísimo Bernabé estaba siendo brutalmente violado por un salvaje africano. ( Ah, pero nuestros más avispados lectores saben muy bien que el negro Kwgongo se ha enamorado del fermoso Bernabé y... oh, quizá este consiente el coito anal! )
Mientras tanto Sor Agata y Sor Aparicia aguardan noticias de su bravo semental. ( Estarán preñadas para mayor gloria de la Santa Madre Iglesia? )
Los mulos Junio y Febrero pasan el tiempo rumiando todo tipo de hierbas rumiables, ajemos a los problemas humanos.
El audaz Fidelio aguarda el momento propicio para eliminar al salvaje africano y rescatar a su amado añorado. Logrará tal benéfico propósito?... tachá, tachán!
Pero vayámonos agora a la abadía, repasemos los últimos momentos:
- Sor Mencigüela, en cuanto asomen las primeras luces del alba enviareis a Maximina con un mensaje para el señor párroco de Villoria de las Manjurrias. - ordenó la Reverenda Madre Abadesa.
Y así fue, el padre Homobono recibió el mensaje anillado en la patita de la paloma Maximina y presto acudió a socorrer a las monjitas, no sin antes solicitar el apoyo de su fiel amigo el herrero.
- Acompañadme, Urculiano, hemos de interrogar a unos malditos sarracenos que han capturado las monjas.
"Hostias, pues muchos cojones tienen las monjas!" - pensó para sí el recio herrero, que no lo dijo en voz alta para no herir la sensibilidad del cáustico sacerdote y despertar su santa ira, que de personas sagradas no deben fablarse vulgaridades.
Y pasaron largas horas hasta que el padre Homobono y su ayudante Urculiano acudieron a la celda de la madre abadesa a informarla de lo averiguado.
- Debeis estar tranquila, Madre Veremunda, que estos no son fieros piratas sino taimados pícaros, y los otros no son Su Eminencia Reverendísima y un paje sino un gordo sodomita y un enano cipotudo, dos aberrantes monstruos de feria que explotaban nuestros detenidos para ganarse los maravedíes tramposamente, y mucho me temo que el enano os ha utilizado a vos y a vuestras monjas para sacar al gordo sodomita de algún apuro.
- Cómo estais tan seguro de lo que decís, reverendo padre.
- La tortura no falla, reverenda madre; aunque mi buen amigo Urculiano y un servidor no somos frailes dominicos, también disponemos de mañosidad para hacer confesar a los truhanes.
- Yo les he marcado con fuego como al ganado, ja, ja, ja!... - exclamó y se carcajeó el brutal Urculiano.
- Ruégole que se ahorre los detalles, maese herrero. - dijo la madre abadesa sin disimular un gesto de repulsión hacia el gorila torturador.
Y ahora qué?, se preguntarán los excelentes lectores de este blog. Qué fin les espera a los malvados Bertoldo y Ambrosio?!... Logrará el bravo Fidelio deshacerse del monstruo africano?!... Regresarán arrepentidas a la abadia las pecadoras Sor Casta y Sor Aparicia o se dedicarán a la mala vida?!...
Agunas respuestas las hallarán vuesas mercedes en el próximo y emocionantísimo episodio titulado...
"El final de una larga historia"

Décima parte de esta enfollonada historia en la que se mezclan el esclavismo, el integrismo religioso, la promiscuidad sexual y los crímenes más atroces. Oseasé: la vida misma sin ir más lejos.
Saltaron la tapia del corral de la abadía los empresarios monstruosos de feria, el retorcido y repugnante Bertoldo y su similar Ambrosio, esclavistas repulsivos que hoy en día ( Año del Señor Dos mil y trece ) traficarían con negros en pateras, venderían drogas a los jóvenes, matarían mujeres y periodistas en Honduras o en Ciudad Juarez o subvencionarían al PP.
Los criminales avanzaron a tientas por un lóbrego pasadizo que comunicaba los corrales con la cocina. Un revoloteo y cacareo de gallinas en el corral había puesto en guardia a la Madre Abadesa, siempre insomne, que, aunque su celda estaba en el ala norte del edificio, tenía un oído finísimo. Presta acudió a despertar a sus subordinadas ante la sospecha de que estaban siendo invadidas.
