sábado, 8 de junio de 2013

Kwgongo ama a Bernabé





Décima parte de esta enfollonada historia en la que se mezclan el esclavismo, el integrismo religioso, la promiscuidad sexual y los crímenes más atroces. Oseasé: la vida misma sin ir más lejos.



Saltaron la tapia del corral de la abadía los empresarios monstruosos de feria, el retorcido y repugnante Bertoldo y su similar Ambrosio, esclavistas repulsivos que hoy en día ( Año del Señor Dos mil y trece ) traficarían con negros en pateras, venderían drogas a los jóvenes, matarían mujeres y periodistas en Honduras o en Ciudad Juarez o subvencionarían al PP.
Los criminales avanzaron a tientas por un lóbrego pasadizo que comunicaba los corrales con la cocina. Un revoloteo y cacareo de gallinas en el corral había puesto en guardia a la Madre Abadesa, siempre insomne, que, aunque su celda estaba en el ala norte del edificio, tenía un oído finísimo. Presta acudió a despertar a sus subordinadas ante la sospecha de que estaban siendo invadidas.
Ambrosio y Bertoldo ascendieron por una escalera de caracol y en llegando a la planta superior se encontraron con una catastrófica sorpresa. En la oscura estancia surgieron palos, sartenes, cazos y rodillos de amasar que les golperaon sin cesar provocándoles numerosos hematomas, quejidos lastimeros y alguna costilla rota. Sor Angélica, Sor Mencigüela y la propia Madre Abadesa, Sor Veremunda del Espíritu Santo, golpearon con saña a los intrusos, apoyadas logísticamente por las longevas Sor Ramona y Sor Canuta, y ellos, al no ver quienes les agredían, amedrentáronse más, y aún más acoquinados lo estuvieron porque de la voz cavernosa de Sor Canuta surgieron soflamas como "Santiago y Cierra España!" y "Guerra a muerte a los berberiscos!", y por el timbre agudo gracitamoralesco de la madre Mencigüela oíase "Que Santa Teresa Teresa de Coscojuela, nuestra venerada Patrona, nos guie!"
Los perversos dejaron de quejarse porque ya estaban groguis, situación que aprovecharon las belicosas cruzadas para arrastrarles hasta un umbrío y telarañoso calabozo y allí encerrarlos con una gruesa tranca.
Sor Veremunda del Espíritu Santo, Madre Abadesa de irreprochable santidad y no menos observancia en el cuidado y defensa de sus monjitas, ordenole a la dulce Sor Mencigüela:
- En cuanto asomen las primeras luces del alba enviareis a Maximina con un mensaje para el señor cura párroco de Villoria de las Manjurrias. Debemos ponerle al corriente de la situación y que él se haga cargo de los sarracenos.
La paloma Maximina llevaría el mensaje al cura párroco Don Homobono, y el sufrido clérigo tomaría a partir de este momento un mayor protagonismo en la historia. Pero ahora tenemos una cita con los muy maravillosos protas Fidelio y Bernabé, las muy maravillosas pendonas Sor Casta y Sor Aparicia y el horribilísimo canibal enamorado Kwgongo, asesino de su paisano Bwgongo como bien saben nuestros más atentos lectores.





El gran enano Fidelio destacose del grupo para evitarles peligros a sus camaradas de viaje.  Quedaron estos en un improvisado campamento y avanzó en vanguardia el pequeñuelo audaz en dirección al lugar en donde había dejado al fermoso Bernabé. El corazón le latía apresurado ante la perspectiva inmediata del encuentro emocionado. Oyó jadeos y avanzó sigiloso agachado, lo cual era un perfecto camuflaje para un hombrecillo ya de por sí muy chiquitajo. Llegó a sólo unos pasos del matorral tras el cual oíanse los jadeos de inequívoco trajín sexual, y llevoso la gran sorpresa de su vida: Bernabé yacía con la popa al aire y un negro monstruoso le daba rítmicamente por el culo.