Ambrosio y Bertoldo ascendieron por una escalera de caracol y en llegando a la planta superior se encontraron con una catastrófica sorpresa. En la oscura estancia surgieron palos, sartenes, cazos y rodillos de amasar que les golperaon sin cesar provocándoles numerosos hematomas, quejidos lastimeros y alguna costilla rota. Sor Angélica, Sor Mencigüela y la propia Madre Abadesa, Sor Veremunda del Espíritu Santo, golpearon con saña a los intrusos, apoyadas logísticamente por las longevas Sor Ramona y Sor Canuta, y ellos, al no ver quienes les agredían, amedrentáronse más, y aún más acoquinados lo estuvieron porque de la voz cavernosa de Sor Canuta surgieron soflamas como "Santiago y Cierra España!" y "Guerra a muerte a los berberiscos!", y por el timbre agudo gracitamoralesco de la madre Mencigüela oíase "Que Santa Teresa Teresa de Coscojuela, nuestra venerada Patrona, nos guie!"
Los perversos dejaron de quejarse porque ya estaban groguis, situación que aprovecharon las belicosas cruzadas para arrastrarles hasta un umbrío y telarañoso calabozo y allí encerrarlos con una gruesa tranca.
Sor Veremunda del Espíritu Santo, Madre Abadesa de irreprochable santidad y no menos observancia en el cuidado y defensa de sus monjitas, ordenole a la dulce Sor Mencigüela:
- En cuanto asomen las primeras luces del alba enviareis a Maximina con un mensaje para el señor cura párroco de Villoria de las Manjurrias. Debemos ponerle al corriente de la situación y que él se haga cargo de los sarracenos.
La paloma Maximina llevaría el mensaje al cura párroco Don Homobono, y el sufrido clérigo tomaría a partir de este momento un mayor protagonismo en la historia. Pero ahora tenemos una cita con los muy maravillosos protas Fidelio y Bernabé, las muy maravillosas pendonas Sor Casta y Sor Aparicia y el horribilísimo canibal enamorado Kwgongo, asesino de su paisano Bwgongo como bien saben nuestros más atentos lectores.

El gran enano Fidelio destacose del grupo para evitarles peligros a sus camaradas de viaje. Quedaron estos en un improvisado campamento y avanzó en vanguardia el pequeñuelo audaz en dirección al lugar en donde había dejado al fermoso Bernabé. El corazón le latía apresurado ante la perspectiva inmediata del encuentro emocionado. Oyó jadeos y avanzó sigiloso agachado, lo cual era un perfecto camuflaje para un hombrecillo ya de por sí muy chiquitajo. Llegó a sólo unos pasos del matorral tras el cual oíanse los jadeos de inequívoco trajín sexual, y llevoso la gran sorpresa de su vida: Bernabé yacía con la popa al aire y un negro monstruoso le daba rítmicamente por el culo.
Por nada del mundo han de perderse vuesas mercedes el próximo y emocionantísimo episodio titulado...
"De la eficaz labor policial llevada a cabo por el señor cura párroco de Villoria de las Manjurrias"
De los dispares, disparejos y disparatados aconteceres que aquí se narran sobre las vidas de una pareja de rufianes y su pareja de esclavos, convertidos estos en monstruos para beneficio de los primeros, además de una pareja de caníbales hambrientos y una pareja de monjas cachondas que en la anterior jornada estrenáronse como fornicadoras. Cuatro parejas singulares en los oscuros tiempos pretéritos de la muy católica España. ( Ah, y también una pareja de mulos! )
Exhausto quedose el enano pollilargo Fidelio tras la larga sesión de fornicio con las esposas de Cristo. Complacidas y rendidas también quedaron Sor Casta y Sor Aparicia. Engulleron algunos alimentos y encendieron una fogata para ahuyentar a las alimañas, pues la noche se les echaba encima y sus cuerpos necesitaban reposo. Calmáronse igualmente Junio y Febrero, agotados ambos tras su prolongada jodienda, que también merecen joder como personas quienes trabajan como mulos, bien se trate incluso de los mulos propiamente dichos.