Por nada del mundo han de perderse vuesas mercedes el próximo y emocionantísimo episodio titulado...
"De la eficaz labor policial llevada a cabo por el señor cura párroco de Villoria de las Manjurrias"

viernes, 7 de junio de 2013

Veinte cuchilladas

De los dispares, disparejos y disparatados aconteceres que aquí se narran sobre las vidas de una pareja de rufianes y su pareja de esclavos, convertidos estos en monstruos para beneficio de los primeros, además de una pareja de caníbales hambrientos y una pareja de monjas cachondas que en la anterior jornada estrenáronse como fornicadoras. Cuatro parejas singulares en los oscuros tiempos pretéritos de la muy católica España. ( Ah, y también una pareja de mulos! )

Exhausto quedose el enano pollilargo Fidelio tras la larga sesión de fornicio con las esposas de Cristo. Complacidas y rendidas también quedaron Sor Casta y Sor Aparicia. Engulleron algunos alimentos y encendieron una fogata para ahuyentar a las alimañas, pues la noche se les echaba encima y sus cuerpos necesitaban reposo. Calmáronse igualmente Junio y Febrero, agotados ambos tras su prolongada jodienda, que también merecen joder como personas quienes trabajan como mulos, bien se trate incluso de los mulos propiamente dichos.

Y cuando el bosque era ya un dominio de penumbras que facían suspenderse en los árboles las formas fantasmagóricas de brujas sentadas en sus ramas, ánimas en pena u otros seres horrendos del reino de las tinieblas, las tres parejas dormían a pierna suelta. Y en donde hubo poco antes tetas firmes y gozosas, había agora flaccidas mamellas, y las vergas de los mulos y el enano reposaban por efecto de su retractilidad y el bien merecido descanso.

El negro manto de la noche, que de igual modo cubría y ennegrecía los sólidos muros de la abadía, por momentos tornábase negro cuando las muy negras nubes tapaban la cara de torta amarilla de la Luna.
Dos fijos de la gran putanga estaban a punto de cometer un sacrilegio. Los malvados Ambrosio y Bertoldo pretendían violar la intimidad de aquel templo de mujeres santas. ( que no todas lo eran, como ya saben nuestros más avispados lectores )
Sor Veremunda del Espíritu Santo, Madre Abadesa, no podía reconciliar el sueño pensando en la trágica suerte que corría su amado padre natural Don Alonso, Arzobispo de Sevilla por la Gracia de Dios. Sirviose pues una caña de vino bien colmada para combatir el insomnio.

Pero retrocedamos dos jornadas a fin de saber en qué situación ha colocado el azar al siempre esclavizado y quejicoso Bernabé, el hombre al que Fidelio ama con todo su corazón y del cual sólo se olvida cuando las libidinosas monjas le tientan con fogosidades carnales.










Y en aquesto que dejaron de reñir los caníbales y uno de ellos avanzó con una grueza estaca en dirección al infeliz Bernabé.
"Me va a matar, Dios mio!, me va a matar!... Virgen Santísima, protégeme!... Oh, Dios de los Cielos, apiádate de este humilde y grasiento pecador!... Interceded por mi, Santa Teresa de Coscojuela, San Mencigüelo Mejillón, Santa Bimba, patrona de los gatos obesos!...
Y en detrás del primer negro avanzó el segundo negro con un cuchillo, y lo que ocurrió a continuación fue una auténtica carnicería: Kwgongo lanzose sobre Bwgongo, el cual no pudo defenderse porque pillole desprevenido, y el ofensor terminó con la vida de su compañero clavándole veinte veces el cuchillo. Salpicaba la sangre que era algo digno de verse, y el olor a sangre y a miedo impregnó el ambiente, pues el muy aterrorizado Bernabé se había cagado encima.
Kwgongo tiró el cuchillo, se acercó a Bernabé, le sonrió y después le acarició... muy dulcemente, mostrando su hermosa y blanquísima dentadura. Finalmente le atrajo hacia sí y le besó en la boca mientras susurraba... swunga-swunga.

Próximo episodio...  ( para no perdérselo, amiguitos! ) ...   
"Kwgongo ama a Bernabé"

jueves, 6 de junio de 2013

En jamás de los jamases fornicó Sor Ramona

( Octavo tranco )







Los muy pérfidos Bertoldo y Ambrosio, esclavistas repulsivos absolutos, feriantes sin escrúpulos, llegaron a la abadía y golpearon con la gruesa aldaba en la muy recia puerta de madera de roble. Abrioles la madre portera Sor Ramona y miroles con mucho recelo, pues aquellos sujetos no la inspiraban ninguna confianza. Pensó que lo mejor hubiese sido no abrirles.
- Qué tripa se les ha roto a vuesas mercedes? Fablad de priesa que no dispongo de tiempo para perderlo.
Tomó la palabra el infame Bertoldo.
- Reverenda madre, somos humildes feriantes y estamos buscando a dos amigos nuestros que se han perdido por aquestos vastos y umbríos bosques. Podría vuestra maternidad darnos razón de ellos?
- A mi no me llameis "maternidad", pues jamás consentí ayuntamiento carnal con varón, y fácil es imaginar que si no he jodido no he parido, o en acaso se puede parir sin joder?... Pues digoos que una servidora cumple con su voto de castidad y no soy tan puta como otras.
- Madre cancerbera - intervino Ambrosio - buscamos a un hombre enano y a otro muy gordo y amariconado. Acaso se haya presentado por estos pagos el enano; acaso el enano está buscando al gordo. Podría decirnos algo al respecto su castidad?
- No, aquí jamás ha pisado un hombre, ni enano ni gordo sarasa. ( Y díjose para sus adentros: "Sólo el ladino cabrero que preñó a la calentona Sor Purificación" )
Pero el pérfido Ambrosio acertó a ver un destello en la mirada de la madre Ramona cuando le fabló del enano. Pidiéronle cobijo para una noche y ella los echó con cajas destempladas.
- Este es lugar de recogimiento y oración para santas hembras consagradas a Dios Nuestro Señor, y nuestras normas prohiben la entrada de varones, que todos ustedes son como machos cabríos y sólo piensan en joder. Vayan con Dios vuesas mercedes, que a un par de leguas de aquí encontrarán la muy noble villa de Valdeminguilla de los Algarrobos en donde serán muy bien recibidos y alimentados. ( "Hala, a ver si os dan una buena paliza!" )

Marcháronse gruñendo los brivones y corrió la buena monja a contarle lo acaecido a la Reverenda Madre Abadesa.
- Sin duda tratase de berberiscos, Reverenda Madre, pues sus tezes son oscuras y sus modales muy rudos.
- Pero no decís que fablan el castellano?
- Oh, esos malos bichos pueden encarnarse en otros humanos, como los comediantes!... Vos sabeis que los demonios son muy ocurrentes. Reverenda Madre, no cabe duda de que el enano es el paje Ginesillo y el gordo amariconado Su Eminencia Reverendísima Don Alonso.
"Oh, cielos, mi padre es muy gordo pero jamás dime cuenta de que está amariconado" - sobresaltole este pensamiento a la Reverenda Madre Abadesa Sor Veremunda del Espíritu Santo.








- Que te digo yo que los tienen ahí cobijados, Bertoldo! - expresose furioso el infame Ambrosio - vi como a la monja la cambiaba la mirada cuando fablele de ellos.
- Y ahora que facemos?
Aguardar a la noche y entrar en la abadía. He observado que las tapias del corral no son muy altas. Encontraremos a esas malditas sabandijas, voto a brios!

Oh, cuántas emociones en esta historia magnífica!... Qué destino les aguarda a los malvados Ambrosio y Bertoldo en la abadía?!... Siguen dándose al fornicio las monjas y Fidelio o ya han reemprendido el  camino?!...

Y en el próximo episodio, por fin, noticias tendremos del fermoso Bernabé o de su cadáver. Lo habrá matado el canibal de la estaca?!...

Próximo tranco:  "Veinte cuchilladas"

miércoles, 5 de junio de 2013

Un largo y duro objeto de deseo monjil.

Y en llegando acá estamos ya en el tranco número siete de aquesta sublime historia.