Y cuando el bosque era ya un dominio de penumbras que facían suspenderse en los árboles las formas fantasmagóricas de brujas sentadas en sus ramas, ánimas en pena u otros seres horrendos del reino de las tinieblas, las tres parejas dormían a pierna suelta. Y en donde hubo poco antes tetas firmes y gozosas, había agora flaccidas mamellas, y las vergas de los mulos y el enano reposaban por efecto de su retractilidad y el bien merecido descanso.
El negro manto de la noche, que de igual modo cubría y ennegrecía los sólidos muros de la abadía, por momentos tornábase negro cuando las muy negras nubes tapaban la cara de torta amarilla de la Luna.
Dos fijos de la gran putanga estaban a punto de cometer un sacrilegio. Los malvados Ambrosio y Bertoldo pretendían violar la intimidad de aquel templo de mujeres santas. ( que no todas lo eran, como ya saben nuestros más avispados lectores )
Sor Veremunda del Espíritu Santo, Madre Abadesa, no podía reconciliar el sueño pensando en la trágica suerte que corría su amado padre natural Don Alonso, Arzobispo de Sevilla por la Gracia de Dios. Sirviose pues una caña de vino bien colmada para combatir el insomnio.
Pero retrocedamos dos jornadas a fin de saber en qué situación ha colocado el azar al siempre esclavizado y quejicoso Bernabé, el hombre al que Fidelio ama con todo su corazón y del cual sólo se olvida cuando las libidinosas monjas le tientan con fogosidades carnales.

Y en aquesto que dejaron de reñir los caníbales y uno de ellos avanzó con una grueza estaca en dirección al infeliz Bernabé.
"Me va a matar, Dios mio!, me va a matar!... Virgen Santísima, protégeme!... Oh, Dios de los Cielos, apiádate de este humilde y grasiento pecador!... Interceded por mi, Santa Teresa de Coscojuela, San Mencigüelo Mejillón, Santa Bimba, patrona de los gatos obesos!...
Y en detrás del primer negro avanzó el segundo negro con un cuchillo, y lo que ocurrió a continuación fue una auténtica carnicería: Kwgongo lanzose sobre Bwgongo, el cual no pudo defenderse porque pillole desprevenido, y el ofensor terminó con la vida de su compañero clavándole veinte veces el cuchillo. Salpicaba la sangre que era algo digno de verse, y el olor a sangre y a miedo impregnó el ambiente, pues el muy aterrorizado Bernabé se había cagado encima.
Kwgongo tiró el cuchillo, se acercó a Bernabé, le sonrió y después le acarició... muy dulcemente, mostrando su hermosa y blanquísima dentadura. Finalmente le atrajo hacia sí y le besó en la boca mientras susurraba... swunga-swunga.
Próximo episodio... ( para no perdérselo, amiguitos! ) ...
"Kwgongo ama a Bernabé"
( Octavo tranco )

Los muy pérfidos Bertoldo y Ambrosio, esclavistas repulsivos absolutos, feriantes sin escrúpulos, llegaron a la abadía y golpearon con la gruesa aldaba en la muy recia puerta de madera de roble. Abrioles la madre portera Sor Ramona y miroles con mucho recelo, pues aquellos sujetos no la inspiraban ninguna confianza. Pensó que lo mejor hubiese sido no abrirles.
- Qué tripa se les ha roto a vuesas mercedes? Fablad de priesa que no dispongo de tiempo para perderlo.
Tomó la palabra el infame Bertoldo.
- Reverenda madre, somos humildes feriantes y estamos buscando a dos amigos nuestros que se han perdido por aquestos vastos y umbríos bosques. Podría vuestra maternidad darnos razón de ellos?
- A mi no me llameis "maternidad", pues jamás consentí ayuntamiento carnal con varón, y fácil es imaginar que si no he jodido no he parido, o en acaso se puede parir sin joder?... Pues digoos que una servidora cumple con su voto de castidad y no soy tan puta como otras.