- Bueno es empezar con poco para no asustarme, pues supongo que tendreis un miembro pequeño en consonancia con vuestro pequeño cuerpo, me equivoco?
- Sí, errais de cabo a rabo, putoncillo monjil, pues mi miembro es causa de admiración.
- Ja, ja, ja!, a fe que no os falta agudeza!
- No, sólo me sobra polla.
Quitose los calzones Fidelio y asombrose la monja meritoria sexual del soberbio nabo que colgaba de entre las piernas de aquel hombre menguadillo.
Y Fidelio galopó feliz sobre los muslos acogedores de Sor Casta, hendiendo su cilindro de acero en la raja deseosa hasta colmarle de placer infinito, y corriéronse ambos y muchas veces, que tanto chorreó él como chilló ella, húmeda hasta el paroxismo la muy feliz monja, feliz en su clítoris y en cada rincón de la oquedad profunda que nacía de su entrepierna, que felicísima lo era en todos sus rincones, y tan duras pusiéronse sus tetas como dura duraba la verga portentosa del enano fantástico.
Y los gritos sexuales de Sor Casta despertaron a Sor Aparicia, y esta reaccionó con entusiasmo, subyugada por el festín carnal de sus compañeros de viaje.
- Dejadme un sitio, malandrines, que yo también quiero joder!
Y a partir de este momento la pareja gozosa se convirtió en un trío gozosísimo, que ni el deseo de las monjas mermaba ni mermaba la dureza del cipote grande del pequeño gran hombre, y tanto dejábanse ellas penetrar por aquella carnosidad rígida como la chupaban golosonas cual si fuesen niñas comiendo caramelos. Y contagiáronse los mulos Febrero y Junio, y en resultando ser Febrero el más salido, montó a Junio dándole fuertes cipotazos en el culo, y su vergajo era tan colosal como el de Fidelio.







Dos hombres malvados se unieron para defender sus oscuros intereses comerciales: El malvado Bertoldo y el malvado Ambrosio, y se hicieron al camino en busca de los esclavos de su propiedad que habían osado fugarse. Y llegaron a Villoria de las Manjurrias, en donde el cura y el herrero les dieron buena señal del enano.
- Alejose en aquella dirección. - señaló el cura, y agregó el herrero:
- En siguiendo ese camino encontraran vuesas mercedes una bifurcación, un ramal tira para la montaña, es decir: en dirección a la abadía, y el otro sigue el rumbo a Valdeminguilla de los Algarrobos.
- Y cual de los dos caminos creen vuesas mercedes que haya podido coger?
- Pues creemos nuestras mercedes que si tenía mucho hambre es casi seguro que se dirigió a la abadía - razonó el cura - pues las monjas son muy hospitalarias y no así los vecinos de Valdeminguilla, que además de pobres son de muy mala ralea, pues reciben a los forasteros a garrotazos.
- Ya, pero eso no lo sabe el enano. - sentenció el infame Ambrosio.
- Y están seguros vuesas mercedes que no le acompañaba un individuo muy gordo? - repreguntó el indeseable Bertoldo.
- Ya le hemos dicho que no, carajo! - bufó el herrero - Si tenemos ojos para ver a un enano, también los tenemos para ver a un individuo gordo, o no?

Qué nuevas emociones nos deparará la presencia de Bertoldo y Ambrosio tras las huellas de Fidelio y Bernabé?!...

Las orgías sexuales de las monjas y el enano retrasarán la misión de auxilio al infeliz y fermoso Bernabé?!...

El canibal de la estaca ha matado al infelicísimo Bernabé?!...

Amiguitos del alma cristiana, no os perdais el próximo y emocionantísimo episodio titulado...

"En jamás de los jamases fornicó Sor Ramona!


martes, 4 de junio de 2013

Los ardores sexuales de Sor Casta

Sexto Tranco de la Gran Aventura de Fidelio y Bernabé

Recuperose Sor Veremunda del Espíritu Santo tras el desmayo que provocola la grave noticia que trájola el enano Fidelio. Sor Veremunda, madre abadesa del monasterio abadía de Santa Teresa de Coscojuela, no podía revelar al mundo su gran secreto: era hija natural habida de la relación pecaminosa entre el arzobispo Don Alonso y una hetaira morisca de Córdoba, pero teníale un gran aprecio a su padre, pues siempre se ocupó de ella, aunque de manera secreta, por supuesto.




Tomose una tila que sirviole Sor Canuta la cocinera y apremiole al enano a que contase la historia, y este relató lo que su ladina mente había urdido para la ocasión:
"Su Eminencia Reverendísima y todos los que formábamos parte de la santa comitiva viajera entre Córdoba y Granada, fuimos atacados y apresados por piratas berberiscos muy fieros. Direle, madre abadesa, que yo soy Ginesillo, paje a las órdenes de Su Eminencia Reverendísima. Pero una noche muy oscura logramos huír del campamento pirata Su Eminencia Reverendísima y un servidor. Y aquí nos encontramos, a unas pocas leguas de esta abadía, pero Don Alonso está muy débil y un collarón de hierro con un trozo de cadena le dificulta los movimientos" ( Ja!, que el tal hierro no fue impedimento para mamarles las pollas a los salvajes. Nota del cuentista ) "Y suplicante he venido a conseguir herramientas para librar al doliente de su yugo y que alguna monja sana se avenga a acompañarme, pues ya veis que soy mermado de tamaño y me es dificultoso acometer en solitario la empresa, e igualmente apremia el tiempo porque Don Alonso podría ser localizado por los berberiscos"
Los ojillos vidriosos de la madre abadesa ( una gran consumidora de vino era ella ) escrutaron al enano mentiroso.
- Y no será mejor avisar al Santo Oficio o a los Caballeros Templarios?
- No hay tiempo, reverenda madre, los padres inquisidores se hallan a más de cien leguas de aquí, pues celebranse autos de fe en la región de Extremadura, que van a quemar a un montón de judaizantes, brujas, cómicos y maricones, y los Caballeros Templarios tienen varias cenas de empresa esta semana.
- Pues no sé yo ahora qué monjas podrían acompañaros, pues andome muy mal de efectivos. Veamos: Sor Angélica y Sor Mencigüela fuéronse a Villoria de las Manjurrias a vender unas gallinas; Son Ramona y Sor Canuta están muy mayores y son necesarias aquí. Sor Angustias sufre de fiebre palúdicas y cualquier día de estos se nos muere; Sor Purificación está embarazada de siete meses, ella dice que el demonio entró en su celda, pero yo sospecho que fue un cabrero del valle que saltó por la tapia del corral, y la muy puta lo consintió. Bueno, pues ya sólo nos quedan Sor Aparicia y Sor Casta, que son jóvenes y alocadas, pero están sanas y fuertes. Quizá sean las más indicadas para acometer esta empresa.







Con la bendición de la Reverenda Madre Abadesa partieron de madrugada las monjas alocadas y el enano desfacedor de entuertos. Viajaban en un carromato tirado por dos mulos, Febrero y Junio, que tales nombres tenían por ser tales sus meses de nacimiento. Llevaban víveres para varios días, tenazas, una maza, un cincel y también un hacha y un puñal, por si hubieran de enfrentarse a los malvados berberiscos.
Durante la mañana de la primera jornada distrajéronse las monjitas con cánticos religiosos y Fidelio acabó hasta los cojones de escucharlas.
Detuviéronse bajo la sombra generosa de un pinar y yantaron sabrosos embutidos y tortas de maiz, regando tales condumios con un vinillo dulce que elaboraban en la abadía. Sor Aparicia se durmió al poco tiempo sobre la hierba, y Sor Casta plantose frente a Fidelio y rauda bajose las enaguas y encarose al pequeñuelo.
- Admirar la fermosura y abundante pelambrera de mi coño, hombrecillo del arzobispo. Os gusto por ventura?... Pues en debajo de esta pelambrera hay una raja muy jugosa por donde cabe el miembro endurecido de un buen macho, y tanto placer siente el hombre metiéndola como la mujer albergándola, siempre que el primero empuje con alegría, y aqueste gozo es el gozo más grande de la carne, que la carne no es débil, es gozosa y apetitosa.
- Pero vos no habeis hecho voto de castidad? - interrogola perplejo el enano.
- Ja, ja!, qué iluso sois, hombrecillo!... Acaso ignora vuesa merced que somos muchísimas las mujeres que hemos dado con los huesos en un convento porque nuestras familias no podían alimentarnos.  Tengo ganas de macho, muchísimas ganas, hombrecillo!, y el único varón salido que entró en el convento, jodió con Sor Purificación, la que agora está preñada. Yo os deseo a vos, hombrecillo. Vos series mi primer hombre aunque sólo seais medio, pero bueno es empezar con poco para no asustarme, pues supongo que tendreis un miembro pequeño en consonancia con vuestro pequeño cuerpo, o en acaso me equivoco?
- Pues sí, errais de cabo a rabo, putoncillo monjil, pues mi miembro es causa de admiración.
- Ja, ja, ja!... a fe que no os falta agudeza!
- No, sólo me sobra polla.

Seducirá la ardiente Sor Casta al cipotudo Fidelio?... Mostrará el enano apetencia hacia el sexo femenino, convirtiéndose en bujarrón para mayor gloria sexual?... El canibal de la estaca ha matado al infeliz Bernabé?...

Algunas incógnitas se despejarán y otras aparecerán en el próximo y emocionantísimo episodio titulado...