- Madre cancerbera - intervino Ambrosio - buscamos a un hombre enano y a otro muy gordo y amariconado. Acaso se haya presentado por estos pagos el enano; acaso el enano está buscando al gordo. Podría decirnos algo al respecto su castidad?
- No, aquí jamás ha pisado un hombre, ni enano ni gordo sarasa. ( Y díjose para sus adentros: "Sólo el ladino cabrero que preñó a la calentona Sor Purificación" )
Pero el pérfido Ambrosio acertó a ver un destello en la mirada de la madre Ramona cuando le fabló del enano. Pidiéronle cobijo para una noche y ella los echó con cajas destempladas.
- Este es lugar de recogimiento y oración para santas hembras consagradas a Dios Nuestro Señor, y nuestras normas prohiben la entrada de varones, que todos ustedes son como machos cabríos y sólo piensan en joder. Vayan con Dios vuesas mercedes, que a un par de leguas de aquí encontrarán la muy noble villa de Valdeminguilla de los Algarrobos en donde serán muy bien recibidos y alimentados. ( "Hala, a ver si os dan una buena paliza!" )
Marcháronse gruñendo los brivones y corrió la buena monja a contarle lo acaecido a la Reverenda Madre Abadesa.
- Sin duda tratase de berberiscos, Reverenda Madre, pues sus tezes son oscuras y sus modales muy rudos.
- Pero no decís que fablan el castellano?
- Oh, esos malos bichos pueden encarnarse en otros humanos, como los comediantes!... Vos sabeis que los demonios son muy ocurrentes. Reverenda Madre, no cabe duda de que el enano es el paje Ginesillo y el gordo amariconado Su Eminencia Reverendísima Don Alonso.
"Oh, cielos, mi padre es muy gordo pero jamás dime cuenta de que está amariconado" - sobresaltole este pensamiento a la Reverenda Madre Abadesa Sor Veremunda del Espíritu Santo.

- Que te digo yo que los tienen ahí cobijados, Bertoldo! - expresose furioso el infame Ambrosio - vi como a la monja la cambiaba la mirada cuando fablele de ellos.
- Y ahora que facemos?
Aguardar a la noche y entrar en la abadía. He observado que las tapias del corral no son muy altas. Encontraremos a esas malditas sabandijas, voto a brios!
Oh, cuántas emociones en esta historia magnífica!... Qué destino les aguarda a los malvados Ambrosio y Bertoldo en la abadía?!... Siguen dándose al fornicio las monjas y Fidelio o ya han reemprendido el camino?!...
Y en el próximo episodio, por fin, noticias tendremos del fermoso Bernabé o de su cadáver. Lo habrá matado el canibal de la estaca?!...
Próximo tranco: "Veinte cuchilladas"
Y en llegando acá estamos ya en el tranco número siete de aquesta sublime historia.

- Bueno es empezar con poco para no asustarme, pues supongo que tendreis un miembro pequeño en consonancia con vuestro pequeño cuerpo, me equivoco?
- Sí, errais de cabo a rabo, putoncillo monjil, pues mi miembro es causa de admiración.
- Ja, ja, ja!, a fe que no os falta agudeza!
- No, sólo me sobra polla.
Quitose los calzones Fidelio y asombrose la monja meritoria sexual del soberbio nabo que colgaba de entre las piernas de aquel hombre menguadillo.
Y Fidelio galopó feliz sobre los muslos acogedores de Sor Casta, hendiendo su cilindro de acero en la raja deseosa hasta colmarle de placer infinito, y corriéronse ambos y muchas veces, que tanto chorreó él como chilló ella, húmeda hasta el paroxismo la muy feliz monja, feliz en su clítoris y en cada rincón de la oquedad profunda que nacía de su entrepierna, que felicísima lo era en todos sus rincones, y tan duras pusiéronse sus tetas como dura duraba la verga portentosa del enano fantástico.
Y los gritos sexuales de Sor Casta despertaron a Sor Aparicia, y esta reaccionó con entusiasmo, subyugada por el festín carnal de sus compañeros de viaje.
- Dejadme un sitio, malandrines, que yo también quiero joder!