"Un largo y duro objeto de deseo monjil"


viernes, 31 de mayo de 2013

Sorpresa arzobispal

Quinto tranco de la gran aventura de Fidelio y Bernabé.



Y en aquesto una brillante idea vino a su mente.
"Ya lo tengo, pardiez!... Ya sé como salvar al fermoso Bernabé!... Oh, cómo no se me ha ocurrido antes!"
Y emprendió raudo el camino de la abadía, lo más raudo posdible pues el tiempo apremiaba: la vida del fermoso Bernabé pendía de un hilo!... Oh, moriría de sed o de hambre su preciado amigo?!... Le devoraría algún monstruo horrible del bosque?!... Le atacarían jabalís rabiosos, serpientes ponzoñosas u osos grises gigantes?!... Sufriría algún encantamiento de brujas, trasgos, hombres reptiles, gigantes abominables, sacamantecas, satiros, licántropos...?!
Atormentábale la idea de encontrarse a Bernabé muerto a su regreso. Oh, cielos, sí, sí, sí, la solución estaba en la abadía!..., era preciso que engañase a las monjas con sus mejores artes de truhán para que estas colaborasen en la salvación del fermoso Bernabé. Y lanzose camino arriba con denuedo y sin asomo de flaqueza, dispuesto a cubrir la legua que le separaba del gran habitáculo monjil. Oh, una legua,  mesmamente la distancia que habían de guardar los bribones comediantes y sus bribonas putuelas, alejados tales pecadores de pueblos y villas para no corromper a las gentes temerosas de Dios Nuestro Señor.
Y tras mucho ascender por intrincadas trochas, difícultosos senderos entre espinos y argomas y caminos cabrios colmados de cagolitas, divisó al fin la magnífica silueta, allí arriba, inmensa a más no poder, recortada en la bóveda celeste azul y rojiza del atardecer, de la abadía de Santa Teresa de Coscojuela, oratorio de las Humildísimas Siervas de Cristo Flagelado.



Bernabé asistió tembloroso, receloso y escagurriado a la violenta disputa que mantenían los dos caníbales. Reñían broncamente y a veces le miraban. Sin duda él era el motivo de la discusión. Oh, qué acongojo, Virgen Santa!
Y en aquesto que dejaron de reñir y uno de ellos avanzó con una gruesa estaca en dirección al muy apabullado Bernabé.
"Me van a matar, Dios mio!... Me van a matar!"

Fidelio llamó a la puerta de la abadía y abriole la anciana madre portera, Sor Ramona. Esta observó al pequeño visitante como quien observa a un mico enjaulado.
- Caracoles, contáronme que existen hombres muy mermados, pero nunca creí que fuérade cierto, ji, ji, ji!... Qué os trae hasta esta humilde abadía, medio hombre?
- Madre, es preciso que me lleve a presencia de la reverenda madre abadesa y sin la menor demora.
- Y por qué desea vuesamerced molestar a la madre abadesa?
- Una urgente misión me ha traído, tan sólo os contaré que el arzobispo de Sevilla está en peligro, el resto se lo comunicaré a vuestra madre superiora.
- Jesús, Jesús, Jesús!... - Exclamó la madre portera, sin duda refiriéndose al Hijo de Dios, pues el señor Jota Uve aún no había nacido.
Guiándose con una pequeña antorcha hizo que le siguiese por un laberinto de pasillos penumbrosos en dirección a la celda de la Reverenda Madre Abadesa.
- Arrimaos a mi, hombrecillo, que aquí hay gatos muy gordos y os pueden comer.
Llegaron al aústero aposento de la monja suprema y esta contempló con recelo a la menudez humana.
- En dónde ha encontrado aqueste retaco, Sor Ramona?
- Escuchadle, Reverenda Madre, que algo gravísimo ha venido a contaros.
- Hablad, pequeño saltamontes.
- Reverenda Madre, he de comunicaros que Su Eminencia Reverendísima Don Alonso, Arzobispo de Sevilla, fue víctima de un secuestro por parte de piratas berberíscos y...
No pudo continuar. La Reverenda Madre Abadesa, Doña Veremunda del Espíritu Santo, desmayose, dando con su enjuto cuerpo en las frías losas de la celda.
- Jesús, Jesús, Jesús!... - Exclamo la longeva Sor Ramona.

Por qué la ha causado tan honda impresión la noticia a la madre superiora?!...

El canibal de la estaca ha matado al infeliz Bernabé?!...

No se pierdan vuesas mercedes  blogueriles el próximo y emocionante capítulo titulado...
"Los ardores sexuales de Sor Casta"

jueves, 30 de mayo de 2013

Swunga-Swunga!!

  ( Terminará Bernabé en la olla de los caníbales?!... )

Cuarto tranco de la Gran Aventura de Fidelio y Bernabé.

Siéntome enormemente complacido y agradecido por los numerosos emails que me han llegado. Los lectores de las aventuras de Fidelio y Bernabé muéstranme su gozo y anímanme a que prosiga la narración. Y juro que ese es mi talante, pues no hay mayor dicha para un cuentista que la que le produce el cariño de sus leyentes.

El afligido Bernabé ignoraba que su desventura aún podría ser mayor, cuando vio aparecer a dos negros feroces que hacían gestos simiescos y producían sonidos guturales o palabras de alguna jerga animalesca o diabólica. A punto estuvo de sufrir un infarto de miocardio, aunque entonces decíase patatús o telele.
Atrapáronle los negrazos y perdió el conocimiento al instante. "Oh, Virgen del Perpetuo Socorro!" - pensó antes de desmayarse - "en qué camino de negras vicisitudes me ha metido la iniquidad de Bertoldo y la osadía de Fidelio?!" Y vive Dios que su última vicisitud era la más negra de todas las vividas hasta el momento presente de agora mesmo y con luenga diferencia!

Turbose en extremo Fidelio el granadino por no hallar respuesta a su petición de socorro. Nadie quería ayudarle en Villoria de las Majurrias. Negose el herrero a prestarle maza y cincel. El señor cura párroco amenazó con llamar al Santo Oficio porque parecíale sospechoso que un engendro mal parido vagase por el mundo sin dueño.
- Ajá, y fablasmé de otro de vuestra calaña que encadenado esta, voto a...!" - e hizo ademán de asir un cuchillo para ensartar al enano - Por Santiago que ambos sois bellacos y de la justicia de los hombres escapais!
Y escapose Fidelio del clérigo cabreado y este se creció en su enojo:
- Non fuyades, malandrín, abortillo de patas cortas, pedo del demonio!
Y fuyó hasta las afueras del lugar y rendido cayose sobre la hierba de un prado.
- Me cago en el cura y en la mala putanga de su madre!
Díjose alzando la voz a modo de desahogo. Y en aquesto una brillante idea vino a su mente:
- Ya lo tengo, pardiez!... Ya sé como salvar al fermoso Bernabé!... Oh, cómo no se me ha ocurrido antes?!

Otra idea luminosa fue la que tuvo Bernabé. Su situación límite al caer en poder de los caníbales, activó su inteligencia ilimitada, que los humanos somos animales de recursos múltiples. Utilizando el lenguaje de su cuerpo - body language que dirían los habitantes de las lejanas insulas británicas - pues no parlaba lengua africana como cristiano que era, empleando sabiamente sus armas  femeninas de seducción, mariconeando como un maricón sutil e ingenioso, hizo bueno aquello de "si no puedes vencer a tus enemigos, únete a ellos", y uniose por la vía del sexo oral o felación, aunque entonces decíase mamada o chupada, todo con el fin de ganar tiempo a fin de que Fidelio llegase al fin.
Los caníbales dejábanse mamar sus robustecidas pollas con sumo deleite, olvidándose del hambre y disfrutando con aquello que en su tribu conocíase como el "Swunga-Swunga". Oh, cuánto podría durar tal situación de ventura pasajera?!... Sabía que por mucho que se alargasen tales momentazos sexuales, los caníbales terminarían cansándose y recordando que sus estómagos reclamaban nutrientes. En de mientras la gran fantasía de Bernabé era Fidelio; con los ojos cerrados y las manos y la lengua en cada cipote enderezado, suponíase que besaba, lamía y succionaba el cipote de su caballero andante, que también era largo y robusto cual aquellos.

Oh, cuánto tiempo de placer felatorio resistirán los caníbales?!... Cuántas pajas a lengua habrá de facerles hasta que digan ya no más?!

Oh, qué maravillosa idea se le ha ocurrido al bravo Fidelio para salvar a su fermoso Bernabé?!

Amiguitos, no os perdais el próximo y emocionante tranco titulado... "Sorpresa arzobispal"