Y a partir de este momento la pareja gozosa se convirtió en un trío gozosísimo, que ni el deseo de las monjas mermaba ni mermaba la dureza del cipote grande del pequeño gran hombre, y tanto dejábanse ellas penetrar por aquella carnosidad rígida como la chupaban golosonas cual si fuesen niñas comiendo caramelos. Y contagiáronse los mulos Febrero y Junio, y en resultando ser Febrero el más salido, montó a Junio dándole fuertes cipotazos en el culo, y su vergajo era tan colosal como el de Fidelio.

Dos hombres malvados se unieron para defender sus oscuros intereses comerciales: El malvado Bertoldo y el malvado Ambrosio, y se hicieron al camino en busca de los esclavos de su propiedad que habían osado fugarse. Y llegaron a Villoria de las Manjurrias, en donde el cura y el herrero les dieron buena señal del enano.
- Alejose en aquella dirección. - señaló el cura, y agregó el herrero:
- En siguiendo ese camino encontraran vuesas mercedes una bifurcación, un ramal tira para la montaña, es decir: en dirección a la abadía, y el otro sigue el rumbo a Valdeminguilla de los Algarrobos.
- Y cual de los dos caminos creen vuesas mercedes que haya podido coger?
- Pues creemos nuestras mercedes que si tenía mucho hambre es casi seguro que se dirigió a la abadía - razonó el cura - pues las monjas son muy hospitalarias y no así los vecinos de Valdeminguilla, que además de pobres son de muy mala ralea, pues reciben a los forasteros a garrotazos.
- Ya, pero eso no lo sabe el enano. - sentenció el infame Ambrosio.
- Y están seguros vuesas mercedes que no le acompañaba un individuo muy gordo? - repreguntó el indeseable Bertoldo.
- Ya le hemos dicho que no, carajo! - bufó el herrero - Si tenemos ojos para ver a un enano, también los tenemos para ver a un individuo gordo, o no?
Qué nuevas emociones nos deparará la presencia de Bertoldo y Ambrosio tras las huellas de Fidelio y Bernabé?!...
Las orgías sexuales de las monjas y el enano retrasarán la misión de auxilio al infeliz y fermoso Bernabé?!...
El canibal de la estaca ha matado al infelicísimo Bernabé?!...
Amiguitos del alma cristiana, no os perdais el próximo y emocionantísimo episodio titulado...
"En jamás de los jamases fornicó Sor Ramona!
Sexto Tranco de la Gran Aventura de Fidelio y Bernabé
Recuperose Sor Veremunda del Espíritu Santo tras el desmayo que provocola la grave noticia que trájola el enano Fidelio. Sor Veremunda, madre abadesa del monasterio abadía de Santa Teresa de Coscojuela, no podía revelar al mundo su gran secreto: era hija natural habida de la relación pecaminosa entre el arzobispo Don Alonso y una hetaira morisca de Córdoba, pero teníale un gran aprecio a su padre, pues siempre se ocupó de ella, aunque de manera secreta, por supuesto.

Tomose una tila que sirviole Sor Canuta la cocinera y apremiole al enano a que contase la historia, y este relató lo que su ladina mente había urdido para la ocasión:
"Su Eminencia Reverendísima y todos los que formábamos parte de la santa comitiva viajera entre Córdoba y Granada, fuimos atacados y apresados por piratas berberiscos muy fieros. Direle, madre abadesa, que yo soy Ginesillo, paje a las órdenes de Su Eminencia Reverendísima. Pero una noche muy oscura logramos huír del campamento pirata Su Eminencia Reverendísima y un servidor. Y aquí nos encontramos, a unas pocas leguas de esta abadía, pero Don Alonso está muy débil y un collarón de hierro con un trozo de cadena le dificulta los movimientos" ( Ja!, que el tal hierro no fue impedimento para mamarles las pollas a los salvajes. Nota del cuentista ) "Y suplicante he venido a conseguir herramientas para librar al doliente de su yugo y que alguna monja sana se avenga a acompañarme, pues ya veis que soy mermado de tamaño y me es dificultoso acometer en solitario la empresa, e igualmente apremia el tiempo porque Don Alonso podría ser localizado por los berberiscos"
Los ojillos vidriosos de la madre abadesa ( una gran consumidora de vino era ella ) escrutaron al enano mentiroso.
- Y no será mejor avisar al Santo Oficio o a los Caballeros Templarios?
- No hay tiempo, reverenda madre, los padres inquisidores se hallan a más de cien leguas de aquí, pues celebranse autos de fe en la región de Extremadura, que van a quemar a un montón de judaizantes, brujas, cómicos y maricones, y los Caballeros Templarios tienen varias cenas de empresa esta semana.
- Pues no sé yo ahora qué monjas podrían acompañaros, pues andome muy mal de efectivos. Veamos: Sor Angélica y Sor Mencigüela fuéronse a Villoria de las Manjurrias a vender unas gallinas; Son Ramona y Sor Canuta están muy mayores y son necesarias aquí. Sor Angustias sufre de fiebre palúdicas y cualquier día de estos se nos muere; Sor Purificación está embarazada de siete meses, ella dice que el demonio entró en su celda, pero yo sospecho que fue un cabrero del valle que saltó por la tapia del corral, y la muy puta lo consintió. Bueno, pues ya sólo nos quedan Sor Aparicia y Sor Casta, que son jóvenes y alocadas, pero están sanas y fuertes. Quizá sean las más indicadas para acometer esta empresa.

Con la bendición de la Reverenda Madre Abadesa partieron de madrugada las monjas alocadas y el enano desfacedor de entuertos. Viajaban en un carromato tirado por dos mulos, Febrero y Junio, que tales nombres tenían por ser tales sus meses de nacimiento. Llevaban víveres para varios días, tenazas, una maza, un cincel y también un hacha y un puñal, por si hubieran de enfrentarse a los malvados berberiscos.
Durante la mañana de la primera jornada distrajéronse las monjitas con cánticos religiosos y Fidelio acabó hasta los cojones de escucharlas.
Detuviéronse bajo la sombra generosa de un pinar y yantaron sabrosos embutidos y tortas de maiz, regando tales condumios con un vinillo dulce que elaboraban en la abadía. Sor Aparicia se durmió al poco tiempo sobre la hierba, y Sor Casta plantose frente a Fidelio y rauda bajose las enaguas y encarose al pequeñuelo.
- Admirar la fermosura y abundante pelambrera de mi coño, hombrecillo del arzobispo. Os gusto por ventura?... Pues en debajo de esta pelambrera hay una raja muy jugosa por donde cabe el miembro endurecido de un buen macho, y tanto placer siente el hombre metiéndola como la mujer albergándola, siempre que el primero empuje con alegría, y aqueste gozo es el gozo más grande de la carne, que la carne no es débil, es gozosa y apetitosa.
- Pero vos no habeis hecho voto de castidad? - interrogola perplejo el enano.
- Ja, ja!, qué iluso sois, hombrecillo!... Acaso ignora vuesa merced que somos muchísimas las mujeres que hemos dado con los huesos en un convento porque nuestras familias no podían alimentarnos. Tengo ganas de macho, muchísimas ganas, hombrecillo!, y el único varón salido que entró en el convento, jodió con Sor Purificación, la que agora está preñada. Yo os deseo a vos, hombrecillo. Vos series mi primer hombre aunque sólo seais medio, pero bueno es empezar con poco para no asustarme, pues supongo que tendreis un miembro pequeño en consonancia con vuestro pequeño cuerpo, o en acaso me equivoco?
- Pues sí, errais de cabo a rabo, putoncillo monjil, pues mi miembro es causa de admiración.
- Ja, ja, ja!... a fe que no os falta agudeza!
- No, sólo me sobra polla.
Seducirá la ardiente Sor Casta al cipotudo Fidelio?... Mostrará el enano apetencia hacia el sexo femenino, convirtiéndose en bujarrón para mayor gloria sexual?... El canibal de la estaca ha matado al infeliz Bernabé?...
Algunas incógnitas se despejarán y otras aparecerán en el próximo y emocionantísimo episodio titulado...
"Un largo y duro objeto de deseo monjil"